CÚCUTA.- En una silla de madera está sentado un viejo indigente listo para contar su historia. Los ojos verdes brillan de forma expresiva. La barba larga y blanca cubre gran parte del rostro arrugado y colorado por el sol. Tiene voz tenue, producto de la ausencia de dientes en la boca añeja.
Joseph Tony Roherd, nació, hace 85 años, en Brandemburgo, estado federado de Alemania, al este del país y cerca a Berlín. Creció en un contexto histórico de significativos cambios sociales. La crisis económica con la llegada de la Gran Depresión en 1929, desencadenó una serie de sucesos que llevarían a la Segunda Guerra Mundial.
En 1943, la guerra, que había iniciado hacía cuatro años, se les salió de las manos a los alemanes. La población sufría de manera considerable los efectos de la contienda bélica. Las bajas en combates llevaron a las autoridades militares a una acción de reclutamiento de jóvenes mayores de 15 años.
“La vida en época de guerra es dura. Tuve que emigrar a los 16 años, dejando a mi madre y mis dos hermanos, porque si no lo hacía me reclutaban. Me fui escondido en un barco que partió del puerto de Hamburgo y duré ahí 22 días sin saber a dónde se dirigía”.
El destino de la embarcación era Buenaventura (Colombia). Joseph, al bajar del barco, se llevó la sorpresa de ver sólo gente de piel negra que nunca había visto en su vida. Se encontró con un idioma distinto y prácticas culturales que distaban de ser parecidas a las suyas en todos los sentidos.
Empezó a descargar mercancía de los barcos que llegaban al puerto. Se adaptó al lugar hasta que se ganó el cariño de la gente que lo empezó a llamar Alemán. Sirvió como guía turístico a los extranjeros que desembarcaban ahí. Conocía la zona a la perfección.
Vivió dos años en Buenaventura. El espíritu aventurero lo impulsó a buscar nuevos horizontes. Le bastaron una bicicleta y unos cuantos implementos que entraban cómodos en una mochila, para partir. Mientras se pasa la mano por la barba recuerda con especial agrado cómo lo despidieron los amigos.
Sobre ruedas se lanzó a un viaje que comprendía gran parte del territorio colombiano. Recorrió el Valle del Cauca, Bogotá, Antioquia, la Costa y anduvo por pueblos que hoy le es imposible recordar. Se emociona al mencionar algunos de los que aún están en la memoria desgastada por los años.
Hizo presencia en las vías más solitarias y peligrosas de Colombia. Estuvo en riesgo de ser secuestrado por las Farc y el Eln. La condición de alemán y pobre lo ayudaron a salir de una posible retención. La guerrilla, al contrario, le suministró alimentos.
Las rutas ecuatorianas no fueron indiferentes a las huellas de los cauchos de la bicicleta. Pasó por Santa Ibarra, Guayaquil y Quito. En el vecino país duró ocho meses, y gran parte los vivió en Puerto Bolívar. Trabajó en la pesca y recorrió los lugares que baña el río Guaya.
Los largos viajes terminaron hace 15 años, cuando llegó a Cúcuta. En la capital nortesantandereana se quedó a vivir de manera definitiva. La vejez lo limita para pedalear como en sus mejores épocas solía hacerlo.
En los primeros años en la ciudad fronteriza ejerció como electricista, profesión que aprendió en el país natal. El trabajo en ese tiempo no le hacía falta. Poco a poco se acostumbró a mantenerse en un lugar.
En las noches iba a fiestas o bares a cantar los boleros que lo apasionan en lo más profundo del alma. Se considera bolerista nato. Para evidenciarlo cantó un bolero que acompañaba con un sonido que saca, al golpear la mesa de madera con las largas uñas.
El tiempo ha hecho del Alemán un limosnero. Lleva cuatro años mendigando en las calles. Su capacidad física no es la óptima para trabajar. No sabe nada de los familiares que dejó en el país europeo, ni de los hijos que tuvo en Bello (Antioquia) con la única mujer que dice haber amado.
“A pesar de ser un limosnero vivo tranquilo. Me basta con hacer $15.000 para irme a mi casa, en Comuneros, y comer con lo que he recogido. A las 6:00 de la tarde estoy en mi casa. Descanso y veo televisión”
El Alemán es conocido por los habitantes del barrio que lo ven llegar en la bicicleta verde. Tuvo una vida llena de experiencias, recorrió en dos ruedas el país. Ahora, la soledad lo acompaña en el lecho en el que descansa al terminar la jornada en la avenida 0 con calle 13.
OSCAR YILMAR CAMPO
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Contraluz.CO Sólo Periodismo

OSCAR YILMAR CAMPO
le felicito por su afecto y sentido de respeto por la vida, asì como este alemàn de la indigncia hay muchos que vemos pasar con indiferencia, se acaba con la paràbola del buen samaritano y el corazòn del hombre se endurece. que Dios les dè mucha energìa para que la sociedad tenga caminos de esperanza y de igualdad. para:ç
yilmar-klas@hotmail.com
Estudiante de Comunicación Social
Si me habia llamado la atención el “viejo alemán” y mi esposo siempre le da una ayuda para su diario vivir, cuando lo encvontramos en la Avenida Cero. Cómo me gustaría que Sèptimo Día, o RCN en alguno de los programas, le consiguieran al viejo la alegría de conocer sus hijos en Bello, Antioquia. También pienso, podría hacerlo CANAL TRO que ha dado pasos de gigante. Me encanta verlo diariamente.
Felicitaciones! Muy buen artículo!
EN LA ESTACIÓN DE ENVIGADO HAY OTRO ALEMÁN QUISIERA PODER AYUDARLE MAS. PUES SE GANO MI CARIÑO EL TIENE 58 AÑOS Y LA PASA MUY MAL PORQUE EL CREA UN MUNDO DE FANTASÍAS PARA QUE LA GENTE COMO ES TAN INTERESADA LE GASTEN PERO A LA REALIDAD EL ESTA EN LA CALLE QUISIERA SABER SI SABEN DE ALGUNA PERSONA O INSTITUCIÓN QUE LE PUDIERAN AYUDAR PUES POR SU CONDICIÓN DE EXTRANJERO CREEN QUE TIENE DINERO Y HACE POCO LO ATRACARON Y AL NO ENCONTRARLE PLATA LO GOLPEARON BRUTAL MENTE Y LE QUEBRARON LOS DIENTES NECESITA URGENTE MENTE AYUDA ECONÓMICA Y DE SALUD ES UNA GRAN PERSONA MUY EDUCADO DECENTE NO TIENE NINGÚN FAMILIAR ACÁ CONOCIDOS MUCHOS PERO PERSONAS MUY POBRES COMO LOS VENDEDORES AMBULANTES QUIEN PUEDA AYUDAR LO AGRADECERÍA MUCHO.
y donde esta este aleman celebrando hoy que su tierra es campeona