{"id":28769,"date":"2016-11-30T22:29:48","date_gmt":"2016-12-01T03:29:48","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=28769"},"modified":"2016-12-02T22:18:29","modified_gmt":"2016-12-03T03:18:29","slug":"cronica-peluqueria-ambulante-nuevo-negocio-en-el-parque-santander","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=28769","title":{"rendered":"CR\u00d3NICA. Peluquer\u00eda ambulante, nuevo negocio en el parque Santander"},"content":{"rendered":"<p><strong>C\u00daCUTA.-<\/strong> Juan es barbero (*), naci\u00f3 en Barinas (Venezuela), no tiene m\u00e1s de 20 a\u00f1os, tampoco ha perdido el acento venezolano y trabaja como arrastrador. Marina (*) es colombiana, tiene m\u00e1s de 30 a\u00f1os, es de piel morena y labora como peluquera. Ingrid (*) es joven, tiene el cabello largo, puede ser colombiana o venezolana y tiene aspecto de colegiala. Los tres est\u00e1n en el parque Santander y guardan una relaci\u00f3n moment\u00e1nea.<\/p>\n<p>En uno de los extremos de la plaza central de C\u00facuta, el corrillo, especialmente conformado por mujeres, llama la atenci\u00f3n. Los vendedores ambulantes, los lustrabotas, los fot\u00f3grafos, los expendedores de alimento para las palomas y los dem\u00e1s habitantes asiduos del lugar pasan a segundo plano. Ahora, la vista se fija en esa circunferencia humana.<\/p>\n<p>La vida del parque est\u00e1 alterada y la curiosidad llama a descubrir qu\u00e9 ocurre en ese espacio ocupado por esos seres de g\u00e9nero femenino. Entre ellas hablan en voz baja y se entienden. El cuchicheo es casi imperceptible, porque no quieren que las escuchen los vecinos ocasionales. Tienen diversos motivos para estar ah\u00ed, paradas en esa fila que se alarga con el pasar de los minutos.<\/p>\n<p>En el centro, sentada sobre una butaca pl\u00e1stica anaranjada, Ingrid siente c\u00f3mo, poco a poco, la cabellera que dej\u00f3 crecer por a\u00f1os es cortada con agilidad y rapidez por esa morena de peque\u00f1a estatura, cuerpo redondo y voz gruesa. La experiencia le permite a la peluquera separar el cabello y pasar la tijera justo a la medida que desea. El manojo lo entrega a la ayudante, tambi\u00e9n morena, tambi\u00e9n de cuerpo redondo, que lo guarda con recelo.<\/p>\n<p>Es el nuevo negocio establecido en el parque, ilegal como muchos de los que se hacen en ese lugar. Las mujeres llegan con el \u00e1nimo de vender el cabello para hacerse a unos pesos y comprar en esta \u00e9poca de fin de a\u00f1o lo que la tradici\u00f3n les impone. Pueden ser de cualquier ciudad de Venezuela, necesitadas por las condiciones econ\u00f3micas que soportan hace varios a\u00f1os, o pueden bajar de cualquier barrio perif\u00e9rico cucute\u00f1o, urgidas por parecerse a quienes viven en urbanizaciones, conjuntos residenciales o edificios de mayor estrato social.<\/p>\n<p>La novedad radica en que el oficio se cumple a la vista del p\u00fablico, sin uniformado alguno que lo proh\u00edba, sin autoridad civil que lo restrinja, sin pago de impuestos. Ha incrementado el n\u00famero de clientas por el favorecimiento del cambio monetario, porque ganar pesos y transformarlos en bol\u00edvares es rentable y porque en cualquier supermercado local pueden adquirirse los productos de la canasta familiar que escasea al otro lado de los puentes internacionales. Esto para el caso de las venezolanas.<\/p>\n<p>La actividad tiene antecedentes y la ubican en el corregimiento La Parada (Villa del Rosario). Ah\u00ed, en la entrada a Colombia, hace tiempo que se lleva a cabo y parece normal. Eso fue lo que dijo el arrastrador. Y no entiende por qu\u00e9 los cucute\u00f1os se asombran al ver a esas mujeres morenas, que en silencio y con la rapidez de expertas escogen el cabello para cortarlo.<\/p>\n<p>La alegr\u00eda de quienes han pasado por el proceso de espera, selecci\u00f3n y cortado aumenta al recibir la paga. No pesan el producto, lo toman directo de la cabeza y va a la bolsa. Al contar y sumar el dinero da la suma deseada. La sonrisa es sin\u00f3nimo de aceptaci\u00f3n. El recuerdo de los a\u00f1os de cuidado ha sido cambiado por la imagen de los personajes que aparecen en los billetes. Quiz\u00e1s la cantidad no compense lo gastado en champ\u00fa, b\u00e1lsamo, tratamientos capilares, tintes, ampolletas y secador.<\/p>\n<p>No es momento para pensar en el pasado, \u2018el futuro es ahora\u2019 y los estantes de los almacenes de cadena esperan. All\u00e1 est\u00e1n los productos que podr\u00e1n adquirirse con ese dinero. Seguro, Ingrid, desde el momento que decidi\u00f3 sentarse en la butaca anaranjada, ten\u00eda definido en qu\u00e9 lo gastar\u00eda y est\u00e1 a escasos minutos de cumplir ese sue\u00f1o de juventud.<\/p>\n<p>Juan es de los arrastradores buenos, de los que no enga\u00f1an a las clientas y las aconsejan. Eso fue lo que dijo. Solo hay dos de ese tipo en el parque Santander. Los malos, en cambio, son muchos y est\u00e1n vestidos de heladeros, fot\u00f3grafos, vendedores de alimento para las palomas, lustrabotas y dulceros. Eso tambi\u00e9n lo dijo el barbero.<\/p>\n<p>Las j\u00f3venes y las adultas que se someten a este peluqueado informal se van satisfechas, porque el corte no es alto. De todas maneras el cabello queda largo, solo las desbastan y les quitan una capa. Casi ni se les nota que han vendido parte de la vanidad. Los manojos, luego son enviados a ciudades colombianas para convertirlos en pelucas y extensiones. Esa parte, quiz\u00e1s, anime a las que han vendido el cabello, porque saben que otras cabezas exhibir\u00e1n lo que ellas lucieron con orgullo por mucho tiempo.<\/p>\n<p>Al corrillo se suman hombres curiosos. Miran un instante, se forman una imagen de la actividad y parten. No les interesa el asunto. Un agente de la polic\u00eda llega, llama a una de las morenas, conversan. No pasa nada. Las mujeres se corren unos metros a la izquierda, esa es toda la amonestaci\u00f3n de la autoridad uniformada.<\/p>\n<p>El parque Santander tiene nuevos ocupantes, las peluqueras ambulantes que ingresan al mercado laboral informal, acompa\u00f1adas por las vendedoras de cabello y los arratradores. Al frente est\u00e1 el despacho del alcalde y desde ese tercer piso puede observarse el corrillo.<\/p>\n<p><strong><em>(*) Los nombres no corresponden a la realidad.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong>RAFAEL ANTONIO PAB\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"mailto:rafaelpabon58@hotmail.com\"><strong>rafaelpabon58@hotmail.com<\/strong><\/a><\/p>\n<p><strong>Foto: <\/strong><a href=\"http:\/\/www.contraluzcucuta.co\"><strong>www.contraluzcucuta.co<\/strong><\/a><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00daCUTA.- Juan es barbero (*), naci\u00f3 en Barinas (Venezuela), no tiene m\u00e1s de 20 a\u00f1os, tampoco ha perdido el acento venezolano y trabaja como arrastrador. Marina (*) es colombiana, tiene m\u00e1s de 30 a\u00f1os, es de piel morena y labora como peluquera. 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