{"id":34037,"date":"2019-03-22T16:42:52","date_gmt":"2019-03-22T21:42:52","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=34037"},"modified":"2019-03-22T16:42:52","modified_gmt":"2019-03-22T21:42:52","slug":"crisis-en-venezuela-la-cara-de-la-desgracia-venezolana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=34037","title":{"rendered":"CRISIS EN VENEZUELA. La cara de la desgracia venezolana"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 60px;\"><span style=\"color: #ff6600;\"><strong>CARACAS <\/strong>\u2014 La conversaci\u00f3n hab\u00eda sido anunciada para las 17:00 de aquel jueves 7 de marzo. Ya estamos frente al p\u00fablico cuando la repentina oscuridad arranca expresiones de sorpresa y disgusto. Acostumbrados a las constantes fallas el\u00e9ctricas desde 2009, nos resignamos a esperar el regreso de la luz bajo los tenues focos de emergencia de los pasillos del centro comercial, afuera de la librer\u00eda.<\/span><\/p>\n<p>Transcurridos veinte minutos, los organizadores deciden hacer la charla en el vest\u00edbulo, a la entrada del cine: improvisan un peque\u00f1o foro, se disculpan por la falta de sonido y con la consigna de \u201ctenemos que seguir resistiendo\u201d dan paso a los gritos del primer expositor.<\/p>\n<p>Sobre las 19:15 susurra un colega: \u201cParece que el fallo fue en la represa de Guri. No tengo se\u00f1al\u201d. Yo tampoco: el m\u00f3vil indica \u201csin servicio\u201d.<\/p>\n<p>En el brindis bullen las especulaciones: \u00bfse ir\u00eda Nicol\u00e1s Maduro? \u00bfEncarcelaron a Juan Guaid\u00f3? Consigo avent\u00f3n con uno de los promotores del evento. A esa hora, casi las 20:00, es obvio que se trata de un corte de energ\u00eda masivo. En la autopista Francisco Fajardo, ruta este-oeste, cientos de personas caminan por el arc\u00e9n. Solo hay luz en Ciudad Banesco de Bello Monte, el edificio de una entidad bancaria, y en los pisos superiores de la t\u00e9trica sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), en Plaza Venezuela. Desde el veh\u00edculo todos intentamos comunicarnos, sin \u00e9xito, con nuestros c\u00f3nyuges.<\/p>\n<p>Alumbro las escaleras con la linterna del tel\u00e9fono. Encuentro a mi esposa desencajada ante una vela: sin noticias de su madre, quien padece alzh\u00e9imer y est\u00e1 interna en una casa de reposo. Pero no podemos meternos en la noche y arriesgar la vida: Caracas es hoy la ciudad m\u00e1s peligrosa del mundo. Tambi\u00e9n es probable que sea la capital latinoamericana menos dotada de servicios: transporte, alumbrado p\u00fablico, seguridad civil y, por supuesto, agua, luz y gas dom\u00e9stico. En veinte a\u00f1os, la Revoluci\u00f3n bolivariana obr\u00f3 el milagro de convertir una pujante urbe en una realidad dist\u00f3pica: an\u00e1rquica, primitiva, inhumana.<\/p>\n<p>El viernes, segundo d\u00eda del apag\u00f3n, nos aseamos con dos jarras de agua \u2014el surtido depende de la electricidad\u2014 y salimos a pie hacia el este. El metro no funciona. No hay taxis ni dinero en efectivo; tampoco internet ni telefon\u00eda. Vemos gente con viandas camino a trabajos a los que no podr\u00e1n llegar. A un costado de la estaci\u00f3n Colegio de Ingenieros un viejo vende caf\u00e9 de un termo. Reunimos 100 bol\u00edvares y aten\u00fao mi enganche con la infusi\u00f3n.<\/p>\n<p>La residencia de ancianos tiene, apenas lo descubrimos, planta el\u00e9ctrica y pozo artesiano. All\u00ed recargamos los celulares. Entran tard\u00edas comunicaciones de WhatsApp: en el extranjero nuestros familiares viven su propio y mortificante apag\u00f3n al no saber c\u00f3mo estamos. Respondo como quien lanza una botella al mar. Utilizo el ba\u00f1o, pero no alcanzo a ducharme; mi esposa tiene m\u00e1s suerte. Las enfermeras relatan c\u00f3mo lograron llegar esa ma\u00f1ana: en moto, el carro de un hermano, caminando. Cuentan que dos emisoras chavistas estaban al aire: desde ellas se insist\u00eda en que el colapso es obra de Estados Unidos, el senador estadounidense Marco Rubio y la oposici\u00f3n venezolana. La tesis, en fin, del r\u00e9gimen de Maduro: \u201cAtaques cibern\u00e9ticos y electromagn\u00e9ticos\u201d.<\/p>\n<p>Regresamos a casa. Pasa una buseta con hombres que cuelgan de las puertas. En el bulevar de Sabana Grande vemos una tienda de zapatos abierta y en penumbra. Almorzamos fiambres a esa extra\u00f1a temperatura de las cosas sacadas de una nevera que se derrite. Nos queda media botella de agua. De pronto, el WhatsApp enloquece: docenas de textos de otro tiempo, r\u00e1fagas de mensajes que no pueden contestarse. Uno es de mi madre: \u201cEsto parece una boca de lobo pero, flaco, tampoco hay comida\u201d.<\/p>\n<p>A las 16:05, despu\u00e9s de veintitr\u00e9s horas sin servicio, vuelve la electricidad, pero se corta menos de media hora despu\u00e9s. Retornar\u00e1 a las 23:40 de ese viernes sucio y maloliente: la cara de una revoluci\u00f3n que en dos d\u00e9cadas solo ha fabricado pobres, emigrantes y fallecidos por hambre o negligencia; un proyecto pol\u00edtico que prometi\u00f3 libertad, justicia y bien com\u00fan, pero que \u00fanicamente ha generado calamidades sociales y econ\u00f3micas, desprecio por las formas civiles y desesperanza.<\/p>\n<p>El s\u00e1bado, antes de caminar otra vez a la residencia de ancianos, nos quedamos de nuevo sin energ\u00eda. Temprano \u2014en un flash de internet\u2014 vi el video del ministro de la Defensa mientras recorre un trozo de la ciudad cerca del Fuerte Tiuna, sede de su despacho. Quiere transmitir calma. Al cierre del micro se escucha la voz de una chica que se impone por encima de las consignas del general y destruye aquella ficci\u00f3n de paz, una frase grosera y categ\u00f3rica, definitiva. Juan Guaid\u00f3 hab\u00eda convocado marchas hacia la avenida Victoria. Hubo represi\u00f3n, pero tambi\u00e9n gente concentrada en torno a la tarima donde el presidente encargado pudo exponer sus propuestas para atajar el prolongado abandono de la infraestructura del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Nos regresa a casa el marido de una enfermera. Cocinamos todo lo que a\u00fan tiene buen olor y aspecto, tres raciones decentes para continuar en pie. Alrededor de las 19:00 un nutrido cacerolazo, espont\u00e1neo y rabioso, drena algo de angustia. Nada de se\u00f1al telef\u00f3nica. Las pilas, menos de veinte por ciento de carga. Cielo sin luna.<\/p>\n<p>Domingo, tercer d\u00eda de apag\u00f3n. Nos sorprende el aviso de WhatsApp de mi hermana: en el suroeste hubo unas horas de luz. Trae agua y desayuno \u2014guardamos parte como cena\u2014. Hacia las 10:00 reaparece la electricidad. Se va entre las 14:05 y las 15:40.<\/p>\n<p>El lunes tomo mi primera ducha en cuatro d\u00edas: el condominio decide bombear la reserva. Improvisamos dep\u00f3sitos. Voy a la panader\u00eda y al supermercado, pero est\u00e1n cerrados. Hay gente con envases buscando d\u00f3nde llenarlos. La luz muere cuando casi entro al ascensor. Retorna a los minutos junto con la conexi\u00f3n a internet.<\/p>\n<p>Desde entonces en el sector del centro de Caracas donde vivo no ha vuelto a fallar la energ\u00eda, pero las dificultades se agudizan: decae el servicio de agua, el metro no funciona por completo, algunas zonas superaron las cien horas sin electricidad. El acceso a internet \u2014bajo el control de una compa\u00f1\u00eda estatal\u2014 resulta azaroso. Escasea el dinero en efectivo, pues hay restricciones para obtenerlo.<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles aparece el chico del agua potable: \u201cEst\u00e1 a un d\u00f3lar, jefe\u201d. Molesto, le digo que lo olvide. \u201cBueno, por ser cliente viejo le acepto la transferencia en bol\u00edvares\u201d. Compro el l\u00edquido y salgo a probar fortuna: queso, huevos, cualquier prote\u00edna.<\/p>\n<p>Subo a la avenida Pante\u00f3n, donde suelen instalarse algunos bachaqueros \u2014comerciantes que venden con sobreprecio alimentos de la llamada \u201ccesta b\u00e1sica\u201d\u2014 y hago nueva cuenta del fracaso de la Revoluci\u00f3n bolivariana: los fallecidos en los hospitales por inoperancia de plantas de emergencia, las p\u00e9rdidas materiales en los cientos de negocios saqueados, los millones de compatriotas que abandonar\u00e1n el pa\u00eds en las pr\u00f3ximas semanas y meses ante la oscura perspectiva de una sociedad desmantelada y una econom\u00eda devastada en la que el d\u00f3lar estadounidense se ha convertido en moneda de uso corriente.<\/p>\n<p>Pero, sobre todo, la abulia de unas autoridades que, en lugar de ayudar a la colectividad en momentos de conmoci\u00f3n nacional como los vividos a ra\u00edz de la falla el\u00e9ctrica \u2014distribuir agua, ofrecer ayuda en tiendas de campa\u00f1a para urgencias m\u00e9dicas, habilitar transportes\u2014, prefirieron encerrarse en sus gabinetes ministeriales, construir argumentos extra\u00f1os y, como proceden desde hace cuatro lustros, negar la realidad.<\/p>\n<p>El chavismo, no quepa duda, es una ruina: el ruinoso apag\u00f3n de una rep\u00fablica.<\/p>\n<p><strong>CARLOS SANDOVAL<\/strong><\/p>\n<p>Cr\u00edtico literario y profesor de la Facultad de Humanidades y Educaci\u00f3n de la Universidad Central de Venezuela.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARACAS \u2014 La conversaci\u00f3n hab\u00eda sido anunciada para las 17:00 de aquel jueves 7 de marzo. 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