{"id":29496,"date":"2017-03-11T18:14:04","date_gmt":"2017-03-11T23:14:04","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=29496"},"modified":"2017-03-11T18:14:04","modified_gmt":"2017-03-11T23:14:04","slug":"viajes-travesia-por-las-montanas-de-colombia-en-busca-de-un-cafe-casi-perfecto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=29496","title":{"rendered":"VIAJES. Traves\u00eda por las monta\u00f1as de Colombia en busca de un caf\u00e9 casi perfecto"},"content":{"rendered":"<p><em>En la parte norte de la regi\u00f3n andina, bayas verdes y rojas dan cafe\u00edna a la econom\u00eda y al orgullo locales. Si te detienes, tomas un sorbo y disfrutas el sabor, puedes sentir la seria labor y las vidas dedicadas a esta actividad esencialmente colombiana.<\/em><\/p>\n<p>Hay m\u00e1s de 20 restaurantes y cafeter\u00edas en la plaza \u2014pintada de colores pasteles\u2014 de Jard\u00edn, un pintoresco pueblo colombiano en Antioquia, en la parte norte de los Andes.<\/p>\n<p>Eleg\u00ed uno, me puse c\u00f3modo en una mesa de madera pintada de color azul el\u00e9ctrico y ped\u00ed un caf\u00e9 negro por 800 pesos, cerca de 25 centavos de d\u00f3lar. Era lunes en la ma\u00f1ana y los paisas estaban socializando. Algunos parec\u00edan ser amigos y familiares que charlaban y re\u00edan bajo la sombra de una iglesia. Algunos me dijeron que eran tenderos que disfrutaban de un d\u00eda libre despu\u00e9s de pasar un fin de semana largo atendiendo turistas. En la mesa del lado, un campesino se relajaba con su sombrero sobre el rostro y su silla recargada contra la pared.<\/p>\n<p>Si hubiera estado aqu\u00ed durante la temporada de cosecha, habr\u00eda visto a propietarios de fincas afuera de la sucursal de Bancolombia con bolsas de efectivo, rodeados por polic\u00edas que brindan seguridad a los trabajadores que llegan a recibir su pago. Los s\u00e1bados por la noche, esta plaza es una cacofon\u00eda estridente de la m\u00fasica de las discotecas y campesinos que pasean por el pueblo montados en caballos de exhibici\u00f3n; a\u00fan entonces hay caf\u00e9s entre las cervezas sobre las charolas que las meseras llevan por las mesas.<\/p>\n<p>El caf\u00e9 es parte de la esencia de Jard\u00edn: la econom\u00eda local que conforma una identidad cultural. Cuando lleg\u00f3 mi tinto, fue f\u00e1cil ver por qu\u00e9: el sabor era fuerte y robusto, flu\u00eda directamente de los granos y no de una capa quemada despu\u00e9s de tostarlos. Le di otro sorbo a mi peque\u00f1a taza y me percat\u00e9 de todas las personas que beb\u00edan caf\u00e9 a m\u00ed alrededor; no hab\u00eda ning\u00fan termo ni vaso de papel. Nadie beb\u00eda su caf\u00e9 para llevar. Todos se sentaban, sorb\u00edan, disfrutaban. Por eso vine: para dar rienda suelta a mi amor por el caf\u00e9. Jard\u00edn es un lugar perfecto, situado en el coraz\u00f3n de un cintur\u00f3n del caf\u00e9 en el suroeste de Antioquia, el productor m\u00e1s grande de los 32 departamentos de Colombia.<\/p>\n<p>En los noventa, un colapso en los precios del caf\u00e9 fue un golpe fuerte a la econom\u00eda de Colombia. La mitad de su mercado de caf\u00e9 se desvaneci\u00f3 y miles de familias en regiones cafetaleras cayeron en la pobreza. Como estrategia para el futuro, el gobierno colombiano comenz\u00f3 a fomentar y apoyar a fincas para cultivar granos de caf\u00e9 de mayor calidad que calificaran para mercados especializados donde los precios son m\u00e1s altos y estables.<\/p>\n<p>Jard\u00edn adopt\u00f3 la tendencia. La mayor\u00eda de los granos que se venden en el almac\u00e9n cooperativo del pueblo van directamente a Nespresso, la marca de lujo que vende cafeteras con comerciales televisivos en los que aparece George Clooney. Aqu\u00ed, las colinas est\u00e1n llenas de fincas familiares que compiten entre s\u00ed para cultivar el mejor caf\u00e9. Con la ayuda de un gu\u00eda contratado \u2014Jos\u00e9 Casta\u00f1o Hern\u00e1ndez, hijo de campesinos cafeteros\u2014 estaba listo para ver de d\u00f3nde ven\u00eda la rica infusi\u00f3n de mi taza y explorar el territorio del caf\u00e9 en el norte de los Andes.<\/p>\n<p>En la plaza, Hern\u00e1ndez, de 41 a\u00f1os, me recogi\u00f3 en su auto y condujo a trav\u00e9s de un puesto militar de control justo afuera del pueblo. Despu\u00e9s de que los soldados nos se\u00f1alizaron que pod\u00edamos pasar, mencion\u00f3 que tomar\u00edamos la ruta pintoresca para visitar una finca cafetalera a una altitud de 1800 metros sobre el nivel del mar. Con pintoresco quiso decir que era una ruta ecuestre. En la ladera de la monta\u00f1a, se estacion\u00f3 al borde de la carretera y nos reunimos con otro gu\u00eda que ten\u00eda caballos ensillados. El trayecto a trav\u00e9s de un camino lleno de piedras fue una serie de momentos impresionantes: vistas gloriosas del norte de Los Andes, rayos matutinos del sol que atraviesan nubes que parecen algod\u00f3n; a veces pasaba alg\u00fan tuc\u00e1n con su gracioso pico.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de algunas horas nos detuvimos y amarramos los caballos; Hern\u00e1ndez abri\u00f3 la entrada de una cerca alambrada. Era la puerta trasera de la Cueva del Esplendor. La entrada al p\u00fablico de esta atracci\u00f3n tur\u00edstica es un estacionamiento al otro lado del barranco, donde las personas dejan sus autos y caminan hasta la cueva. Desde este lado, descendimos a rappel gracias a unos cables de alambre. En la parte de abajo, entramos a una peque\u00f1a cueva con una cascada ba\u00f1ada por el sol que sal\u00eda del techo de roca\u2026 otro momento incre\u00edble.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de otra hora a caballo, era hora de almorzar en la finca, una simple granja cerca de la cima de la monta\u00f1a con paredes de estuco blanco y pintura azul. Ese mismo azul vistoso acentu\u00f3 el pedestal de un altar al ni\u00f1o Jes\u00fas, y tambi\u00e9n una cruz que estaba en la bajada frente a una vista magn\u00edfica: m\u00e1s de una decena de cimas andinas extendi\u00e9ndose hasta donde llegaba la vista, con frondosos cafetos que cubr\u00edan cada ladera.<\/p>\n<p>Almorzamos en una mesa que estaba en la entrada techada. El men\u00fa inclu\u00eda huevos fritos con la yema cruda; dos tipos de pl\u00e1tanos fritos: unos maduros y dulces, y los otros verdes y en patac\u00f3n; frijoles rojos, y chicharr\u00f3n. Puse los frijoles en un taz\u00f3n y encima un huevo y varias cucharadas de una salsa picante. A la vuelta de la esquina, los campesinos y sus familias se sentaban en otra mesa, una mezcla de hombres, mujeres y ni\u00f1os que com\u00edan frijoles, huevos y chicharr\u00f3n. Hern\u00e1ndez hab\u00eda pedido un almuerzo t\u00edpico de la finca, y eso le dieron.<\/p>\n<p>\u201cLos colombianos almuerzan bien; es su comida principal\u201d, explic\u00f3 cuando me pregunt\u00f3 qu\u00e9 me pareci\u00f3 la comida. \u201cTrabajar la finca requiere estar bien alimentado\u201d.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que recogieron los platos vac\u00edos, una mujer me sirvi\u00f3 una taza del caf\u00e9 de la casa, el tinto. Sonre\u00ed y suspir\u00e9 con el sabor puro: tan terroso y abundante en mi paladar, pero a la vez limpio, sin dejar sabor de boca alguno. Despu\u00e9s, el encargado de la finca, Juan Cris\u00f3stomo Osorio Mar\u00edn, me pidi\u00f3 que siguiera un camino terroso que lleva a las plantas de caf\u00e9. Mar\u00edn dirige las operaciones de campo de la finca mientras que su padre es el propietario. Llegamos a un lugar donde montones de bayas de caf\u00e9 de color rojo y verde brillante colgaban de cada rama. Son plantas prodigiosas; cada una tiene el equivalente a 450 gramos de caf\u00e9 molido y terminado. Las bayas rojas de caf\u00e9, que parecen ar\u00e1ndanos, estaban maduras y listas para recogerse. Compet\u00ed con Mar\u00edn para ver qui\u00e9n recog\u00eda bayas m\u00e1s r\u00e1pido. Tras 30 segundos yo ten\u00eda 50 bayas en la canasta y Mar\u00edn ten\u00eda m\u00e1s de 200. Me mostr\u00f3 que el truco es mover una mano por debajo de la rama mientras despegas las bayas con el pulgar. Con un solo movimiento pod\u00eda sacar 10 bayas o m\u00e1s.<\/p>\n<p>Durante la temporada de cosecha, Mar\u00edn, de 40 a\u00f1os, re\u00fane varias canastas de bayas de caf\u00e9 para obtener m\u00e1s de 260 kilogramos diarios; lo hace en una ladera tan empinada que me pareci\u00f3 dif\u00edcil permanecer erguido. Otros familiares hacen lo mismo. El a\u00f1o pasado, el padre de Mar\u00edn, de 62 a\u00f1os, recogi\u00f3 m\u00e1s de 180 kilos en un d\u00eda justo despu\u00e9s de recuperarse de una fractura que sufri\u00f3 en la pierna mientras jugaba f\u00fatbol.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, la producci\u00f3n aqu\u00ed palidece cuando se le compara con la de plantaciones cafetaleras corporativas. La familia Mar\u00edn enfatiza la calidad por encima de la cantidad. Nespresso califica estos granos como Triple A, su clasificaci\u00f3n m\u00e1s alta de calidad y sostenibilidad.<\/p>\n<p>Mar\u00edn dijo que tres factores favorec\u00edan su caf\u00e9: la altura, que tiene la elevaci\u00f3n suficiente para mantener lejos las pestes del caf\u00e9; la humedad, que se origina con las nubes que pasan y brindan una fuente constante de humedad, y la tierra roja.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 la tierra es tan roja?\u201d, pregunt\u00e9. Hern\u00e1ndez me cont\u00f3 acerca de Nevado del Ruiz, un volc\u00e1n que est\u00e1 en el norte de los Andes y arroj\u00f3 ceniza a trav\u00e9s de las cimas de las monta\u00f1as.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfEso es algo bueno?\u201d, le pregunt\u00e9 a Mar\u00edn a trav\u00e9s de Hern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>\u201cS\u00ed, claro, claro\u201d, dijo Mar\u00edn, asintiendo con la cabeza. La ceniza hace que la tierra sea rica y f\u00e9rtil. \u201cComo una bendici\u00f3n; la tierra es mejor aqu\u00ed arriba\u201d.<\/p>\n<p>De regreso en la finca, me mostraron la despulpadora que separa los granos de la fruta (como quitarle huesos a unas cerezas) y la parrilla de secado donde ponen los granos antes de que los lleven a la cooperativa. Por 15.000 pesos (cerca de cinco d\u00f3lares), compr\u00e9 una bolsa de su caf\u00e9 Triple A y le di las gracias a Mar\u00edn por su hospitalidad.<\/p>\n<p>Durante el viaje de regreso a Jard\u00edn, Hern\u00e1ndez me dijo que, en sus siete a\u00f1os como gu\u00eda, yo fui apenas su segundo turista de cafetales. Todos sus clientes van a observar aves, pero a \u00e9l le gustar\u00edan m\u00e1s viajes como este. El abuelo de Hern\u00e1ndez se estableci\u00f3 y comenz\u00f3 la finca de caf\u00e9 cerca de donde creci\u00f3. Cuando ocurri\u00f3 la crisis de los noventa, sus padres se divorciaron y \u00e9l abandon\u00f3 la universidad en Medell\u00edn para regresar a casa y ayudar a su madre a saldar sus deudas. Fue durante este periodo problem\u00e1tico cuando Hern\u00e1ndez encontr\u00f3 su vocaci\u00f3n como gu\u00eda, un trabajo que le permite ayudar a que otros entiendan el significado de la tierra que ama. Su madre a\u00fan est\u00e1 en la finca de la familia, pero el caf\u00e9, como todo cultivo, es un negocio dif\u00edcil, y \u00e9l no est\u00e1 seguro de que pueda continuar. \u201cLas historias de estas colinas me dan esperanza\u201d, me dijo mientras recorr\u00edamos un camino terroso.<\/p>\n<p>Hern\u00e1ndez me dej\u00f3 en el hotel donde me estaba hospedando afuera del pueblo y me dijo que regresar\u00eda en un par de horas. A las 18:00 me recogi\u00f3 para cenar en otra finca, que tambi\u00e9n est\u00e1 en las colinas, rodeada de follaje.<\/p>\n<p>En la finca, una familia sali\u00f3 a la puerta \u2014padre y madre con un hijo peque\u00f1o y una beb\u00e9\u2014 para saludarme con calidez; yo era el primer estadounidense que visitaba su casa (los suizos de Nespresso ya hab\u00edan estado ah\u00ed). El propietario de la finca, Francisco Javier \u00c1ngel, sonri\u00f3 y nos dijo que pas\u00e1ramos a la mesa del comedor en la terraza al aire libre. Un solo bombillo en el techo atra\u00eda a las polillas y otros insectos del bosque, y a veces chocaban con mi cabeza mientras giraban en torno a la luz. Pero no hab\u00eda mosquitos, otra ventaja de la altura de la finca.<\/p>\n<p>\u00c1ngel, de 37 a\u00f1os, parec\u00eda joven para ser due\u00f1o de una finca, pero es emprendedor. Hab\u00eda trabajado en esta finca cuando el propietario era un sacerdote local, quien se mostr\u00f3 impresionado por su \u00e9tica de trabajo y le vendi\u00f3 la tierra. Su esposa, M\u00f3nica, fue a la cocina y regres\u00f3 con vasos de limonada reci\u00e9n hecha con panela, una forma de az\u00facar mascabada. \u00c1ngel explic\u00f3 que la panela tambi\u00e9n puede usarse para preparar el caf\u00e9 chaqueta, que se sirve cuando hace fr\u00edo o para darles a los recolectores de caf\u00e9 una inyecci\u00f3n de energ\u00eda para los campos.<\/p>\n<p>La cena familiar fue de frijoles, pl\u00e1tanos y chicharr\u00f3n, esta vez acompa\u00f1ados de tiras de res, rebanadas de aguacate reci\u00e9n cosechado y arepas. Fue familiar pero gratificante, y mejor que cualquiera de las comidas que me dieron en los restaurantes del pueblo. Mientras cen\u00e1bamos, \u00c1ngel explic\u00f3 que su finca est\u00e1 certificada por Rainforest Alliance y sus granos est\u00e1n clasificados como de especialidad. La cooperativa en Jard\u00edn tiene un laboratorio entero dedicado a envasar y clasificar granos en cuanto se entregan.<\/p>\n<p>Mientras la esposa de \u00c1ngel recog\u00eda los platos, pregunt\u00e9 si pod\u00eda seguirla a la cocina para ver c\u00f3mo preparaba el caf\u00e9. Me sonri\u00f3: \u201cS\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Preparar caf\u00e9 es un proceso r\u00fastico y un ritual. Primero, calent\u00f3 un litro de agua en una olla en la estufa de gas hasta que comenzaron a formarse burbujas en el fondo. Despu\u00e9s le puso cinco cucharadas de caf\u00e9 molido a la olla, apag\u00f3 el gas y dej\u00f3 que se asentara durante cinco minutos. \u201cSilencio\u201d, dijo. Mientras tanto, enjuag\u00f3 cuatro tazas en agua caliente para que el cambio dr\u00e1stico de temperatura \u2014si la bebida entrara a una taza fr\u00eda\u2014 no impactara al caf\u00e9. Finalmente, lo sirvi\u00f3 a trav\u00e9s de un peque\u00f1o colador en cada copa. Era una hermosa infusi\u00f3n oscura con un ligero halo de espuma caf\u00e9 en los bordes.<\/p>\n<p>De regreso en la mesa del comedor, sorb\u00ed y me qued\u00e9 sorprendido por una simple taza de caf\u00e9 por tercera vez ese d\u00eda: tanta fuerza, tan rico, pero sin rastro de amargura. Pregunt\u00e9 qu\u00e9 hac\u00eda \u00fanico a este caf\u00e9. \u00c1ngel y Hern\u00e1ndez me lo explicaron.<\/p>\n<p>El linaje cafetalero de \u00c1ngel data de tres generaciones, y \u00e9l tuvo la idea de cultivar la misma variedad de granos que cultiv\u00f3 su abuelo hace 100 a\u00f1os\u2026 una suerte de caf\u00e9 patrimonial. Sin embargo, no pod\u00edan encontrar esas semillas; la cooperativa solo vende variedades modernas de caf\u00e9. As\u00ed que \u00c1ngel fue a cazarla a fincas abandonadas que hab\u00edan sido destruidas por la crisis de los precios del caf\u00e9. En una encontr\u00f3 la vieja variedad de la generaci\u00f3n de su abuelo.<\/p>\n<p>Todos en el pueblo creyeron que \u00c1ngel estaba loco por plantar granos que sac\u00f3 de barbechos, pero su caf\u00e9 patrimonial est\u00e1 ganando adeptos. Lo vende con el nombre Pajarito, porque ve a muchas aves entre los arbustos donde se cultiva este caf\u00e9.<\/p>\n<p>\u201cVeo una oportunidad en el caf\u00e9\u201d, me dijo \u00c1ngel. Esa es una gran declaraci\u00f3n, dado que muchos de sus compa\u00f1eros agricultores de caf\u00e9 en toda Colombia est\u00e1n abandonando fincas y buscando empleos en las grandes ciudades. \u201cEs la tradici\u00f3n de esta familia\u201d, dijo \u00c1ngel. \u201cEs lo que hacemos\u201d.<\/p>\n<p>\u00c1ngel y su esposa se reunieron con sus hijos en la terraza para despedirse mientras Hern\u00e1ndez y yo nos adentr\u00e1bamos a la noche. El aire zumbaba con insectos que cantaban un coro nocturno y ferviente. Un roc\u00edo de luces blancas, como estrellas parpadeantes, brill\u00f3 en el bosque oscuro ante nosotros.<\/p>\n<p>Cuando llegamos con la luz de d\u00eda, el follaje era tan espeso que no pod\u00eda ver m\u00e1s all\u00e1 de los \u00e1rboles. Pero ahora me daba cuenta de que esas estrellas eran las luces de las terrazas de las fincas en la siguiente cadena monta\u00f1osa; cada luz era un hogar como este.<\/p>\n<p>Era un recordatorio de que el caf\u00e9 es un asunto familiar. Si te detienes, tomas un sorbo y disfrutas el sabor, puedes probar la seria labor y las vidas dedicadas al caf\u00e9.<\/p>\n<p><strong>GUSTAVE AXELSON<\/strong><\/p>\n<p><strong>The New York Time<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la parte norte de la regi\u00f3n andina, bayas verdes y rojas dan cafe\u00edna a la econom\u00eda y al orgullo locales. Si te detienes, tomas un sorbo y disfrutas el sabor, puedes sentir la seria labor y las vidas dedicadas a esta actividad esencialmente colombiana. 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