CÚCUTA.- Los jerarcas de la Iglesia Católica en San Cristóbal (Venezuela) y Cúcuta (Colombia) se reunieron en el puente internacional Simón Bolívar. Los obispos Mario Moronta y Víctor Manuel Ochoa, tras saludarse con un cordial abrazo, oraron por la reconciliación de los dos países.
La zona de frontera colombo – venezolana vive una difícil situación por la posición asumida por el presidente Nicolás Maduro al decretar el cierre del paso sobre el río Táchira. Desde la semana pasada no hay flujo vehicular ni de personas entre el estado Táchira y Norte de Santander.
El cierre afecta tanto social como económicamente a las familias de la zona. Desde Venezuela han llegado deportados más de 1088 colombianos. La migración voluntaria alcanza a los 6000 connacionales por presiones del gobierno venezolano. El desplazamiento hacia Villa del Rosario y Cúcuta ha generado crisis humanitaria en los municipios colombianos fronterizos.
Los obispos, en el encuentro, recordaron los lazos de unidad que existen en esta frontera de 2219 kilómetros y considerada la más viva de Latinoamérica. Exhortaron a los presidentes Maduro y Juan Manuel Santos a un diálogo fraterno “en el que lo más importante sean las personas”.
“Es urgente que nuestros gobernantes se sienten a hablar y a buscar una solución con gran dignidad para ambos pueblos, buscando el beneficio de nuestros ciudadanos: venezolanos y colombianos. En este momento, todos tenemos que sembrar paz. Esta es una única patria, unida históricamente”, dijo monseñor Ochoa.
Monseñor Mario Moronta exhortó a colombianos y venezolanos a dejar de lado las descalificaciones y los insultos. “Esto no es cristiano”; además, “este es un solo pueblo con dos apellidos, Colombia – Venezuela / Venezuela – Colombia”.
La crisis humanitaria que se vive en la frontera colombo – venezolana, como consecuencia del cierre fronterizo y posterior declaración de estado de excepción, el 21 de agosto, afecta a 1088 deportados, según reporte de la Mesa de Ayuda Humanitaria. A esa cifra se suman más de 6000 migrantes forzados.
La atención a esta población se adelanta por medio de distintas instituciones gubernamentales y no gubernamentales de carácter nacional e internacional, entre ellas la Diócesis de Cúcuta. Dada la magnitud de la emergencia, que va en aumento, se requiere el apoyo y la solidaridad de todos.
Para dar respuesta a las necesidades urgentes de los colombianos deportados y migrantes forzados, la Diócesis adelanta una campaña de recolección de útiles de aseo y alimentos no perecederos, en tres puntos de acopio: Centro de Comunicaciones Diocesano, Curia diocesana, Catedral de San José y Banco Diocesano de Alimentos. Adicionalmente ha habilitado la Cuenta Corriente #843- 000308, del banco BBVA, a nombre de Ayuda Humanitaria Cospas.
El 30 de agosto, adelantará una colecta económica en las 101 parroquias de la Diócesis de Cúcuta.
La Iglesia Particular ha acompañado la crisis con una intervención de caridad y de atención de primer momento, a partir de recursos propios y de la gestión y apoyo de instituciones, como la Conferencia Episcopal Colombiana. En Cúcuta su acción es canalizada por la Pastoral Social Diocesana, el Centro de Migraciones y el Servicio Jesuita a Refugiados.
Los aportes sociales y humanitarios, a corte 28 de agosto, incluyen 2400 raciones servidas (desayuno, almuerzo y comida) para los albergados en el Colegio Municipal y en el recién habilitado albergue del colegio Inem, en Cúcuta. Esta Diócesis ha ejecutado en alimentación alrededor de $ 60 millones.
Adicionalmente, se entregaron 215 kits escolares en uno de los albergues del corregimiento La Parada (Villa del Rosario), en operación conjunta con el Consejo Noruego, que focalizó la atención. En uno de los albergues del corregimiento Juan Frío (Villa del Rosario) se entregaron 18 kits de noche (colchoneta, sábana, cobija), 70 kits de aseo y 180 refrigerios. En el albergue Morichal (Villa del Rosario) se entregó un refrigerador. En el albergue de San Pedro Apóstol entregó carpas, cocina, refrigerador y platos. En el albergue Santa Cecilia, vía san Faustino (Cúcuta), entregó 15 kits de noche, 33 kits de aseo, 3 kits de alimentos (cada kit con una duración de 15 días), un filtro de agua y refrigerios.
Diáconos, seminaristas y voluntariado católico acompañan espiritual y sicológicamente a los refugiados en los 10 albergues habilitados para la atención de la población deportada y de los migrantes forzados. Como Iglesia Católica brindamos una atención humana integral hecha desde la fe.
Foto: PRENSA DIÓCESIS DE CÚCUTA
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