{"id":32170,"date":"2018-03-26T16:09:22","date_gmt":"2018-03-26T21:09:22","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=32170"},"modified":"2018-03-26T16:09:22","modified_gmt":"2018-03-26T21:09:22","slug":"frontera-vida-y-futbol-la-mejor-ninez-de-los-chinos-del-rio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=32170","title":{"rendered":"FRONTERA, VIDA Y F\u00daTBOL. La mejor ni\u00f1ez de los chinos del r\u00edo"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 60px;\"><span style=\"color: #ff6600;\"><strong>VILLA DEL ROSARIO \u2013 Norte de Santander.-<\/strong> Ten\u00eda seis a\u00f1os de edad cuando mi familia lleg\u00f3 al barrio La Playa, en Villa del Rosario. Este lugar me ofreci\u00f3 la oportunidad de convivir con ni\u00f1os de mi edad, a pesar de las diferencias culturales. Logr\u00f3 compartir con quienes, en alg\u00fan momento de mi vida, eran completos desconocidos y que con el tiempo el afecto lleg\u00f3 a hacernos sentir como una familia diversa.<\/span><\/p>\n<p>Era un lugar extra\u00f1o y el dialecto diferente al que est\u00e1bamos acostumbrados en el Valle del Cauca. Tan raro, que mis palabras, algunas veces, ofend\u00edan a residentes en este territorio, as\u00ed como palabras y frases que los habitantes aqu\u00ed me ofendieron en alg\u00fan momento.<\/p>\n<p>Un bal\u00f3n de futbol empez\u00f3 a forjar nuestra amistad en las calles arenosas, llenas de piedras y \u00e1rboles frondosos, bajo los cuales empezamos a apostar. El ganador se llevaba vikingos que costaban cincuenta pesos o aguas saborizadas de cien. Jug\u00e1bamos cinco contra cinco, dej\u00e1bamos en la tierra el alma, el sudor, los restos de u\u00f1as y la sangre que bajaba de dedos y rodillas, porque gambete\u00e1bamos descalzos. As\u00ed como lo hac\u00eda Ronaldinho en las playas de Copacabana, pinceladas del jogo bonito de frontera, lo viv\u00edamos como si fuera una final de Campeones de Liga de la UEFA.<\/p>\n<p>Crecer en el entorno era complejo. La violencia que caracterizaba al pa\u00eds por aquellos a\u00f1os, no era indiferente en el barrio. Hubo momentos en los que nos tornamos agresivos y violentos. Con el tiempo entendimos que era en vano. Nuevamente, como ni\u00f1os, volvimos a jugar f\u00fatbol, a re\u00edrnos en la periferia, a crear canchas ef\u00edmeras, cuatro piedras, sin \u00e1rbitro, con balones sin parche y el aire que solo aguantaba unos minutos. Eso era felicidad.<\/p>\n<p>En el 2002, la Selecci\u00f3n Colombia jug\u00f3 eliminatorias para clasificar al mundial de Corea y Jap\u00f3n. La inocencia nos llev\u00f3 a construir un estadio de f\u00fatbol en el basurero, el \u00faltimo de Colombia antes de llegar a Venezuela, a cinco metros del r\u00edo T\u00e1chira. Jug\u00e1bamos con improvisadas ramas de madera que asemejaban las porter\u00edas, los gaviones de contenci\u00f3n para el desbordamiento del T\u00e1chira serv\u00edan de grader\u00eda, discut\u00edamos sobre qui\u00e9n ser\u00eda Giovanni Hern\u00e1ndez, el 10, el James de nuestra \u00e9poca, y Juan Pablo \u00c1ngel, el 9, el goleador; el Falcao de la ni\u00f1ez. Estas eran figuras de la selecci\u00f3n, eso era la felicidad en la mayor expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed, cada uno defini\u00f3 forjar el estilo de juego en su posici\u00f3n, como les diera la gana, arrebatados, irreverentes, encaradores, jugadores de barrio. Julio, Brayan, Yani, Henry, Randy, Leo, William. Cada uno creci\u00f3 con la fiel convicci\u00f3n de vivir con la felicidad que emerge de un bal\u00f3n de f\u00fatbol, que es inexplicable, para algunos incoherente y para otros filosof\u00eda de vida que satisface y elimina cualquier tristeza, tanto como anotar un gol en el \u00faltimo minuto para quedar campeones. Eso, eso es m\u00e1s valioso que la copa del mundo.<\/p>\n<p>Cuando llegamos a secundaria en el colegio La Frontera, tuvimos la oportunidad de recorrer a Venezuela, a pesar de ser colombianos. Las caracter\u00edsticas de juego eran apetecidas e interesaban a entrenadores del pa\u00eds hermano. Nos llevaron a jugar en territorio vinotinto, conocimos el pa\u00eds del petr\u00f3leo por el f\u00fatbol, ese mismo que aprendimos a jugar en el basurero, con los arcos de madera que representaban las canchas, los gaviones que simbolizaban las grader\u00edas. La basura fue nuestro estadio, m\u00e1s imponente que Old Trafford (Inglaterra), Camp Nou (Espa\u00f1a) o La Bombonera (Argentina).<\/p>\n<p>El mayor orgullo de nuestros viejos, en el momento, era que ninguno ten\u00eda malos vicios, nuestra droga era el bal\u00f3n. Adictos de la pecosa, en la casa, en la calle y en el colegio. Cuando entramos a sexto a\u00f1o, conocimos m\u00e1s amigos, que tambi\u00e9n estaban motivados por una filosof\u00eda de vida, Riquelme, Iker Casillas, Berm\u00fadez, Henry, Ra\u00fal, Beckham, Ronaldo, Zidane, Ver\u00f3n, Roberto Carlos, Maradona. Solo habl\u00e1bamos de ellos, nuestros modelos para seguir.<\/p>\n<p>Las intercalases del colegio nos dividieron para rivalizar entre cursos, pero segu\u00edamos siendo esos amigos de La Playa, los que un d\u00eda fueron desconocidos. Llegaron otros nombres para competir con quienes eran una potencia en d\u00e9cimo grado, liderados por Julio y Brayan, intratables, como el Liverpool 2004\/2005. Elkin, Chucho, Checho, Bonaice, Clay, Papaya, Kevin. Llegaron para reforzar y luchar.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, solo les pudimos ganar un partido. Jugamos en la cancha de La Parada una final del intercalases. Por fin compet\u00edamos contra el equipo imbatible en la historia del colegio La Frontera. Segu\u00eda siendo comandado por Brayan y Julio. Cuando el marcador iba 1-1, un gol de chilena cambi\u00f3 la historia y por primera vez los imbatibles cayeron. Quedamos campeones.<\/p>\n<p>El ejercicio de recordar esta ni\u00f1ez produce una euforia mezclada con felicidad, orgullo de sentir que viv\u00ed una vida de ni\u00f1o envidiada por muchos, a pesar de las limitaciones econ\u00f3micas, pol\u00edticas y sociales. Hicimos del juego del peligro el mejor partido de nuestra vida donde todos fuimos goleadores y figuras.<\/p>\n<p>Cuando pienso en las vidas que los delincuentes arrebatan a hinchas de equipos rivales, concluyo que es todo lo contrario a la esencia del f\u00fatbol, a lo que vivimos cuando ni\u00f1os, como convivimos en el barrio. Cada uno era hincha de equipos diferentes y a pesar de molestarnos por las p\u00e9rdidas nunca fue argumento para violentar a otros. Las discordias nunca superaron los noventa minutos m\u00e1s reposici\u00f3n.<\/p>\n<p>En las mismas canchas donde Rub\u00e9n Dar\u00edo Bustos ensayaba los primeros goles de tiro libre, antes de que se lo marcar\u00e1 a la Selecci\u00f3n Argentina, timoneada por Juan Rom\u00e1n Riquelme y Lionel Messi, en Bogot\u00e1, por las eliminatorias a Sud\u00e1frica 2010, jug\u00e1bamos nosotros, los chinos del r\u00edo. En esta misma cancha, que nunca ha podido ser ciento por ciento verde, nuestros sue\u00f1os crec\u00edan con cada pisada, ca\u00edda, falta, tarjetas amarrillas y roja, con cada puteada al \u00e1rbitro, alegr\u00edas, tristezas y l\u00e1grimas. As\u00ed crecieron nuestros sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Ahora, cuando somos hombres, unos juegan en el f\u00fatbol de primera y segunda divisi\u00f3n colombiano o venezolano; otros, estamos a punto de graduarnos en la universidad, y los dem\u00e1s son empleados p\u00fablicos o privados.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de forjarnos como ciudadanos de bien, a pesar de nunca olvidar nuestras calles polvorientas y empedradas, nos levantamos con la noticia de que uno de nuestros hermanos falleci\u00f3 por una intolerancia en las canchas.<\/p>\n<p>Cuando podemos resumir nuestras vidas con una sola palabra, \u00a1f\u00fatbol! quedamos incompletos. Nos falta uno para volver a sonre\u00edr, para gritar gol, para se\u00f1alarnos por un error, para volver a ser los ni\u00f1os llenos de gozos porque jugaban en su estadio de basura, porque viv\u00edamos con un solo sue\u00f1o, el sue\u00f1o de todos.<\/p>\n<p>Yani, en nuestra memoria quedar\u00e1n las im\u00e1genes de ni\u00f1os, la fotograf\u00eda de graduaci\u00f3n del colegio, las salidas al campo de juego en las finales, los viajes por Venezuela, los torneos en Colombia, las puertas abiertas y cerradas que tuvimos, las discusiones y las locuras que todo ni\u00f1o de frontera comete.<\/p>\n<p>En nuestra mente queda ese buen amigo, ese hermano que fuiste, porque do\u00f1a Gladis, do\u00f1a Rosario, do\u00f1a Teresa, do\u00f1a Margarita no tienen solo los hijos que gestaron, tienen los hijos que sin saberlo adoptaron de las calles polvorientas, y que nos hicieron tan, pero tan felices, una&nbsp; multifamilia.<\/p>\n<p>Cundo dejemos de ser tan violentos, vamos a celebrar m\u00e1s goles como el de Bustos en el Camp\u00edn contra Argentina. Que vivan los ni\u00f1os que sue\u00f1an con ser Bustos, James y Falcao en Villa del Rosario y en Colombia. Que la violencia nunca siegue sus sue\u00f1os, nunca.<\/p>\n<p>En honor a Yani Alonso C\u00e1rdenas Villareal, porque vivimos juntos una gran cr\u00f3nica de vida futbol\u00edstica, esta que redacto en tu memoria. Crack #7.<\/p>\n<p><strong>ISMAEL CAICEDO<\/strong><\/p>\n<p><strong>ysmcr7@gmail.com<\/strong> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VILLA DEL ROSARIO \u2013 Norte de Santander.- Ten\u00eda seis a\u00f1os de edad cuando mi familia lleg\u00f3 al barrio La Playa, en Villa del Rosario. Este lugar me ofreci\u00f3 la oportunidad de convivir con ni\u00f1os de mi edad, a pesar de las diferencias culturales. 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