1.-Quienes –por la magnitud y complejas circunstancias que inciden y gravitan sobre la región y la zona fronteriza –nos hemos atrevido a opinar y exteriorizar algunos temas, argumentos y aspectos cruciales de la realidad que se experimenta y cuyos mayores indicadores y registros se hallan en el desempleo, la informalidad, la corrupción, la falta de asociación y de labor mancomunada y en equipo, la búsqueda y hallazgo de perspectivas y de mejores y mayores avances en la infraestructura básica y el aprovechamiento de ventajas comparativas, como consecuencia de la ubicación geoestratégica y el imponderable registro histórico-político que podría dinamizar lo social y económico comenzamos a sentir inocultables preocupaciones y temores por lo que puede seguir ocurriendo y aumentando la gravedad de los hechos –ante la indiferencia, pasividad, demora y hasta desidia que se capta en los más altos niveles de la institucionalidad colombiana y venezolana y en los miembros y componentes de la sociedad regional y fronteriza – en todos los campos y actividades- porque lo que está aconteciendo es una crisis de representatividad que, a su vez, genera concomitantes afecciones y alteraciones múltiples a uno y otro lado de la frontera común, que sigue sin ser comprendida, evaluada, valorada y atendida en sus necesidades, posibilidades y complementaciones básicas de corto, mediano y largo alcances.
2.-Y destacamos las causas y los efectos de la bilateralidad, porque la cultura que viene alimentando las relaciones interfronterizas y la mancomunidad de intereses que forjaron nuestros comunes libertadores- así existan debilidades representativas y empeños por reforzar, que ameritan consideración y visión de perspectivas- son ligamentos y fortalezas de primer orden que no se reducen, ni borran, porque son estructurales y dinámicas en su esencia y contenido. Y, no porque constituyamos o se persiga la formación de un ‘tercer país’, como algún analista lo creyó ver seguramente al contemplar las trochas y los atajos que produce el contrabando y la ganancia facilista e inmediatista, no obstante el respeto a los símbolos patrios, los acentos identificatorios y las diferencias horarias ,monetarias y sociopolíticas existentes.
3.-Reconocer que hay vacíos y que en muchas entidades y juntas directivas la ausencia de presencia y participación lo único que produce es mayor desaliento y despreocupación por lo colectivo y general, porque ese obrar se refleja en la no actuación en todas las escalas y cuadros directivos de lo político, gremial, profesional y laboral. Por eso, estas negativas y limitantes actitudes y conductas- a lado y lado de los límites, regionales y fronterizos- debieran ser objeto de la más urgente atención y prioridad, porque de proseguir estaríamos postergando o sepultando la necesidad de renovar e innovar cuadros, con nuevos, dinámicos y más versátiles y capacitados exponentes, para así irrumpir bien y mejor ante el reto del futuro.
JOSÉ NEIRA REY
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