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La victoria del cronómetro.

En los Panamericanos de Guadalajara 2011, las canadienses contaban con un triunfo mental y todo estaba dado. Las cuentas de la entrenadora y la banca estaban claras, solo bastaba el pitido final como veredicto supremo de victoria.

 Desde el último cuarto los hinchas,  uno a uno,  fueron recibiendo la ciudadanía colombiana hasta completar el último centímetro del coliseo que a una voz vitoreaba a las patriotas. El aire andino y caribeño  soplaba fuerte en los espíritus tricolores que no pensaban en la victoria sino en el juego, porque el juego es jugando. Las indicaciones apresuradas de los entrenadores se escuchaban en el continente, los pasos al éxito eran contados y descritos milimétricamente con nombre propio y recorrido limitado. Los cuerpos calientes con la sangre a velocidades solo veían caminar estrategias en  los jeroglíficos dibujados a mansalva en  la cuartilla acrílica,  confundiendo las intensidades de los trazos con los gritos ansiosos de los directores de la acción.

 Luis Cuenca, entrenador colombiano, lucía intenso, sus palabras buscaban no a las jugadoras y sus  habilidades deportivas, iban directamente al pundonor, atacaba al coraje patriota  hecho síntesis allí, en la razón de las razas y en los relatos cantados en diversos géneros de las ricas expresiones colombianas de su llanura,  de las montañas plácidas y agrestes, de las costas sin límite que por intermedio de cinco mujeres con lenguaje sencillo explicaron qué  es un juego y qué es una victoria.

 Leidy Sánchez, en un segundo, se convirtió en la heroína, pero una cosa fue la intención y otra cosa fue el resultado deportivo. Así es la vida, un juego, que debe ser hasta el final, con perseverancia, pensando  en ocupar el tiempo en las jugadas y siempre jugando, hasta que suene el pitido final y no al contrario, pasarla pensando en el silbato final para hacer algo bueno. Porque en el encuentro de la tarde del sábado, en Guadalajara, contra Canadá, como en la vida el equipo que ganaba o perdía era por el valor de la cesta, valor tan relativo pues una misma cesta es igual a uno o a dos o a tres puntos. Así es la vida, en ella ganamos con las acciones, así otras personas relativicen los valores de las mismas.

Después de la cesta de Leidy, Canadá quedó paralizada, el coliseo silenció sus afanes por instantes para inmediatamente celebrar. El tablero dejó estático al marcador 59-57.

EUGENIO PACÍFICO CARRERO

eugenio.pacifico@gmail.com

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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