Inicio / Conversaciones A Contraluz / Mantener un caballo cuesta $ 250.000 mensuales

Mantener un caballo cuesta $ 250.000 mensuales

CÚCUTA.- El teniente coronel Javier Osvaldo González González nació en Bogotá, es el coordinador de la Dirección de Carabineros (Dicar) en Norte de Santander y hace 16 años ingresó a la institución, en donde ha logrado un constante engrandecimiento personal, lleno de experiencias positivas. “Soy lo que soy gracias a la Policía”.

Siempre quiso ser policía y pertenecer a la fuerza pública. Ese amor por el uniforme verde lo heredó de su padre, pensionado del Ejército, y a quien veía como el ejemplo para seguir. Al terminar el bachillerato quería entrar al Ejército. “Por situaciones de Dios no se dio la oportunidad”. El papá lo indujo a que estudiara primero una carrera y terminó medicina veterinaria en la Universidad Nacional. Con el título en la mano ingresó a la Policía.

Retrocede en el tiempo para recordar los bueno momentos de la infancia bonita en la capital del país. En el barrio, con los amigos de la cuadra, practicó deporte, compartió en familia almuerzos y paseos, y disfrutó de la libertad que permite esa edad.

“Siempre me han gustado los animales. De pequeño me gustaba ir a una finca a mirar a las hormigas, cómo ponían las gallinas, miraba los pájaros. Me perdía en ese mundo y mi mamá me regañaba, porque duraba en el campo mucho tiempo”.

Ser veterinario le ha servido para vincularle a la especialidad de carabineros. Aquí los agentes son disciplinados, sencillos, humildes, amantes de los animales y cercanos a la comunidad.

El coronel González vive metido entre caballos. Los mira y piensa cómo quisieran vivir y cómo está mi caballo. Molesta a los subalternos, porque primero es el caballo, segundo el caballo y lo que sobre para el caballo. Lo primordial es el bienestar del animal, garantizarle excelente comida, agua limpia y fresca, buena cama, buena sombra, buen trato en las jornadas de trabajo, felicitarlo cuando hace las tareas bien y aplicarle la disciplina cuando no obedece.

“Creo que viendo el presente de la sociedad viene a ser como los pocos mejores amigos que uno tiene. Son como el escape que uno tiene ante tantos problemas con los humanos. Uno va allá (al criadero) y con solo mirarlos se tranquiliza. Parece que sintieran los problemas y lo equilibran”.

El oficial ingresó a la policía en 1997, año en el que se hizo la primera importación de caballos argentinos. Esos animales venían de climas distintos al trópico colombiano, con condiciones distintas, enfermedades y parásitos. La aclimatación les dio dificultades desde el punto de vista médico y de adaptación. Fue duro, pero se adaptaron con esfuerzo. Luego, los reproductores importados tuvieron hijos colombianos de la raza argentina y nacieron con mejor adaptación al medio.

Un caballo recuerda y que no puede alejar del pensamiento es Azabache. Llegó en la primera importación (1997). “A pesar de las dificultades nunca se enfermó, nunca se puso feo, siempre fue el más bonito. Era negro con un lucero blanco en la frente. Bien armado, elegante. Hasta el final de los días mantuvo el porte y el orgullo, de buena raza, disciplinado, de carácter noble y valiente”.

Muchos le han dado trabajo. En ese grupo de los difíciles rescata a Arandú. De dos años y medio, castaño de 1,73 metros de alzada. “Parecía un venado. Lo iba uno a tocar y daba mordiscos y patadas”. Fue el primer caballo que le tocó la cara. “Le fui a poner unas vitaminas en la vena y medio lo toqué me dio con el casco, me noqueó. Fue difícil”. Por el carácter y el ímpetu se tiró a un vacío y cayó al río. Se partió las manos y tuvieron que sacrificarlo.

“Uno se encariña tanto que le duele la muerte. Tenemos un potrero en donde se llevan los viejitos, no se sacrifican sino que se dejan que mueran solos. Se los alimenta, pero no se trabajan. Se vuelven como la familia”.

Los nombres se los ponen en el criadero caballar Mancilla (Facatativá). Allá se hacen las montas, nacen, les hacen el alistamiento, a los tres años los envían a las unidades, los castran y los bautizan.

Uno de los objetivos que quieren cumplir es no generar sentimiento de miedo hacia los uniformados o de ser autoridad represiva. “Queremos acercarnos a la comunidad, que se sienta confiada, que sepa que somos buenos. Hay mucha gente en Colombia  que nunca ha tocado un caballo ni ha visto un perro adiestrado, eso es llamativo”.

La Policía Metropolitana de Cúcuta tiene 37 caballos, el departamento Norte de Santander no tiene carabineros, solo cinco guías caninos. Desde esta capital abogan para que se cree la remonta de Norte de Santander.

El coronel González tiene un percherón belga, castaño, 1,75 metros de alzada, imponente. “Se llama Maray. Es noble, tranquilo, joven, de buena presencia, elegante y se ve bien”.

Un caballo debe cuidarse con paciencia, cariño, limpieza, aseo y mucha comida. Los carabineros manejan animales de entre 500 y 700 kilos de peso, que necesitan a diario mínimo cinco kilos de concentrado (purina), 50 kilos de forraje verde (pasto picado o heno seco), una bolsa de heno para por la noche. El mantenimiento le cuesta a la policía de $ 200.000 a $ 250.000 mensuales.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

Podría Interesarle

AUDÍFONO. El canal de los cucuteños

El drenaje de aguas lluvias de la ciudad se hace, en su mayoría, a través …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.