{"id":29425,"date":"2017-02-25T15:35:42","date_gmt":"2017-02-25T20:35:42","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=29425"},"modified":"2017-02-25T15:36:57","modified_gmt":"2017-02-25T20:36:57","slug":"informe-la-desmovilizacion-de-las-farc-cuando-los-enemigos-se-vuelven-vecinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=29425","title":{"rendered":"INFORME. La desmovilizaci\u00f3n de las Farc: cuando los enemigos se vuelven vecinos"},"content":{"rendered":"<p><strong>LA PAZ &#8211; Colombia.\u2014<\/strong> En La Paz los d\u00edas por venir pondr\u00e1n a prueba qu\u00e9 tan bien le queda el nombre. Despu\u00e9s de medio siglo de guerra, los rebeldes de Colombia est\u00e1n dejando las armas, prepar\u00e1ndose para ingresar a la vida civil bajo el acuerdo de paz firmado el a\u00f1o pasado. En este pueblo monta\u00f1oso, nace un nuevo asentamiento de exguerrilleros \u2013hasta ahora son 80 residentes\u2013 uno de los muchos repartidos por todo el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Ya casi nadie viste de uniforme, el cual ha sido remplazado por el tipo de prendas que usan los pobladores que viven cerca y que observan a los exguerrilleros con cierto recelo. Las tiendas de campa\u00f1a con sus postes de madera tambi\u00e9n desaparecer\u00e1n y ser\u00e1n sustituidos por una peque\u00f1a biblioteca, un centro comunitario, una tienda: un poblado en miniatura que constituye un escal\u00f3n para salir de la selva.<\/p>\n<p>\u201cHemos pasado 52 a\u00f1os en hamacas\u201d, narr\u00f3 el comandante de los combatientes, quien todav\u00eda usa su nombre de guerra, Aldemar Altamiranda. \u201cYa era hora de irnos a vivir a casitas\u201d.<\/p>\n<p>A lo largo del pa\u00eds, se calcula que 7000 integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o las Farc, entregar\u00e1n sus armas a los supervisores de las Naciones Unidas este a\u00f1o. Las armas se fundir\u00e1n y con ellas se crear\u00e1n monumentos de guerra. Las Farc tambi\u00e9n esperan transformarse para convertirse en grupo pol\u00edtico que represente a la izquierda, como los que se crearon despu\u00e9s de los conflictos armados en Nicaragua y El Salvador.<\/p>\n<p>El asentamiento en La Paz, llamado Tierra Grata, es la vanguardia del esfuerzo para hacer realidad el tan discutido acuerdo de paz de Colombia. El acuerdo fue revocado por el voto popular a finales del a\u00f1o pasado, pero, posteriormente, el presidente Juan Manuel Santos, quien recibi\u00f3 el Nobel de la Paz por buscar poner fin a d\u00e9cadas de conflicto, forz\u00f3 su aprobaci\u00f3n en el congreso.<\/p>\n<p>Sin embargo, la decisi\u00f3n del presidente de someter el acuerdo a la voluntad popular y aun as\u00ed impulsar el acuerdo de paz es un trago amargo para muchos colombianos, que deja el futuro del pacto en la incertidumbre en caso de que los opositores de Santos asuman el poder cuando deje la presidencia el a\u00f1o que viene.<\/p>\n<p>La Paz es una prueba fehaciente de las divisiones persistentes del pa\u00eds: aunque estuvieron a favor del plebiscito, cuatro de cada diez residentes vot\u00f3 por revocar el acuerdo de paz. Algunos todav\u00eda tienen recuerdos amargos de la guerra y de un enemigo que alguna vez abus\u00f3 de ellos pero que ahora, de repente, se convirti\u00f3 en su vecino.<\/p>\n<p>\u201cMuchos tienen la capacidad de perdonar, pero no podemos olvidar la violencia que todos vivimos en esos tiempos\u201d, dijo Julio Fuentes, de 42 a\u00f1os, m\u00e9dico que dijo haber votado en contra del acuerdo. Fuentes, cuyo hermano fue asesinado a finales de los a\u00f1os noventa, mencion\u00f3 que hab\u00eda hecho la paz con los guerrilleros. Pero para muchos, advirti\u00f3: \u201cYa es cosa de cada quien si decide hacer lo mismo\u201d.<\/p>\n<p>Este asentamiento de combatientes es uno de los m\u00e1s desarrollados, una extensi\u00f3n del tama\u00f1o de un rancho donde las excavadoras han limpiado la maleza. Sobre la tierra roja hay una cancha de f\u00fatbol, un comedor de concreto y un \u00e1rea de recepci\u00f3n donde el gobierno espera que los rebeldes comiencen a encontrarse con familiares abandonados hace a\u00f1os.<\/p>\n<p>Los \u00fanicos que portan armas aqu\u00ed son los miembros de la guerrilla. El per\u00edmetro est\u00e1 resguardado por el ej\u00e9rcito colombiano, que se est\u00e1 adaptando a su nueva funci\u00f3n: proteger a los guerrilleros en lugar de luchar contra ellos.<\/p>\n<p>Un contingente de las Naciones Unidas tambi\u00e9n est\u00e1 apostado aqu\u00ed, encargado de recolectar las armas de los rebeldes antes de irse para siempre.<\/p>\n<p>El asentamiento se ha convertido en lugar de reflexi\u00f3n. Sin guerra, ahora los rebeldes pasan los d\u00edas cavilando sobre la vida que elegir\u00e1n. \u00bfRegresar\u00e1n a las poblaciones de las que se fueron y trabajar\u00e1n la tierra? \u00bfSe afiliar\u00e1n al nuevo partido pol\u00edtico que los l\u00edderes de la guerrilla han prometido crear?<\/p>\n<p>\u201cMuchos miran c\u00f3mo se hace pol\u00edtica aqu\u00ed, con una corbata y un auto bonito y todo el dinero, y dicen: \u2018No podemos hacer eso, no queremos\u2019\u201d, coment\u00f3 Yimmy R\u00edos, de 47 a\u00f1os, agente de inteligencia insurgente en el asentamiento. Dijo que ser\u00e1 un reto para los guerrilleros abrirse paso lentamente en un paisaje pol\u00edtico en el que desconocen c\u00f3mo dirigir una campa\u00f1a.<\/p>\n<p>Los primeros electores a los que tienen que ganarse son a los que desconf\u00edan de la comunidad de La Paz. El pueblo, que se ubica a los pies de la sierra de Perij\u00e1, una cordillera que durante mucho tiempo fue un refugio rebelde, pas\u00f3 a\u00f1os asolado por las Farc y sus enemigos paramilitares. En 1997, el alcalde fue asesinado a tiros en la alcald\u00eda por hombres armados, una de las incontables muertes que los residentes atribuyen a la guerrilla.<\/p>\n<p>La turbulenta historia estaba en la mente de Alcides Daza Quintero, el subalcalde de 27 a\u00f1os, cuando encendi\u00f3 el televisor en agosto pasado y vio al presidente Santos anunciar el acuerdo de paz desde el palacio de gobierno. Tras el anuncio vino una sorpresa: el gobierno dijo que este y las Farc hab\u00edan elegido La Paz como una de las zonas en las que se establecer\u00edan los guerrilleros para el desarme.<\/p>\n<p>\u201cFue como un porrazo\u201d, dijo Quintero, explicando que ninguna de las partes hab\u00eda consultado al pueblo. \u201cRecibir a un grupo que ha estado al margen de la ley como este. Nos dieron duro\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El resto del pueblo estaba sumido en una profunda ambivalencia. Algunos fueron a protestar a la alcald\u00eda. Otros, como Juan Mart\u00ednez, l\u00edder comunitario en el poblado cercano de San Jos\u00e9 del Oriente, argumentaron que la presencia de los guerrilleros ser\u00eda algo bueno, porque el Estado pondr\u00eda atenci\u00f3n en el pueblo, donde solo hay agua dos horas al d\u00eda. \u201cDe este acuerdo han salido promesas\u201d, dijo. \u201cEs, se podr\u00eda decir, el comienzo de la reconciliaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Las Farc siguieron adelante, bajaron de las monta\u00f1as y se ubicaron en un terreno cercano a La Paz en el oto\u00f1o. Sin embargo, se toparon con una fr\u00eda bienvenida: los yukpa, un grupo ind\u00edgena semin\u00f3mada que controlaba el terreno, dijeron a los insurgentes que no eran bienvenidos y que pronto tendr\u00edan que irse a otra parte.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s vino el plebiscito de octubre, un rechazo que sorprendi\u00f3 a los rebeldes. \u201cEst\u00e1bamos todos pegados al radio, para saber el resultado, y de ah\u00ed con los comandantes para que nos dijeran qu\u00e9 segu\u00eda\u201d, dijo un guerrillero de 25 a\u00f1os proveniente de la ciudad costera de Barranquilla que se hace llamar Jos\u00e9. Al igual que los dem\u00e1s, oculta su nombre por miedo a represalias.<\/p>\n<p>Los principales comandantes de las Farc no tardaron en tranquilizar al p\u00fablico al decir que, a pesar del fracaso del plebiscito, estaban abiertos a renegociaciones y no volver\u00edan a la guerra. Altamiranda, el comandante en La Paz, decidi\u00f3 que era hora de presentarse ante sus cr\u00edticos.<\/p>\n<p>Una noche, a finales de octubre, cientos de personas se reunieron en el parque municipal, mientras l\u00edderes religiosos, pol\u00edticos y rebeldes debat\u00edan el acuerdo. Las v\u00edctimas tomaron el micr\u00f3fono y hablaron de los seres queridos que hab\u00edan muerto durante la guerra. Altamiranda pronunci\u00f3 una disculpa p\u00fablica por los delitos de la guerrilla.<\/p>\n<p>Los acontecimientos lograron conmover a l\u00edderes como Sol Marina Torres, de 39 a\u00f1os, quien forma parte del Centro Democr\u00e1tico, el partido de derecha que dirigi\u00f3 la campa\u00f1a contra el acuerdo, as\u00ed como los esfuerzos constantes para sabotearlo. Torres decidi\u00f3 alinearse en contra de los l\u00edderes de su partido y apoyar la presencia de los guerrilleros en su pueblo, diciendo que no hab\u00eda otra opci\u00f3n m\u00e1s que hacer la paz. \u201cNo puedo estar de acuerdo con todo lo de ese partido\u201d, dijo Torres. \u201cNo puedo darle la espalda al bienestar de mi comunidad\u201d.<\/p>\n<p>No todos los eventos p\u00fablicos han salido tan bien. Durante una visita de medios informativos a principios de este a\u00f1o, hubo un esc\u00e1ndalo cuando se mostraron videos de insurgentes bailando con funcionarios de las Naciones Unidas que estaban ah\u00ed para supervisar el proceso de desarme. Los opositores al acuerdo se apoderaron del video y, acto seguido, cuatro miembros de la misi\u00f3n fueron despedidos.<\/p>\n<p>El gobierno sabe que en estos asentamientos hay mucho m\u00e1s en juego que el desarme, porque ven la posibilidad que se desarrollen vastos tramos de la provincia que estuvieron fuera de su alcance durante d\u00e9cadas por el conflicto. Uno de los asentamientos yace en una remota selva costera; otro, al final de un camino al que se llega a lomo de mula.<\/p>\n<p>Desde hace d\u00e9cadas no se siente la presencia estable de un gobierno, si es que alguna vez la hubo. \u201cEstamos hablando de lugares donde han estado las Farc, no hab\u00eda agua ni electricidad\u201d, dijo Carlos C\u00f3rdoba, director gubernamental de las llamadas zonas veredales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el campo, a las afueras de La Paz, a\u00fan se pueden ver algunas de las facetas de la vida guerrillera. Los combatientes siguen levant\u00e1ndose en la madrugada, a las 4:30, pero para tomar clases sobre el acuerdo de paz, en lugar de marchar. Un guerrillero patrulla el campo cautelosamente con un arma al hombro. Otras escenas han cambiado. A la entrada del campo, una joven guerrillera abrazaba a sus familiares. La familia lloraba.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los combatientes entrevistados dijo que planeaban quedarse con las Farc, que ahora consideran su familia y las seguir\u00e1n bajo cualquier encarnaci\u00f3n pol\u00edtica que asuman en los pr\u00f3ximos a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201cNo hab\u00eda manera de salir de donde vengo\u201d, dijo Yackeline, de 32 a\u00f1os, una guerrillera que huy\u00f3 a un campo rebelde cuando ten\u00eda 13 porque dice que \u201cera el \u00fanico lugar donde pod\u00eda recibir educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No se hab\u00eda puesto en contacto con la familia, pero dijo que lo har\u00eda. Iba poco a poco, un paso a la vez, y cada cambio de vida despu\u00e9s del conflicto estaba lleno de sorpresas.<\/p>\n<p>\u201cNos levantamos de los colchones cansados, como si no hubi\u00e9ramos dormido\u201d, cont\u00f3. \u201cEs que no estamos acostumbrados a usarlos\u201d.<\/p>\n<p><strong>NICHOLAS CASEY<\/strong><\/p>\n<p><strong>Foto: <\/strong><strong>Federico R\u00edos Escobar para The New York Times<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA PAZ &#8211; Colombia.\u2014 En La Paz los d\u00edas por venir pondr\u00e1n a prueba qu\u00e9 tan bien le queda el nombre. Despu\u00e9s de medio siglo de guerra, los rebeldes de Colombia est\u00e1n dejando las armas, prepar\u00e1ndose para ingresar a la vida civil bajo el acuerdo de paz firmado el a\u00f1o pasado. 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