{"id":31147,"date":"2017-11-08T19:56:04","date_gmt":"2017-11-09T00:56:04","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=31147"},"modified":"2017-11-08T20:42:55","modified_gmt":"2017-11-09T01:42:55","slug":"sur-de-colombia-una-frontera-asediada-por-distintas-violencias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=31147","title":{"rendered":"SUR DE COLOMBIA. Una frontera asediada por distintas violencias"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 30px;\"><span style=\"color: #ff6600;\"><strong>TUMACO, Colombia<\/strong> \u2013 Faiber Sabogal, un campesino de 29 a\u00f1os, se recuperaba de dos heridas sentado en el porche de su casa, en la vereda El Tandil, ubicada en una zona selv\u00e1tica muy cerca de la frontera con Ecuador. Seis d\u00edas antes, el 5 de octubre, una bala de fusil entr\u00f3 por la espalda de Faiber y sali\u00f3 por su abdomen, disparada a unos cincuenta metros de distancia.<\/span><\/p>\n<p>\u201cYo iba corriendo lejos de los polic\u00edas, pero el tiro me alcanz\u00f3 y ca\u00ed al suelo\u201d, dijo mientras recordaba la protesta de cocaleros en la que result\u00f3 herido, y en la que al menos seis de sus vecinos murieron.<\/p>\n<p>El Tandil es una vereda silenciosa perdida entre la selva, con casas hechas de tablas y lat\u00f3n, repartidas entre lomas surcadas por verdes sembrad\u00edos de coca. Los campesinos sobreviven casi aislados en una zona rural que pertenece al municipio de Tumaco, un puerto pesquero junto al Pac\u00edfico, en el departamento de Nari\u00f1o, uno de los m\u00e1s pobres de Colombia.<\/p>\n<p>Durante los \u00faltimos a\u00f1os, esta zona f\u00e9rtil que podr\u00eda generar cultivos variados ha recibido a miles de campesinos desplazados que hu\u00edan de los combates entre el ej\u00e9rcito y las Farc. Muchos de ellos, como Faiber, llegaron desde el vecino departamento de Caquet\u00e1, tambi\u00e9n rural, con las manos vac\u00edas y decididos a cosechar la \u00fanica hoja factible.<\/p>\n<p>Hoy la coca, m\u00e1s rentable que cualquier otro cultivo, sigue creciendo en Colombia, y Tumaco es el municipio que hace el mayor aporte a esa industria: 23.148 hect\u00e1reas, de las 188.000 hect\u00e1reas de coca a escala nacional que acaba de contar la Administraci\u00f3n para el Control de las Drogas de los Estados Unidos (DEA, por su sigla en ingl\u00e9s).<\/p>\n<p>Para detener este auge, el gobierno de Juan Manuel Santos implement\u00f3 en mayo el Programa Nacional Integral de Sustituci\u00f3n de Cultivos de Uso Il\u00edcito, despu\u00e9s de llegar a un acuerdo de paz con las Farc \u2014que sol\u00edan dominar la explotaci\u00f3n cocalera\u2014 para erradicar y sustituir cien mil hect\u00e1reas del arbusto durante el primer a\u00f1o de aplicaci\u00f3n del programa.<\/p>\n<p>Este programa, seg\u00fan un informe de la Fundaci\u00f3n Ideas para la Paz, ha firmado acuerdos individuales y colectivos que beneficiar\u00edan a m\u00e1s de 140.000 familias en distintas regiones del pa\u00eds, con apoyo t\u00e9cnico y financiero que permitir\u00eda a los campesinos cambiar de rubro.<\/p>\n<p>Pero esa promesa no se ha cumplido. La FIP, un centro de pensamiento independiente, fundado en 1999 por un grupo de empresarios colombianos, dice en su m\u00e1s reciente informe que \u201cel programa ha causado grandes expectativas en las comunidades locales, pero estas expectativas no se corresponden con los recursos y la capacidad del Estado\u201d.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el informe, \u201clas brechas entre la entrega de subsidios, la asistencia t\u00e9cnica y la inversi\u00f3n en bienes y servicios p\u00fablicos han generado descontento en la poblaci\u00f3n, y podr\u00eda exacerbar el conflicto social. El tel\u00f3n de fondo de esta din\u00e1mica es una larga historia de abandono y fracaso al momento de cumplir con los compromisos, lo que ha generado altos niveles de desconfianza hacia el Estado\u201d.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>Picos, palas y balas<\/strong><\/p>\n<p>Durante los \u00faltimos cinco meses, el ej\u00e9rcito y la polic\u00eda antinarc\u00f3ticos han llegado a las veredas de Tumaco para arrancar miles de arbustos a punta de picos y palas. Los hombres armados irrumpen en los caser\u00edos y arrasan cosechas enteras en solo minutos. Detr\u00e1s de ellos los campesinos, resignados, alcanzan a rescatar menos de la mitad de la hoja, que se seca en unas horas de forma inevitable.<\/p>\n<p>Anc\u00edzar Artunduaga, otro campesino de 33 a\u00f1os, nacido tambi\u00e9n en Caquet\u00e1, lleg\u00f3 en 2005 a Tumaco para apostarle a la coca. La cultiv\u00f3 durante m\u00e1s de diez a\u00f1os en la vereda Puerto Rico, ubicada en la parte baja del r\u00edo Mira, a un par de horas de camino de El Tandil, donde ocurri\u00f3 la masacre el 5 de octubre. En alg\u00fan momento Anc\u00edzar se cans\u00f3 del trabajo en el campo e invirti\u00f3 dinero en una tienda donde ahora provee qu\u00edmicos y fertilizantes a los vecinos que siguen cultivando la hoja.<\/p>\n<p>La vereda de Puerto Rico est\u00e1 a pocos minutos de Ecuador. La mayor\u00eda de las casas son construcciones recientes, siempre hechas de madera y lat\u00f3n. All\u00ed hay tiendas de abarrotes y un colegio, pero a la comunidad le ha costado mantener a los maestros, que dejan de asistir por miedo a la violencia o por lo costoso y dif\u00edcil que resulta el viaje desde la zona urbana. Mientras tanto, los ni\u00f1os crecen y andan por ah\u00ed ociosos o muy ocupados raspando los arbustos de coca hasta esquilmarlos por completo.<\/p>\n<p>En todo Tumaco, donde el desempleo y la desigualdad campean, los hombres j\u00f3venes suelen dedicarse a solo dos oficios: o cultivan la hoja de coca o viajan como mulas para exportar la coca\u00edna hacia M\u00e9xico y Estados Unidos. En un solo viaje, pueden recibir hasta 100.000 d\u00f3lares por el encargo.<\/p>\n<p>Colombia puede mostrar hoy la tasa de homicidios m\u00e1s baja de los \u00faltimos veinte a\u00f1os, con un promedio nacional de 23,6 por cada cien mil habitantes. Pero Tumaco a\u00fan supera el 70.<\/p>\n<p>El informe Forensis 2016, elaborado por el Instituto de Medicina Legal, analiz\u00f3 las cifras de homicidios registradas entre 2014 y 2016 en los veinticinco municipios que alojan las zonas veredales donde la antigua guerrilla de las Farc hace su tr\u00e1nsito a la vida civil.<\/p>\n<p>Son lugares tradicionalmente violentos que durante a\u00f1os han vivido acosados por la guerra, atrapados entre los bandos en pugna. Entre esos veinticinco municipios, los homicidios ligados al conflicto armado han disminuido despu\u00e9s del Acuerdo de Paz. Pero las muertes violentas asociadas a otros fen\u00f3menos, como enfrentamientos entre bandas y ajustes de cuentas, se han disparado.<\/p>\n<p>Tumaco, as\u00ed como Tib\u00fa \u2014ubicado en el departamento Norte de Santander, cerca de la frontera con Venezuela\u2014 y San Vicente del Cagu\u00e1n, en Caquet\u00e1, al sur del pa\u00eds, suman el 66 por ciento de los homicidios no ligados al conflicto armado en Colombia. Es decir, muertos que no fueron producidos directamente por la guerra, pero s\u00ed como secuelas de ella.<\/p>\n<p>En toda la zona rural de Nari\u00f1o, la guerra de hoy es hija de la paz. La salida de las Farc ha desatado una batalla por el control del territorio y el provecho financiero del narcotr\u00e1fico. Por muchos a\u00f1os la guerrilla control\u00f3 ese negocio. Cuando se fue, estall\u00f3 la crisis: durante cinco meses, la econom\u00eda informal alrededor de la coca pr\u00e1cticamente se suspendi\u00f3 porque faltaba un ej\u00e9rcito que pusiera orden y gobernara la zona.<\/p>\n<p>Las finanzas se descalabraron, el efectivo desapareci\u00f3 y centenares de familias vivieron del trueque: pasta base a cambio de comida en las tiendas ubicadas entre los caser\u00edos. Hasta que un nuevo grupo, llamado Guerrillas Unidas del Pac\u00edfico, tom\u00f3 el control del territorio y asumi\u00f3 las funciones del grupo desmovilizado.<\/p>\n<p>Las GUP est\u00e1n integradas por antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de Paz. En las primeras horas despu\u00e9s de la masacre de El Tandil, sus hombres fueron acusados de las muertes por el Ministerio de Defensa, pero r\u00e1pidamente uno de los comandantes guerrilleros lo desminti\u00f3 en un video. En pocas horas, un informe de la Defensor\u00eda del Pueblo atribuy\u00f3 la posible autor\u00eda de los disparos a la polic\u00eda antinarc\u00f3ticos, que estaba en el lugar reprimiendo una protesta de cocaleros, entre los cuales estaba Faiber.<\/p>\n<p>Ese mismo d\u00eda, en Puerto Rico, otro contingente de la polic\u00eda se enfrent\u00f3 con los campesinos que intentaban proteger sus cultivos. Anc\u00edzar estaba junto a sus vecinos en otro cord\u00f3n humano, cara a cara contra los hombres armados en la trocha de tierra y piedras que comunica al caser\u00edo con otras poblaciones y con el r\u00edo Mira.<\/p>\n<p>\u201cAc\u00e1 tambi\u00e9n dispararon, pero al aire. Hubo tres heridos; algunos corrieron y otros nos quedamos. Ya por aqu\u00ed, despu\u00e9s de ver tanta guerra, la gente est\u00e1 acostumbrada a los disparos\u201d, dijo Anc\u00edzar.<\/p>\n<p>Aquella ma\u00f1ana casi todo el pueblo se hab\u00eda vuelto a reunir para protestar, siempre tratando de salvar los cultivos. Pero la polic\u00eda logr\u00f3 detenerlos e impedir que avanzaran, mientras el ej\u00e9rcito, ubicado a escasos 300 metros, arrancaba arbustos hasta dejar pelada una hect\u00e1rea de terreno cultivada de coca.<\/p>\n<p>Anc\u00edzar dijo esa ma\u00f1ana que \u00e9l y sus compa\u00f1eros resisten b\u00e1sicamente porque no tienen alternativa. Las autoridades dicen que los cocaleros act\u00faan obligados por las GUP, pero Anc\u00edzar rebate esa versi\u00f3n con un argumento sencillo: \u201cCuando usted depende de la coca para comer y criar a sus hijos, no necesita que nadie lo obligue a defender los cultivos. Lo que estamos defendiendo es la comida de nosotros\u201d.<\/p>\n<p>Las GUP se mantienen en el territorio encargadas de la seguridad, pero en constantes pugnas con otros grupos: el Clan del Golfo, una banda criminal integrada por m\u00e1s de tres mil hombres; y el Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n Nacional, una guerrilla tan antigua como las Farc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Presi\u00f3n y amenazas<\/strong><\/p>\n<p>Del lado civil, los cultivos de Tumaco crecen en tierras de propiedad colectiva, controladas casi totalmente por dos gremios: el Consejo Comunitario del Alto Mira y Frontera, integrado por familias de origen afro, habitantes antiguos de esta zona, y la Asociaci\u00f3n de Juntas de Acci\u00f3n comunal de los r\u00edos Nulpe y Mataje, Asominuma. Muchos afrocolombianos vendieron parcelas a colonos que llegaron desde otras regiones desplazados por las fumigaciones a\u00e9reas que el gobierno realiz\u00f3 en su eterna lucha contra el narcotr\u00e1fico.<\/p>\n<p>\u201cCada persona aqu\u00ed que tiene su hect\u00e1rea, fue porque se la compr\u00f3 al due\u00f1o original. Yo pagu\u00e9 por la tierra que tengo. Y como yo, muchas personas\u201d, dijo Anc\u00edzar. Pero el problema de la tierra persiste aqu\u00ed, pues la propiedad en muchos casos no est\u00e1 del todo clara. L\u00edderes y distintas asociaciones han insistido en que el Estado debe resolver primero el conflicto de la tierra, antes de poder echar a andar un programa de sustituci\u00f3n de cultivos de forma efectiva.<\/p>\n<p>El consejo comunitario y Asominuma suscribieron con el gobierno el acuerdo para dejar la coca y empezar a sembrar pl\u00e1tano, cacao, ca\u00f1a, pimienta y otros. Ambos quieren desprenderse de la coca, porque, seg\u00fan dicen, trae demasiada violencia y escaso dinero para sostener a sus familias. Pero los civiles temen que los due\u00f1os del negocio, los narcotraficantes, acaben con ellos por propiciar el fin de su lucro. Las amenazas son ciertas y muchas se han concretado.<\/p>\n<p>Desde la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Colombia y las Farc, decenas de l\u00edderes sociales y comunitarios han sido asesinados en una campa\u00f1a que empieza a recordar el exterminio perpetrado en los a\u00f1os ochenta y noventa contra el partido de izquierda Uni\u00f3n Patri\u00f3tica. En aquella \u00e9poca, miles de asesinatos y persecuciones fueron perpetrados por paramilitares y cuerpos de seguridad del Estado.<\/p>\n<p>Hoy en Tumaco ese fen\u00f3meno est\u00e1 vivo. Y los temores de los l\u00edderes locales se han materializado en d\u00edas recientes, con m\u00faltiples amenazas y el homicidio de Jos\u00e9 Jair Cort\u00e9s, miembro del consejo comunitario. Cort\u00e9s, junto a otros l\u00edderes afro, particip\u00f3 en una reuni\u00f3n con el vicepresidente \u00d3scar Naranjo, d\u00edas despu\u00e9s de la masacre de El Tandil y le manifest\u00f3 el temor que \u00e9l y sus compa\u00f1eros ten\u00edan ante la violencia creciente que vive la zona. A las pocas horas, el 17 de octubre Cort\u00e9s fue asesinado en su casa.<\/p>\n<p>Todo este fen\u00f3meno ha puesto el ojo sobre la pol\u00edtica antidrogas de la administraci\u00f3n de Santos. La erradicaci\u00f3n forzada propicia los excesos policiales y sus desenlaces violentos.<\/p>\n<p>Hace poco el ministro de la Defensa, Luis Carlos Villegas, anunci\u00f3 que para este mes se alcanzar\u00eda la meta de 40.000 hect\u00e1reas erradicadas de manera forzosa, pero a esa cifra habr\u00eda que restar al menos un diez por ciento de resiembra por parte de los campesinos.<\/p>\n<p>La sustituci\u00f3n ofrecida a las familias que viven de la coca luce lejana e improbable. Los desplazados que llegaron a Tumaco desde distintos rincones de Colombia en busca de la bonanza al final solo encontraron la misma miseria de siempre. La Fundaci\u00f3n Paz y Reconciliaci\u00f3n dice que el caso de Tumaco puede repetirse pronto en al menos diez municipios del pa\u00eds.<\/p>\n<p>La masacre, que sigue bajo investigaci\u00f3n, encendi\u00f3 alarmas y gener\u00f3 ruido entre la opini\u00f3n p\u00fablica en Bogot\u00e1. Pero poco a poco la indignaci\u00f3n por las muertes empieza a apagarse, como ha ocurrido en ocasiones anteriores con incontables masacres similares. La sociedad colombiana parece haber hecho un callo, a fuerza de ver repetidas tantas muertes innecesarias. Es solo cuesti\u00f3n de tiempo antes de que otro caso vuelva a despertar la intermitente indignaci\u00f3n colectiva.<\/p>\n<p>Aquella tarde, en el porche de su casa, despu\u00e9s de sobrevivir a la masacre de El Tandil, Faiber Sabogal recordaba la ma\u00f1ana en que se libr\u00f3 de la muerte por muy poco. Como no hab\u00eda ning\u00fan hospital cerca, su padre y varios campesinos amigos lo trasladaron herido hasta el pueblo de San Lorenzo, del lado ecuatoriano. All\u00e1 lleg\u00f3 junto con otros heridos y le salvaron la vida.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s de su brazo izquierdo, Faiber luc\u00eda otra cicatriz antigua. \u201cEsto fue hace a\u00f1os, en Caquet\u00e1, en un combate del ej\u00e9rcito con las Farc. Pero esa vez s\u00ed me dieron sin culpa\u201d, dijo, y sigui\u00f3 caminando despacio hacia la entrada de su casa. All\u00ed, con un gesto de la mano, pidi\u00f3 a que le trajeran la historia cl\u00ednica, elaborada durante su estad\u00eda en el hospital. \u201cTengo todos los papeles y estoy hablando con un abogado para meterle una demanda al Estado\u201d, dijo.<\/p>\n<p>La peque\u00f1a historia de este campesino sirve para dibujar el mapa cruento de Colombia, un pa\u00eds que intenta construir la paz, atrapado todav\u00eda en los resabios de una guerra omnipresente. En Caquet\u00e1 y Nari\u00f1o, con cinco a\u00f1os de diferencia, Faiber sobrevivi\u00f3 a dos disparos de fusil; algo extremo e improbable, pero nada sorprendente en este pa\u00eds.<\/p>\n<p><strong>SINAR ALVARADO<\/strong><\/p>\n<p><strong>The New York Times<\/strong><\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TUMACO, Colombia \u2013 Faiber Sabogal, un campesino de 29 a\u00f1os, se recuperaba de dos heridas sentado en el porche de su casa, en la vereda El Tandil, ubicada en una zona selv\u00e1tica muy cerca de la frontera con Ecuador. Seis d\u00edas antes, el 5 de octubre, una bala de fusil entr\u00f3 por la espalda de &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":31148,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[45,4],"tags":[3146,3885,1566],"class_list":["post-31147","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-destacado","category-barra","tag-nytimes","tag-sur-de-colombia","tag-violencia-en-tibu"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31147","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=31147"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31147\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":31149,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31147\/revisions\/31149"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/31148"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=31147"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=31147"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=31147"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}