{"id":31388,"date":"2017-12-12T18:45:54","date_gmt":"2017-12-12T23:45:54","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=31388"},"modified":"2017-12-12T18:45:54","modified_gmt":"2017-12-12T23:45:54","slug":"crisis-en-venezuela-los-venezolanos-arriesgan-la-vida-para-escapar-del-colapso-economico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=31388","title":{"rendered":"CRISIS EN VENEZUELA. Los venezolanos arriesgan la vida para escapar del colapso econ\u00f3mico"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 30px;\"><span style=\"color: #ff6600;\"><strong>WILLEMSTAD, Curazao \u2014<\/strong> Los contornos oscuros de la tierra acababan de iluminarse cuando el contrabandista los oblig\u00f3 a lanzarse al mar. Roymar Bello grit\u00f3. Ella form\u00f3 parte de los 17 pasajeros que en julio se subieron a un barco de pesca sobrecargado y de motores viejos, esperando escapar del desastre econ\u00f3mico de Venezuela para iniciar una nueva vida en la isla caribe\u00f1a de Curazao.<\/span><\/p>\n<p>Por miedo a las autoridades, el contrabandista se neg\u00f3 a acercarse a la costa. El hombre les orden\u00f3 a los pasajeros que se metieran al agua, mientras les se\u00f1alaba la orilla lejana. Presa del p\u00e1nico, Bello grit\u00f3 cuando fue arrojada por la borda, en medio de la oscuridad del amanecer. Ella no sab\u00eda nadar.<\/p>\n<p>Cuando empez\u00f3 a hundirse bajo las olas, un compa\u00f1ero la agarr\u00f3 por el pelo y la remolc\u00f3 hacia la isla donde se lavaron en un acantilado rocoso. Golpeados y con sangre, los emigrantes subieron mientras rezaban para conseguir trabajo, dinero y algo de comer para volver a empezar sus vidas.<\/p>\n<p>\u201cVali\u00f3 la pena el riesgo\u201d, dijo Bello, de 30 a\u00f1os, y a\u00f1adi\u00f3 que los venezolanos, \u201cvienen buscando una sola cosa: comida\u201d. Venezuela fue uno de los pa\u00edses m\u00e1s ricos de Am\u00e9rica Latina, su riqueza petrolera atrajo a inmigrantes de lugares tan variados como Europa y Medio Oriente. Pero despu\u00e9s de que el presidente Hugo Ch\u00e1vez se comprometiera a acabar con la \u00e9lite econ\u00f3mica del pa\u00eds y redistribuirles la riqueza a los pobres, la clase media y los ricos huyeron hacia pa\u00edses m\u00e1s acogedores, creando lo que los dem\u00f3grafos describen como la primera di\u00e1spora de Venezuela.<\/p>\n<p>Ahora est\u00e1 en marcha una segunda di\u00e1spora, con menos ricos y ciudadanos que en muchos lugares no son bienvenidos. M\u00e1s de 150.000 venezolanos han huido del pa\u00eds en el \u00faltimo a\u00f1o, la cifra m\u00e1s alta en m\u00e1s de una d\u00e9cada, seg\u00fan los estudiosos que analizan el \u00e9xodo.<\/p>\n<p>Y mientras la revoluci\u00f3n de Ch\u00e1vez colapsa por la ruina econ\u00f3mica que provoca una grave escasez de alimentos y medicinas, los nuevos emigrantes incluyen a los ciudadanos de escasos recursos que las pol\u00edticas venezolanas deb\u00edan ayudar.<\/p>\n<p>\u201cHemos visto una gran aceleraci\u00f3n\u201d, dijo Tom\u00e1s P\u00e1ez, profesor de inmigraci\u00f3n en la Universidad Central de Venezuela. El experto dijo que unos 200.000 venezolanos se han marchado en los \u00faltimos 18 meses, impulsados \u200b\u200bpor lo dif\u00edcil que es conseguir comida, trabajo y medicinas, sin mencionar la delincuencia que la escasez ha desatado.<\/p>\n<p>\u201cLos padres dicen: \u2018Prefiero despedir a mi hijo en el aeropuerto que en el cementerio&#8217;\u201d, dijo.<\/p>\n<p>Decenas de miles de venezolanos desesperados tambi\u00e9n est\u00e1n llegando a Brasil, a trav\u00e9s de la cuenca amaz\u00f3nica. Otros inventan complicadas estafas para escabullirse por los aeropuertos de las naciones caribe\u00f1as que en el pasado los aceptaban libremente. En julio, Venezuela abri\u00f3 su frontera con Colombia solo por dos d\u00edas y 120.000 personas se precipitaron a comprar comida, seg\u00fan los funcionarios. Un gran n\u00famero de ciudadanos se qued\u00f3 en ese pa\u00eds.<\/p>\n<p>Ahora lo m\u00e1s sorprendente es que los venezolanos huyen por mar, una imagen simb\u00f3lica que recuerda a las peligrosas traves\u00edas para escapar de Cuba o Hait\u00ed, pero eso no suced\u00eda en Venezuela, una naci\u00f3n petrolera.<\/p>\n<p>&nbsp;\u201cTodo ha cambiado totalmente\u201d, coment\u00f3 Iv\u00e1n de la Vega, soci\u00f3logo de la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Este a\u00f1o se increment\u00f3 en un 60 por ciento el n\u00famero de venezolanos que huyeron del pa\u00eds en comparaci\u00f3n con el a\u00f1o pasado, a\u00f1adi\u00f3.<\/p>\n<p>\u201cLos ingresos de estas personas son bajos\u201d, dijo De la Vega sobre los migrantes m\u00e1s recientes. \u201cLa \u00fanica opci\u00f3n que les queda es irse a los pa\u00edses cercanos, los que pueden llegar a pie, en balsas o en barcos con motores peque\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p>La inflaci\u00f3n llegar\u00e1 a casi un 500 por ciento este a\u00f1o y se proyecta un alucinante 1600 por ciento para 2017, seg\u00fan las estimaciones del Fondo Monetario Internacional. Esto reduce los salarios y crea una nueva clase de venezolanos pobres que han abandonado sus carreras profesionales por llevar una vida precaria en el extranjero.<\/p>\n<p>\u201cLos venezolanos como yo vienen a Brasil por una simple raz\u00f3n: es m\u00e1s f\u00e1cil sobrevivir aqu\u00ed\u201d, dijo Reinier Salazar, de 30 a\u00f1os, un ingeniero industrial que se mud\u00f3 a Brasil el a\u00f1o pasado. Ahora cocina en un restaurante de comida r\u00e1pida por unos 400 d\u00f3lares al mes, mucho m\u00e1s de lo que ganaba en Venezuela.<\/p>\n<p>El \u00e9xodo se desarrolla tan r\u00e1pido que desde 2015 unos 30.000 venezolanos se han trasladado a la regi\u00f3n fronteriza del estado brasile\u00f1o de Roraima, seg\u00fan las autoridades. Ahora el ej\u00e9rcito brasile\u00f1o est\u00e1 desplegando patrullas a lo largo de carreteras y r\u00edos para disuadir m\u00e1s llegadas.<\/p>\n<p>\u201cEstamos en el inicio de una crisis humanitaria sin precedentes en esta parte del Amazonas\u201d, dijo el coronel Edvaldo Amaral, jefe de la defensa civil del estado. \u201cYa vemos abogados venezolanos trabajando como cajeros de supermercados, venezolanas que recurren a la prostituci\u00f3n e ind\u00edgenas de ese pa\u00eds que piden limosna en las intersecciones de tr\u00e1fico\u201d.<\/p>\n<p>Algunos le pagan 1000 d\u00f3lares m\u00e1s por persona a los contrabandistas para llegar a ciudades como Manaos y San Pablo, dicen las autoridades, mientras que otros simplemente cruzan la frontera hacia Brasil. En Pacaraima, una peque\u00f1a ciudad fronteriza brasile\u00f1a, cientos de ni\u00f1os venezolanos est\u00e1n matriculados en escuelas locales y familias enteras duermen en las calles.<\/p>\n<p>&nbsp;\u201cEs dif\u00edcil encontrarle una soluci\u00f3n a este problema porque involucra al hambre\u201d, dijo el alcalde, Altemir Campos. \u201cVenezuela no tiene suficiente comida para su gente, as\u00ed que algunas personas se vienen para ac\u00e1\u201d.<\/p>\n<p>Las peque\u00f1as islas caribe\u00f1as vecinas de Venezuela son mucho menos hospitalarias y simplemente aclaran que no pueden absorber esa ola migratoria. Las m\u00e1s cercanas a la costa venezolana, Aruba y Curazao, le han cerrado las fronteras a los venezolanos pobres desde el a\u00f1o pasado, los obligan a mostrar 1000 d\u00f3lares en efectivo antes de poder entrar \u2014esa cifra equivale a m\u00e1s de cinco a\u00f1os de sueldo en un trabajo de salario m\u00ednimo\u2014.<\/p>\n<p>Ambos pa\u00edses han aumentado el patrullaje y las deportaciones, y Aruba ha reservado un estadio para albergar hasta 500 emigrantes venezolanos despu\u00e9s de ser capturados, seg\u00fan las autoridades.<\/p>\n<p>La suerte le cambi\u00f3 de forma dram\u00e1tica a los venezolanos, que en el pasado reciente viajaban a Curazao para gastar dinero como turistas, no para pedir trabajo.<\/p>\n<p>\u201cTodos dicen: \u2018Usted es de Venezuela. Usted es de un pa\u00eds rico que lo tiene todo&#8217;\u201d, dijo Bello sobre sus encuentros con los ciudadanos de la isla. \u201cY les respondo: \u2018Eso ya no es as\u00ed&#8217;\u201d.<\/p>\n<p><strong>Atravesando mares y fronteras<\/strong><\/p>\n<p>Ahora abundan los hogares vac\u00edos en las calles de La Vela, el pueblo pesquero donde naci\u00f3 Roymar Bello en Venezuela, porque sus propietarios se han marchado atravesando el mar.<\/p>\n<p>Han hipotecado propiedades, venden los electrodom\u00e9sticos e incluso le piden pr\u00e9stamos a los mismos contrabandistas que los transportan junto con las drogas y otras mercanc\u00edas.<\/p>\n<p>El viaje a Curazao implica una traves\u00eda de casi 100 kil\u00f3metros llenos de mar picado, bandas armadas y barcos de la Guardia Costera que buscan capturar a los emigrantes y deportarlos a su pa\u00eds.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ser arrojados por la borda y nadar hasta tierra firme, se esconden en el monte para reunirse con los contactos que los insertan en la econom\u00eda tur\u00edstica de esta isla caribe\u00f1a. Limpian los suelos de los restaurantes, venden baratijas en la calle o incluso satisfacen las demandas sexuales de los turistas holandeses, obligados por los contrabandistas a pagar por su viaje trabajando en un burdel, seg\u00fan las autoridades de Curazao.<\/p>\n<p>Innumerables familias venezolanas viven como los Bello. Al no poder conseguir alimentos en su pa\u00eds, ahora est\u00e1n dispersos a trav\u00e9s de los mares y las fronteras.<\/p>\n<p>Rolando, el hermano de Roymar Bello, trabaja en el sector de construcci\u00f3n en Curazao y recientemente su esposa lleg\u00f3 al pa\u00eds, dejando en Venezuela a su hija de 7 a\u00f1os. Un t\u00edo de ellos no tuvo tanta suerte: permanece en una prisi\u00f3n de Curazao, acusado de contrabandear inmigrantes como sus familiares.<\/p>\n<p>Otro caso es el de Wilfredo Hidalgo, de 27 a\u00f1os, quien es primo de los Bello y estudi\u00f3 administraci\u00f3n de empresas en Venezuela pero nunca consigui\u00f3 trabajo. Hace dos a\u00f1os fue deportado de Curazao despu\u00e9s de llegar en avi\u00f3n. Ahora trata de regresar en barco, luego de ahorrar la mitad de los 350 d\u00f3lares que necesita para pagarle a los contrabandistas.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s puedo hacer?\u201d, dijo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n est\u00e1 Roger, el tercero de los hermanos Bello, cuya novia de 19 a\u00f1os, Yaisbel, est\u00e1 embarazada de seis meses. Roger explic\u00f3 que se va a Curazao para poder mantener a su hijo. Yaisbel dijo que se quedar\u00e1 en Venezuela pero le pedir\u00e1 un pr\u00e9stamo a los contrabandistas para pagar el viaje de su marido y usar\u00e1 la casa de su madre como garant\u00eda. Dijo que, con suerte, su madre nunca se enterar\u00eda del negocio.<\/p>\n<p>\u201cSolo estoy pendiente de su barriga\u201d, dijo Roger Bello. \u201cAntes de que el ni\u00f1o nazca, estar\u00e9 en Curazao\u201d.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Pi\u00f1ero, de 47 a\u00f1os, es la madre de los hermanos Bello y le hab\u00eda dado un chaleco salvavidas a su hija Roymar porque no sab\u00eda nadar. Pero el contrabandista se lo arranc\u00f3 justo antes de lanzarla al mar, diciendo que las olas eran tan altas que era mejor nadar por debajo.<\/p>\n<p>Ahora, a pesar del calvario de sus familiares, Pi\u00f1ero prometi\u00f3 hacer el viaje en barco. \u201cEstoy nerviosa\u201d, dijo. \u201cMe voy sin nada. Pero tengo que hacerlo porque de lo contrario, nos moriremos de hambre\u201d.<\/p>\n<p>Una noche, a fines de septiembre, Pi\u00f1ero subi\u00f3 a bordo de un barco en un peque\u00f1o pueblo en la costa norte del pa\u00eds. Ella se arrodill\u00f3, rez\u00e1ndole a Dios para que sobreviviera al viaje y encontrara una vida mejor en Curazao.<\/p>\n<p>Los otros pasajeros, con l\u00e1grimas en los ojos, tambi\u00e9n comenzaron a rezar y algunos unieron sus manos en un c\u00edrculo en la playa. Murmuraban plegarias para que la Guardia Costera no los atrapara, dec\u00edan que eran buenas personas, que eran madres y padres.<\/p>\n<p>Se metieron con el agua hasta el pecho, alzando sus pocas posesiones y subieron al bote. El motor arranc\u00f3 y se dirigieron hacia el horizonte.<\/p>\n<p>Incluso el contrabandista parec\u00eda angustiado por esa desgracia que lo beneficiaba.<\/p>\n<p>\u201cPreferir\u00eda que la crisis se acabara y mi negocio se terminara\u201d, dijo el contrabandista despu\u00e9s de que se marcharon. \u201cPreferir\u00eda mil veces que no hubiera crisis y pudi\u00e9ramos vivir en la Venezuela de antes\u201d.<\/p>\n<p><strong>El bote que desapareci\u00f3<\/strong><\/p>\n<p>Jes\u00fas Ramos sab\u00eda que ten\u00eda que nadar hasta tierra firme desde el bote del contrabandista. As\u00ed que pas\u00f3 sus \u00faltimas semanas en Venezuela corriendo en el mar frente a su casa en La Vela, recuerda su madre.<\/p>\n<p>William Cordero, su amigo de 29 a\u00f1os, tambi\u00e9n se fue. Pas\u00f3 ese mes solicitando una licencia comercial para la barber\u00eda que planeaba abrir con todo el dinero que esperaba ganar en Curazao. Ya hab\u00eda comprado un letrero que dec\u00eda: \u201cBarber\u00eda \u2018Mi fe en Dios&#8217;\u201d.<\/p>\n<p>Pero el barco que los llevaba nunca lleg\u00f3 a Curazao.<\/p>\n<p>Los dos amigos, junto con otros tres migrantes y un capit\u00e1n, desaparecieron en alg\u00fan lugar de la costa de Venezuela el a\u00f1o pasado. No se encontraron restos. La \u00fanica prueba de que su viaje se hizo son las selfis enviadas desde sus tel\u00e9fonos inteligentes antes de partir. Los hombres posaron al lado de la lancha con grandes sonrisas.<\/p>\n<p>\u201cTrato de no llorar. Me digo: \u2018Mi hijo est\u00e1 bien, eso es todo&#8217;\u201d, dijo Florangel Amaya de Ramos, la madre de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El plan era sencillo: un viaje de siete horas en una lancha r\u00e1pida. Si eran detenidos por la guardia costera de Curazao, se convertir\u00edan en turistas. Y con sus documentos en bolsas de pl\u00e1stico, estaban listos para nadar hasta tierra firme, sabiendo que el contrabandista quer\u00eda hacer una escapada r\u00e1pida. Luego encontrar\u00edan a sus contactos usando los tel\u00e9fonos celulares que llevaban escondidos en jarras vac\u00edas.<\/p>\n<p>Cordero ya ten\u00eda un chip de tel\u00e9fono m\u00f3vil de Curazao. Dos a\u00f1os antes estuvo en la isla y trabaj\u00f3 ilegalmente como barbero, llegando a ganar varios miles de d\u00f3lares que le envi\u00f3 a sus familiares en La Vela. Pero en 2015 fue deportado.<\/p>\n<p>Regres\u00f3 a una Venezuela sombr\u00eda. Las largas filas para conseguir comida se estaban convirtiendo en algo com\u00fan en La Vela y la inflaci\u00f3n golpe\u00f3 sus ingresos.<\/p>\n<p>Incluso en grandes ciudades como Caracas y Maracaibo los alimentos b\u00e1sicos como la harina de ma\u00edz, que es la piedra angular de la dieta venezolana, se han vuelto muy dif\u00edciles de encontrar, mientras que un creciente mercado negro eleva todos los precios. En ciudades rurales como La Vela, los residentes sufren una aguda escasez porque tienen menos acceso a los alimentos y los servicios; adem\u00e1s, su poblaci\u00f3n tiene menos dinero.<\/p>\n<p>Cordero trat\u00f3 de aprovechar la oportunidad y abri\u00f3 una barber\u00eda en el patio de su hermana, vestido con un uniforme blanco como el que llevaba en Curazao. Pero solo ganaba cerca de 40 centavos de d\u00f3lar por corte de pelo, comparado a los 35 d\u00f3lares al d\u00eda que hac\u00eda en la isla.<\/p>\n<p>En ese momento volvi\u00f3 a pensar con intensidad en la idea de volver a Curazao. Pero ese pa\u00eds hab\u00eda implementado nuevas restricciones de visado para los venezolanos. La \u00fanica manera de regresar era en los barcos de los contrabandistas.<\/p>\n<p>Jes\u00fas Ramos, el amigo de Cordero, conoc\u00eda a un hombre que estaba recolectando 200.000 bol\u00edvares por persona, unos 200 d\u00f3lares para ese momento, con el fin de zarpar con un bote lleno de contrabando. Ramos, de 20 a\u00f1os, tambi\u00e9n fue deportado despu\u00e9s de trabajar como jardinero en Curazao, pero no hab\u00eda podido encontrar trabajo en Venezuela. Una vez que se agot\u00f3 el dinero de su primer viaje, su esposa y tres hijos pasaron muchos d\u00edas de hambre.<\/p>\n<p>El contrabandista encontr\u00f3 a dos hombres m\u00e1s de la zona y una quinta migrante llamada Jessica M\u00e1rquez que hab\u00eda venido de M\u00e9rida, una ciudad ubicada a casi 650 kil\u00f3metros de distancia.<\/p>\n<p>Durante varios d\u00edas, los cinco esperaron ansiosamente en La Vela mientras el contrabandista recib\u00eda informes de otros pescadores de Curazao sobre las patrullas de la Guardia Costera, tratando de decidir cu\u00e1l ser\u00eda la noche m\u00e1s segura para partir.<\/p>\n<p>Saribeth recuerda una de las conversaciones del grupo que sol\u00eda reunirse en la peluquer\u00eda de su hermano. Recuerda que M\u00e1rquez pregunt\u00f3: \u201c\u00bfY si hay tiburones?\u201d. \u201cNo puedes ser tan negativa\u201d, respondi\u00f3 Cordero. Pero Saribeth afirma que su hermano tambi\u00e9n estaba asustado. \u201cEstaba nervioso por el oc\u00e9ano\u201d, coment\u00f3.<\/p>\n<p>Ramos hab\u00eda vendido su motocicleta para pagarle al contrabandista y le dijo a su madre que ya no la iba a utilizar. Ella le prepar\u00f3 una bolsa impermeable con jab\u00f3n, pasta de dientes, antibi\u00f3ticos y algo de ropa. Luego lleg\u00f3 una camioneta y se fueron.<\/p>\n<p>Esa tarde llegaron a Tucacas, el pueblo donde se encontraron con el contrabandista, y all\u00ed pasaron la noche en un albergue. Recientemente el motor de uno de los barcos hab\u00eda fallado, algo que le preocupaba a Ramos y se lo mencion\u00f3 a un amigo que hab\u00eda accedido a buscarlo una vez que llegara a Curazao.<\/p>\n<p>\u201cEsta bien, hombre\u2026 solo rel\u00e1jate, pronto estar\u00e1s aqu\u00ed\u201d, le escribi\u00f3 el amigo en un mensaje de Facebook que Cordero le envi\u00f3 a su madre.<\/p>\n<p>\u201cS\u00ed, hermano, ma\u00f1ana, si Dios quiere\u201d, le contest\u00f3 Ramos.<\/p>\n<p>Cordero subi\u00f3 al barco y le mand\u00f3 una selfi a su hermana. Llevaba shorts amarillos y sin camisa, haciendo un signo de paz con la mano. Esa fue la \u00faltima vez que alguien tuvo informaci\u00f3n sobre el grupo de migrantes.<\/p>\n<p>La primera en saber que algo hab\u00eda salido mal fue la madre de Ramos. El amigo de Curazao le escribi\u00f3 por Facebook que hab\u00eda esperado a su hijo toda la noche pero nunca lleg\u00f3.<\/p>\n<p>\u201cLlor\u00e9 toda la noche\u201d, dijo la mujer.<\/p>\n<p>Las preguntas atormentan a las familias de los migrantes perdidos cada vez que miran al mar. \u00bfSer\u00e1 posible que sigan vivos? \u00bfVenezuela volver\u00e1 a ser el pa\u00eds donde los venezolanos no necesitaban nadar hasta la costa de Curazao despu\u00e9s de haber sido arrojados desde un bote de contrabandistas?<\/p>\n<p>Florangel Amaya de Ramos sigue esperando a su hijo y habla de \u00e9l en tiempo presente. Cada domingo va a misa para pedir por su regreso.<\/p>\n<p>\u201cSiempre hablo con Dios\u201d, dijo. \u201cSiempre estoy mirando esa imagen de la Virgen. Tengo miedo de que alg\u00fan d\u00eda me grite: \u201cBasta, ya. Es suficiente&#8217;\u201d.<\/p>\n<p><strong>Los peligros del viaje<\/strong><\/p>\n<p>Rolando Bello estaba sentado en un muelle de Curazao y le preocupaba su madre. Era septiembre, una semana antes de que ella tomara un bote para visitarlo. \u00c9l conoce bien los peligros de la traves\u00eda porque ha hecho el viaje en dos ocasiones.<\/p>\n<p>El bote que llevar\u00eda a su madre se preparaba para partir y su hermana Roymar, que hab\u00eda sido arrastrada hasta la costa, fue deportada por las autoridades de Curazao durante el verano. Desesperada por trabajar, le pidi\u00f3 un pr\u00e9stamo a los contrabandistas para viajar hasta Aruba.<\/p>\n<p>Rolando vive en Curazao con Lennymar Ch\u00e1vez, su esposa. Ella hab\u00eda llegado a la isla ese mes usando un nuevo esquema. Como no ten\u00eda los mil d\u00f3lares necesarios para presentarse como un turista venezolano en la aduana, los contrabandistas le alquilaron ese dinero. Luego se le acercaron en el aeropuerto para recuperar el dinero y cobrar la cuota de alquiler que es de cien d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Lennymar se sent\u00f3 al lado de su esposo y los dos comieron un gran almuerzo. Un barco navegaba m\u00e1s all\u00e1 de una fila de fachadas coloniales y Venezuela se sent\u00eda a un mundo de distancia.<\/p>\n<p>\u201cNo he comido una arepa desde hace tres meses\u201d, dijo ella. \u201cSolo pude comerme una aqu\u00ed, en Curazao\u201d.<\/p>\n<p>La pareja dej\u00f3 a su hija de 7 a\u00f1os en La Vela, con parientes. Rolando estudi\u00f3 para ser ingeniero en la industria petrolera de Venezuela pero ahora es un obrero de la construcci\u00f3n y gana cerca de 65 d\u00f3lares al d\u00eda. Lennymar se entren\u00f3 para ser enfermera, pero tiene pocas esperanzas de poder trabajar en su profesi\u00f3n en Curazao.<\/p>\n<p>\u201cNo me importa limpiar\u201d, dijo. \u201cLo importante es que estoy trabajando aqu\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Pero las autoridades de Curazao, al igual que las de otras peque\u00f1as islas del Caribe, temen que los inmigrantes reduzcan la mano de obra local o cometan delitos violentos.<\/p>\n<p>\u201cMi preocupaci\u00f3n es qu\u00e9 tipo de personas est\u00e1n entrando a Curazao\u201d, dijo Nelson Navarro, ministro de Justicia de la isla, quien argument\u00f3 que la llegada de los venezolanos coincidi\u00f3 con un aumento del 15 por ciento en la delincuencia, particularmente en los robos a mano armada. \u201cEn Venezuela, no dudan en disparar contra un oficial de polic\u00eda, pero aqu\u00ed esto es noticia\u201d.<\/p>\n<p>Para \u00c1lex Rosaria, un legislador de la isla, el problema de que los migrantes sigan entrando a Curazao es que el desempleo de ese pa\u00eds se ubica en el 11 por ciento.<\/p>\n<p>\u201cTenemos una capacidad limitada para atender a los refugiados\u201d, dijo Rosaria.<\/p>\n<p>Por ahora, la Guardia Costera del Caribe se encarga de los refugiados. Rob Jurriansen, un oficial naval holand\u00e9s que dirige las operaciones en Curazao, dice que su peque\u00f1a flota solo intercepta a una peque\u00f1a fracci\u00f3n de los migrantes, tal vez entre el 5 y el 10 por ciento de los barcos procedentes de Venezuela. Dice que los funcionarios de Holanda, la antigua potencia colonial que a\u00fan est\u00e1 vinculada a Curazao dentro del Reino de los Pa\u00edses Bajos, temen que no puedan controlar la ola migratoria.<\/p>\n<p>&nbsp;\u201cEllos quieren prevenir una situaci\u00f3n como la de Libia\u201d, dijo, refiri\u00e9ndose al flujo de migrantes que cruzan el Mediterr\u00e1neo para llegar a Europa.<\/p>\n<p>Su estaci\u00f3n est\u00e1 cerca de la Bah\u00eda de Caracas que ahora es el punto de llegada de muchos de los que huyen de Venezuela. Una densa formaci\u00f3n rocosa cubre la isla por varios kil\u00f3metros en cada direcci\u00f3n, formando un laberinto por el que los migrantes vagan al entrar en Curazao.<\/p>\n<p>Mientras tanto, Mar\u00eda Pi\u00f1ero, la madre de Rolando, se estaba preparando para su segundo intento. En septiembre, despu\u00e9s de casi llegar a la isla, su bote se devolvi\u00f3 porque los contrabandistas tem\u00edan ser capturados por la guardia costera.<\/p>\n<p>Pi\u00f1ero volvi\u00f3 a embarcarse en una clara noche de octubre. A las 21:00 le envi\u00f3 un mensaje a sus familiares justo antes de partir. Durante su primer viaje el mar estuvo picado pero esta vez los 13 pasajeros se deslizaron suavemente sobre las olas.<\/p>\n<p>Sin embargo, el oc\u00e9ano calmado tambi\u00e9n significaba que eran visibles cuando llegaron a la ma\u00f1ana siguiente, antes del amanecer. En alg\u00fan lugar de la costa, los funcionarios de la Guardia Costera vieron una \u201cextra\u00f1a mancha\u201d en el agua.<\/p>\n<p>Roymar fue la primera de la familia que se enter\u00f3 de lo que pas\u00f3. Un amigo la llam\u00f3 a las 6:00 a. m. y le dijo: \u201cChica, detuvieron a tu madre. Atraparon el barco con drogas\u201d.<\/p>\n<p>Ella no quer\u00eda creer la noticia pero abri\u00f3 su computadora para ver qu\u00e9 pod\u00eda encontrar en internet. Ya estaban circulando las im\u00e1genes de los pasajeros detenidos por las autoridades y reconoci\u00f3 a su madre.<\/p>\n<p>\u201cS\u00ed, era ella con el pelo rojo. Se cubr\u00eda el rostro para que no la vieran\u201d, dijo Roymar.<\/p>\n<p>En una breve entrevista telef\u00f3nica, Pi\u00f1ero dijo que aterriz\u00f3 junto a una docena de otros pasajeros detenidos. Durante la conversaci\u00f3n su voz se quebr\u00f3, sonaba desesperada y cansada.<\/p>\n<p>\u201cPens\u00e9 que valdr\u00eda la pena, pero al final no fue as\u00ed, porque voy de regreso\u201d, dijo, antes de que la l\u00ednea se cortara.<\/p>\n<p>Su hijo Rolando permanece en Curazao con su esposa, pero la captura de su madre arroja una sombra pesada en la peque\u00f1a casa que comparten con otra familia venezolana. La pareja estaba tratando de reunir el dinero para el billete de avi\u00f3n de Pi\u00f1ero, que los deportados est\u00e1n obligados a pagar. Lo enviar\u00edan a trav\u00e9s de un tercero para evitar ser descubiertos.<\/p>\n<p>Una noche del mes pasado, Rolando estaba solo y se preguntaba si la promesa de vivir mejor en Curazao hab\u00eda valido la pena por todo el da\u00f1o que le caus\u00f3 a su familia.<\/p>\n<p>\u201cSolo Dios conoce el sacrificio que se hace\u201d, dijo. \u201cPero bien. As\u00ed es la vida\u201d.<\/p>\n<p>Su hija, Roymar, estaba enojada.<\/p>\n<p>\u201cEs muy triste porque esperamos llegar de una sola vez\u201d, dijo. \u201cY, de repente, despu\u00e9s de un viaje tan largo, te atrapan. Y devuelven a Venezuela\u201d.<\/p>\n<p>\u201cImag\u00ednate la desesperaci\u00f3n en la que est\u00e1 mi madre\u201d, agreg\u00f3. \u201cNo tiene dinero. Ahora tendr\u00e1 que vender su casa. \u00a1Qu\u00e9 locura!\u201d.<\/p>\n<p>Ana Vanessa Herrero colabor\u00f3 con este reportaje desde Willemstad, Meridith Kohut desde La Vela, Venezuela, y Simon Romero desde R\u00edo de Janeiro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NICHOLAS CASEY <\/strong><\/p>\n<p>The New York Times<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>WILLEMSTAD, Curazao \u2014 Los contornos oscuros de la tierra acababan de iluminarse cuando el contrabandista los oblig\u00f3 a lanzarse al mar. Roymar Bello grit\u00f3. Ella form\u00f3 parte de los 17 pasajeros que en julio se subieron a un barco de pesca sobrecargado y de motores viejos, esperando escapar del desastre econ\u00f3mico de Venezuela para iniciar &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":31389,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1326,45,4],"tags":[1164,682],"class_list":["post-31388","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-crisis-en-venezuela-2","category-destacado","category-barra","tag-crisis-en-venezuela","tag-nicolas-maduro"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31388","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=31388"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31388\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":31390,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31388\/revisions\/31390"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/31389"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=31388"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=31388"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=31388"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}