{"id":32390,"date":"2018-05-02T21:46:28","date_gmt":"2018-05-03T02:46:28","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=32390"},"modified":"2018-05-02T21:46:28","modified_gmt":"2018-05-03T02:46:28","slug":"crisis-en-venezuela-el-exodo-sofoca-al-norte-de-brasil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=32390","title":{"rendered":"CRISIS EN VENEZUELA. El \u00e9xodo sofoca al norte de Brasil"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 60px;\"><span style=\"color: #ff6600;\"><strong>PACARAIMA &#8211; Brasil<\/strong> \u2014 Cientos de personas aparecen cada d\u00eda, muchas de las cuales llegan sin dinero y lucen demacradas, antes de pasar al lado de una bandera hecha jirones que se\u00f1ala que han llegado a la frontera.<\/span><\/p>\n<p>Una vez que cruzan, muchas se quedan en parques p\u00fablicos y plazas llenas de refugios improvisados, lo que genera preocupaciones entre los lugare\u00f1os por las drogas y el crimen. Algunas de las personas duermen en tiendas de campa\u00f1a y hacen fila para las comidas que les proporcionan soldados: las embarazadas, los discapacitados y las familias con ni\u00f1os peque\u00f1os a menudo tienen prioridad. Los menos afortunados se amontonan debajo de lonas que se desploman cuando hay tormentas.<\/p>\n<p>Tales escenas recuerdan a las oleadas de migrantes desesperados que escapan hacia Europa de las guerras en Siria y Afganist\u00e1n, lo que ha provocado reacciones violentas en el continente. Sin embargo, esto est\u00e1 sucediendo en Brasil, donde una marea constante de personas que huyen de la grave crisis econ\u00f3mica de Venezuela ha comenzado a poner a prueba la tolerancia de la regi\u00f3n con los inmigrantes.<\/p>\n<p>Este abril, la gobernadora de Roraima, un estado brasile\u00f1o ubicado al norte de Brasil, demand\u00f3 al gobierno federal, exigi\u00e9ndole que cierre la frontera con Venezuela y le proporcione fondos adicionales para atender la sobrecarga de los sistemas de educaci\u00f3n y de salud de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cTememos que esto pueda provocar una desestabilizaci\u00f3n econ\u00f3mica y social en nuestro estado\u201d, dijo Suely Campos, la gobernadora. \u201cEstoy cuidando las necesidades de los venezolanos en detrimento de los brasile\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p>Las decenas de miles de venezolanos que han encontrado refugio en Brasil en los \u00faltimos a\u00f1os evidencian el empeoramiento de la crisis humanitaria que su gobierno dice que no existe.<\/p>\n<p>Es un \u00e9xodo que pone a prueba las pol\u00edticas migratorias de la regi\u00f3n, que suelen ser generosas y permisivas. A principios de abril, Trinidad deport\u00f3 a m\u00e1s de ochenta solicitantes de asilo venezolanos. En las comunidades fronterizas de Colombia y Brasil, los residentes locales han atacado a los venezolanos en sus campamentos.<\/p>\n<p>Alrededor de 5000 venezolanos salieron de su patria a diario en los primeros meses de este a\u00f1o, seg\u00fan las Naciones Unidas. Esa tasa diaria de migrantes venezolanos supera la de los 125.000 exiliados cubanos que huyeron de la isla durante la crisis del Mariel en 1980, un \u00e9xodo que transform\u00f3 al sur de Florida.<\/p>\n<p>Si la tasa actual se mantiene estable, para fines de este 2018 m\u00e1s de 1,8 millones de venezolanos habr\u00e1n salido del pa\u00eds, una cifra que se suma a los 1,5 millones que se estima que ya han huido de la crisis econ\u00f3mica para reconstruir sus vidas en el exterior.<\/p>\n<p>Cuando los venezolanos comenzaron a emigrar de manera masiva hacia otras regiones de Am\u00e9rica Latina, a partir de 2015, por lo general se encontraron con fronteras abiertas y maneras para obtener la residencia legal en los pa\u00edses vecinos.<\/p>\n<p>Pero a medida que aumentan los n\u00fameros de migrantes y a que una mayor proporci\u00f3n de ellos llega sin ahorros y necesita atenci\u00f3n m\u00e9dica, algunos funcionarios de la regi\u00f3n comienzan a cuestionar la sensatez de mantener las fronteras abiertas.<\/p>\n<p>Campos, de Roraima, dijo que tom\u00f3 la \u201cmedida extrema\u201d de demandar al gobierno federal porque el influjo de venezolanos provoc\u00f3 un incremento en las tasas de criminalidad, una reducci\u00f3n de los salarios para trabajos no especializados y desencaden\u00f3 un brote de sarampi\u00f3n, una enfermedad que ya hab\u00eda sido erradicada en Brasil.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la gobernadora, al menos 93 personas fueron asesinadas durante los primeros cuatro meses de este a\u00f1o, lo que excede a las 83 muertes violentas registradas en 2017. Y los funcionarios de los cuerpos de seguridad dicen que se ha incrementado el tr\u00e1fico de drogas en la regi\u00f3n a medida que los venezolanos han sido reclutados por las redes brasile\u00f1as del narcotr\u00e1fico.<\/p>\n<p>La poblaci\u00f3n de Boa Vista, la capital del estado, se dispar\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os debido a la llegada de unos 50.000 venezolanos. Ahora representan aproximadamente el 10 por ciento de la poblaci\u00f3n. Al principio fueron recibidos con generosidad: los residentes establecieron comedores de beneficencia y organizaron campa\u00f1as de recolecci\u00f3n de ropa para atenderlos.<\/p>\n<p>Sin embargo, los vecinos de Pacaraima, la ciudad fronteriza, y Boa Vista, que se encuentra a 200 kil\u00f3metros de la frontera, se sintieron abrumados el a\u00f1o pasado.<\/p>\n<p>\u201cBoa Vista se transform\u00f3\u201d, dijo la alcaldesa Teresa Surita. \u201cEsto ha comenzado a generar una gran inestabilidad\u201d.<\/p>\n<p>En una ma\u00f1ana reciente, los migrantes que tomaron la plaza Sim\u00f3n Bol\u00edvar, una de las m\u00e1s grandes de la ciudad, estaban cocinando en peque\u00f1as estufas de le\u00f1a. Algunos dorm\u00edan en hamacas mientras otros ten\u00edan la mirada perdida, sin tener ad\u00f3nde ir ni qu\u00e9 hacer.<\/p>\n<p>El humor era sombr\u00edo. Una infecci\u00f3n estomacal se hab\u00eda extendido por el campamento, causando v\u00f3mitos y diarrea. Adem\u00e1s de esas incomodidades, los residentes vecinos quemaron una hilera de arbustos que los venezolanos usaban para defecar.<\/p>\n<p>Mientras miraba el humo que ondeaba por todo el campamento, Ana Garc\u00eda, de 56 a\u00f1os, dijo que batalla con su nueva vida en Brasil.<\/p>\n<p>Ella ten\u00eda su casa, com\u00eda bien y viv\u00eda c\u00f3modamente con su salario de trabajadora social en la ciudad venezolana de Matur\u00edn. Sin embargo, su sueldo perdi\u00f3 valor el a\u00f1o pasado debido a la creciente inflaci\u00f3n, tras lo cual Garc\u00eda renunci\u00f3 al trabajo que tuvo por m\u00e1s de una d\u00e9cada, con la esperanza de lograr una liquidaci\u00f3n lo suficientemente grande como para irse a vivir al extranjero.<\/p>\n<p>Pero le dieron una cantidad tan peque\u00f1a que solo pudo comprar una bolsa peque\u00f1a de arroz, medio pollo y un pl\u00e1tano. A medida que la comida se hac\u00eda cada vez m\u00e1s escasa, Garc\u00eda inici\u00f3 un viaje de casi mil kil\u00f3metros con su hija de 18 a\u00f1os, pidiendo aventones durante la mayor parte del camino.<\/p>\n<p>Garc\u00eda cuenta que la primera noche que durmi\u00f3 en la plaza rompi\u00f3 en llanto antes de ubicarse debajo de la lona negra que ahora comparte con su hija.<\/p>\n<p>\u201cNunca pens\u00e9 que pod\u00edamos llegar a esta situaci\u00f3n. No estamos acostumbrados a vivir como indigentes\u201d, dijo Garc\u00eda, con los ojos brillantes. \u201cPero Venezuela est\u00e1 destruida. La gente se est\u00e1 muriendo de hambre\u201d.<\/p>\n<p>En febrero, a medida que cada vez m\u00e1s espacios p\u00fablicos empezaron a colapsar por la llegada de los venezolanos, el gobierno brasile\u00f1o tom\u00f3 la medida sin precedentes de asignar a los militares el control de la respuesta a la crisis de refugiados.<\/p>\n<p>\u201cNo hay un paralelo hist\u00f3rico para esto\u201d, dijo el coronel Evandro Kupchinski, portavoz de la fuerza especial, mientras el personal militar limpiaba un estadio que hab\u00eda sido tomado por los venezolanos y que ahora preparan para convertirlo en un refugio oficial. \u201cEstamos pensando en e implementando soluciones sobre la marcha\u201d.<\/p>\n<p>Desde febrero, en colaboraci\u00f3n con las Naciones Unidas, el Ej\u00e9rcito brasile\u00f1o ha construido refugios temporales con tiendas blancas y espaciosas en toda la ciudad. Para fines de mayo espera contar con once refugios con capacidad para unas 5500 personas.<\/p>\n<p>Luego de vacunarse y registrarse en uno de los albergues, los venezolanos pueden solicitar el reasentamiento en las ciudades m\u00e1s grandes de Brasil, adonde son trasladados en aviones militares. Pero es un proceso lento debido a restricciones financieras.<\/p>\n<p>La ONU le pidi\u00f3 a los donantes internacionales que aporten 46 millones de d\u00f3lares para enfrentar la crisis durante el resto de este a\u00f1o; hasta ahora solo ha recaudado un seis por ciento de ese objetivo.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana reciente, Mercedes Acu\u00f1a, de 50 a\u00f1os, habl\u00f3 sobre estar entre las primeras personas admitidas en uno de los refugios oficiales, raz\u00f3n por la cual se dijo bendecida. Lleg\u00f3 a Brasil hace dos meses, y a\u00fan luce muy delgada despu\u00e9s de momentos de angustia que la llevaron a unirse a las muchedumbres en Caracas que espigan los basureros para buscar comida desechada.<\/p>\n<p>Acu\u00f1a dijo que solo siente gratitud por los brasile\u00f1os que la ayudaron y entiende a quienes dicen que es hora de cerrar la frontera. \u201cTodos estamos sufriendo necesidades\u201d, dijo. \u201cPero su pa\u00eds est\u00e1 siendo invadido\u201d.<\/p>\n<p>En el Hospital General de Roraima, el director, Samir Xuad, dice que la poblaci\u00f3n diaria de pacientes ha aumentado de 400 a 1000 en los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>La carga laboral ha aumentado tanto que algunos de sus empleados terminan enferm\u00e1ndose, seg\u00fan Xuad, quien agreg\u00f3 que hab\u00eda perdido m\u00e1s de nueve kilogramos debido al estr\u00e9s. Comenta que se han agotado los suministros m\u00e9dicos b\u00e1sicos, como jeringas y guantes, y durante los per\u00edodos m\u00e1s cr\u00edticos, las camillas de los pacientes son tantas que terminan alineadas hasta en los pasillos.<\/p>\n<p>\u201cTratamos de hacer magia\u201d, dijo Xuad. \u201cPero es dif\u00edcil\u201d.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico explica que los residentes de Boa Vista se han vuelto temerosos de la delincuencia y desconf\u00edan hasta de las turbas de lavadores de ventanas que se le acercan a los conductores en los sem\u00e1foros.<\/p>\n<p>\u201cRoraima era un lugar donde pod\u00edas dormir con la puerta abierta por la noche\u201d, dijo. \u201cYa no es as\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Un sector residencial se ha convertido en una suerte de distrito rojo que est\u00e1 en constante expansi\u00f3n por la cantidad de mujeres venezolanas que trabajan como prostitutas ah\u00ed.<\/p>\n<p>En una tarde reciente, poco despu\u00e9s del anochecer, tres mujeres j\u00f3venes estaban de pie en una esquina oscura de la calle, mirando los autom\u00f3viles y las motos que pasaban.<\/p>\n<p>Ah\u00ed se encontraba Camilla Su\u00e1rez, de 23 a\u00f1os, quien hasta hace unos meses trabajaba en un sal\u00f3n de depilaci\u00f3n en Caracas. Cuando la comida empez\u00f3 a escasear, Su\u00e1rez, que tiene un beb\u00e9 peque\u00f1o, pens\u00f3 que ten\u00eda m\u00e1s posibilidades de poder mantener a su hijo y a sus padres trabajando en Brasil.<\/p>\n<p>\u201cSab\u00eda que a las mujeres brasile\u00f1as les gusta que las depilen\u201d, dijo.<\/p>\n<p>Sin embargo, dijo que mientras caminaba por Boa Vista durante sus primeros d\u00edas, en busca de trabajo, le cerraron todas las puertas.<\/p>\n<p>Pronto, el trabajo sexual se convirti\u00f3 en su \u00faltimo recurso para mantenerse a flote financieramente y, de vez en cuando, poder enviarle dinero a sus familiares.<\/p>\n<p>\u201cAqu\u00ed hay abogadas y enfermeras entre nosotras\u201d, dijo Su\u00e1rez.<\/p>\n<p>Para reunir fuerzas, ella y sus compa\u00f1eras de cuarto tienen un ritual para lidiar con un trabajo que les parece insoportable.<\/p>\n<p>\u201cNos unimos para ser m\u00e1s fuertes mentalmente\u201d, dijo, \u201cpara no deshacernos en llanto\u201d.<\/p>\n<p>En un buen d\u00eda, cada una gana el equivalente a 90 d\u00f3lares. Eso cubre el alquiler de la habitaci\u00f3n que comparten y la comida durante una semana, m\u00e1s unos 30 d\u00f3lares para enviar a casa.<\/p>\n<p>\u201cCon eso, mi familia puede comer bien durante tres d\u00edas enteros\u201d, dijo con orgullo. \u201cY quiero decir bien. Desayuno, almuerzo y cena\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>ERNESTO LONDO\u00d1O<\/strong><\/p>\n<p><strong>Lis Moriconi colabor\u00f3 con este reportaje desde R\u00edo de Janeiro.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PACARAIMA &#8211; Brasil \u2014 Cientos de personas aparecen cada d\u00eda, muchas de las cuales llegan sin dinero y lucen demacradas, antes de pasar al lado de una bandera hecha jirones que se\u00f1ala que han llegado a la frontera. 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