{"id":34877,"date":"2019-11-21T20:02:41","date_gmt":"2019-11-22T01:02:41","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=34877"},"modified":"2019-11-21T20:02:41","modified_gmt":"2019-11-22T01:02:41","slug":"cronica-salimos-hace-cuatro-dias-de-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=34877","title":{"rendered":"CR\u00d3NICA. \u201cSalimos hace cuatro d\u00edas de casa\u201d"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 80px; text-align: right;\"><span style=\"color: #ff6600;\"><strong>C\u00daCUTA.-<\/strong> Pasos y pasos recorren miles de venezolanos luego del cierre de la frontera en agosto de 2015. Todos, en busca de un camino que puede ser placentero para aquellos que salen de sus tierras de origen en busca de mejorar las condiciones de vida. Caminos que pueden llegar a ser una prueba de supervivencia en calles desoladas y desconocidas de individuos indiferentes.<\/span><\/p>\n<p>Familias completas en la zona lim\u00edtrofe entre Colombia y Venezuela se codean por la supervivencia entre la indiferencia y la desigualdad.\u00a0 Tal es el caso de Emily Ortiz, joven robusta y de cabello rizado, que junto al esposo Luis Herrera, del estado Bol\u00edvar (Venezuela) migraron a la frontera.<\/p>\n<p>\u201cSomos de El Callo (estado Bol\u00edvar). Eso queda a unas 72 horas de San Antonio (estado T\u00e1chira), al otro lado del puente\u201d, coment\u00f3 Emily entre el cansancio y el agotamiento. \u201cSalimos hace cuatro d\u00edas de casa y aqu\u00ed vamos de regreso con lo necesario para comer, sin tantas preocupaciones, por m\u00e1s o menos un mes\u201d.<\/p>\n<p>Ellos, al igual que muchos, ven\u00edan en el mismo trayecto y ante la adversidad de viajar a la frontera con Colombia, \u201cen busca de alimentos para el hogar y uno que otro para vender entre la comunidad\u201d. La pareja que se desplaza en compa\u00f1\u00eda del hijo Reynaldo, ni\u00f1o de rizos de oro y mameluco blanco, y Leonardo, de 20 a\u00f1os, ojos claros y mirada ca\u00edda, quien refresca la garganta con una bolsa de agua.<\/p>\n<p>La familia Herrera Ortiz lleg\u00f3 a La Parada (Villa del Rosario), a las 10:00 de la ma\u00f1ana, y entre lo que m\u00e1s buscan aparecen los alimentos perecederos (arroz, harina pan, az\u00facar, enlatados, entre otros) medicinas y productos para una bodega de su propiedad.<\/p>\n<p>Hasta ahora, y como en el viaje, el m\u00e1s fuerte es Reynaldo, que solo se queja para pedir chicha, coment\u00f3 Luis, quien trae puesta la camisa manga larga vinotinto que parece absorber el sofocante sol. La bebida tradicional e improvisado tetero que remplaza la mazamorra de pl\u00e1tano, sirve de alimento para el peque\u00f1o, y aunque evidencia cansancio la sonrisa empuja las ganas de seguir adelante.<\/p>\n<p>Entre los brazos del padre, sobre el puente internacional Sim\u00f3n Bol\u00edvar, la mirada choca contra dos contenedores embellecidos con los colores patrios, llenos de arena, y el esqueleto de una tractomula quemada en los hechos ocurridos en la Operaci\u00f3n Libertad. Caminan por lo que a\u00f1os atr\u00e1s era el corredor vehicular con alto tr\u00e1fico.<\/p>\n<p>Van divididos por la fila de vallas blancas, que ordena que al costado izquierdo el paso es para los venezolanos y al derecho, para los colombianos. En el interior de las carpas, donde desembocan las hileras, los oficiales de Migraci\u00f3n Colombia verifican la situaci\u00f3n de quienes ingresan a territorio nacional.<\/p>\n<p>La aglomeraci\u00f3n de los que luchan por volver con prontitud a territorio venezolano, despide a la familia Herrera, que atraves\u00f3 con rapidez el puente sobre el r\u00edo T\u00e1chira, ante la euforia de una multitud que se escabulle por sobrevivir.<\/p>\n<p>En la mayor parte de la aventura recorrida distribuyen el tiempo y se dividen en La Parada, explic\u00f3 Leonardo, para que les rindan las horas y regresar a tiempo.<\/p>\n<p>La primera tarea de Emily con Reynaldo en los brazos es dirigirse al hospital Erasmo Meoz de C\u00facuta. En el centro asistencial espera los medicamentos autorizados meses atr\u00e1s. Entre tanto, Luis y Leonardo caminan en busca de mercanc\u00eda a precios favorables. Si es necesario, ir\u00e1n al centro de la ciudad, \u201cdonde se encuentra m\u00e1s econ\u00f3mico\u201d, manifest\u00f3 Leonardo, encargado de hacer la ruta por los constantes viajes a la zona.<\/p>\n<p>A las 10:30 de la ma\u00f1ana, comienza el recorrido de \u2018Pecas\u2019, como le dicen la hermana y la madre. Los insumos para la bodega son la prioridad. La lista incluye un bulto de arroz, de harina pan y de az\u00facar; una caja de at\u00fan, de sardinas, de leche en polvo y de caf\u00e9; 24 botellas de salsa de tomate y 24 de mayonesa; m\u00e1quinas de afeitar, desodorantes de todas las marcas, papel higi\u00e9nico y chucher\u00edas.<\/p>\n<p>Uno que otro gusto para la esposa que le permita hacer ameno el viaje de vuelta. El tarro de chocolate Nutella, el preferido de Emily hace tiempo, complementa las compras. La mujer permanece en la fila de 100 pacientes en el dispensario de medicinas del Hospital Erasmo Meoz. La mayor\u00eda son compatriotas que siguen los procesos m\u00e9dicos en Colombia.<\/p>\n<p>El recorrido en la capital de Norte de Santander dur\u00f3 seis horas en busca de la mercanc\u00eda. Emily, luego de la agotadora espera, los alcanza a un costado del templo hist\u00f3rico. Es hora de almorzar en el sitio concurrido y conocido en los frecuentes viajes de Leonardo a la frontera. Con el tesoro en las manos, compuesto por los alimentos necesarios, los productos para la bodega, la medicina y lo indispensable para vivir otro mes, preparan la salida para la casa.<\/p>\n<p>Agua, ponqu\u00e9s y gaseosa acompa\u00f1an la traves\u00eda de vuelta. Entre las opciones para regresar est\u00e1n: el camino conocido, el puente internacional y la ruta pedregosa referenciada como La Pampa, trayecto construido y establecido por lugare\u00f1os a los que se les desconoce el origen, pero que verifican en el improvisado paso elevado de madera, el viaje de los arriesgados.<\/p>\n<p>Entre la maleza, el olor f\u00e9tido, la posible crecida del r\u00edo, la vigilancia oficial y la incertidumbre vuelven a tomar separados. En los dos trayectos lo m\u00e1s cercano a la realidad es que donen caramelos colombianos y por el camino menos pensado llevan la mercanc\u00eda sin miedo a perderla.<\/p>\n<p>All\u00ed, en el restaurante, mientras refrescan al peque\u00f1o con un ba\u00f1o y cambian de ropa, deciden que Emily y Reynaldo pasen por el puente, sin carga. Luis y Leonardo acuerdan con un par de muchachos el traslado del equipaje y la carga de los productos hasta el otro lado de la trocha. Estas medidas ponen a salvo a quienes transiten por la zona p\u00fablica sin riesgos y protegen el mercado. Jugadas estrat\u00e9gicas que aprenden al recorrer los pasos, perfeccionan con los viajes y fortalecen los lazos con compatriotas con mayor experiencia.<\/p>\n<p>\u201cSomos buena parte de venezolanos los que bajamos a Colombia a comprar comida para llevar a Venezuela, porque nos sale mucho m\u00e1s cara all\u00e1\u201d, coment\u00f3 Luis. Este hombre, por la situaci\u00f3n del pa\u00eds, dej\u00f3 el trabajo en la mina de oro y se convirti\u00f3 en comerciante improvisado para solventar a la familia, el motor de su vida.<\/p>\n<p><strong>PAOLA OICAT\u00c1<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00daCUTA.- Pasos y pasos recorren miles de venezolanos luego del cierre de la frontera en agosto de 2015. Todos, en busca de un camino que puede ser placentero para aquellos que salen de sus tierras de origen en busca de mejorar las condiciones de vida. 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