1.- Quienes por vinculación y afecto experimentamos y compartimos la realidad de la vivencia fronteriza, reconociendo que la actual etapa –de los últimos siete meses, desde el 19 de agosto –constituye la secuencia más insólita y atentatoria contra el anhelo integracionista y la auténtica mancomunidad de interés, en procura de darle vigencia, no solo al mensaje de unión, unión, unión que fijaron nuestros libertadores y constituyentes, al establecer La Gran Colombia, el proceso político-institucional de mayor trascendencia constitucional del continente americano, sino al deseo de conformar una zona, región o área binacional fronteriza, para canalizar motivaciones y esfuerzos en procura de fuentes de empleo, mejoramientos infraestructurales y de servicios básicos, bajo el propósito de crear desarrollos industriales, investigación y capacitaciones, mediante políticas de Estado conjuntas o de aprovechamiento especial, ante las favorabilidades de la ubicación geoestratégica y política, mediante incentivos, estímulos y mecanismos aplicables a las empresas que promuevan y participen en estos empeños, que beneficien a las dos naciones.
Y ¿por qué estamos sorprendidos? Porque se cerró la frontera, se crearon muchas situaciones de implicaciones agresivas y deteriorantes, hasta el extremo de no existir una corporación, comisión o junta binacional-con presencia y participación de las dos regiones, zonas o áreas que se pueden complementar- que evalúen y definan propuestas y alternativas
Y, mientras esto sucede, los servicios de transporte se paralizan o se afectan seriamente y en lugar de acercamientos, lo que se provoca es una pugna de pareceres, porque al no haber auxiliares y asistencia, como lo requiere y le urge a la frontera, lo que hay es indiferencia, olvido, marginalidad. Y, actos y conductas de esta naturaleza no son ayuda para nadie.
2.- Ante la magnitud y crecimiento de la inasistencia y cuando está a punto de terminarse el Puente Internacional de Tienditas, vale igualmente indagar ¿se han hecho los enfoques y las consideraciones apropiadas para el mejoramiento de las zonas inmediatas de entrada y salida, así como lo pertinente a La Parada y la facilitación y seguridad de las movilizaciones de personas, vehículos y mercaderías?
Además ¿qué pasó con la Zona Franca Industrial y Comercial de Cúcuta? ¿Qué, con la Zona Franca Colombo-Venezolana? ¿Qué, con el agua y el gas? ¿Qué, con los estímulos a la capacitación e investigación universitaria?
3.- ¿Qué pasó con la opción de crear un Banco Colombo-Venezolano, en el que participen o se vinculen con los Bancos centrales de Colombia y Venezuela, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF), así como los que quieran vincularse a los procesos de cambio monetario y expansión industrial para tener una fuente de apoyo y respaldo económico y financiero a las iniciativas que nazcan y aquí, se proyecten?
Lo increíble de todo esto radica en constatar que es tanta la pasividad que se ha forjado y la ninguna atención a las peticiones que se han hecho a Caracas y Bogotá, que si esto prosigue habrá que formular una convocatoria pública para que en el sitio de mayor referencia, se congregue un masivo llamamiento urgente y prioritario para preguntar a los presidentes de Colombia y Venezuela ¿para qué la unión, si no hay avances, ni apoyos? ¿Cómo superar la informalidad y el desempleo, ante el cierre de la frontera y la indiferencia de los poderes centrales, no obstante la realidad de una constante y respetuosa petición? ¿Por qué no crear una promotora comisión binacional fronteriza, que reviva el espíritu integracionista y fraterno, para el avance y progreso de las dos naciones?
JOSÉ NEIRA REY
Foto: archivo.globovision.com
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