{"id":27167,"date":"2016-06-10T18:47:23","date_gmt":"2016-06-10T23:47:23","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=27167"},"modified":"2016-06-10T18:47:23","modified_gmt":"2016-06-10T23:47:23","slug":"cronica-epidemia-incultural-terminada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=27167","title":{"rendered":"CR\u00d3NICA. \u2018Epidemia incultural\u2019 terminada"},"content":{"rendered":"<p><strong>VILLA DEL ROSARIO \u2013 Norte de Santander.-<\/strong> Arropada por costales verdes, y habitada por decenas de gatos, es el panorama de la Casa de la Cultura de Villa del Rosario. El techo de teja agonizante cae por pedazos y las farolas coloniales no iluminan, carecen de vida propia. Mientras, los rosarienses observan sin mayor intriga desde el parque Los Libertadores el derrumbe de su identidad.<\/p>\n<p>Est\u00e1 opacada por la oscuridad, el deterioro, la negligencia y otras fuentes externas que hacen constatar que existe este lugar. Una es el sol con la luz fuerte que alumbra la basura, los escombros y los desperdicios que reposan alrededor. Las luces amarrillas, azules, rojas y verdes del parque no contrastan con la realidad que se vive aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Hace un tiempo, los gatos aprovecharon el abandono cultural para tomar este territorio como nido. La falta de gobernabilidad y otros factores sociales ayudaron a que sea m\u00e1s fuerte el dominio num\u00e9rico. La gente de buen coraz\u00f3n se acerca a la puerta vieja de madera,\u00a0 gorgojada y quebrada a brindarles comida y agua.<\/p>\n<p>Liliana Le\u00f3n, vendedora en el parque, despierta con sus arepas de queso derriti\u00e9ndose y miel dulce la atenci\u00f3n de gatos y perros. Comenta que los animales no tienen culpa, pero s\u00ed los malos due\u00f1os. Esterilizarlos es una de las frases que m\u00e1s se escuchan por estos lugares como soluci\u00f3n a la sobrepoblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Walter Maldonado vende chuzos mixtos de carne, pollo y chorizo y es reconocido por la buena saz\u00f3n. Es quien m\u00e1s cerca est\u00e1 a la manada, los reconoce por ser negros, blancos, amarillos o combinados. Acusa a los alcaldes de ser responsables intelectos de esta situaci\u00f3n. Agacha la cabeza con tristeza al ver el panorama desolador.<\/p>\n<p>En las afueras de la casa a\u00f1eja no todo es color de rosa, se vive una guerra campal.\u00a0 Hay una disputa entre gatos y perros por el control de los sobros de comida que los consumidores dejan. El resultado es sangre y cicatrices, y los felinos tienen entre las desventajas el tama\u00f1o y la fuerza, por eso son los m\u00e1s afectados.<\/p>\n<p>El descolorido pelo refleja la situaci\u00f3n de abandono y desnutrici\u00f3n, y los rasgu\u00f1os evidencias las enfermedades que sufren. La fuerte temperatura emana olores a materia fecal esparcida y tal vez cuerpos en descomposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Se acercan lentamente, son \u00e1giles, conocen el sector, tambi\u00e9n a los verdugos, como el \u2018gato con botas\u2019. Empiezan a maullar y en los ojos nace la ternura, sensaci\u00f3n que impide ser olvidados, y extraen lo mejor de las v\u00edctimas. Son especialistas en construir su habitad en cualquier lugar; adem\u00e1s, conviven en paz, son una tribu que sobrevive.<\/p>\n<p>Son muchos en un espacio reducido, no ha sido mayor problema, no conocen de salubridad. Simplemente, est\u00e1n ah\u00ed, por naturaleza, ese es su instinto, dormir, comer, ser tiernos y que los acaricien. Frotan sus patas y lamen sus melenas, se estiran como los trabajadores, mineros, alba\u00f1iles, agricultores o buseteros.<\/p>\n<p>Durante la semana aguantan hambre, las buenas intenciones del caf\u00e9 y el s\u00e1ndwich no son suficientes, ellos les brindan alimentos. Son m\u00e1s de 30 y se reproducen r\u00e1pidamente. Otro factor de este n\u00famero tiene que ver con los desalmados. Son habitantes que vienen y tiran los gatitos, que reciben el abrigo y el acogimiento de la aldea establecida.<\/p>\n<p>El se\u00f1or caf\u00e9, Eustacio Villamizar, y don s\u00e1ndwich, V\u00edctor Maldonado, han estado por muchos a\u00f1os en el lugar. Reparten purina, y en unas tasitas viejas trasparentes depositan agua, para que no mueran deshidratados. Seguramente, est\u00e1n bendecidos por esas buenas obras, en un municipio donde solo a unos cuantos habitantes les nace hacerlo de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed no acaba la historia, Noem\u00ed Valencia, tiene rabia y miedo, mezcla que deja ver en la manera de mirar. Cuando alguien llega al negocio lo asusta, especula que se aproxima una epidemia por culpa del pop\u00f3. Agita las manos y camina de un lado a otro, sus movimientos alarmantes son naturales y su preocupaci\u00f3n no es fingida.<\/p>\n<p>Sem\u00e1foro en verde. Unos caminan, otros corren, nadie se detiene para analizar el estado en el que reposan los antepasados. Un alzh\u00e9imer de incultura se apoder\u00f3 y borr\u00f3 de la memoria del patrimonio ind\u00edgena el sentido de pertenencia nativo. Los esp\u00edritus ancestrales se revuelcan por sus animales y el olvido de la nueva generaci\u00f3n que habita sus tierras.<\/p>\n<p>Custodia la puerta, est\u00e1tico, r\u00edgido, triste, cansado;\u00a0 pero aun as\u00ed, con los ojos apagados no desecha su responsabilidad. Es el guardia que simboliza el pueblo ind\u00edgena. El cuerpo de piedra est\u00e1 preparado para soportar las adversidades. Solo no puede, necesita ayuda de la aldea, la que se moderniz\u00f3 para olvidar el pasado.<\/p>\n<p>Atento a las miradas de Francisco de Paula Santander y Sim\u00f3n Bol\u00edvar \u00a0camina del centro del parque hacia el sem\u00e1foro. De camisa verde y gafas negras, cabeza brillante, brazo derecho recogido, tiene documentos de la Villa empu\u00f1ados. Conversa con cualquiera que le siga la corriente, si tiene que ver con historia y cultura.<\/p>\n<p>Luis Rangel, historiador rosariense, trata de combatir la indiferencia social al lado del guardi\u00e1n de piedra. Comparte las sensaciones sentimentales de los mencionados, es rom\u00e1ntico, la historia la lleva en las venas. Quiere transmitir ese amor y pertenencia que lo caracterizan, pero al municipio le falta memoria.<\/p>\n<p>Con el bol\u00edgrafo y el cuadernillo de bolsillo trata de recitar su c\u00e1tedra en la calle, desempolvando la verdad. Los \u201cefectos especiales\u201d son l\u00e1mparas de colores ubicadas en el parque, dando color a las hojas de los \u00e1rboles. La narrativa crece y en el momento de fijarse en la casa, cae el espect\u00e1culo y\u00a0 se pierde en el tiempo.<\/p>\n<p>Si se fijaran m\u00e1s, podr\u00edan escuchar el chillido de esas cuatro paredes, sus letras suplican clemencia, auxilio. La pintura blanca que la conforma presenta desnutrici\u00f3n, la verde hepatitis aguda y la sociedad cataratas en los ojos.<\/p>\n<p>Tal vez en alg\u00fan momento, esta civilizaci\u00f3n encuentre la cura para esta epidemia, o aunque sea una vacuna. Los gatos no son el problema, sino la irresponsabilidad del hombre que piensa, \u201cel animal que razona\u201d. Se percibe la pregunta del guardi\u00e1n de piedra \u00bfY qu\u00e9 ser\u00e1 de la identidad de la siguiente generaci\u00f3n?<\/p>\n<p><strong>ISMAEL GAMBOA<\/strong><\/p>\n<p><strong>Estudiante de Comunicaci\u00f3n Social<\/strong><\/p>\n<p><strong>Universidad de Pamplona<\/strong><\/p>\n<p><strong>Campus Villa del Rosario<\/strong><\/p>\n<p><strong>Foto: Especial para <a href=\"http:\/\/www.contraluzcucuta.co\">www.contraluzcucuta.co<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VILLA DEL ROSARIO \u2013 Norte de Santander.- Arropada por costales verdes, y habitada por decenas de gatos, es el panorama de la Casa de la Cultura de Villa del Rosario. El techo de teja agonizante cae por pedazos y las farolas coloniales no iluminan, carecen de vida propia. 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