{"id":47426,"date":"2026-08-04T14:34:51","date_gmt":"2026-08-04T19:34:51","guid":{"rendered":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=47426"},"modified":"2026-08-04T14:37:09","modified_gmt":"2026-08-04T19:37:09","slug":"inmigrantes-en-estados-unidos-ultima-entrega-ninguna-madre-deberia-ser-separada-de-sus-hijos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=47426","title":{"rendered":"INMIGRANTES EN ESTADOS UNIDOS (\u00daltima entrega). Ninguna madre deber\u00eda ser separada de sus hijos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #ff0000;\">Esperanza<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><strong><span style=\"color: #ff9900;\">Al llegar al Broward Transitional Center (BTC), la espera fue larga, pero el ambiente era distinto. Lo primero que sent\u00ed fue el peso del metal que abandonaba el cuerpo. Me retiraron las esposas. En ese momento comenz\u00f3 lo que llamo ritual de dignificaci\u00f3n. Fue, exactamente, como cuando recoges a un perrito de la calle. El animalito est\u00e1 sucio, hambriento y tembloroso, lo llevas a casa, lo ba\u00f1as, lo alimentas y, por fin, lo pones a salvo. Esa fue la escena que sent\u00ed que estaba viviendo en carne propia.<\/span><\/strong><\/p>\n<p>Nos entregaron uniformes limpios, ropa interior y zapatos. Parec\u00eda algo simple, pero despu\u00e9s de ocho d\u00edas con la misma ropa, fue un alivio inmenso. El choque con la realidad me esperaba en la c\u00e1mara. Al tomarme la foto para el carn\u00e9, vi mi retrato y fue aterrador. Estaba demacrada. Minutos despu\u00e9s, en enfermer\u00eda, confirm\u00e9 que hab\u00eda perdido cuatro kilos.<\/p>\n<p>Tras los ex\u00e1menes, lleg\u00f3 la primera comida digna. Recuerdo perfectamente el men\u00fa: espaguetis con pollo, frijoles, ensalada de lechuga fresca, pan y habichuelas. Com\u00ed con tanta ansiedad que el mareo me oblig\u00f3 a detenerme. El organismo, castigado por los alimentos expirados de Miramar, no sab\u00eda c\u00f3mo procesar la nutrici\u00f3n real.<\/p>\n<p>A las 3:00 a.m. entramos a la habitaci\u00f3n. Dormir en cama de verdad y tener ba\u00f1o privado con ducha caliente fue, honestamente, la bendici\u00f3n que el cuerpo necesitaba para no colapsar.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, al recorrer el lugar, me costaba asimilar el contraste. Hab\u00eda biblioteca, capilla para orar y zonas comunes con juegos y televisi\u00f3n. Incluso, hab\u00eda sal\u00f3n de belleza y canchas para tomar el sol y hacer ejercicio. Ver todo esto me alivi\u00f3 profundamente, y a la vez me hac\u00eda pensar en lo innecesario del sufrimiento anterior.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s valioso \u2014y lo m\u00e1s duro\u2014 fue el acceso a las tabletas para videollamadas de 30 minutos. Ver a mis hijos en pantalla me devolv\u00eda la vida y me recordaba, con una crueldad silenciosa, que todav\u00eda hab\u00eda paredes de cristal y leyes injustas separ\u00e1ndome de ellos.<\/p>\n<p>A pesar de que el entorno en el BTC era m\u00e1s humano, el coraz\u00f3n segu\u00eda en vilo. La distancia con mis hijos era una herida abierta que ninguna comodidad pod\u00eda cerrar. La noticia sobre que aparec\u00eda en el sistema fue el primer rayo de luz. El abogado pod\u00eda actuar. Mi \u00fanica misi\u00f3n ahora era resistir, recuperar las fuerzas y esperar. En la quietud de las horas, los interrogantes me asaltaban sin tregua. \u00bfExistir\u00eda realmente un lugar seguro para nosotros? \u00bfSer\u00edamos enviados a un tercer pa\u00eds?<\/p>\n<p>Me atormentaba la injusticia de someter a mis hijos a este desarraigo y las secuelas que el nuevo comienzo dejar\u00eda en su vida. Me preocupaba, especialmente, el mayor, que apenas empezaba a adaptarse a este pa\u00eds cuando el sistema nos golpe\u00f3 de nuevo. Trat\u00e9 de refugiarme en la rutina para no colapsar. Aprovech\u00e9 el lugar para ducharme con calma, alimentarme, leer y orar. Compartir con las dem\u00e1s mujeres se volvi\u00f3 mi soporte, una manera de recordarnos unas a otras que, a pesar del encierro, segu\u00edamos siendo humanas con derecho a un futuro.<\/p>\n<p>Mi primer fin de semana en el BTC coincidi\u00f3 con las festividades del 4 de julio. Mientras afuera el pa\u00eds celebraba la libertad, yo esperaba en silencio que el lunes trajera alguna respuesta. Fueron d\u00edas de extra\u00f1a calma. El trato humano de los funcionarios me daba un alivio que no hab\u00eda conocido en Miramar.<\/p>\n<p>Un nuevo miedo empez\u00f3 a gestarse. Ve\u00eda c\u00f3mo, sin explicaci\u00f3n, muchas mujeres eran llamadas para ser trasladadas a centros en Luisiana o Texas. Recog\u00edan las pocas pertenencias y se las llevaban. Viv\u00eda con el temor constante que mi nombre fuera el siguiente en esa lista de traslados arbitrarios.<\/p>\n<p>Finalmente, lleg\u00f3 mi cita en la Corte. El juez dictamin\u00f3 una fianza de 15,000 d\u00f3lares, cifra exorbitante que cay\u00f3 sobre m\u00ed como balde de agua fr\u00eda. Ir\u00f3nicamente, justific\u00f3 mi libertad bajo fianza por mi conducta ejemplar. Ten\u00eda permiso de trabajo vigente, no registraba antecedentes penales en ning\u00fan lugar del mundo, mi proceso de asilo estaba en regla, pagaba mis impuestos y hab\u00eda ingresado legalmente al pa\u00eds.<\/p>\n<p>Me conced\u00edan la libertad, precisamente, porque siempre hab\u00eda cumplido las normas, pero el precio era una suma de dinero que mi familia no pod\u00eda asumir. Sal\u00ed de la Corte con el coraz\u00f3n oprimido. Cuando les di la noticia, su respuesta fue inmediata: &#8220;No sabemos c\u00f3mo, pero lo vamos a conseguir&#8221;.<\/p>\n<p>Ocurri\u00f3 algo especial, mi familia organiz\u00f3 una campa\u00f1a de recaudaci\u00f3n mediante GoFundMe y habilit\u00f3 cuentas bancarias en Estados Unidos y Colombia. Amigos, familiares y desconocidos hicieron donaciones para ayudar a cubrir la fianza. Gracias a esa red de solidaridad, una carga que parec\u00eda imposible de afrontar se volvi\u00f3 ligera.<\/p>\n<p>Pasaron nueve d\u00edas m\u00e1s antes de recuperar la libertad. El proceso se convirti\u00f3 en ag\u00f3nica carrera de obst\u00e1culos. La p\u00e9rdida del pasaporte y otros tr\u00e1mites burocr\u00e1ticos retrasaron la salida mientras mi mundo se desmoronaba afuera. Mis hijas llevaban tres d\u00edas con fiebre persistente y mi hijo hab\u00eda entrado en crisis de asma provocada por la angustia. Yo, suplicaba ayuda a las guardias, pero la decisi\u00f3n final no estaba en sus manos, sino en el fr\u00edo engranaje de ICE.<\/p>\n<p>El 17 de julio, a dos d\u00edas del cumplea\u00f1os de las gemelas y cuando casi no me quedaban esperanzas, una guardia se acerc\u00f3 a la celda con una sonrisa genuina. &#8220;Es hora de ir a casa&#8221;. Me cost\u00f3 asimilar que la pesadilla terminaba. Al cruzar el pasillo, ocurri\u00f3 algo inolvidable. Mis compa\u00f1eras salieron a la puerta de las habitaciones y me despidieron entre aplausos, l\u00e1grimas y abrazos. Mi libertad era, por un instante, la esperanza de todas ellas.<\/p>\n<p>Regres\u00e9 a casa con grillete electr\u00f3nico en el tobillo, GPS que vigila mis pasos en tiempo real, pero al fin estaba con los m\u00edos. El reencuentro fue un choque de emociones. Una de las gemelas no me reconoci\u00f3, y los otros dos ni\u00f1os estaban en estado de hiperactividad desbordada. Nos abrazamos con fuerza desesperada, lloramos y dimos gracias, conscientes de que esos 25 d\u00edas de injusticia hab\u00edan dejado cicatrices en todos.<\/p>\n<p>Mi esposo, mi hermana y mi familia reflejaban en el rostro el cautiverio que yo hab\u00eda vivido. Est\u00e1bamos juntos y, en ese momento, nuestra uni\u00f3n val\u00eda m\u00e1s que todo el oro del mundo.<\/p>\n<p>Esta cr\u00f3nica no es solo mi historia. Es el relato de la experiencia que me hizo comprender que, detr\u00e1s de cada expediente migratorio, hay una vida, una familia y una madre que solo piensa en volver a abrazar a sus hijos. Ninguna frontera deber\u00eda ser m\u00e1s fuerte que ese abrazo.<\/p>\n<p>No puedo hablar por todos los migrantes, pero s\u00ed por lo que vi y viv\u00ed. En esas celdas conoc\u00ed a Mari, Yami, Elsa, Tania, Andy y a muchas otras mujeres que, como yo, no eran un n\u00famero de caso, sino personas con historias, miedos y sue\u00f1os. Buscaban protecci\u00f3n, una oportunidad o simplemente un lugar d\u00f3nde vivir con dignidad.<\/p>\n<p>Ojal\u00e1 esta historia sirva para recordar que, antes de juzgar a quien cruza una frontera, vale la pena preguntarse qu\u00e9 lo llev\u00f3 hasta all\u00e1. Porque, detr\u00e1s de cada proceso migratorio, siempre hay una historia humana que merece ser escuchada.<\/p>\n<p><strong>FRANCY URREA. <\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esperanza Al llegar al Broward Transitional Center (BTC), la espera fue larga, pero el ambiente era distinto. Lo primero que sent\u00ed fue el peso del metal que abandonaba el cuerpo. Me retiraron las esposas. En ese momento comenz\u00f3 lo que llamo ritual de dignificaci\u00f3n. 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