{"id":32504,"date":"2018-05-22T21:01:03","date_gmt":"2018-05-23T02:01:03","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=32504"},"modified":"2018-05-22T21:01:03","modified_gmt":"2018-05-23T02:01:03","slug":"crisis-en-la-frontera-la-maleta-de-ser-mujer-en-el-contrabando","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=32504","title":{"rendered":"CRISIS EN LA FRONTERA. La maleta de ser mujer en el contrabando"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 60px;\"><span style=\"color: #ff6600;\">De peque\u00f1a me preguntaba cual era el trabajo de mi padre. Siempre lo ve\u00eda en cotizas y con la ropa mojada, manejando su bicicleta, con una parrilla en la parte trasera que cargaba cauchos de cami\u00f3n. Mientras corr\u00eda descalza detr\u00e1s de mi hermano en medio de la calle, el silbido de mi padre nos hac\u00eda retroceder con pasos apresurados a la casa para sostener la direcci\u00f3n de la bicicleta hasta que soltara la tripa que sujetaba los cauchos. Un estruendo sacud\u00eda el barrio, as\u00ed como el contrabando sacudi\u00f3 la frontera.<\/span><\/p>\n<p>Comprend\u00ed que, como la mayor\u00eda de adultos y j\u00f3venes de La Parada, sector fronterizo de Villa del Rosario, son maleteros, hombres que transportan mercanc\u00eda por el r\u00edo T\u00e1chira, que separa a Colombia y Venezuela, un trabajo informal. Ilegalidad para nuestro pa\u00eds, para ellos el sustento de vida.<\/p>\n<p>Trochas que en medio de la oscuridad son el trayecto para un desfile de hombres que cargan el peso del contrabando. As\u00ed es el camino que emprend\u00ed hace cuatro a\u00f1os para conocer el modo de trabajo de los maleteros, pero esa vez cargar\u00eda la maleta de ser mujer fronteriza.<\/p>\n<p>La agon\u00eda que sopla el R\u00edo T\u00e1chira a orillas del barrio La Playita, en La Parada, sacude la angustia de los habitantes de frontera que desde el 2015 vieron imponer las vallas del miedo en el puente Internacional Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Se cerraron los pasos legales, pero las trochas no se silenciaron ante el paso del contrabando.<\/p>\n<p>Un panorama que retumbaba desde el 2014, cuando el gobierno venezolano orden\u00f3, el 9 de agosto, el cierre de la frontera desde las 10:00 de la noche hasta las 5:00 de la ma\u00f1ana, durante 30 d\u00edas, como medida para frenar el contrabando.<\/p>\n<p>Los pretales sujetaban la necesidad de los maleteros para recorrer las trochas sin importar los fuertes controles de la Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela (GNB).<\/p>\n<p>La noche despertaba en las garras del contrabando, sacudida por las caravanas de la GNB y los pasos agitados de los&nbsp; hombres que cargaban&nbsp; sobre cabeza y hombros m\u00e1s de 50&nbsp; kilos de mercanc\u00eda. En las trochas no era com\u00fan el desfile de los pasos \u00e1giles de las mujeres.<\/p>\n<p>El d\u00eda hab\u00eda llegado, 21 de octubre, me encontraba en San Antonio del T\u00e1chira (Venezuela) el calor se hac\u00eda sentir en mi cuerpo, sudaba exhalando la incertidumbre de cargar en mis hombros el contrabando y el miedo a ser detenida por la GNB, pero mis piernas se mov\u00edan temblorosas por la traves\u00eda que iba a emprender.<\/p>\n<p>Escuch\u00e9 que Pedro me llamaba para cargar el auto, \u00e9l era el due\u00f1o de las dos camionetas Mitsubishi, una de color rojo y la otra azul, destartaladas por el peso de las cajas en las que se transportaba la mercanc\u00eda de contrabando hasta un garaje cerca a la muralla que da paso hacia la invasi\u00f3n Mi Peque\u00f1a Barina en San Antonio del T\u00e1chira.<\/p>\n<p>Empec\u00e9 a alzar las cajas y bultos de v\u00edveres, se notaba el esfuerzo que hac\u00eda, porque nunca hab\u00eda sostenido tanto peso. Mi contextura delgada no marcaba los 50 kilos de mi cuerpo y cada bulto debilitaba mis fr\u00e1giles manos enrojecidas por los costales.<\/p>\n<p>Al terminar &nbsp;sub\u00ed al auto, estaba preocupada, pensando en que nos pod\u00edamos encontrar la GNB en el camino. Estar en las calles fronterizas de Venezuela con una camioneta cargada con mercanc\u00eda de contrabando era uno de los mayores riesgos que s\u00f3lo los maleteros se atrev\u00edan a correr, pero no fue as\u00ed, Pedro ya hab\u00eda pagado la \u00a8 alineaci\u00f3n\u00a8 es decir, le hab\u00eda pagado a la P.T.J. (Polic\u00eda T\u00e9cnica Judicial de Venezuela) para que no le quitaran la mercanc\u00eda.<\/p>\n<p>Desde enero a julio 20 de agosto de 2014, la Dian hab\u00eda retenido mercanc\u00eda ilegal estimada en $17.635 millones, valor que significa 60% de su valor comercial.<\/p>\n<p>Al llegar al garaje donde se guardaba el contrabando, se encontraba un grupo de \u00a8caleteros\u00a8, ellos son los encargados de descargar las cabas. Con el sol en la espalda empezamos a bajar los bultos y cauchos para arrinconarlos en la bodega.<\/p>\n<p>Estaba en medio de hombres, no hab\u00eda ninguna otra mujer, s\u00f3lo yo. Ellos me miraron con duda y asombro, uno de \u00e9stos se&nbsp; acerc\u00f3 y me dijo: \u201cEsto no es trabajo para ni\u00f1as, sino para berracos, usted no pertenece a este mundo\u201d, todos se re\u00edan , mientras que yo continuaba con las cajas sobre el hombro.<\/p>\n<p>Las palabras hicieron eco en mis pensamientos mientras empu\u00f1aba las manos para sostener las cajas y record\u00e9 la frase de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez \u201cla verdad, compa\u00f1eros hombres, es que las mujeres en eso de ser \u2018muy machas&#8217; nos llevan gran recorrido\u201d. Tragu\u00e9 saliva y me reconfort\u00e9 al sentir que las mujeres cargamos una maleta m\u00e1s pesada que el contrabando.<\/p>\n<p>Encerrados durante dos horas en una bodega de siete metros cuadrados, suspirando el olor a sudor de nuestros cuerpos, acosados en medio del arrume de bultos de arroz, az\u00facar, jugueter\u00eda y pl\u00e1sticos, cajas de mayonesa y salsa, cauchos de carro, bombonas de gas, cavillas de hierro, textiles y pimpinas de gasolina; salimos al ritmo que el sol&nbsp; se ocultaba y el reloj marcaba las 6&nbsp; p.m.<\/p>\n<p>Escuch\u00e9 \u201cabrieron paso\u201d, pero a m\u00ed no me dejaron seguir.<\/p>\n<p>El teniente Quintero de la GNB, entr\u00f3 al garaje cuando me dispon\u00eda a sujetar el pretal en mi cabeza, una tira de jean que me ayudar\u00eda a sostener el bulto de arroz en mi cabeza y &nbsp;al verme me pregunt\u00f3: -\u201c\u00bfQu\u00e9 haces? No puedes estar aqu\u00ed\u201d, le expliqu\u00e9 que estaba trabajando, con mi franela y bermuda sucia y mojada de sudor le insist\u00ed, pero ni mi rostro curtido del mugre y demacrado cedieron la imponencia de aqu\u00e9l hombre de botas y uniforme verde.<\/p>\n<p>Exigi\u00f3 el retiro de mi presencia en el lugar, \u00e9l no iba a autorizar y no me permit\u00eda pasar por las trochas. Indignada y desilusionada me tuve que marchar de la bodega, &nbsp;mi presencia pod\u00eda ocasionar problemas, si continuaba all\u00ed har\u00eda perder una noche de trabajo a los maleteros, perder\u00edan la oportunidad de llevar un sustento a sus hogares.<\/p>\n<p>Me desesperance, pero sobre todo me enojaba el hecho de que no se le permitiera a una mujer estar en un trabajo como ese, \u00bfser\u00e1 que me consideraron menos que ellos?, o \u00bftemi\u00f3 por algo?, pens\u00e9 que ese obst\u00e1culo me impedir\u00eda conocer el mundo de los maleteros, pero me enter\u00e9 que una nueva comisi\u00f3n de guardias llegar\u00eda en tres d\u00edas.<\/p>\n<p>La espera era insoportable pero ese tiempo me sirvi\u00f3 para conseguir el permiso de mi presencia como maletero, no comprend\u00eda porque es extra\u00f1o que una mujer quiera dedicarse a esta labor, si lo hacen ni\u00f1os que reemplazan sus cuadernos por bultos, hombres con t\u00edtulos profesionales que no consiguen empleo, si es la opci\u00f3n de subsistencia, la mujer tambi\u00e9n tiene derecho a trabajar.<\/p>\n<p>Aunque estos hombres cargaban el peso del contrabando, las mujeres cargan la maleta de la inequidad de g\u00e9nero en la frontera del olvido.<\/p>\n<p>El viernes que tanto esperaba lleg\u00f3 , era la oportunidad para demostrar el porqu\u00e9 quer\u00eda estar all\u00ed.<\/p>\n<p>Era de noche, a las 8 y 30 p.m. es la hora en que daban el permiso para transitar las trochas, esta vez nadie me iba a detener. El kil\u00f3metro de recorrido en la trocha iba a ser el camino para cargar un bulto de contrabando.<\/p>\n<p>De las trochas se adue\u00f1aron algunos miembros dela GNB de Venezuela y bandas criminales del lado colombiano.<\/p>\n<p>Carlos me colabor\u00f3 montando el bulto de arroz sobre mi cabeza, lo sujet\u00f3 con el pretal para que no se me resbalara, \u00e9ste es hecho con jean y pita de nailon para amarrar la carga&nbsp; sobre el cuerpo.<\/p>\n<p>El pretal es como la correa de la mujer, la misma con la que nos sujetamos la falda para luchar en una frontera sin igualdad de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Al voltear a mirar a aquellos hombres sin camisas y en pantalonetas, vi que unos cargaban de a seis baldes de pintura, con un peso de 20 litros cada uno, otros llevaban&nbsp; dos cauchos de cami\u00f3n sobre su cuerpo, 140 kilos en dos llantas de contrabando.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n cargaban elementos de pl\u00e1stico, jugueter\u00eda y v\u00edveres; estos hombres cargaban entre 130 kilos al hombro y yo s\u00f3lo sosten\u00eda50 kilos en un bulto. Aunque intent\u00e9 montar otro bulto, mi cuerpo no lo soport\u00f3 , y as\u00ed transit\u00e9 la muralla.<\/p>\n<p>\u00cdbamos uno detr\u00e1s de otro, sin mencionar palabras s\u00f3lo hablaban los pasos agilizados que pisaban la tierra h\u00fameda del camino.No se les notaba el cansancio f\u00edsico, son hombres que tienen marcados en su piel las cicatrices del contrabando.<\/p>\n<p>Cuando llegamos a la quebrada La Capacho, el suelo estaba resbaloso, la tierra seca amarilla se hab\u00eda convertido en lodo, el d\u00eda anterior hab\u00eda llovido.<\/p>\n<p>La lluvia distrae las trochas, haci\u00e9ndolas m\u00e1s feroces en los pasos agonizantes por sobrevivir con el contrabando en el hombro.<\/p>\n<p>Intent\u00e9 bajar con cuidado, mis pies se hund\u00edan en el barro espeso y fr\u00edo, pero deb\u00eda llevar el ritmo de todos, no pod\u00eda dar pasos lentos.<\/p>\n<p>Pasos con los que las mujeres corremos detr\u00e1s de las oportunidades, evadiendo las espinas del camino en la frontera.<\/p>\n<p>Al apresurarme me ca\u00ed, el bulto que llevaba me lanz\u00f3 contra las piedras, mis rodillas se rasparon, me ensuci\u00e9 al caer en el agua negra de la quebrada.<\/p>\n<p>Sent\u00ed un ardor en mis piernas y record\u00e9 a mi padre con su bicicleta. Los maleteros emplearon este medio para acelerar el paso del contrabando. Con una parrilla de hierro sobre la rueda trasera cargaban la mercanc\u00eda, pero no hubo mujer que pedaleara el contrabando.<\/p>\n<p>El olor penetr\u00f3 mi nariz, era cloaca, ya no sudaba, ahora expiraba un olor desagradable en mi cuerpo; uno de los maleteros me ayud\u00f3 a levantarme, me dijo: -\u201c Hay que continuar. As\u00ed como el r\u00edo se lleva la mercanc\u00eda, le va a quitar ese olor podrido\u201d.<\/p>\n<p>Esta vez no se burlaron de m\u00ed, sujetaron mi mano y me levantaron para continuar en la trocha, pero sent\u00eda asco, estaba empapada de esa suciedad.<\/p>\n<p>Al llegar a la trocha lo \u00fanico que alumbraba el camino era la luz de la luna, es prohibido encender linternas, y a pesar de esto el camino oscuro se hace visible a los ojos de los maleteros.<\/p>\n<p>Tuve que caminar muy r\u00e1pido al sentir que pod\u00eda perderme si no manten\u00eda el ritmo de los maleteros, Los mosquitos picaban mi piel curtida de lodo, en cada paso me golpeaba con los chamizos, me aru\u00f1aban las piernas, pero no pod\u00eda quejarme.<\/p>\n<p>Callar mi dolor y cansancio es algo a lo que nos sometimos como mujeres durante mucho tiempo, pero alzar la voz en silencio era seguir pisando fuerte como lo hacen las mujeres que rompen los estereotipos de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>S\u00f3lo escuchaba el croar de las ranas y el sonido de los grillos en medio del silencio de la trocha que se despertaba en el desfile de maleteros.<\/p>\n<p>El mayor miedo de caminar las trochas era tropezar con el convoy de los guardias venezolanos.<\/p>\n<p>Mi padre me contaba que los guardias se camuflaban y atrapaban a los maleteros para quitarles la mercanc\u00eda y detenerlos. Caer en un operativo anticontrabando asegura una salida, la c\u00e1rcel venezolana.<\/p>\n<p>Uno de los hijos de Mazato, un maletero de La Parada, hab\u00eda sido detenido por la GNB,&nbsp; cuando estaba pasando dos cauchos de cami\u00f3n por la trocha. \u2013 \u201cMi muchacho est\u00e1 en la c\u00e1rcel Santana en San Antonio, Venezuela, no s\u00e9 cuando salga, no tengo dinero para el abogado, el trabajo esta duro, no s\u00e9 que pasara con mi muchacho\u201d.<\/p>\n<p>Los 10 kil\u00f3metros de recorrido parec\u00edan interminables, un callej\u00f3n sin salida para el cansancio de mi cuerpo. Despu\u00e9s de treinta minutos en el monte vi unas casas, estaba en la invasi\u00f3n Mi Peque\u00f1a Barina, ten\u00edamos que pasar por all\u00ed, era &nbsp;parte del trayecto.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de sus casas eran de tablas encerradas en zinc sobre la tierra amarilla, algunas. Ya eran las 9:00 de la noche y vi algunos ni\u00f1os, estaban sucios, sin camisas y descalzos, ni la noche marcaba el fin de un d\u00eda de juegos, tal vez era por la m\u00fasica que se escuchaba en un billar en medio de las casas.<\/p>\n<p>Sent\u00ed que algunas mujeres de all\u00ed me miraban y murmuraban entre ellas, se extra\u00f1aron de ver a una mujer trabajando como hombre. Las miradas hicieron peso en mis pensamientos al hacer evidente mi cansancio con mi respiraci\u00f3n agitada, de mi frente ca\u00edan gotas de sudor,&nbsp; mis manos sujetaban el bulto sobre mi cabeza.<\/p>\n<p>Quer\u00eda descansar, pero no pod\u00eda detenerme. Al finalizar el paso por la invasi\u00f3n todos nos detuvimos, y Carlos empez\u00f3 a cobrarle a cada maletero para pagarle a los guardias venezolanos, m\u00e1s dinero para ellos, me pregunt\u00e9: -\u201cEs ilegal el trabajo del maletero o ilegal todo los pagos que reciben los militares venezolanos?\u201d, a 10 metros de nosotros estaba el cambuche de la GNB , una peque\u00f1a base militar que albergaba entre veinte o treinta guardias.<\/p>\n<p>Una vez se les pag\u00f3, &nbsp;continuamos con el recorrido, tuve cuidado al bajar el barranco, no quer\u00eda tropezar nuevamente y ah\u00ed estaba aquel r\u00edo que poco a poco sonaba m\u00e1s fuerte.<\/p>\n<p>Al estar en la orilla del T\u00e1chira me prepar\u00e9 para cruzarlo, sab\u00eda que me enfrentaba contra el mayor obst\u00e1culo de todo maletero. Si se cae, se pierde la mercanc\u00eda.<\/p>\n<p>En el 2004 exist\u00eda un puente de tablas sobre las aguas del T\u00e1chira, a cinco metros del puente&nbsp; internacional Sim\u00f3n Bol\u00edvar, construido por los paramilitares para ganar m\u00e1s dinero cobrando vacunas, pero una creciente arras\u00f3 con \u00e9ste, y esa noche me tocaba enfrentarme con su corriente, era mi mayor reto , no pod\u00eda caer.<\/p>\n<p>El agua estaba fr\u00eda, y sent\u00ed su fuerza, camin\u00e9 con calma, las rocas chocaban con mis pies, pero mantuve el paso, poco a poco el agua me sub\u00eda hasta llegar a la cintura.<\/p>\n<p>En ese instante el r\u00edo se convirti\u00f3 en mi mayor enemigo y ten\u00eda que derrotarlo, alguien sujet\u00f3 mi mano, me estaban ayudando, porque parec\u00eda d\u00e9bil ante la furia de la corriente.<\/p>\n<p>Nadie cay\u00f3 y yo tampoco, est\u00e1bamos uno detr\u00e1s de otro, como un desfile de hormigas trabajadoras. Al salir del agua nos esperaba un grupo de j\u00f3venes, miembros de las bandas criminales que operaban en La Parada, estaban cobrando la cuota de paso.<\/p>\n<p>El contrabando cay\u00f3 en el 2014 entre un 40 por ciento y 50 por ciento, seg\u00fan datos de la Polic\u00eda Fiscal y Aduanera (POLFA), debido a las fuertes medidas impuestas por el gobierno venezolano y los operativos de las autoridades colombianas, es por esto que los maleteros duran semanas o meses sin poder trabajar.<\/p>\n<p>Estaba en territorio colombiano, en el sector La Playa, ah\u00ed descargu\u00e9 el bulto que me acompa\u00f1\u00f3 durante el camino. Mi cuerpo llor\u00f3 el dolor y el cansancio de cargar la maleta de la frontera para resistir en las trochas del contrabando.<\/p>\n<p>Mientras los maleteros arrojaban la mercanc\u00eda para ser guardada en una casa, busqu\u00e9 sentarme en un and\u00e9n para aliviar mis piernas y limpiar el sudor que ca\u00eda de mi frente. Al elevar la mirada al nuevo recorrido que hac\u00eda el grupo de maleteros me pregunt\u00e9 por las mujeres que han cargado el contrabando.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada del 80 las trochas de la frontera se sacudieron con los pasos de Mar\u00eda. Una robusta mujer de C\u00facuta que lleg\u00f3 al barrio La Playita en La Parada a cargar bultos de arroz y cavillas de hierro.<\/p>\n<p>Su piel trigue\u00f1a de 40 a\u00f1os se marcaba con el pretal que adornaba su frente. Con 1,70 de estatura cruzaba el r\u00edo T\u00e1chira sin miedo y se aventuraba al paso de los maleteros.<\/p>\n<p>La fuerza de sus brazos y su estatura de 1, 70 cent\u00edmetros la hac\u00eda resistir para hacer 20 viajes por d\u00eda cargando de a un bulto de arroz en sus hombros.<\/p>\n<p>La compa\u00f1\u00eda de su esposo le serv\u00eda para cargar 10varillas de hierro de seis metros de larga.<\/p>\n<p>Mar\u00eda lleg\u00f3 en silenci\u00f3 a las trochas, pero los maleteros la recuerdan como la mujer del pretal.<\/p>\n<p>Durante tres a\u00f1os se qued\u00f3 para cargar bultos de arroz y az\u00facar junto a su esposo, pero sus pasos no continuaron sacudiendo las trochas, pero si dejaron huella en el camino de los maleteros.<\/p>\n<p>Han transcurrido cuatro a\u00f1os y el contrabando continua escarbando camino en las trochas de la frontera.<\/p>\n<p>Desde el 19 de agosto de 2015 se cerraron los cuatro pasos legales entre Colombia y Venezuela por orden del presidente venezolano, Nicol\u00e1s Maduro como medida para frenar el contrabando.<\/p>\n<p>En C\u00facuta, 3.501 personas fueron capturadas por contrabando en enero hasta agosto de 2015 y se incaut\u00f3 13.000 millones de pesos en mercanc\u00eda de contrabando seg\u00fan la DIAN.<\/p>\n<p>Las mujeres en las garras del contrabando.<\/p>\n<p>Los caminos de cemento se silenciaron, las bicicletas del contrabando de frenaron, los pasos de los maleteros se detuvieron ante el miedo de la deportaci\u00f3n de 2.000 colombianos.<\/p>\n<p>Cuando las c\u00e1maras de los noticieros dejaron de enfocar al sector de La Parada como testigo y protagonista de la crisis fronteriza, las trochas se retumbaron por el peso del contrabando.<\/p>\n<p>Las mujeres se adentraron en esa pr\u00e1ctica laboral de ilegalidad. Los motores de las motos se encendieron y aceleraron las llantas que marcaron los caminos del contrabando en C\u00facuta y Villa del Rosario.<\/p>\n<p>La trocha de centeno se convirti\u00f3 en el trayecto de los maleteros que se arriesgaban a desafiar los controles policiales para ingresar la mercanc\u00eda de contrabando a territorio de Villa del Rosario.<\/p>\n<p>Diez mujeres se sumergieron en unas peque\u00f1as motos Yamaha you aprio que serv\u00eda para cargar cinco bandejas de mayonesa y salsa. Con la mano empu\u00f1ada en el acelerador recorr\u00edan los 2 kil\u00f3metros en la trocha Centeno.<\/p>\n<p>Otras cargaban dos bombonas de gas y en cada viaje sudaban el esfuerzo de ser mujer en la frontera. Mujeres de 1,40 de estatura manejaban para subsistir del cierre de frontera.<\/p>\n<p>Sandra, con su piel blanca se curti\u00f3 del barro. Aunque se proteg\u00eda con una gorra y un buso manch\u00f3 su piel por los rayos del sol. Sus piernas cortas se adecuaban en el asiento de la moto para evadir las ca\u00eddas en las trochas.<\/p>\n<p>Las venas de sus manos se marcaban al descargar el peso de la mercanc\u00eda en las bodegas. Sin importar el cansancio, encend\u00eda su moto hasta terminar su jornada de trabajo y regresar a su casa en Villa del Rosario.<\/p>\n<p>La delicadeza con la que se despertaba quedaba de lado para demostrar que su fr\u00e1gil cuerpo pose\u00eda la rudeza de una mujer. Sus suspiros se agitaban por el esfuerzo f\u00edsico al que se expon\u00eda en los d\u00edas soleados cruzando las bajas aguas del R\u00edo T\u00e1chira, sus manos se marcaron por las ampollas en sus dedos y su piel desprend\u00eda los tropezones con los chamizos y las quemaduras del sol.<\/p>\n<p>La fuerza con la que las mujeres se aceleraban en las rutas del contrabando buscando alejarse de las secuelas del desempleo las llev\u00f3 a enfrentar los riesgos de ilegalidad en un camino con atajos para sobrevivir en una frontera dependiente de Venezuela.<\/p>\n<p>Entre 2007 y 2015 C\u00facuta y su \u00e1rea metropolitana aument\u00f3 su desempleo en 3,7 % al pasar de una tasa de 11,0% en 2007 a 14,7% en 2015.<\/p>\n<p>As\u00ed mismo en el desempleo por g\u00e9nero se evidenci\u00f3 un incremento. El desempleo de hombres en el 2007 era de 9,2% y el de las mujeres de 13,5%, mientras que en el 2015 los hombres obtuvieron una tasa de desempleo de 13,3% y las mujeres de 16,6%.<\/p>\n<p>Las mujeres que se adentraron con motos a las trochas se enfrentaron a las jornadas de esfuerzo f\u00edsico en montes y quebradas, a la persecuci\u00f3n policiales de las autoridades colombianas y venezolanas y ala extorsi\u00f3n de las bandas criminales para encontrar un sustento de vida en un acto de informalidad que cinco d\u00e9cadas atr\u00e1s se convirti\u00f3 en una pr\u00e1ctica laboral para los habitantes de frontera.<\/p>\n<p>En el 2015 se present\u00f3 una tasa de informalidad de 69,5% en C\u00facuta y su \u00e1rea metropolitana con un incremento de 5,1\/% en comparaci\u00f3n con el 2007.<\/p>\n<p>As\u00ed, las 50 trochas identificadas en Norte de Santander sirven de camino para que las mujeres carguen el peso del contrabando en pretales, motos y en las manos del bachaqueo.<\/p>\n<p><strong>Mujeres del bachaqueo<\/strong><\/p>\n<p>Aunque el presidente venezolano Nicol\u00e1s Maduro cerr\u00f3 los cuatro pasos legales con Colombia, el contrabando continu\u00f3 haciendo estragos en la econom\u00eda fronteriza y el bachaqueo lleg\u00f3 para no soltar las manos de las mujeres.<\/p>\n<p>Comprar productos en diferentes supermercados del estado T\u00e1chira, Venezuela a un precio del bol\u00edvar para luego ser tra\u00eddo a C\u00facuta y venderlo en las casas y supermercados del \u00e1rea metropolitana fue una pr\u00e1ctica que lleg\u00f3 a manos de las mujeres que sin miedo caminan por las trochas para bachaquear sus necesidades.<\/p>\n<p>Yamile conoci\u00f3 las garras de las trochas desde que decidi\u00f3 vivir en la Invasi\u00f3n Mi Peque\u00f1a Barina en San Antonio del T\u00e1chira, con su nacionalidad colombo-venezolana sufri\u00f3 en carne propia el estado de excepci\u00f3n decretado en los fronterizos con Colombia.<\/p>\n<p>Yamile fue testigo de la deportaci\u00f3n de miles de colombianos, sus ojos vieron la arbitrariedad con la que los miembros de la GNB marcaron las casas de la invasi\u00f3n mi Peque\u00f1a Barina y despojaban a los colombianos que buscaron una esperanza de vida a pocos metros del R\u00edo T\u00e1chira.<\/p>\n<p>Desde el 21 de agosto de 2015, Yamile corri\u00f3 con el af\u00e1n del miedo y la angustia en medio de las trochas y tres a\u00f1os despu\u00e9s las sigue caminando para sobrevivir en el bachaqueo.<\/p>\n<p>Se despierta desde muy temprano para recorrer las carnicer\u00edas de San Antonio del T\u00e1chira y comprar los diferentes tipos de carnes como res y cerdo que ofrece puerta a puerta en las casas de La Parada.<\/p>\n<p>Yamile invierte 28 mil pesos en siete kilos de carne venezolana y en dos d\u00edas obtiene 30 mil pesos de ganancia.<\/p>\n<p>Para que la carne de contrabando llegu\u00e9 a las mesas, Yamile atraviesa cuatro kil\u00f3metros de recorrido por una trocha llamada la Tomatera, prefiere atravesar este largo atajo y no caminar los 315 metros del puente internacional Sim\u00f3n Bol\u00edvar.<\/p>\n<p>Aunque el camino es m\u00e1s extenso y peligroso, Yamile esquiva el control de la GNB en la Aduana Principal de San Antonio del T\u00e1chira y el puesto de control de la DIAN y Migraci\u00f3n Colombia al otro lado del puente.<\/p>\n<p>En la mochila terciada en su espalda carga los kilos de carne que ya hab\u00eda ofrecido en las casas y tiendas de La Parada.<\/p>\n<p>Las mujeres como Yamile saben que al adentrarse con el bachaqueo por las trochas de la frontera se arriesgan a ser detenidas por las autoridades colombianas, pero sobre todo a caer en las balas de la delincuencia que buscan el control de estos pasos ilegales.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo trimestre del 2017 se presentaron 13 balaceras en inmediaciones de San Antonio del T\u00e1chira y La Parada, Villa del Rosario.<\/p>\n<p>El 10 de febrero de ese mismo a\u00f1o fueron asesinados dos hombres y una mujer, Paulina Betava de 45 a\u00f1os contrat\u00f3 dos maleteros para transportar carne de contrabando como lo hac\u00eda diariamente, pero la ma\u00f1ana de ese viernes se tropez\u00f3 con cuatro disparos que acabaron con su vida.<\/p>\n<p>Aunque las balaceras han desangrado decenas de vida que caminan del bachaqueo, Yamile no se detiene a caminar en las trochas, solamente toma un suspiro y se encomienda a Dios con una cruz que se hace con su mano derecha mientras la izquierda sujeta una bolsa con dos kilos de carne.<\/p>\n<p>En lo corrido del 2018, la Polic\u00eda Fiscal y Aduanera ha decomisado en C\u00facuta218 reses y 65.463 kilos de carne en canal.<\/p>\n<p>Las mano del bachaqueo carga toda clase de productos venezolanos, carnes, frutas, alimentos no perecederos, \u00fatiles de aseo, medicamentos y licores.<\/p>\n<p>A diferencia de Yamile, Jhoana empuja su silla de ruedas por el puente internacional Sim\u00f3n Bol\u00edvar para bachaquear caponera y cacique, licor venezolano.<\/p>\n<p>Con sus fr\u00e1giles manos, empuja las dos ruedas de su silla por las calles de La Parada para cruzar el r\u00edo humano que desprende en el camino de cemento del puente hasta llegar a una licorer\u00eda ubicada frente a la Plaza Miranda de San Antonio del T\u00e1chira.<\/p>\n<p>Con 45 mil pesos compra una bandeja de caponera y la guarda en un local comercial de electrodom\u00e9sticos ubicado a cinco cuadras de la Aduana Principal de San Antonio del T\u00e1chira.<\/p>\n<p>Cuando Jhoana jugaba con sus hermanos en la calle de su barrio, fue arrastrada por las llantas de un carro. Desde sus dos a\u00f1os pas\u00f3 su ni\u00f1ez y juventud postrada en una silla de ruedas, cambi\u00f3 los juegos de brincos y escondidas por los d\u00edas observando a los hombres que maleteaban en una bicicleta el contrabando.<\/p>\n<p>A sus 30 a\u00f1os aprendi\u00f3 a sobrevivir del bachaqueo para llevar un sustento al hogar de su madre que la ha acompa\u00f1ado en su m\u00e1s grande traves\u00eda, la silla de ruedas en la que esconde diariamente ocho botellas de licor venezolano.<\/p>\n<p>Sus vestidos le sirven para esconder el grosor de las botellas,con su delgada apariencia de una adolescente cruza la Aduana Principal de San Antonio del T\u00e1chira y pasa el puesto de control de la GNB, con temor empuja las dos ruedas de su silla hasta quedar inmersa en las personas que cruzan el puente.<\/p>\n<p>Esquivando la larga fila de colombianos y venezolanos que se disponen a mostrar sus documentos de identidad en el puesto de control de migraci\u00f3n Colombia y la DIAN, Leidy inclina su mirada ante un polic\u00eda para que retire la valla de hierro y pueda transitar hasta el final del puente.<\/p>\n<p>El sol es testigo de los dos viajes&nbsp; que Jhoana recorre a las 9:00 de la ma\u00f1ana y 4:00 de la tarde para bachaquear diariamente ocho botellas de licor y venderla en los locales comerciales de C\u00facuta para ganarle 25 mil pesos a una bandeja de caponera.<\/p>\n<p>Aunque Jhoana empuja la maleta de su silla de ruedas, \u00e9sta le sirve para sobrevivir de su discapacidad motora con el bachaqueo de la frontera.<\/p>\n<p>El contrabando se convirti\u00f3 en una carga que los habitantes de frontera llevan a cuesta de sus hombros para caminar las trochas y sobrevivir al desempleo del \u00e1rea metropolitana de C\u00facuta.<\/p>\n<p>As\u00ed como Sandra se adentr\u00f3 en una moto para cargar bultos y bandejas de v\u00edveres de contrabando, Yamile camina las trochas con un malet\u00edn lleno de siete kilos de carne y a 100 metros de ese recorrido, Jhoana mueve la silla de ruedas por el puente Internacional Sim\u00f3n Bol\u00edvar y bachaquear botellas de licor.<\/p>\n<p>Aunque en el primer trimestre del a\u00f1o, las autoridades colombianas han destruido 25 trochas en Norte de Santander usadas para el auge del contrabando, los caminos ilegales contin\u00faan escondidos en las garras del monte.<\/p>\n<p>Mujeres que emprendieron pasos de informalidad e ilegalidadcon el peso del contrabando, llevando a cuesta la maleta de ser mujer en las trochas de la frontera Colombo-venezolana.<\/p>\n<p><strong>ANG\u00c9LICA ROJAS<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"mailto:r.cangelica24@gmail.com\">r.cangelica24@gmail.com<\/a><\/strong> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De peque\u00f1a me preguntaba cual era el trabajo de mi padre. Siempre lo ve\u00eda en cotizas y con la ropa mojada, manejando su bicicleta, con una parrilla en la parte trasera que cargaba cauchos de cami\u00f3n. Mientras corr\u00eda descalza detr\u00e1s de mi hermano en medio de la calle, el silbido de mi padre nos hac\u00eda &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":32505,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1326,11,10,4],"tags":[292,2483,2705],"class_list":["post-32504","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-crisis-en-venezuela-2","category-cronica-roja","category-cronicas","category-barra","tag-contrabando","tag-crisis-en-la-frontera","tag-cronicas-contraluzcucuta"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/32504","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=32504"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/32504\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32506,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/32504\/revisions\/32506"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/32505"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=32504"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=32504"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=32504"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}