CÚCUTA.- Francisca Fernández un día dejó la enfermería para convertirse en artesana. Cambió a los pacientes, por los colegas de oficio; los centros de salud, por los parques para organizar ferias; los medicamentos, por la guadua y el bambú; las trasnochadas en las clínicas, por las madrugadas para ofrecer talleres.
Esta mujer, acostumbrada a vestir de blanco, porque así lo exigen las normas de la salud, ahora va de gorro y bufanda tejidos en lana, blusa normal y bluyín. No tiene protocolo y habla con propiedad del gremio al que pertenece hace 15 años y por el que lucha a diario, porque es su nueva familia.
En casa siempre vio a los padres elaborar canastos y tomó el arte por herencia. A los puestos de salud llevaba mercancías hechas a mano para venderlas entre los compañeros de trabajo. Ese gusto por los productos autóctonos la hizo cambiar de pensamiento y de ocupación. De la enfermera, quizás, queda poco, pero de ‘La Mamá Pacha’ hay mucho por delante.
“La situación de los artesanos siempre ha sido difícil, porque no tenemos un espacio digno dónde exponer nuestras obras”. Es el primer reclamo que hace y lo tiene claro. Tampoco tienen las herramientas para elaborar los productos que venden. La ilusión es que la Alcaldía, en este cuatrienio, les asigne ese sitio.
En Cúcuta hay 110 artesanos censados, aunque los activos y los que comparten las ferias y la mesa de trabajo son 60. Francisca es la presidenta de la mesa en la capital de Norte de Santander. La eligieron por el cariño que les tiene a los colegas y por los que ha luchado, buscándoles espacios para trabajar. Cuando es necesario los regaña y los pone es su sitio.
A diario, llegan a la plazoleta de Telecom o a la calle 10, toman posesión del espacio público, tienden la manta y esperan que el día trascurra mientras aparecen los clientes. Este año puede ser el de la redención con el acondicionamiento del lugar donde cucuteños y turistas los busquen. En el diario vivir salen a la calle a ofrecer productos en bambú y guadua, pedrería, joyería y mucho más.
“Con el oficio nos va bien, a pesar de que la gente no tiene esa cultura de comprar artesanías”. La queja de ‘Mamá Pacha’ tiene valor social, aunque no está cargada de resentimiento. En la ciudad, hombres y mujeres, jóvenes y adultos “refieren ir a los ‘quinientazos’ y comprar mercancía china para regalar, en vez de apoyar a los artesanos”. Por eso se atrevió a invitarlos a para que compren artesanías cuando vayan a dar presentes. “Así nos ayudan y apoyan lo nuestro”.
La falta de un espacio en el que estén fijos y donde la gente pueda buscarlos es una de las causas para que no los tengan en cuenta a la hora de pensar en regalos. Una opción para echarle cabeza es el complejo ferial pensado en la Plaza de Ferias (barrio Sevilla). Solo que para aceptar la ubicación debe cumplirse una exigencia. “Si hay actividades diarias podríamos estar ahí”.
Francisca, de baja estatura y apariencia boyacense, hace lámparas en guadua, trabaja el fique y elabora bisuterías. Eso le alcanza para sostener a la familia, al igual que a los demás artesanos. Vive en Cormoranes y la jornada normal comienza a las 6:00 de la mañana. “Hago el tintico, vengo en buseta hacia el puesto y al llegar le pido a Dios que en ese día tenga buenas ventas”.
Cuando no hay feria se queda en casa y hace talleres. Una enfermedad no le permite estar expuesta al clima. El descanso al año es poco, porque siempre les dan los espacios en los parques. En el Colón estarán hasta el 30 de marzo. Tienen previsto pedir permiso para irse a El Malecón o al Mercedes. Así se la pasan los 12 meses. “Este es nuestro diario vivir. No tenemos otro trabajo, ni otro empleo. Vivimos de lo que hacemos y vendemos”.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: www.contraluzcucuta.co
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