{"id":25957,"date":"2016-02-12T16:15:49","date_gmt":"2016-02-12T21:15:49","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=25957"},"modified":"2016-02-14T19:44:34","modified_gmt":"2016-02-15T00:44:34","slug":"cronica-lagrimas-negras-por-un-billete","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=25957","title":{"rendered":"CR\u00d3NICA. L\u00e1grimas negras por un billete"},"content":{"rendered":"<p>La desesperante oscuridad es su diario vivir. La claustrofobia es su peor enemigo. Impacientarse no es buena opci\u00f3n. En realidad, no estar\u00edan lejos de parecer topos o ser amigos cercanos de un murci\u00e9lago. La compa\u00f1\u00eda se limita a ellos mismos, un bote de agua o el l\u00edquido que prefieran para hidratarse y una l\u00e1mpara amarrada al casco.<\/p>\n<p>No siguen la luz al final del t\u00fanel, la cavan. La llaman \u2018tambores\u2019 y es una perforaci\u00f3n hacia la salida de la monta\u00f1a, de un metro por un metro, a veces menos, para que les entre aire y sea poca la probabilidad de morir con los gases que brotan de la tierra, o en este caso, del carb\u00f3n. Algunos \u2018tambores\u2019 no llegan a ninguna salida, por lo que abren comunicaci\u00f3n con las que s\u00ed la tienen para que ingrese ox\u00edgeno y salgan los fluidos sin hacerles da\u00f1o.<\/p>\n<p>Una de las maneras de darse cuenta de que los gases han \u00a0salido, es sentirse adormecidos. La \u00fanica opci\u00f3n es huir, tirarse hueco abajo, el que han cavado, sin importar las heridas en rodillas y codos. La idea es vivir.<\/p>\n<p>Otra manera de eludir los gases es prender una mecha y que explote. Tienen una hora espec\u00edfica para poner la p\u00f3lvora en acci\u00f3n. Seg\u00fan el protocolo de seguridad, no debe haber nadie adentro para usarla. Las opciones de tranquilidad all\u00ed, son nulas. La lluvia, para la mayor\u00eda de los humanos, es maravillosa, para ellos significa que por las ventilaciones entre agua y el terreno ceda, se encharque. Cualquier enfermedad puede aparecer y el riesgo va desde la m\u00e1s m\u00ednima gripa hasta c\u00e1ncer.<\/p>\n<p>No basta con picar incansablemente, ni con ponerle la vida en bandeja de plata al se\u00f1or de las tinieblas; tampoco con trabajar en la humedad y espacios reducidos, sino que, adem\u00e1s, deben caminar a diario cinco kil\u00f3metros. La beta tiene 1200 metros, y el recorrido se hace cuatro veces al d\u00eda. A las 4:00 de la tarde termina la tarea para retornar al hogar.<\/p>\n<p>Vuelven \u00a0llenos de barro, cubiertos de carb\u00f3n, con llagas y raspaduras, los dedos desgastados, sudorosos y agotados al m\u00e1ximo. Tendr\u00e1n una noche m\u00e1s de vida, pero ma\u00f1ana no se sabe. Otros, no cuentan con tan buena suerte, se quedan all\u00ed, en la mina y no vuelven a casa.<\/p>\n<p>El hueco cavado es la gu\u00eda principal y de donde salen las ramificaciones de \u2018tambores\u2019 de kil\u00f3metro y algo. Tiene 1,80 metros \u00a0de alto por 150 de ancho. Por cada 80 cent\u00edmetros, deben poner tres troncos de madera gruesos, en forma de pent\u00e1gono, para que sirvan de soporte en la tierra y no se desmorone.<\/p>\n<p>Los mineros deben hacerse amigos de los cocheros, porque son los encargados de informar de qui\u00e9n recogieron el carb\u00f3n para a\u00f1adirlo a la cuenta. La paga la reciben por metros sacados. Si quieren pueden ceder el cr\u00e9dito a alguien ajeno y no hay c\u00f3mo verificarlo. El esfuerzo resultar\u00eda en vano, porque la envidia y mala fe tambi\u00e9n existen all\u00e1 adentro.<\/p>\n<p>Los rieles que siguen los coches indican la profundidad de la mina. Llegan hasta lo \u00faltimo y se van poniendo a medida que avanza la excavaci\u00f3n. Dan la apariencia de pertenecer a un tren abandonado en lo hondo de la monta\u00f1a. Por all\u00ed s\u00f3lo pasan hombres que recorren una y otra vez al d\u00eda esos 1,2 kil\u00f3metros para sacar el carb\u00f3n picado, y los carritos de dos metros de largo por 80 cent\u00edmetros de ancho.<\/p>\n<p>Entre los obreros existen los corteros, que se encargan de expandir los \u2018tambores\u2019, para sacar m\u00e1s carb\u00f3n. El riesgo es alto por el peligro de \u00a0que la tierra ceda, por eso tienen una mejor paga. Los frenteros pican y abren paso en la beta, avanzan y soportan el olor a humedad, a mortecino.<\/p>\n<p>Las pe\u00f1as tambi\u00e9n asustan. Son esos enormes terrones y rocas que amenazan con romperles un hueso u oprimirles los \u00f3rganos si les caen encima. All\u00ed, nada es seguro. Es el sitio m\u00e1s impredecible que se pueda conocer para trabajar. La vida est\u00e1 mitad ac\u00e1 y mitad all\u00e1. Las familias ruegan a Dios para que el pariente vuelva sano. Los mineros a\u00f1oran que llegue el fin de semana para cobrar por el esfuerzo, pagar las deudas, tomarse unas cervezas con tranquilidad y disfrutar unas horas en casa, con la esposa y los hijos.<\/p>\n<p>No cualquiera tiene la valent\u00eda para ejercer esta labor. Se debe estar loco para arriesgar la vida as\u00ed. Pero la pobreza no ve esto, los compromisos econ\u00f3micos ahorcan y esta es una buena salida para solventar esas necesidades.<\/p>\n<p><strong>ANGIE MIRANDA<\/strong><\/p>\n<p><strong>Estudiante de Comunicaci\u00f3n Social<\/strong><\/p>\n<p><strong>Universidad de Pamplona<\/strong><\/p>\n<p><strong>Campus de Villa del Rosario<\/strong><\/p>\n<p>Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La desesperante oscuridad es su diario vivir. La claustrofobia es su peor enemigo. 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