{"id":32442,"date":"2018-05-14T16:04:06","date_gmt":"2018-05-14T21:04:06","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=32442"},"modified":"2018-05-14T16:04:06","modified_gmt":"2018-05-14T21:04:06","slug":"testimonio-ruiz-moreno-ayer-esmeraldero-hoy-pintor-de-400-cuadros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=32442","title":{"rendered":"TESTIMONIO. Ruiz Moreno, ayer esmeraldero; hoy, pintor de 400 cuadros\u00a0"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 60px;\"><span style=\"color: #ff6600;\"><strong>C\u00daCUTA.-<\/strong> La vida de Luis Fernando Ruiz Moreno est\u00e1 marcada por una serie de hechos que impactan al escucharlos en la voz imperceptible de este hombre que lo tuvo todo, y ahora, sin haber perdido mucho, pareciera que le falta ese mundo que conoci\u00f3 a plenitud y con lujo de detalles.<\/span><\/p>\n<p>Del joven inquieto que recorri\u00f3 las calles del barrio El Tejar, al sur de Bogot\u00e1, es poco lo que queda. Los recuerdos de esa etapa de la vida est\u00e1n refundidos en la nebulosa creada por la opulencia de los a\u00f1os posteriores. Hasta los 17 a\u00f1os, todo fue normal y los d\u00edas trascurrieron en medio de la rutina que genera la adolescencia.<\/p>\n<p>Estudiar, salir a la calle, volver a casa, comenzar a so\u00f1ar es lo que hace la mayor\u00eda de los j\u00f3venes. De pronto, la l\u00e1mpara de los deseos se destapa y aparece el genio que se aguardaba con ansias. De ah\u00ed en adelante comienza otra manera de ver el mundo y de sentir que las horas tienen mejor sabor.<\/p>\n<p>Justo a esa edad, Luis Fernando parti\u00f3 a Estado Unidos, como muchos latinos en procura de coronar el que han dado en llamar \u2018sue\u00f1o americano\u2019, as\u00ed a buena parte de los aventureros no se les cumplan los anhelos. Busc\u00f3 en Miami trabajo y lo encontr\u00f3 como alquilador de limusinas para hombres pudientes y due\u00f1os de poder.<\/p>\n<p>Por el negocio pasaron renombrados del espect\u00e1culo y la pol\u00edtica. Solo para dos ejemplos, aparecen Frank Sinatra y Ronald Reagan. Al artista, Ruiz Moreno lo vio de lejos, no hubo contacto entre comerciante y cliente. Al expresidente gringo s\u00ed lo salud\u00f3 de mano y alcanzaron a conversar. De ah\u00ed en adelante se pierde el listado por la extensi\u00f3n y porque el inter\u00e9s no era entablar amistades, sino ganar dinero.<\/p>\n<p>La actividad en el pa\u00eds del Norte se hac\u00eda pr\u00f3spera y el primer objetivo estaba cumplido. La registradora sumaba el ingreso de d\u00f3lares y la rentabilidad sacaba sonrisas al propietario de la firma. Los carros sal\u00edan e ingresaban de los hangares, mientras los ceros se acumulaban a la derecha de las cuentas en los bancos.<\/p>\n<p>De esa \u00e9poca boyante y para aprovechar los contactos surgidos, Fernando pas\u00f3 a la compraventa de esmeraldas. Al comienzo tuvo tropiezos, como ese cuando le tumbaron mercanc\u00eda valuada en 30.000 d\u00f3lares. El golpe doli\u00f3 en los bolsillos, pero no amilan\u00f3 al reci\u00e9n ingresado a ese campo de la econom\u00eda. Se llen\u00f3 de valor, pidi\u00f3 prestado dinero, compr\u00f3 otras piedras preciosas para llevarlas a Europa y abrirse paso hacia una vida plena.<\/p>\n<p>Mantuvo la casa en Miami, se lanz\u00f3 al primer matrimonio, tuvo dos hijos (hombre y mujer), ven\u00eda a Colombia solo de compras y abordaba los vuelos para Madrid, Londres, Amsterdam y Roma. Ese era el agite cotidiano. En otra oportunidad tomaba la ruta para Asia y se entreten\u00eda en las ciudades de Jap\u00f3n, China, Taiwan y de otros pa\u00edses de ese superpoblado continente.<\/p>\n<p>La vida le sonre\u00eda, las preocupaciones estaban cifradas por el vaiv\u00e9n de los mercados, no por las carencias en el hogar. Viv\u00eda las locuras para las que el g\u00e9nero masculino le exped\u00eda licencia. Y vino el segundo casorio. El infortunio no permiti\u00f3 que de esa relaci\u00f3n naciera hijo alguno. Mantuvo los negocios y nada advert\u00eda que el futuro dar\u00eda un viraje.<\/p>\n<p>Entre los recuerdos que guarda de esos momentos de holgura est\u00e1 la novela Cien a\u00f1os de soledad autografiada por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez; los cuadros de los maestros Obreg\u00f3n y Manzur; los acompa\u00f1amientos de famosos y los saludos con reputados personajes.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, mientras visitaba a la t\u00eda en Bogot\u00e1, tropez\u00f3 con una jovencita de 18 a\u00f1os, estudiante de administraci\u00f3n de empresas en la universidad del Rosario. Las coincidencias jugaron a su favor. La se\u00f1orita era ahijada de la t\u00eda y se quedaba en esa casa donde Fernando pernoctaba cuando volv\u00eda al pa\u00eds. Adem\u00e1s, se identific\u00f3 como nacida en C\u00facuta.<\/p>\n<p>Dej\u00f3 que madurara en lo personal y en lo profesional para proponerle que se convirtiera en la tercera esposa. La mujer accedi\u00f3 a las pretensiones y unieron sus quereres. Naci\u00f3 la tercera y \u00faltima hija. Ahora, reposado y sin remordimientos, est\u00e1 seguro de que no quiere engendrar otro heredero.<\/p>\n<p>La desgracia acechaba. De la felicidad que proporcionaba el dinero pas\u00f3 al dolor que produce una enfermedad degenerativa. El p\u00e1rkinson apareci\u00f3 y los \u00e1nimos decayeron, los amigos huyeron, los vuelos quedaron cancelados, los buenos d\u00edas se opacaron, los viajes concluyeron.<\/p>\n<p>Primera operaci\u00f3n y nada cambi\u00f3; segunda, tercera y cuarta intervenciones quir\u00fargicas en procura de aliviar el mal. Nada sucedi\u00f3. A cambio, surgieron el desespero y el deseo por irse de este mundo. Cuando se debat\u00eda en esos pensamientos perversos, la mano amiga que necesitaba lo rescat\u00f3 y desde entonces lo tiene en otro universo.<\/p>\n<p>La esposa, para hacerle llevadera la terapia, lo indujo a la pintura, as\u00ed no tuviera conocimiento alguno de maestros, t\u00e9cnicas y colores. De arte solo conoc\u00eda los cuadros que hab\u00eda comprado en algunos de los viajes por Europa y que colecciona en casa. Acept\u00f3 el reto y paso a paso se meti\u00f3 de cabeza en esa experiencia. Tanto, que cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, lleva la cuenta en 400 cuadros pintados.<\/p>\n<p>Hace 7 a\u00f1os vive en C\u00facuta. La casa es la diferente de la vecindad, est\u00e1 pintada de naranja, es de madera, escasean los muros de concreto y al abrirse el port\u00f3n deja ver el Volkswagen amarillo descapotado que arm\u00f3 con piezas de tres carros que compr\u00f3 con ese fin.<\/p>\n<p>Adentro, el espacio se reparte en la sala con muebles normales y una l\u00e1mpara de madera; el estudio, en el que est\u00e1n los elementos de trabajo y varios cuadros. Otra habitaci\u00f3n, que ocupa cuando entra en crisis, ah\u00ed tambi\u00e9n guarda cuadros; un tercer aposento, al que por verg\u00fcenza no se entra. La escalera de madera lleva a la segunda planta. A la parte trasera se llega por la cocina. El asador aguarda por invitados.<\/p>\n<p>Las paredes se han convertido en la galer\u00eda para mostrar la obra pict\u00f3rica, la mayor\u00eda en lienzo, aunque hay algunos cuadros en carboncillo. De memoria hizo la clasificaci\u00f3n, seg\u00fan el g\u00e9nero. El mejor de los &nbsp;rostros, es el de su padre. El hombre mira de reojo y fuma tabaco, tiene la barba blanca y la mirada fija en el hijo mientras lo pinta. Lo considera \u201cmuy real\u201d. Hay dos autorretratos, uno de cuerpo completo y otro del rostro.<\/p>\n<p>En el mejor sobre la naturaleza pint\u00f3 guaduales. Est\u00e1 colgado en el comedor. Para recordar los viajes hizo homenaje a Florencia, la cuna del arte europeo, y pint\u00f3 el puente emblem\u00e1tico de esa ciudad italiana. En lo abstracto la variedad es tal que no ha escogido el n\u00famero uno. Seguro, lo tiene por ah\u00ed y no lo encontr\u00f3 en la memoria. Entre los dedicados a los animales muestra orgulloso el dedicado a dos glorias del f\u00fatbol colombiano, \u2018Pibe\u2019 y Tino\u2019, los gatos que lo acompa\u00f1an. \u2018Feliz hallazgo\u2019 recibi\u00f3 menci\u00f3n especial en el Sal\u00f3n del Agua del 2017, organizado por Aguas Kpital.<\/p>\n<p>El primer cuadro que pint\u00f3, cuando acept\u00f3 la terapia, muestra los techos de las casas de La Candelaria, en Bogot\u00e1. Est\u00e1 cargado de colores, resalta el azul, golpea a la vista. Raro, no est\u00e1 colgado. Lo conserva. De la obra unos ha vendido; otros, regalado, y los dem\u00e1s, espera la oportunidad para exhibirlos. El sue\u00f1o cercano es ganar el primer premio en el Sal\u00f3n del Agua de este a\u00f1o. El cuadro que expondr\u00e1 est\u00e1 casi listo, faltan los retoques y nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Luis Fernando Ruiz Moreno viste camisa colorida, quiz\u00e1s como fueron sus d\u00edas. Ha vivido momentos inolvidables, ha gozado la vida, ha dado vida a dos mujeres y un var\u00f3n. Lleva pantal\u00f3n corto. La enfermedad lo hace sentir agotado, no acabado. De vez en cuando sonr\u00ede. La voz se aclara y se desvanece. En el computador tiene la foto de un hombre con un perro, ser\u00e1 el siguiente cuadro que entregar\u00e1 en los pr\u00f3ximos d\u00edas.<\/p>\n<p><strong>RAFAEL ANTONIO PAB\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"mailto:rafaelpabon58@hotmail.com\"><strong>rafaelpabon58@hotmail.com<\/strong><\/a> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00daCUTA.- La vida de Luis Fernando Ruiz Moreno est\u00e1 marcada por una serie de hechos que impactan al escucharlos en la voz imperceptible de este hombre que lo tuvo todo, y ahora, sin haber perdido mucho, pareciera que le falta ese mundo que conoci\u00f3 a plenitud y con lujo de detalles. 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