{"id":35452,"date":"2020-03-27T17:19:45","date_gmt":"2020-03-27T22:19:45","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=35452"},"modified":"2020-03-27T17:19:45","modified_gmt":"2020-03-27T22:19:45","slug":"crisis-en-venezuela-los-venezolanos-que-emigran-dejan-atras-a-casi-un-millon-de-ninos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=35452","title":{"rendered":"CRISIS EN VENEZUELA. Los venezolanos que emigran dejan atr\u00e1s a casi un mill\u00f3n de ni\u00f1os"},"content":{"rendered":"<ul>\n<li><span style=\"color: #ff9900;\"><em>Despu\u00e9s de siete a\u00f1os de crisis econ\u00f3mica, numerosas madres y padres han tenido que abandonar el pa\u00eds y se han visto obligados a dejar a sus hijos en manos de familiares, amigos y, a veces, solos.<\/em><\/span><\/li>\n<\/ul>\n<p><strong>MARACAIBO, Venezuela<\/strong> \u2014 En sus \u00faltimos minutos juntos, Jean Carlos, de 8 a\u00f1os, se aferr\u00f3 a la mano de su madre como a un ancla y prometi\u00f3 \u201crespirar profundo\u201d para evitar llorar. Su hermana, Crisol, de 10 a\u00f1os, se escondi\u00f3 enojada en la cocina. Su hermano, Cristian, de 12 a\u00f1os, arrastr\u00f3 una maleta azul hasta el patio.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cruzar el port\u00f3n de la casa, Aura Fern\u00e1ndez, de 38 a\u00f1os y madre soltera de 10 ni\u00f1os, contuvo las l\u00e1grimas. Su autob\u00fas lleg\u00f3. Fern\u00e1ndez bes\u00f3 a sus hijos, abord\u00f3 y desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>\u201cLos amo\u201d, dijo antes de partir. \u201cEstudien mucho\u201d.<\/p>\n<p>Tras siete a\u00f1os de colapso econ\u00f3mico, la crisis migratoria de Venezuela se ha convertido en una de las m\u00e1s grandes del mundo. Millones se han marchado. Para fines de 2020, se estima que 6,5 millones de personas habr\u00e1n abandonado el pa\u00eds, seg\u00fan la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur). Es un n\u00famero que rara vez se ve \u2014si es que alguna vez se ha visto\u2014 en otro contexto que no sea el de una guerra.<\/p>\n<p>Un fen\u00f3meno impactante se esconde detr\u00e1s de esos datos. Madres y padres venezolanos, decididos a encontrar trabajo, as\u00ed como alimentos y medicinas, est\u00e1n dejando a cientos de miles de ni\u00f1os al cuidado de sus abuelos, t\u00edas, t\u00edos e incluso hermanos que apenas han pasado la pubertad.<\/p>\n<p>Muchos padres no quieren que sus hijos pasen por la conmoci\u00f3n extenuante y, en ocasiones, muy peligrosa de un desplazamiento. Otros simplemente no tienen el dinero para llev\u00e1rselos.<\/p>\n<p>El \u00e9xodo es tan grande que el concepto mismo de la ni\u00f1ez en Venezuela se est\u00e1 reconfigurando. Obliga a ni\u00f1os de primaria a salir a trabajar a las calles y deja a muchos de ellos en una situaci\u00f3n vulnerable ante el torbellino de personajes abusadores que han llenado el vac\u00edo que dej\u00f3 el colapso del Estado venezolano e incluye a traficantes sexuales y grupos armados.<\/p>\n<p>Seg\u00fan un diagn\u00f3stico realizado por Cecodap, organizaci\u00f3n sin fines de lucro establecida en Caracas, y la empresa encuestadora Datan\u00e1lisis, los padres migrantes han dejado atr\u00e1s a casi un mill\u00f3n de ni\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201cUno crece r\u00e1pido\u201d, dijo la sobrina de Fern\u00e1ndez, Silvany, una ni\u00f1a de 9 a\u00f1os de cabello largo y voz ronca. Su madre se fue a trabajar a Colombia en octubre.<\/p>\n<p>Desde entonces, Silvany y sus primos se han quedado al cuidado de sus abuelos, que est\u00e1n delicados de salud. La alumna de cuarto grado ha asumido muchas de las responsabilidades relacionadas con su hermanito, Samuel, de un a\u00f1o. Lo alimenta y lo arrulla por las noches.\u00a0\u201cSoy su hermana, pero realmente soy la ni\u00f1era\u201d, dijo.<\/p>\n<p>En algunas ocasiones, aunque poco frecuentes, hay ni\u00f1os que han pasado por el cuidado de abuelos, primos y vecinos hasta que finalmente terminan solos, ya que quienes los cuidaban migran o desaparecen.<\/p>\n<p>\u201cEs un fen\u00f3meno que va a cambiar el rostro de nuestra sociedad\u201d, afirm\u00f3 Abel Saraiba, psic\u00f3logo de Cecodap, que brinda orientaci\u00f3n a los ni\u00f1os venezolanos. Estas separaciones, a\u00f1adi\u00f3, pueden debilitar potencialmente a la misma generaci\u00f3n que se supone que alg\u00fan d\u00eda deber\u00e1 reconstruir a esta Venezuela en crisis.<\/p>\n<p>El \u00e9xodo est\u00e1 asfixiando a las organizaciones sociales. Muchas de ellas han visto c\u00f3mo sus donantes \u2014familias de clase media y alta\u2014 huyen del pa\u00eds justo en el momento en el que m\u00e1s los necesitan.<\/p>\n<p>La llegada del nuevo coronavirus a Venezuela ha aislado m\u00e1s a estos ni\u00f1os. Para combatir la propagaci\u00f3n, el presidente Nicol\u00e1s Maduro anunci\u00f3 una cuarentena nacional y ha enviado a las fuerzas militares a las calles para hacer cumplir las medidas.<\/p>\n<p>Este esfuerzo ha separado a muchos ni\u00f1os de sus profesores y vecinos, quienes a veces son sus \u00fanicos medios de subsistencia. Al mismo tiempo, las fronteras han sido cerradas, lo que a\u00edsla a estos ni\u00f1os del resto del mundo y hace que sea imposible que sus padres regresen.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, en el estado Zulia, donde Fern\u00e1ndez dej\u00f3 a sus hijos en enero, el colapso econ\u00f3mico es particularmente duro. Esta regi\u00f3n alguna vez fue la Texas de Venezuela: rica en petr\u00f3leo y ganado, orgullosa de su cultura inconfundiblemente regional y hogar de una pr\u00f3spera clase de trabajadores petroleros que compraban buenos autos y tomaban vacaciones costosas.<\/p>\n<p>Hoy, es el escenario de apagones programados y trabajos con salarios mensuales que apenas alcanzan para comprar arroz para dos d\u00edas.<\/p>\n<p>El d\u00eda que se march\u00f3, Fern\u00e1ndez vest\u00eda un vestido anaranjado y un bolso rosado tejido por su hija mayor en el que llevaba poco m\u00e1s que su Biblia, un cepillo de dientes y una botella de perfume. Arrastraba una maleta azul, vac\u00eda, en la que planeaba empacar los bienes que traer\u00eda a sus hijos al volver.<\/p>\n<p>Cuando su autob\u00fas sali\u00f3 del barrio, pas\u00f3 por casas tapiadas y tiendas que alguna vez hab\u00edan sido muy concurridas en las que ahora hay anuncios de \u201cSe vende\u201d.<\/p>\n<p>En un sitio de taxis se subi\u00f3 a una destartalada Ford Bronco y le dio un \u00faltimo adi\u00f3s a su hijo Erasmo, de 19 a\u00f1os, que la hab\u00eda acompa\u00f1ado hasta ah\u00ed. Luego sali\u00f3 a toda velocidad de la ciudad y dej\u00f3 atr\u00e1s un anuncio de bienvenida que dec\u00eda \u201cZulia, un destino brillante\u201d.<\/p>\n<p>Alejarse de sus hijos pronto empez\u00f3 a carcomerla por dentro. \u201c\u00bfEstar\u00e1n bien?\u201d se pregunt\u00f3 en un momento. \u201c\u00bfEstar\u00e1n enfermos? \u00bfEstar\u00e1n comiendo?\u201d.<\/p>\n<p>Durante horas, el veh\u00edculo avanz\u00f3 ruidosamente por la autopista bordeando el golfo. Despu\u00e9s el chofer la dej\u00f3 en una ciudad fronteriza que suele ser peligrosa, donde se mont\u00f3 a un mototaxi, abrazada a su maleta y con el rostro al sol.<\/p>\n<p>\u201cYo no abandon\u00e9 mis hijos\u201d, dijo en una parada despu\u00e9s de que la Bronco pinchara un neum\u00e1tico. \u201cYo dej\u00e9 a mis hijos por la situaci\u00f3n, que es muy dif\u00edcil en Venezuela\u201d.<\/p>\n<p>Era de noche cuando cruz\u00f3 la frontera atravesando a pie un arco en medio de una ca\u00f3tica masa de gente. Luego abord\u00f3 otro mototaxi y tom\u00f3 otro autob\u00fas para llegar, cerca del amanecer, a su destino.<\/p>\n<p>En Venezuela era administradora de suministros de limpieza en una empresa alimentaria, pero se dio cuenta de que su salario era insuficiente para sobrevivir. La primera vez que se hab\u00eda ido a Colombia fue en 2016, cuando dej\u00f3 a sus hijos al cuidado de su madre, Mariana Uriana, ahora de 55 a\u00f1os y de su padre, Luis Fern\u00e1ndez, de 77. Ambos tienen problemas de salud que les dificultan salir de la cama algunos d\u00edas.<\/p>\n<p>En aquel entonces, la recesi\u00f3n venezolana era una crisis y los hijos de Fern\u00e1ndez com\u00edan una sola vez al d\u00eda. No contaban con jab\u00f3n para lavar la ropa as\u00ed que dejaron de ir a la escuela. Sus padres hab\u00edan desaparecido hac\u00eda mucho.<\/p>\n<p>En Colombia, Fern\u00e1ndez consigui\u00f3 trabajo como trabajadora del hogar en Barranquilla y empez\u00f3 a enviar dinero cada quincena, unos 35 d\u00f3lares al mes. Los chicos compraron jab\u00f3n y volvieron a clases.<\/p>\n<p>Pero cuando Fern\u00e1ndez volvi\u00f3 en diciembre, para Navidad, qued\u00f3 claro que muchas otras cosas no hab\u00edan cambiado. Su hermana, Ingrid, la madre de Silvany, se le hab\u00eda unido en Barranquilla, con lo que los abuelos ahora estaban a cargo de 13 chicos, a veces con ayuda de un grupo de t\u00edos y t\u00edas que estaban por ah\u00ed. Y los hijos de Fern\u00e1ndez segu\u00edan comiendo una vez al d\u00eda. As\u00ed que volvi\u00f3 a irse.<\/p>\n<p>Cerca de una amplia calle de Maracaibo, la capital del estado, se encuentra un edificio humilde, pintado en azul, llamado Casa Hogar Carmela Valera. Es un internado para ni\u00f1as con necesidades, dirigido por monjas alegres que se deslizan por sus pasillos soleados usando largos h\u00e1bitos negros. En el pasado, las estudiantes ven\u00edan aqu\u00ed luego de que sus padres fallec\u00edan o comenzaban a consumir drogas. Hoy, al menos la mitad de sus residentes tienen a alguno de sus padres fuera del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Las ni\u00f1as comparten una habitaci\u00f3n de color melocot\u00f3n, una cocina, una capilla, un peque\u00f1o comedor, as\u00ed como un patio con una cancha de baloncesto y un escenario.<\/p>\n<p>El colegio ha vivido mejores momentos. Cada dos semanas llega el agua corriente durante un corto periodo, y las ni\u00f1as se ba\u00f1an, cocinan y descargan el inodoro usando el agua que almacenan en cualquier contenedor que consigan. Uno de los dos ba\u00f1os no tiene bombillas, lo que significa que tienen que cepillarse los dientes sobre pisos resbalosos en la oscuridad.<\/p>\n<p>La hermana Wendy Khalil, de 39 a\u00f1os, dijo que el lugar necesita desesperadamente de todo: antibi\u00f3ticos, champ\u00fa, papel sanitario, vegetales, tanques de agua. Sin embargo, su principal preocupaci\u00f3n es ofrecerles un poco de normalidad a sus protegidas. Las mantiene ocupadas asign\u00e1ndoles deberes y organizando ocasionales noches de pel\u00edculas, para que no tengan tiempo de pensar en otra cosa.<\/p>\n<p>\u201cDile no a la depresi\u00f3n\u201d, dice uno de los carteles del patio. El a\u00f1o pasado, una de las estudiantes se encerr\u00f3 en el ba\u00f1o y amenaz\u00f3 con suicidarse luego de que sus padres se fueron del pa\u00eds.<\/p>\n<p>El mes pasado, hubo un d\u00eda en el que las ni\u00f1as se despertaron justo despu\u00e9s del amanecer, se peinaron y se dirigieron a la capilla, donde un sacerdote las dirigi\u00f3 en una apasionada oraci\u00f3n, acompa\u00f1adas de una monja con una guitarra.<\/p>\n<p>Las ni\u00f1as oraron a Dios en voz alta por turnos.\u00a0\u201cSe\u00f1or, pedimos por Venezuela\u201d, comenz\u00f3 una. \u201cSe\u00f1or\u201d, dijeron todas, \u201cpedimos por Venezuela\u201d.\u00a0\u201cPor las muchachas\u201d, continuaron.<\/p>\n<p>\u201cPor los pobres\u201d.\u00a0\u201cPor los que est\u00e1n fuera del pa\u00eds\u201d.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, en el patio, las ni\u00f1as pusieron Cenicienta y bailaron canciones pop. Luego, hubo una pelea entre una ni\u00f1a de 7 a\u00f1os cuya madre se hab\u00eda ido del pa\u00eds en Nochebuena y Ana, de 10 a\u00f1os, cuyos rizos negros se sacud\u00edan cuando hablaba.<\/p>\n<p>\u201cTu mam\u00e1 te abandon\u00f3\u201d, se burl\u00f3 Ana. \u201c\u00a1Mi mam\u00e1 no me abandon\u00f3!\u201d, grit\u00f3 la ni\u00f1a. Luego, Ana se sinti\u00f3 mal. Como es una de las alumnas m\u00e1s grandes, a veces se mete en la cama de las m\u00e1s peque\u00f1as para consolarlas mientras lloran.<\/p>\n<p>\u201cEn mi casa no hab\u00eda comida\u201d, le dicen. \u201cEstamos viviendo una \u00e9poca de crisis\u201d, dijo Ana. \u201cNadie\u201d le explic\u00f3 el colapso del pa\u00eds, dijo Ana. \u201cMe he dado cuenta por m\u00ed misma\u201d.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de que Fern\u00e1ndez se march\u00f3, su hijo Jean Carlos llev\u00f3 su cuaderno desgastado a clases. Muchos de sus hijos han sido excelentes estudiantes, asegur\u00f3 Fern\u00e1ndez, en particular Jean Carlos, un aspirante a m\u00e9dico que empez\u00f3 a leer a los 3 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Sin embargo, desde que se fue del pa\u00eds, algunos de ellos han experimentado retrocesos significativos, en especial Crisol, quien ya se hab\u00eda aprendido las tablas de multiplicar y, repentinamente, las olvid\u00f3.<\/p>\n<p>En la escuela, Jean Carlos se qued\u00f3 mirando la oraci\u00f3n en la pizarra, la cual deb\u00eda ser copiada por los estudiantes hasta que llenaran una p\u00e1gina en sus cuadernos.<\/p>\n<p>\u201cLa mesa es de mam\u00e1\u201d, dec\u00eda la oraci\u00f3n. \u201cLa mesa es de mam\u00e1\u201d, escribi\u00f3.<\/p>\n<p>\u201cLa mesa es de \u2014\u201d, escribi\u00f3 en la l\u00ednea siguiente. \u201cLa mesa es de \u2014\u201d, intent\u00f3 nuevamente, y luego una vez m\u00e1s. Y no pudo continuar.<\/p>\n<p><strong>JULIE TURKEWITZ<\/strong><\/p>\n<p><strong>Sheyla Urdaneta y Meridith Kohut colaboraron con informaci\u00f3n desde Maracaibo e Isayen Herrera desde Caracas.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de siete a\u00f1os de crisis econ\u00f3mica, numerosas madres y padres han tenido que abandonar el pa\u00eds y se han visto obligados a dejar a sus hijos en manos de familiares, amigos y, a veces, solos. 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