El juguete es, en definitiva, una invención del niño que coge un objeto y lo consagra. Esa es la grandeza de la mente humana, así lo define Ramón Núñez, divulgador gallego.
El carro, la muñeca, la pelota, cualquier objeto en manos de un niño puede ser considerado un juguete, gracias a la imaginación y la creatividad. Así, una caja puede convertirse en un coche de bomberos, una herramienta de diversión que complementa la alegría de esta época.
La temporada decembrina es de los niños. Aunque el adulto disfruta, y la utiliza como coartada para sacar el niño que lleva dentro, no debe quitarle el protagonismo al niño pues conociendo la importancia del juego en la vida del pequeño es indispensable precisar que regalar un juguete equivale a involucrarlo en juegos imaginativos y significativos, permitiendo adquirir destrezas necesarias para la vida y creando lazos con el adulto.
Generalmente, por estas épocas muchos padres desconocen los beneficios del juguete y compran aquellos que anulan la creatividad. Víctor Hugo, novelista francés, en su frase “cuando un niño destroza su juguete, parece que anda buscándole el alma”, enseña el alto valor del juguete, invita a alimentar los sentidos para crecer con alegría y manipular la magia del juguete.
Y algo fundamental, recuperar el valor del juego por medio del juguete, aprovechar su magia sin olvidar que el mejor juguete del niño son sus padres. El ser humano nace y sigue jugando de adulto, no prive a sus hijos de la mejor experiencia de la vida, jugar aprendiendo a ser.
Ahora que el niño pasa mucho menos tiempo en la calle, pues sus mejores amigos son los ordenadores o equipos electrónicos, propios de la era digital, que roban horas diarias de placer y sonrisas, tome como excusa la magia de los juguetes, rescate el espíritu de adulto y comparta con ellos no solo en esta época de Navidad sino en el año venidero, mejore la calidad de vida de los hijos y de paso la del adulto.
LUZ ESPERANZA GUTIÉRREZ
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