El comportamiento de un ser humano está profundamente determinado por pensamientos, deseos y recuerdos reprimidos. Eso es lo que pensaba el neurólogo austriaco Sigmund Freud, a principios del siglo XX. Sus teorías resultaron novedosas para la época y pueden tomarse como un método de tratamiento para pacientes con trastornos.
Consideró que las experiencias dolorosas de la infancia son desalojadas de la conciencia y pasan a formar parte del inconsciente, desde donde pueden influir poderosamente en la conducta. El sicoanálisis procura llevar estos recuerdos a la conciencia para liberar al sujeto de su influencia negativa.
Aprovechamos el 160 aniversario del nacimiento para traerlo a estas charlas cibernéticas.
¿Por qué se cambió de nombre?
Porque inicialmente me llamaba Sigismund Freud. A los 22 años decidí quitarle la I y la S para que quedara Sigmund. Suena mejor.
¿Dónde nació?
En Freiberg, en la antigua Moravia (hoy Príbor, República Checa), el 6 de mayo de 1856.
¿Quiénes fueron sus padres?
Mi padre fue un comerciante en lanas. Mi madre era 20 años más joven.
¿Cómo marchaba ese negocio familiar?
Bien, hasta 1859. La crisis económica dio al traste con el comercio paterno y al año siguiente la familia se trasladó a Viena. Allí viví largos años de dificultades y estrecheces. Durante muchos años mi padre se quedó sin trabajo.
¿Qué otras dificultades soportó?
Siempre detesté a Viena. En junio de 1938, por mi condición de judío, me vi obligado a emprender el camino del exilio hacia Londres como consecuencia del Anschluss, la anexión de Austria al proyecto pangermanista de la Gran Alemania, preparada por los nazis con ayuda del canciller austriaco Arthur Seyss-Inquart y sus prosélitos.
¿Cómo le fue en el estudio?
En 1873, finalice los estudios secundarios con excelentes calificaciones. Siempre fui buen estudiante para corresponder a los sacrificios de mis padres.
¿Y estudios superiores?
Consideré la posibilidad de cursar derecho, pero me decidí por la medicina, aunque no con el deseo de ejercerla, sino movido por una cierta intención de estudiar la condición humana con rigor científico.
¿Por qué se encaminó por la investigación?
A mitad de la carrera tomé la determinación de dedicarme a la investigación biológica. De 1876 a 1882, trabajé en el laboratorio del fisiólogo Ernst von Brücke y me interesé en algunas estructuras nerviosas de los animales y en la anatomía del cerebro humano.
¿Pero ejerció la medicina?
Sin ninguna vocación por el ejercicio de la medicina general, resolví adquirir la experiencia clínica necesaria para alcanzar cierto prestigio. Trabajé como residente en diversos departamentos del Hospital General de Viena y decidí por especializarse en neuropatología.
¿Cómo llegó al psicoanálisis?
Fue un duro camino. Trabajé solo, víctima del desprecio de los demás médicos. El tratamiento de los pacientes me llevó a forjar los elementos esenciales de los conceptos psicoanalíticos de «inconsciente», «represión» y «transferencia».
¿Cuándo apareció su tratado famoso?
En 1899, apareció ‘La interpretación de los sueños’. En 1905, se publicó ‘Tres contribuciones a la teoría sexual’, la segunda en importancia de mis obras. Esos son los únicos libros que revisé puntualmente en cada una de sus sucesivas ediciones.
¿Cómo pasó sus últimos días?
En 1923, me diagnosticaron cáncer de mandíbula. Tuve que someterme a la primera de una serie de intervenciones. Desde entonces y hasta mi muerte, en Londres el 23 de septiembre de 1939, estuve siempre enfermo, aunque no decayó mi enérgica actividad.
¿Cuáles son sus grandes contribuciones al diagnóstico del estado de la civilización?
Apunte. El porvenir de una ilusión (1927), El malestar en la cultura (1930), Moisés y el monoteísmo (1939). Tótem y tabú (1913), inspirada en el evolucionismo biológico de Charles Darwin y el evolucionismo antropológico y social de James George Frazer.
Artículo adaptado de
http://www.biografiasyvidas.com/monografia/freud/
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: Biografías y Vidas.
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