{"id":30758,"date":"2017-09-25T22:50:14","date_gmt":"2017-09-26T03:50:14","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=30758"},"modified":"2017-09-25T22:50:14","modified_gmt":"2017-09-26T03:50:14","slug":"cronica-un-camino-lleno-de-esperanzas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=30758","title":{"rendered":"CR\u00d3NICA. Un camino lleno de esperanzas"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 30px;\"><strong>C\u00daCUTA.-<\/strong> Todos buscan nuevas oportunidades. Unos emigran hacia el sur; otros, al norte, y as\u00ed van poco a poco caminando y trazando linderos que no saben a donde llegan. C\u00facuta ha acogido a muchos turistas, hombres y mujeres, que se mentalizan con salir adelante a pesar de las circunstancias, pero esta familia tiene muchos complementos en el rostro que demuestran temor.<\/p>\n<p>Para ellos el estar en la perla del norte, pidiendo monedas para el sustento no es f\u00e1cil, puesto que hacen parte de una poblaci\u00f3n ind\u00edgena. Esa misma a la que muchos miran con desprecio por ser individuos desconocidos y m\u00e1s cuando la cultura se hace sentir y los rasgos f\u00edsicos son diferentes.&nbsp; Aqu\u00ed empieza una nueva etapa para muchos de ellos.<\/p>\n<p>En las calles de la capital de Norte de Santander caminan, diariamente, de acera en acera y logran reunir el incentivo para los hijos. Son oriundos de San Antonio del T\u00e1chira (Venezuela). La etnia ind\u00edgena reside en la ciudad hace tres a\u00f1os y desde entonces no ha parado de hacer lo que hace. No obstante, los miembros no entienden muy bien el espa\u00f1ol y hablan en su lengua natal zarappa.<\/p>\n<p>Un vaso o un bote es lo que tienen como objeto para pedir monedas. Nadia del Carmen tiene poca &nbsp;comunicaci\u00f3n con los cucute\u00f1os. El cuello lo adorna con un collar artesano, s\u00edmbolo de su cultura y su identidad, de diferentes colores y amuletos de varias formas. Para ella no es un secreto que no pertenece aqu\u00ed, sabe que hay gente de buen coraz\u00f3n que le tiende la mano.<\/p>\n<p>Ni\u00f1os en brazos, diferente vestimenta, esa mirada de ternura y a la vez de incertidumbre es lo que se apodera de esta poblaci\u00f3n ind\u00edgena. Llevan dos beb\u00e9s de &nbsp;cinco meses y una ni\u00f1a de seis a\u00f1os. No dice una palabra, simplemente sonr\u00ede al ver que tanta gente le pregunta de d\u00f3nde viene. No tiene respuestas, solo sonr\u00ede.<\/p>\n<p>Aguardan horas y horas con la esperanza que alguien pase y les d\u00e9 alg\u00fan alimento, gaseosa con pan, pollo o alguna fruta. Se sienten satisfechos, porque a pesar de la espera al final del d\u00eda est\u00e1n con \u2018la barriga llena y el coraz\u00f3n contento\u2019. Nunca se quedan en un lugar, se movilizan por &nbsp;la ciudad. Inclusive, la otra parte de la familia ha llegado hasta la Ciudadela Juan Atalaya. All\u00ed, las puertas no han sido cerradas, al contrario la gente amable le ha brindado techo y alimentos.<\/p>\n<p>Sin apuros, esperan mejorar, con el fin de encontrar realmente un espacio que los acoja de buena manera, sin cr\u00edticas, sin ser excluidos por ser diferentes y volver a la vida que ten\u00edan en el pa\u00eds natal, Ecuador. Mientras tanto, siguen con las esperanzas elevadas, aunque las situaciones se tornen abrumadoras y sin salidas. La \u00fanica compa\u00f1\u00eda despu\u00e9s de la familia es el silencio, ese que les demuestra m\u00e1s seguridad que los mismos habitantes de C\u00facuta.<\/p>\n<p><strong>YULIANA MART\u00cdNEZ<\/strong> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00daCUTA.- Todos buscan nuevas oportunidades. Unos emigran hacia el sur; otros, al norte, y as\u00ed van poco a poco caminando y trazando linderos que no saben a donde llegan. 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