CÚCUTA.- La fiesta comenzó bien. La coreógrafa Margarita Acevedo recibió elogios, se llevó otras dos placas para la casa, la Alcaldía y la Gobernación le ofrecieron trabajo para que saque los bailes de la academia y los ponga al servicio de niños desvalidos y los ingresos aumentarán, por este año, en $4,0 millones mensuales.
El Teatro Zulima recibió a nuevos visitantes en desarrollo del programa ‘Miércoles de cultura’, que en esta ocasión tenía como atractivo el recorrido por el tango desde Gardel hasta Piazzola. La organización corrió por cuenta de la Fundación Cerámica Italia.
El programa se presentó a manera de recordatorio de la despedida de Carlos Gardel de la ciudad. ‘El trueno gordo de la temporada en el Guzmán Berti’. La función se ofreció con gancho y la entrada costaba entre $0,08 $0,21. El precio variaba de galería a palco y luneta especial.
“Quiere Gardel dejar como un recuerdo imperecedero entre todos los habitantes de esta bella ciudad, la letra pegajosa de todas las canciones que componen esta aplaudida película (Las luces de Buenos Aires)”, decía la motivación al espectáculo. Ocurrió, el 12 de enero de 1934, a las 9:00 de la noche.
La velada de este 18 de julio, se repartió en tres partes. La introducción, que dio paso a los gobiernos municipal y departamental para reconocer la labor de Margarita Acevedo. Merecido el halago.
La primera parte, Coda del ballet ‘Paquita’, y ‘Homenaje a un bailarín caído’. Los pequeños bailarines se combinaron con los mayores para deleitar a los asistentes, que aplaudieron cada acto. Las figuras danzando en el escenario y la música de fondo se pusieron de acuerdo para hacerles vivir a los cucuteños el acercamiento con la cultura.
La segunda parte fue el homenaje a ‘Pacho’ Galán en los 100 años del porro. El grupo de danzas de la Universidad Francisco de Paula Santander, dirigido por Juan Becerra, bailó, cantó, gritó y disfrutó del espectáculo preparado para la ocasión.
Los trajes coloridos, las polleras floreadas, las minifaldas destellantes y los vestidos masculinos alegraron la nota. El recorrido por la historia ilustró acerca de este ritmo que se disfruta en las fiestas sin conocerse las raíces ni los intérpretes.
La noche terminó con el espacio dedicado a Gardel y Piazzola. En el recinto se escucharon ‘Por una cabeza’ y ‘Caminito’. Los danzarines cumplieron el papel y demostraron sus dotes.
Hasta ahí, el programa fue normal. Al terminar la canción, el sonido se apagó. Pasaron largos segundos a la espera del reinicio del programa. La audiencia esperaba tranquila. De repente, tronó desde la tarima el grito “maestro, qué pasó con Piazzola”. Y se vio a una Margarita Acevedo perturbada, nerviosa y mandona. Diferente a la que había recibido, minutos antes, medalla y placas. Sorpresa en el Zulima, más si es un acto cultural.
La música regreso y sonó ‘Tristeza de un doble AA’. Los bailarines, para deslizarse con comodidad dejaron los zapatos a un lado y danzaron descalzos. Los espectadores notaron el cambio, pero no dijeron nada. La verdad, habían pagado por el espectáculo.
Al término del baile, de nuevo la voz de la coreógrafa. Regaños, pataletas y justificaciones. La actitud soberbia de la recién homenajeada por ser cultora no caló y causó extrañeza. Ni siquiera tuvo tiempo para despedirse y para agradecer la invitación. En la calle, los rumores no la favorecieron.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
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