{"id":47420,"date":"2026-08-03T07:04:48","date_gmt":"2026-08-03T12:04:48","guid":{"rendered":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=47420"},"modified":"2026-08-03T07:04:48","modified_gmt":"2026-08-03T12:04:48","slug":"inmigrantes-en-estados-unidos-3-ninguna-madre-deberia-ser-separada-de-sus-hijos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=47420","title":{"rendered":"INMIGRANTES EN ESTADOS UNIDOS (3). Ninguna madre deber\u00eda ser separada de sus hijos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>Batalla contra el deterioro mental<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De repente, mi coraz\u00f3n se aceler\u00f3 cuando sent\u00ed una vibraci\u00f3n en la puerta, a la que me encontraba aferrada. Se abri\u00f3 r\u00e1pidamente por el peso de mi cuerpo. Afuera estaban dos mujeres de la celda vecina \u2014 mi amiga de la noche anterior y su compa\u00f1era\u2014. Al ver mi estado f\u00edsico, se volcaron sobre m\u00ed con energ\u00eda protectora y decidida. Las instrucciones directas y las voces firmes me obligaron a reaccionar. No ten\u00eda fuerzas y me guiaron en ejercicios de respiraci\u00f3n, sac\u00e1ndome del abismo y llen\u00e1ndome de valent\u00eda ajena hasta que logr\u00e9 estabilizarme. <em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Cada hora que pasaba en esa peque\u00f1a sala com\u00fan era una batalla contra mi deterioro mental. Utilizaba los pocos minutos permitidos para llamar a mi familia. Buscaba desesperadamente una luz de esperanza. Mi esposo me transmiti\u00f3 la noticia del abogado: una moci\u00f3n de fianza para mi liberaci\u00f3n. Sus palabras, tambi\u00e9n, eran una armadura para lo que ven\u00eda: &#8220;No firmes nada. Van a intentar enga\u00f1arte para que aceptes la deportaci\u00f3n voluntaria&#8221;.<\/p>\n<p>Solo pod\u00eda responder desde el agotamiento absoluto: &#8220;No voy a soportar, voy a morir aqu\u00ed&#8221;. Mi esposo insist\u00eda en que aguantara, que la libertad estaba cerca. Mi mente no pod\u00eda procesar m\u00e1s promesas. Colgu\u00e9 el tel\u00e9fono y me sumerg\u00ed de nuevo en el silencio de la espera.<\/p>\n<p>La tarde ca\u00eda y el miedo a pasar la noche sola en aquel cub\u00edculo me impuls\u00f3 a buscar compa\u00f1\u00eda. Una joven accedi\u00f3 a mudarse a mi celda. Ese peque\u00f1o alivio me permiti\u00f3 dormir hasta que, a las 3:00 a.m., lleg\u00f3 el desayuno que nadie se atrevi\u00f3 a tocar.<\/p>\n<p>Al amanecer, ICE regres\u00f3 por m\u00ed. El traslado fue una humillaci\u00f3n f\u00edsica: nos pasaron cadenas por la cintura para asegurar las manos y nos pusieron esposas en los pies. Caminar era casi imposible. Nos subieron a una camioneta rumbo a Miramar. Volv\u00eda al punto de inicio. All\u00ed, el hombre que me hab\u00eda capturado intent\u00f3 la \u00faltima carta: me orden\u00f3 traer a mi familia para esperar juntos, bajo custodia, el vuelo de deportaci\u00f3n del 2 de julio.<\/p>\n<p>Esta vez, mi voz no tembl\u00f3. &#8220;Tengo un abogado. S\u00e9 que me mintieron y que mi caso est\u00e1 vigente. No les creo nada&#8221;, le espet\u00e9. Sorprendido y molesto, me lanz\u00f3 el desaf\u00edo final: &#8220;\u00bfVas a firmar o vas a fajar el caso?&#8221;. &#8220;Voy a pelear&#8221;, respond\u00ed con firmeza. Su sentencia fue fr\u00eda: &#8220;Te vas a quedar mucho tiempo aqu\u00ed&#8221;. Se limit\u00f3 a entregarme los papeles de la Corte y, ante mi negativa a firmar, solt\u00f3 un &#8220;lo supuse&#8221; antes de enviarme de nuevo a la celda.<\/p>\n<p>Miramar no era un lugar para habitar, era un espacio dise\u00f1ado para el colapso. En la celda no cab\u00eda un alma m\u00e1s. Sin camas ni colchonetas, dorm\u00edamos sobre el suelo con apenas unas cobijas que algunos militares, en gesto de humanidad, nos facilitaron. La alimentaci\u00f3n era un insulto: comida para microondas con revoltijo de carne y pur\u00e9 procesado que desped\u00eda olor a pl\u00e1stico y a condimentos.<\/p>\n<p>Al leer las fechas de expiraci\u00f3n vencidas, el horror se volv\u00eda f\u00edsico. Comer se convirti\u00f3 en acto de supervivencia extrema. Era elegir entre el hambre que debilitaba o el riesgo de enfermarme con desperdicios industriales. La hidrataci\u00f3n era reducida y la sed se calmaba recargando la \u00fanica botella de agua en el lavabo pegado al inodoro. Lo que ocurr\u00eda en aquel lugar era desesperanzador, nadie sal\u00eda.<\/p>\n<p>Bajo la luz intensa que nunca se apagaba, lo \u00fanico que daba fe del paso del tiempo era el reloj que alcanz\u00e1bamos a ver por la ventana de la celda. Los tres minutos de llamada diaria, cuando se permit\u00edan, eran solo para reportar que segu\u00edamos vivas. En esas noches eternas que se volvieron semanas, el pensamiento de los secuestrados en mi natal Colombia me asalt\u00f3 con fuerza. Entend\u00ed que, guardando las proporciones, tambi\u00e9n estaba en cautiverio.<\/p>\n<p>Mientras en aquel cuarto las madres nos lament\u00e1bamos por nuestros hijos \u2014muchos de ellos beb\u00e9s de apenas meses\u2014 en nuestra casa el panorama era igual de desolador. Se nos arrebat\u00f3 todo, incluso el derecho a ejercer nuestra maternidad.<\/p>\n<p>La aflicci\u00f3n era comunitaria: cada historia de familia superaba en dolor a la anterior. Recuerdo con especial fuerza a Elsa, madre cuidadora que guardo en mi coraz\u00f3n. Tiene dos hijos estadounidenses, uno de 15 a\u00f1os con autismo severo y condici\u00f3n card\u00edaca cong\u00e9nita. Ella estaba all\u00ed, privada de la libertad de manera arbitraria, mientras los hijos pasaban necesidad en casa.<\/p>\n<p>Mi situaci\u00f3n era un peso constante. Madre de tres hijos, el ni\u00f1o de 8 a\u00f1os diagnosticado con TDAH que requer\u00eda terapia semanal y dos gemelas a punto de cumplir tres a\u00f1os. Mi hijo cargaba con el trauma de haber salido de nuestro pa\u00eds bajo amenazas y el impacto de adaptarse al nuevo idioma. Mi ausencia solo profundizaba las regresiones y los problemas emocionales. Toda la &#8220;operaci\u00f3n log\u00edstica&#8221; y emocional que implica ser madre, ese pilar invisible de la sociedad, fue all\u00ed c\u00ednicamente subestimada e invisibilizada por el sistema.<\/p>\n<p>Durante los ocho d\u00edas que estuvimos en Miramar, solo recibimos una ducha, porque nos atrevimos a exigirla. La comida expirada a veces se agotaba y dejaba a muchas al borde de la inanici\u00f3n. Vimos c\u00f3mo la salud de todas se desmoronaba hasta que una compa\u00f1era colaps\u00f3, qued\u00f3 inconsciente en el suelo. Solo entonces, los agentes reaccionaron, llev\u00e1ndola al hospital \u2014esposada, por supuesto\u2014. Presenciamos la cara m\u00e1s cruda de la violencia y la tortura psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Ese mismo horror nos hizo fuertes. No nos dobleg\u00e1bamos ante las amenazas de deportaci\u00f3n. En una ocasi\u00f3n, vinieron a decirme que ir\u00edan por mis hijos. Me lo soltaron como aviso, no como solicitud de autorizaci\u00f3n. Les pregunt\u00e9, con la frente en alto y una valent\u00eda que no sab\u00eda que pose\u00eda, si ten\u00edan orden judicial. Ante la duda, les negu\u00e9 cualquier palabra m\u00e1s sin mi abogado presente.<\/p>\n<p>&#8220;Ma\u00f1ana venimos a ver qu\u00e9 decidi\u00f3&#8221;, respondieron con arrogancia. Aunque mi coraz\u00f3n galopaba de terror ante lo que pod\u00edan hacerles, me mantuve firme. No estaba dispuesta a mostrarles miedo. Ya no.<\/p>\n<p>La humanidad que brot\u00f3 entre nosotras fue nuestra \u00fanica armadura. Nos sostuvimos por medio de la oraci\u00f3n y la fe en una justicia que no es de este mundo. Pero el cuerpo tiene l\u00edmites. Una ma\u00f1ana despert\u00e9 con dolor y hematomas, marcada por la dureza del suelo de cemento. Mis compa\u00f1eras, a quienes llamaba &#8220;t\u00edas&#8221;, porque el cautiverio nos volvi\u00f3 familia, me preguntaron qu\u00e9 me pasaba. &#8220;No soporto m\u00e1s, estoy agotada&#8221;, confes\u00e9.<\/p>\n<p>Afuera, mi familia luchaba contra un sistema ciego. El abogado no pod\u00eda actuar, porque ni siquiera aparec\u00eda registrada. Era una invisible.<\/p>\n<p>El 1 de julio, lleg\u00f3 la orden de traslado. Llor\u00e9 desconsoladamente, no por el miedo a lo nuevo, sino por dejar atr\u00e1s a mis &#8220;t\u00edas&#8221; en aquel infierno. El guardia que me escolt\u00f3, en un gesto inusual de empat\u00eda, me prometi\u00f3 que ir\u00eda a un lugar con condiciones dignas.<\/p>\n<p>Le supliqu\u00e9 por las que se quedaban y asinti\u00f3 con una mezcla de tristeza y esperanza. Nuevamente, encadenada de pies y manos, cruc\u00e9 la puerta mientras un guardia joven, de evidente origen latino, me susurr\u00f3 una palabra que cargaba todo el peso de mi futuro: &#8220;Suerte&#8221;.<\/p>\n<p>FRANCY URREA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Batalla contra el deterioro mental &nbsp; De repente, mi coraz\u00f3n se aceler\u00f3 cuando sent\u00ed una vibraci\u00f3n en la puerta, a la que me encontraba aferrada. Se abri\u00f3 r\u00e1pidamente por el peso de mi cuerpo. Afuera estaban dos mujeres de la celda vecina \u2014 mi amiga de la noche anterior y su compa\u00f1era\u2014. 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