{"id":37828,"date":"2022-04-23T09:36:48","date_gmt":"2022-04-23T14:36:48","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=37828"},"modified":"2022-04-23T09:36:48","modified_gmt":"2022-04-23T14:36:48","slug":"nueva-generacion-de-combatientes-enfrentados-por-lo-mismo-el-control-del-trafico-de-drogas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=37828","title":{"rendered":"NUEVA GENERACI\u00d3N DE COMBATIENTES. Enfrentados por lo mismo: el control del tr\u00e1fico de drogas"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 40px; text-align: right;\"><strong><span style=\"color: #ff9900;\">PUTUMAYO, Colombia \u2014 En lo profundo de la selva, en un pueblo controlado por los rebeldes, Joel realizaba simulacros junto a sus camaradas, fila tras fila de camaradas en camuflaje y botas, los rifles a los costados.<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">\u201cA la de-re!\u201d, gritaba su instructor.<\/p>\n<p>Para Joel, de 36 a\u00f1os, esta escena era conocida. Hab\u00eda pasado seis a\u00f1os en el ej\u00e9rcito, luchando en el frente contra una insurgencia brutal que aterroriz\u00f3 a Colombia durante d\u00e9cadas. Pero ahora ten\u00eda un nuevo empleador: un grupo armado ilegal que inclu\u00eda a los mismos insurgentes que \u00e9l hab\u00eda luchado por derrotar durante su carrera militar.<\/p>\n<p>\u201cUno es consciente de que no deber\u00eda existir esto\u201d, dijo recientemente, acunando un rifle en su regazo. Pero despu\u00e9s de dejar el ej\u00e9rcito, coment\u00f3, le costaba llegar a fin de mes. Entonces recibi\u00f3 una oferta de un salario de 500 d\u00f3lares mensuales, casi el doble del salario m\u00ednimo mensual de Colombia.<\/p>\n<p>Ahora, \u201cmis hijos est\u00e1n en mejores condiciones\u201d, dijo, \u201cporque s\u00ed tengo para la comida\u201d.<\/p>\n<p>El acuerdo de paz de Colombia, firmado en 2016 por el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o Farc, se supon\u00eda que dar\u00eda paso a una nueva era de tranquilidad en un pa\u00eds que soport\u00f3 m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas de guerra. El acuerdo consist\u00eda en que los rebeldes dejar\u00edan las armas, mientras que el gobierno inundar\u00eda las zonas de conflicto con oportunidades de trabajo, aliviando as\u00ed la pobreza y la desigualdad que dieron origen a la guerra.<\/p>\n<p>Miles de combatientes de las Farc abandonaron las armas. Pero en muchos lugares, el gobierno nunca lleg\u00f3. En lugar de ello, a numerosas zonas rurales de Colombia han vuelto los asesinatos, los desplazamientos y una violencia que, en algunas regiones, es ahora tan grave, o peor, que antes del acuerdo.<\/p>\n<p>Las masacres y los asesinatos de defensores de derechos humanos se han disparado desde 2016, seg\u00fan Naciones Unidas. Y el desplazamiento sigue siendo sorprendentemente alto, con 147.000 personas obligadas a huir de sus hogares solo el a\u00f1o pasado, seg\u00fan datos del gobierno.<\/p>\n<p>No es porque las Farc, como fuerza de combate organizada, hayan vuelto. M\u00e1s bien, el vac\u00edo territorial que dej\u00f3 la antigua insurgencia, y la ausencia de muchas de las reformas gubernamentales prometidas, han desencadenado un marasmo criminal a medida que se forman nuevos grupos, y los antiguos mutan, en una batalla por controlar las florecientes econom\u00edas il\u00edcitas.<\/p>\n<p>Aunque muchos colombianos llaman a estos nuevos grupos \u201clos disidentes\u201d, en referencia a los combatientes de las Farc que rechazaron el acuerdo de paz, su composici\u00f3n es m\u00e1s compleja. En algunos se han unido antiguos enemigos \u2014rebeldes, soldados y paramilitares\u2014 as\u00ed como nuevos reclutas y miembros del crimen organizado, todos en torno al atractivo de un sueldo.<\/p>\n<p>Estos combatientes se enfrentan ahora a sus antiguos aliados por el control de un tr\u00e1fico de drogas revitalizado, en una oleada de disturbios que se parece m\u00e1s a la violencia de las bandas criminales que a la insurgencia civil que hizo estragos durante tantos a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201cEstamos enfrent\u00e1ndonos camaradas con camaradas, hermanos de lucha contra hermanos de lucha\u201d, dijo Benjam\u00edn Perdomo, uno de los fundadores de los Comandos de la Frontera, la milicia a la que Joel se uni\u00f3 hace seis meses, uno de los m\u00e1s de 30 grupos armados que, seg\u00fan los funcionarios de seguridad, han surgido desde 2016.<\/p>\n<p>Al igual que otras personas entrevistadas para este art\u00edculo, Perdomo acept\u00f3 ser identificado \u00fanicamente por su nombre de guerra. Algunos individuos no son nombrados para proteger sus vidas.<\/p>\n<p>En febrero, viajando en bote por una red fluvial en la selva amaz\u00f3nica, el Times pas\u00f3 una semana con los Comandos. Visitamos varios pueblos bajo su control, vimos c\u00f3mo mov\u00edan armas y compraban drogas, y dormimos en un campamento donde los combatientes lanzaban granadas y hac\u00edan ejercicios a pocos metros del Putumayo, un r\u00edo de importancia, sin polic\u00edas ni militares a la vista.<\/p>\n<p>Los Comandos ahora se enfrentan con el Frente Carolina Ram\u00edrez, otro grupo encabezado por antiguos l\u00edderes guerrilleros, por el control del Putumayo y el Caquet\u00e1, dos departamentos de la amazon\u00eda colombiana, cerca de la frontera con Ecuador y Per\u00fa, que tienen un papel fundamental en el tr\u00e1fico de drogas.<\/p>\n<p>Esos departamentos tambi\u00e9n albergan dos industrias relevantes para el pa\u00eds: el petr\u00f3leo y la ganader\u00eda. En conjunto, los territorios en disputa constituyen alrededor del 10 por ciento del pa\u00eds. Cada vez m\u00e1s, son los civiles los que m\u00e1s sufren, atrapados entre estos grupos beligerantes e incluso los militares que intentan detenerlos.<\/p>\n<p>Algunos expertos en seguridad advierten que, si el gobierno no asume un papel m\u00e1s crucial en el combate a estas milicias y en el cumplimiento de las promesas del acuerdo, el pa\u00eds podr\u00eda dirigirse hacia un estado m\u00e1s parecido a M\u00e9xico \u2014asolado por las bandas de narcotraficantes que se disputan el territorio\u2014 que a la Colombia de principios de este siglo.<\/p>\n<p>\u201cHay un largo camino por recorrer para volver a 2002\u201d, dijo Adam Isacson, director de supervisi\u00f3n de defensa en la Oficina de Washington para Am\u00e9rica Latina, refiri\u00e9ndose al recuento de v\u00edctimas durante uno de los peores a\u00f1os de la guerra. \u201cPero ahora mismo estamos en ese camino\u201d.<\/p>\n<p><strong>\u2018Todo se maneja por la plata\u2019<\/strong><\/p>\n<p>Cuando los comandos llegaron a un pueblo ribere\u00f1o un domingo reciente, la comunidad estaba en plena efervescencia del fin de semana: la m\u00fasica sonaba en un equipo de sonido y equipos de f\u00fatbol rivales sal\u00edan al campo. Los combatientes, con sus rifles al hombro, se posicionaron en una parcela contigua, donde realizaron simulacros en una demostraci\u00f3n de fuerza. Los residentes observaban ambos espect\u00e1culos desde la barrera, con cervezas y paletas heladas en la mano.<\/p>\n<p>El conflicto con las Farc se remonta a la d\u00e9cada de 1960, cuando dos l\u00edderes comunistas declararon una rebeli\u00f3n contra el Estado con la promesa de sustituir al gobierno por uno que apoyara al pueblo campesino y pobre.<\/p>\n<p>Durante d\u00e9cadas, la coca\u00edna financi\u00f3 la mort\u00edfera lucha de las Farc. Luego lleg\u00f3 el acuerdo de paz, que exige al gobierno colombiano invertir en programas que ayuden a las comunidades rurales a deshacerse del cultivo de coca, el producto base de la coca\u00edna, privando as\u00ed a los grupos armados de sus ingresos.<\/p>\n<p>Pero este pueblo, a horas de cualquier ciudad importante, es uno de los muchos a donde las alternativas sostenibles nunca llegaron, y la coca sigue dominando. \u201cEl gobierno ac\u00e1 no ayudaba en nada\u201d, dijo el presidente del concejo de una comunidad controlada por las milicias. \u201cPara nosotros la coca es el Estado\u201d.<\/p>\n<p>Para muchos habitantes aqu\u00ed, los Comandos, que se formaron en 2017, son solo la milicia m\u00e1s reciente que ocupa el pueblo. Compran su coca y se han convertido en el principal empleador, la fuerza policial no oficial e incluso la gerencia de obras p\u00fablicas.<\/p>\n<p>Cuando la gente del lugar sigue las reglas, esta relaci\u00f3n puede alcanzar una tensa simbiosis. Pero cuando los residentes no cumplen las normas \u2014o cuando un grupo rival se impone y trata de convertirse en el nuevo comprador de coca\u2014 la din\u00e1mica se vuelve mortal.<\/p>\n<p>Bajo el antiguo r\u00e9gimen de las Farc, los l\u00edderes aseguraban que su reino del terror estaba al servicio de una causa superior. Perdomo, de los Comandos, hace una afirmaci\u00f3n similar, al decir que su grupo lucha por \u201cdesarrollo, progreso y justicia social\u201d para los colombianos pobres.<\/p>\n<p>Pero en las entrevistas con casi una veintena de Comandos de la tropa, pocos ten\u00edan la sensaci\u00f3n de que su trabajo tuviera un objetivo mayor. Una de ellas era una madre soltera que no pod\u00eda criar a sus hijos con los 90 d\u00f3lares mensuales que ganaba limpiando casas; otro era un antiguo combatiente de las Farc que hab\u00eda descubierto que pod\u00eda cobrar el doble como m\u00e9dico de la unidad que en un hospital p\u00fablico.<\/p>\n<p>Los Comandos no solo pagan mucho m\u00e1s que muchos empleadores colombianos, sino que tambi\u00e9n ofrecen vacaciones. Esto, dijo Perdomo, ha permitido al grupo atraer a cientos de reclutas. (Un alto funcionario de seguridad declin\u00f3 cuantificar el tama\u00f1o de los Comandos).<\/p>\n<p>\u201cNo es como una guerrilla que toma un trabajo por la conciencia\u201d, dijo un combatiente. \u201cTodo se maneja por la plata\u201d.<\/p>\n<p><strong>\u2018Nos destruyeron la vida en un momentico\u2019<\/strong><\/p>\n<p>En Colombia, los enfrentamientos entre grupos armados est\u00e1n en el nivel m\u00e1s alto que se ha alcanzado desde que se firm\u00f3 el acuerdo de paz, seg\u00fan la Jurisdicci\u00f3n Especial para la Paz, un tribunal creado por el acuerdo para investigar la guerra. El a\u00f1o pasado murieron m\u00e1s de 13.000 personas, el mayor n\u00famero desde 2014.<\/p>\n<p>Ahora hay seis conflictos distintos en el pa\u00eds, seg\u00fan el Comit\u00e9 Internacional de la Cruz Roja, tres de los cuales involucran a ex grupos de las Farc.<\/p>\n<p>En el Putumayo, los Comandos han sido acusados de llevar a cabo asesinatos, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y una \u201cmovilizaci\u00f3n del terror\u201d, seg\u00fan la Defensor\u00eda del Pueblo de Colombia, encargada de monitorear las violaciones de los derechos humanos. El Carolina Ram\u00edrez es igual de brutal, dice el defensor del pueblo.<\/p>\n<p>En agosto, un peque\u00f1o pueblo escondido en un recodo del r\u00edo Putumayo se convirti\u00f3 en uno de los m\u00e1s recientes en ser asediado. La comunidad, un conjunto de modestas casas de madera, fue inicialmente retenida por los Comandos. Pero tres residentes describieron el modo en que integrantes del Frente Carolina Ram\u00edrez entraron un d\u00eda, antes del amanecer, reunieron a los residentes del lugar e insistieron en que ellos estaban al mando.<\/p>\n<p>Una mujer, tan angustiada que apenas pod\u00eda relatar su historia, cont\u00f3 que se despert\u00f3 cuando su marido entr\u00f3 corriendo a su casa, dici\u00e9ndole que estaba a punto de morir. Luego lleg\u00f3 el sonido de las balas y los combatientes que amenazaron con bombardear su casa si no los dejaba entrar.<\/p>\n<p>\u201cLes abr\u00ed la puerta y me arrodill\u00e9, que no lo fueran a matar\u201d, dijo. Sus hijos vieron c\u00f3mo los hombres se llevaron a rastras a su padre. Semanas m\u00e1s tarde, el Carolina Ram\u00edrez public\u00f3 un video en el que acusaba a su esposo de trabajar con los Comandos y anunciaba que estaba muerto.<\/p>\n<p>Otra mujer de otro pueblo del Putumayo describi\u00f3 c\u00f3mo una noche unos hombres armados dispararon y mataron a su madre, una funcionaria local, y a su padrastro, un antiguo combatiente de las Farc, mientras su familia observaba impotente. La mujer no mostr\u00f3 ninguna emoci\u00f3n al contar su historia, con los ojos fijos en el suelo. \u201cNos destruyeron la vida en un momentico\u201d, dijo.<\/p>\n<p>El ministro de Defensa, Diego Molano, dijo en una entrevista que las Fuerzas Armadas estaban haciendo \u201ctodos los esfuerzos\u201d para combatir a estos nuevos grupos, al redoblar su enfoque en la eliminaci\u00f3n de los cabecillas, la erradicaci\u00f3n de la coca y la desmovilizaci\u00f3n de los combatientes. \u201cEn general, hemos contenido la amenaza\u201d, asegur\u00f3.<\/p>\n<p>Pero tras una reciente operaci\u00f3n en la que el Ej\u00e9rcito anunci\u00f3 que hab\u00eda matado a 11 Comandos, grupos de la sociedad civil afirmaron que varios de los muertos eran en realidad civiles, y que el ataque hab\u00eda tenido lugar durante una recaudaci\u00f3n de fondos del pueblo.<\/p>\n<p>Molano neg\u00f3 estas acusaciones. \u201cOperativo no fue contra campesinos, sino disidencias Farc\u201d, tuite\u00f3. \u201cNo fue contra inocentes ind\u00edgenas, sino narcococaleros\u201d.<\/p>\n<p>El complejo problema de seguridad de Colombia nunca se iba a resolver en un mandato presidencial de cuatro a\u00f1os. Pero los cr\u00edticos dicen que este nuevo ciclo de violencia se alimenta gracias a la falta de compromiso del gobierno con los programas del acuerdo de paz.<\/p>\n<p>El presidente Iv\u00e1n Duque, un conservador, lider\u00f3 una vez una campa\u00f1a para cambiar los t\u00e9rminos del acuerdo de 2016, calific\u00e1ndolo de demasiado ben\u00e9volo con las Farc. Desde que asumi\u00f3 el cargo en 2018, ha dicho que acepta el acuerdo.<\/p>\n<p>Sin embargo, las cifras cuentan una historia diferente, dicen sus oponentes. Cuando Duque, que est\u00e1 limitado a un solo mandato, asumi\u00f3 el cargo, el 22 por ciento del acuerdo se hab\u00eda cumplido en su totalidad, seg\u00fan el Instituto Kroc para Estudios Internacionales de Paz. Durante su mandato, aument\u00f3 esa proporci\u00f3n en ocho puntos porcentuales, seg\u00fan los datos m\u00e1s recientes.<\/p>\n<p>Duque ha dicho que un tercio de las disposiciones del acuerdo se han aplicado en su totalidad, lo que sit\u00faa al pa\u00eds en v\u00edas de completar el acuerdo dentro del plazo de 15 a\u00f1os. Sin embargo, dejar\u00e1 el cargo en agosto tras una ca\u00edda de los \u00edndices de aprobaci\u00f3n que, seg\u00fan muchos, refleja tanto la preocupaci\u00f3n por la seguridad como la creciente frustraci\u00f3n por la falta de empleos bien pagados.<\/p>\n<p>\u201cEn el gobierno actual hay un problema de desaprovechar la oportunidad de un acuerdo\u201d, dijo Marco Romero, director de Codhes, grupo de derechos humanos, calificando el actual nivel de violencia de \u201cescandaloso\u201d.<\/p>\n<p><strong>\u2018Huele a guerra\u2019<\/strong><\/p>\n<p>Decenas de Comandos acamparon cerca de las orillas del Putumayo, colocando sus camas entre los \u00e1rboles y construyendo una cocina junto a una granja de madera.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, los combatientes instalaron internet satelital entre las vacas y las gallinas de los agricultores, y trajeron helados y tamales de un pueblo cercano. Compraron gruesos ladrillos de pasta de coca a los agricultores cercanos \u2014para venderlas a otros narcotraficantes\u2014 y probaron lanzagranadas destinados a sus enemigos, el Carolina Ram\u00edrez.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Huele a guerra!\u201d, grit\u00f3 alguien cuando una granada sali\u00f3 volando hacia un campo cercano.<\/p>\n<p>Si bien esta nueva generaci\u00f3n de grupos armados se ha fracturado en gran medida, los expertos en seguridad dicen que est\u00e1n empezando a notar una coalescencia m\u00e1s clara en dos facciones, ambas dirigidas por antiguos l\u00edderes de las Farc que aseguran querer reconstruir la insurgencia.<\/p>\n<p>La preocupaci\u00f3n, seg\u00fan Kyle Johnson, analista de Conflict Responses, organizaci\u00f3n sin fines de lucro de Colombia, es que estas alianzas pueden ocasionar que la violencia pase de ser un mosaico de batallas entre peque\u00f1os grupos a un enfrentamiento entre dos grandes, lo que establecer\u00eda un conflicto a nivel nacional.<\/p>\n<p>\u201cParece dif\u00edcil encontrar un escenario peor\u201d que el actual, dijo Johnson, \u201cpero ese ser\u00eda un escenario mucho peor\u201d.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s la mayor diferencia entre las antiguas Farc y los Comandos es contra qui\u00e9n luchan. Las Farc luchaban contra el Estado. Pero los Comandos no atacan al gobierno, ni lo consideran su enemigo, dijo Perdomo, quien pas\u00f3 m\u00e1s de una d\u00e9cada con las Farc.<\/p>\n<p>De hecho, fue una amenaza de otro ex grupo de las Farc \u2014\u201c\u00fanete a nosotros o te matamos\u201d\u2014 lo que lo oblig\u00f3 a formar los Comandos, dijo.<\/p>\n<p>Cientos de excombatientes de las Farc han sido asesinados desde el acuerdo de paz, algunos de ellos a manos de sus antiguos compa\u00f1eros, y muchos grupos de derechos humanos afirman que la falta de protecci\u00f3n a los excombatientes por parte del Estado contribuye a impulsar el rearme.<\/p>\n<p>Perdomo dijo que su prop\u00f3sito era proteger a los excombatientes y a cualquier colombiano de la brutalidad del Carolina Ram\u00edrez. El objetivo, dijo, era \u201cerradicar\u201d al grupo rival, y luego negociar un acuerdo de paz m\u00e1s s\u00f3lido con las autoridades de la capital, Bogot\u00e1. El negocio de la droga, a\u00f1adi\u00f3, era simplemente \u201cun medio\u201d para conseguirlo.<\/p>\n<p>\u201cEstamos hablando de defender la vida\u201d, dijo. \u201cA nosotros no nos importa el dinero ni nada, lo \u00fanico que nos importa realmente es que nuestra sociedad de hermanos se calme\u201d.<\/p>\n<p>Pero los analistas de seguridad se\u00f1alan que la decisi\u00f3n de los Comandos de no enfrentarse al gobierno tambi\u00e9n es muy positiva para su negocio: si no atacan al Estado, es menos probable que atraigan su poder de combate. Aunque eso no ha impedido que el gobierno los persiga.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, despu\u00e9s del desayuno, un grupo de combatientes se separ\u00f3 en preparaci\u00f3n para sus dos semanas de vacaciones. Cambiaron el camuflaje por bluyines y camisetas para volver a la vida con sus familias y amigos.<\/p>\n<p>Con el sol cerca del cenit, envolvieron sus armas en pl\u00e1stico y fijaron etiquetas de identificaci\u00f3n a los paquetes; los dejaron en custodia mientras estaban fuera. Luego se subieron a una lancha de colores brillantes y bajaron a toda velocidad por el Putumayo durante horas, con cervezas y whisky en la mano y la m\u00fasica rugiendo tras de s\u00ed.<\/p>\n<p>\u201cMire, socio, le advierto una cosa\u201d, cantaban los Comandos al ritmo de una canci\u00f3n popular, \u201ccien de ustedes haremos pedazos\u201d.<\/p>\n<p><strong>JULIE TURKEWITZ<\/strong>, jefa de la corresponsal\u00eda de los Andes, y el fot\u00f3grafo <strong>FEDERICO R\u00cdOS<\/strong> pasaron una semana con uno de los muchos grupos armados que han surgido en Colombia desde 2016.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PUTUMAYO, Colombia \u2014 En lo profundo de la selva, en un pueblo controlado por los rebeldes, Joel realizaba simulacros junto a sus camaradas, fila tras fila de camaradas en camuflaje y botas, los rifles a los costados. \u201cA la de-re!\u201d, gritaba su instructor. Para Joel, de 36 a\u00f1os, esta escena era conocida. 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