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Zapata, la tierra es para quien la trabaja

La figura histórica de Emiliano Zapata se ha trasformado en un ser de proporciones mitológicas. No sólo después del alevoso asesinato, sino antes, cuando estaba en pleno uso de sus facultades, más vivo que nunca. Zapata fue y es la pieza que engrana buena parte del sistema estructural de la cultura mexicana y más allá, el ansia de ideología, de utopías y de magia que guardan en su seno las sociedades humanas.

Don Emiliano, gracias por estar aquí, presto para responder.

Hágale, no más que yo respondo.

¿Dónde y cuándo nació Emiliano Zapata Salazar?

En el pueblo de San Miguel Anenecuilco, el 8 de agosto de 1879.

Ese pueblo tenía dos historias ¿cuáles son?

La de las tierras fértiles que beneficiaban a los propietarios de la hacienda del Hospital, y la de las estériles, sobre las cuales se asentaba el caserío de Anenecuilco.

¿Cómo era su familia?

Fui el penúltimo de 10 hermanos de una familia campesina mestiza que vivió de manera humilde. Las carencias y las necesidades  eran el resultado del sistema latifundista que imperaba en los tiempos de Porfirio, sin que los ultrajes y las humillaciones vieran el más mínimo asomo de condena o reprobación.

¿Cómo fue su infancia?

Crecí viendo a mis padres, don Gabriel y doña Cleofás, llorando de impotencia ante aquellas injurias y desmanes. Trabajé  con mi padre y recibí una pobre instrucción escolar occidental.

Dos cualidades para reconocerle…

La sinceridad y la pureza de mis actos e intenciones. Las adquirí de mi familia, las desarrollé y nunca las abandoné en el trascurrir de mis años.

¿Por eso es que lo llamaron el más puro de los revolucionarios?

De seguro. Vea no más. No caí en sobornos ni sucumbí ante tanta intriga y deslealtades. No acepté compromisos de ninguna clase con nadie, excepto con el de la justicia social de mi pueblo.

¿Esto lo llevó a ser extremadamente cruel en ciertos momentos?

Sí, y tildado de vulgar bandido ‘roba vacas’, delincuente, forajido y hasta criminal. Batallé tan apasionadamente para mantenerme siempre fiel a la lucha, que finalmente fue la causa de mi destrucción.

¿Qué enseñanza le dejó su padre?

Que “para comer en la casa hay que sudar en el surco y en el cerro, pero no en la hacienda”.

¿Cuáles fueron sus pasiones en la juventud?

Indudablemente que  los caballos; fui toda una autoridad en la materia; las armas, fui experto en el uso de machete, rifle y pistola, y  la conquista de mujeres. Hasta donde se sabe, tuve 15 hijos con 9 mujeres. Hay quienes exageran y dicen que sostuve relaciones con 14 mujeres.

¿Qué  le dolía?

Ver, día a día, el trato salvaje que recibían peones y esclavos de las haciendas. Era peor que el que recibían las bestias. Escuchaba paciente los lamentos de mi gente sobre los atropellos de los que eran objeto y sobre los desprecios.

¿Cómo se metió en la lucha social?

Yo era silencioso, sufrido, pero estoico. Parecía imperturbable y equilibrado siempre con una palabra certera y decidida en los labios. La gente del pueblo comenzó a confiar en mí y mi participación en asambleas y ayuda para resolver conflictos de tierras se hicieron frecuentes. En 1906, asistí a la primera reunión en Cuautla, en la que se discutió cómo de defender las tierras del pueblo.

¿En qué momento asume responsabilidad política?

Mi primera aparición política, ajena a mi mundo campesino, fue en las elecciones para gobernador de Morelos, en 1909. Apoyé al candidato de la oposición, Patricio Leyva, en contra del de los latifundistas.

¿Quién fue Zapata para los mexicanos?

Me han visto como mesías salvador, como santo, como héroe o antihéroe. En todo caso,  en la conciencia popular, soy un símbolo de identificación social que encarné los más hondos sentimientos colectivos.

 

¿Usted se considera un mito?

Me renuevo una y otra vez al invocarse al héroe, en una relación de permanente retroalimentación social que se trasmite de generación en generación.

¿Qué era para usted la propiedad de tierra?

Representa el origen de todas las riquezas; la cuna protectora de la especie, la estabilidad y la seguridad del ser humano.

¿Y a quién debía pertenecer?

Por derecho ancestral, a aquel capaz de transformarla en fuerza productiva para la vida; un bien que debe ser entregado a quien lo trabaja.

 

¿Cuál era su lema?

Facilito, mano. “La tierra es de quien la trabaja”.

¿Qué lo ponía de mal genio?

Por un lado, que los ricos hacendados luchen por conservar los capitales y explotar las grandes propiedades en detrimento de los seres humanos; y por el otro, los campesinos -mayormente indígenas- sin tierra, y tratando de recobrar o de poseer su pequeño terruño.

     

¿Cuál era su lucha?

Pos, me entregué a una lucha imposible y eterna por la reivindicación de la relación primordial del hombre con la tierra: la llamada lucha Zapatista por una reforma agraria que le ofrezca ventajas a los desposeídos y a los humildes, porque  no las tienen.

¿Cuándo se dio su primera insurrección?

A mediados de 1910, ante la indiferencia del Gobierno por resolver los problemas de tierras de la comunidad. Al frente de los campesinos ocupamos las tierras del llano de Huajar, que los de Villa de Ayala iban a sembrar con el permiso de la hacienda del Hospital.

Su ejemplo cundió en otros pueblos…

Sí, Francisco (Pancho) Villa y Pascual Orozco, en Chihuahua, complementada luego en Puebla, Coahuila y Durango. Los hermanos Flores Magón se alzaron en la Baja California y los hermanos Figueroa en Guerrero.

De ahí en adelanta comenzó la guerra…

El 10 de marzo de 1911, los zapatistas se proclamaron en rebelión en Villa de Ayala y formaron la primera guerrilla con 70 hombres. Comenzó  la historia sangrienta. La lucha armada  llevó a cabo la toma de Axochiapan, el asalto a la hacienda de Chinameca, la de Jonacatepec, en los primeros días de mayo, y el sitio de  Cuautla.  Cuernavaca había sido evacuada por los defensores el 20 de mayo.
Porfirio Díaz abandonó la presidencia y asumió su amigo Madero. ¿Por qué entraron en conflicto?

Madero asumió el cargo el 6 de noviembre de 1911. Hubo una relación de amistad y admiración entre ambos. Exigió al país el desarme de todas las fuerzas revolucionarias. Los zapatistas desatendieron la orden y se niegan a quedarse sin armas y   sin garantías de que las demandas serían atendidas en pro de una solución para el conflicto agrario.  Madero, por miedo a los poderosos hacendados que sentían perder poder, no cumplió los compromisos.

¿Cómo escapó del atentado en la hacienda de Chinameca?

Ocurrió el 12 de septiembre, de 1911. Estaba invitado a comer  y tropas al mando de Federico Morales rodearon el lugar y en seguida se entabló nutrido tiroteo entre ambas fuerzas. Escapé de la trampa  a pie por entre los cañaverales que después incendiaron los federales.

Imagino que no se quedó quieto. ¿Qué ocurrió después?

Tomé una actitud ofensiva. El 22 de octubre,   ocupamos Topilejo, Tulyehualco, Nativitas y San Mateo en el valle de México, y la noche del 23 avanzamos sobre Milpa Alta. Estos ataques causaron alarma en la ciudad de México, y la Cámara de Diputados los consideró de importancia nacional.

¿Qué era el Plan de Ayala?

Es un documento que se convertiría en bandera e ideología revolucionaria de los campesinos morelenses y el movimiento zapatista. Exigía la redención de los indígenas y se proponía el reparto de los latifundios creados durante el porfiriato.

Después de tantos años de guerra ¿cómo ocurrió su muerte?

Por traición, no podía ser de otra manera.  Jesús Guajardo, un coronel del ejército, me engañó. Me hizo saber que estaría de mi parte y me jugó una traición. Ocurrió,  el 10 de abril de 1919. Al aproximarme a la hacienda convenida, una banda de guerra formada tocó llamada de honor y, sin terminar ésta, una trompeta tocó a fuego. Como los soldados presentaban armas a mi paso, el primero en disparar fue el centinela y a continuación siguieron las descargas. Quise sacar la pistola en los últimos momentos  de vida, traté de dar media vuelta y el caballo me arrojó  al suelo.  La autopsia  comprobó que solo había ingerido alimentos líquidos, y que presentaba siete perforaciones correspondientes a siete tiros que me causaron la muerte casi instantánea. No tenía ni una herida en el rostro.

Gracias, por este relato, por regresarnos a la historia mexicana y por las enseñanzas.

De nada, muchacho. La revolución sigue, la historia continúa y me mantengo vigente.

Artículo adaptado del publicado en EnCONTRarte.org

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

      

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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