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“Los policías no nos dejan entrenar en las canchas, ni nos han dado un espacio para las prácticas”.

NACE UNA ESTRELLA. “Las motos son adrenalina”: ‘Tuerquita’

CÚCUTA.- Julio César Molano está lleno de energía, vitalidad que le sirve para practicar un deporte extremo sin detenerse a pensar en el riego que corre. Para darse ese lujo tiene cinco motocicletas, a las que diferencia por el color o por alguna característica particular y a las que adorna con las medallas que en algún momento se ha colgado como ganador de cualquier prueba.

La larga experiencia va de la mano con los años de vida. Casi desde el momento del nacimiento comenzó a montar en estas máquinas y a hacer piruetas como lo exige la especialidad en la que se matriculó. La afición por las motos la heredó del padre y la habilidad para los malabares la tomó de la madre.

Es inquieto, el tono de voz es fuerte, tiene carácter recio y chispazos que causan gracia. Habla de lo que se le antoja y lo hace con propiedad. Entre los sueños tiene definido que emulará al campeón mundial de motociclismo Valentino Rossi. El próximo traje para competencias locales y en cualquier lugar del país será idéntico al del italiano. Así lo pidió y esa voluntad se cumplirá.

El stunt es una especialidad del motociclismo que consiste en hacer caballitos, invertidos y acrobacias. Visto en las calles es una práctica de miedo y peligrosa. Puesto en un escenario es una disciplina que gana adeptos y que tiene competencias nacionales e internacionales. Esto de hacer trucos y locuras sobre la moto es paralelo con la historia de la motocicleta.

El padre de Julio César trabaja en un taller de motos hace 16 años, destacó en la motovelocidad y por andar a toda velocidad tuvo un accidente que frenó en seco su carrera. En ese mundo se ganó el remoquete de ‘Tuercas’, que le pasó al hijo como ‘Tuerquita’, quien nació y creció rodeado de amigos del papá y que van rápido por el mundo.

Cuando Julio cumplió el primer año de vida recibió como regalo una moto de baterías, de tres ruedas para evitar accidentes caseros. Ese juguete marcó el futuro del niño y luego no tuvo más qué pedir sino motocicletas. Unas, reparadas por el padre; otras, armadas con el ingenio del hombre que ve en estos vehículos el sustento para el hogar y que son la pasión en la familia.

Julio César no se detiene un instante, camina, salta, se tira al piso. Habla de lo que se le ocurre, interrumpe la charla sin asomo de urbanidad, opina sin saber de qué conversan los mayores, agrega datos acerca de actuaciones, corrige fechas y lugares. Las palabras suenan a chiste y causan risotadas. Sabe que es estrella y así se comporta.

Los padres lo consienten, lo miman y lo cuidan. Combina el deporte con el estudio, aunque cuando se le pregunta por las tareas mejor guarda ese silencio cómplice de alumno desaplicado. No le agrada el asunto y esconde la cabeza entre almohadones. Prefiere que los adultos continúen el diálogo y se olviden de su presencia.

Las motos permanecen estacionadas en perfecta formación en la sala de la casa, listas para cuando las necesiten para actuar. Julio César padre, por el conocimiento en el ramo, las modifica y las acomoda a las circunstancias, les pone conos y parrillas, y adapta los frenos a medida que los brazos del hijo lo exigen.

A la semana, Julio César hijo se entrena entre cuatro y cinco veces para que memorice movimientos, giros, paradas, sincronización con la máquina. En esa rutina gasta gasolina, cauchos, aceite que salen del bolsillo del papá. Es con mucho gusto que se hace la inversión.

Perteneció al club Stunt Cúcuta, grupo que se disolvió por falta de apoyo en la capital de Norte de Santander. Por culpa de los muchachos que van locos por las calles haciendo caballitos cogieron mala fama y los patrocinadores se retiraron. Hasta carné tuvieron cuando estaban organizados.

“Los policías no nos dejan entrenar en las canchas, ni nos han dado un espacio para las prácticas”. Es la queja de Julio César padre. Julio hijo se entrena en lo que algún día fue Interferias, en el anillo vial. El espacio es amplio y pueden hacerse los ejercicios con libertad.

Las medallas que cuelgan de los manubrios de las motos se las ha ganado en diversos torneos. La de mayor valor es la que se trajo de la feria de las dos ruedas. Compitió contra rivales de 25 países y tuvo buena vitrina internacional. La presea es pesada, de bronce, grande, seguro no la soporta en el cuello. La obtuvo en marzo y es su mayor orgullo.

Los trofeos están al pie de las motos. El dorado reluce y aunque no son de oro brillan como si estuvieran hechas de ese metal. Ahí, en el centro está el de cristal, el último que recibió, el que le otorgó el alcalde César Rojas. En el momento de la entrega le hizo una recomendación, “no deje de estudiar”, y luego una promesa, le regalará el uniforme como los que usa el ídolo Rossi.

Rivales y compañeros al ver a Julio César hijo en competencia no ahorran elogios por la calidad como deportista. Las palabras vaticinan que será el mejor en poco en poco tiempo en el país y luego en el mundo. Julio César padre sonríe, pareciera que se complace con esas manifestaciones de buenos augurios. En el estadio de Bello (Antioquia) de codeó con el campeón mundial de stunt. El polaco quedó admirado con tanto talento.

Cuando llegan las invitaciones para torneos alistan las maletas, las motos y las ilusiones. Suben al carro familiar y emprenden la aventura. Los organizadores envían los pesos necesarios para el viaje. Lo demás corre por cuenta de Julio César Molano, hijo, un niño de 4 años, normal, estudiante, que va al parque a divertirse con los columpios y monta bicicleta. Hace dos años le gustan las motos “porque son adrenalina”.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Foto: www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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