{"id":27530,"date":"2016-07-15T21:17:07","date_gmt":"2016-07-16T02:17:07","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=27530"},"modified":"2016-07-15T21:44:23","modified_gmt":"2016-07-16T02:44:23","slug":"crisis-en-la-frontera-somos-estudiantes-colombo-venezolanos-no-delincuentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=27530","title":{"rendered":"CRISIS EN LA FRONTERA. &#8220;Somos estudiantes colombo-venezolanos, no delincuentes&#8221;"},"content":{"rendered":"<p>Desde el cierre de la frontera colombo-venezolana, impuesto por el presidente Nicol\u00e1s Maduro, la rutina se ha convertido en un cambio dr\u00e1stico en la vida diaria de la poblaci\u00f3n fronteriza. Con el cielo en oscuridad absoluta, la mayor\u00eda de estudiantes comienza el d\u00eda, a las 4:00 de la ma\u00f1ana. Muchos, con el almuerzo preparado el d\u00eda anterior, lo que implica cargar un peso m\u00e1s en la espalda, pero uno menos para el bolsillo.<\/p>\n<p>A las 6:00, se ve una larga fila de ni\u00f1os y j\u00f3venes en la avenida Venezuela, cerca de la aduana principal de San Antonio del T\u00e1chira.\u00a0 Algunos, incluso, acompa\u00f1ados por los representantes, con la cara larga y los ojos hundidos por el cansancio. Se percibe el silencio, nadie habla, nadie comenta nada, la costumbre ciega y sella las voces desde el inicio del d\u00eda.<\/p>\n<p>En la fr\u00eda madrugada aclara el cielo, poco a poco, y es el aviso de conceder el paso a este tumulto, mientras trabajadores, viajeros y enfermos deben aguardar hasta que no quede ning\u00fan estudiante en fila. Todos se dirigen hacia la primera alcabala como la llama Welsen Rivero, venezolano de 24 a\u00f1os, estudiante de sexto semestre de arquitectura en la Universidad de Pamplona (Villa del Rosari)o. Es all\u00ed el lugar en el que supervisan la c\u00e9dula y el carn\u00e9 de cada joven, y piden el n\u00famero asignado desde comienzos del semestre.<\/p>\n<p>\u201cQuien no salga en lista, no se le permite el paso fronterizo. Cada estudiante tiene un n\u00famero para identificarse, el cual queda marcado como al ganado, o a\u00fan peor, as\u00ed como los nazis marcaban a los jud\u00edos en el holocausto. Me corresponde el 452 y siempre debo decirlo al momento de pasar por la alcabala. (A los guardias) no les importa ning\u00fan otro dato\u201d, dijo Rivero.<\/p>\n<p>Luego de ser revisados, individualmente, en aquella carpeta con millones de hojas y asegurar el respectivo lugar, se dirigen ordenados y pacientes en una hilera extensa que se mueve despacio, como reclusos hacia las celdas. Con mente resignada, sigue la rutina lenta a la siguiente parte del recorrido, la requisa obligatoria.<\/p>\n<p>La orden es impartida por un guardia robusto, de traje verde desgastado, que parece ganar parte de la energ\u00eda al complicar el trayecto de otros e inspeccionar desesperadamente morrales y carteras. Los morrales deben pasar por la correa de la gigantesca m\u00e1quina de rayos X, lo que para muchos es rid\u00edculo, pero que para los uniformados es satisfactorio. Disfrutan crear un mundo en donde libretas y l\u00e1pices son base de narcotr\u00e1fico, contrabando o delincuencia, con un sentido de control que atropella la mente de los m\u00e1s peque\u00f1os.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de perder entre 15 y 20 minutos, llega el momento de la contabilizaci\u00f3n de todos los estudiantes para una especie de registro in\u00fatil, encargado esta vez por una sargento de baja estatura, con piel tostada por el sol, de cabello corto, mal arreglado y grasiento, con u\u00f1as largas que se entierran en el listado, al tiempo que marca la salida de cada ciudadano. Su expresi\u00f3n en el rostro es odiosa y malgeniada, con ojos punzantes que se\u00f1alan desprecio. Esta mujer traza una peque\u00f1a l\u00ednea representativa que enumera cabeza por cabeza e inscribe sus trayectos, de manera que apunta el traslado de cada encarcelado.<\/p>\n<p>Para Stephany Chac\u00f3n, venezolana de 19 a\u00f1os, estudiante de mec\u00e1nica dental en el Instituto Tecnident (C\u00facuta), no fue una vivencia grata. En este tramo perdura el recuerdo de centenares de familias deportadas.<\/p>\n<p>Es imposible olvidar aquellas l\u00e1grimas derramadas por ancianas fr\u00e1giles, el 19 de agosto del 2015, eran cientos de seres humanos con vestimenta deteriorada, sucia y de mirada desorientada. Tambi\u00e9n existe el recuerdo del perro sin raza llamativa que acompa\u00f1aba al grupo familiar y que no se separaba de los amos a la espera de la deportaci\u00f3n, retenido con una soga delgada atada al cuello. El hecho golpeaba fuerte a la vista de todos, los sentimientos se desvanec\u00edan al no poder ayudar ni siquiera en lo m\u00e1s m\u00ednimo. La indignaci\u00f3n era tan propia por ser hermanos colombianos y, m\u00e1s que esto, seres humanos.<\/p>\n<p>Reunidos en la plaza La Confraternidad, al extremo venezolano del puente internacional Sim\u00f3n Bol\u00edvar, la espera se alarga 20 minutos. Casi una hora perdida en este protocolo diario, que tiene por finalidad dejar a la gente aglomerarse hasta formar un grupo considerable. Asignan a un guardia para escoltarlos de manera ordenada y en l\u00ednea recta, de nuevo como prisioneros. Este hombre equilibra los pasos al trote de los dem\u00e1s, e intenta vigilar las acciones, porque conoce de las c\u00e1maras instaladas en lo alto de los postes de luz, que supervisan y monitorean el \u00e1rea desde Caracas. Mientras, la multitud es regida uno tras otro sin permiso de poner ni un pie en el asfalto de la calle, por alguna raz\u00f3n que s\u00f3lo los uniformados entienden.<\/p>\n<p>A medida que avanzan por el puente, sienten el viento fresco que sopla desde el r\u00edo y se confunde con el estr\u00e9s reciente que contractura la espalda. La amargura y el odio son sembrados en cada estudiante desde el inicio de la ma\u00f1ana; sin embargo, aqu\u00ed ocurre un cambio dr\u00e1stico de ambiente. La sensaci\u00f3n de entrar a un pa\u00eds que, a pesar de las complicaciones con grupos armados, es un lugar de paz donde los derechos humanos y la libertad tienen m\u00e1s valor e importancia.<\/p>\n<p>En el punto que divide al puente como dos fronteras, recae un mundo de reflexiones, continuar la carrera universitaria, mantener el promedio acad\u00e9mico alto, tener tiempo de elaborar trabajos, preparar salidas de campo, moverse con elementos y materiales de estudio que pesan como piedras, procurar gastar solo el dinero del pasaje, entre otras situaciones, son las que traspasan por la mente y generan un \u00fanico pensamiento, el de seguir adelante en contra de las adversidades, porque todo esfuerzo tiene sus frutos.<\/p>\n<p><strong>GERMAN GARC\u00cdA BERM\u00daDEZ<\/strong><\/p>\n<p><strong>Estudiante de Comunicaci\u00f3n Social<\/strong><\/p>\n<p><strong>Universidad de Pamplona<\/strong><\/p>\n<p><strong>Campus de Villa del Rosario<\/strong><\/p>\n<p><strong>Foto: Especial para <a href=\"http:\/\/www.contraluzcucuta.co\">www.contraluzcucuta.co<\/a><\/strong> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde el cierre de la frontera colombo-venezolana, impuesto por el presidente Nicol\u00e1s Maduro, la rutina se ha convertido en un cambio dr\u00e1stico en la vida diaria de la poblaci\u00f3n fronteriza. 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