{"id":22948,"date":"2014-11-06T15:52:48","date_gmt":"2014-11-06T20:52:48","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=22948"},"modified":"2014-11-11T22:19:25","modified_gmt":"2014-11-12T03:19:25","slug":"habitantes-del-rio-7-el-ultimo-tramo-el-sol-se-oculta-para-todos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=22948","title":{"rendered":"HABITANTES DEL R\u00cdO (7) El \u00faltimo tramo. El sol se oculta para todos"},"content":{"rendered":"<p>Alejandra y \u2018El Cale\u00f1o\u2019 tienen visita. Otro hombre, de esos que deambulan por la ribera del Pamplonita en busca del escape a la realidad, llega para hacerles compa\u00f1\u00eda. Es poco lo que aporta. El hablar pausado y descoordinado desespera. Las palabras salen con tirabuz\u00f3n y las frases no est\u00e1n hiladas. Ah\u00ed queda con la mujer en esa conversaci\u00f3n a medias que ellos sabr\u00e1n c\u00f3mo resolverla. \u2018El Cale\u00f1o\u2019 prefiere subir al pavimento en busca de una gaseosa.<\/p>\n<p>Sigue el recorrido. Ahora es entre los puentes \u2018El\u00edas M. Soto\u2019, \u2018<a href=\"http:\/\/cronicasdecucuta.blogspot.com\/2011\/11\/96-puente-cucuta-o-san-rafael.html\">Francisco de Paula Andrade Troconis<\/a>\u2019 y \u2018Benito Hern\u00e1ndez\u2019. El panorama no es distinto, aunque los protagonistas s\u00ed. A cambio de Fredy y \u2018El Cole\u2019, aparecen \u2018El Doctor\u2019 y \u2018\u00c1lvaro\u2019. Estos hombres, a diferencia de los otros que habitan en este mundo de indiferencia, s\u00ed son conocidos arriba, donde desde los autom\u00f3viles que van r\u00e1pido por calles y avenidas alguien los saluda. A ese brazo que se extiende por entre la ventana para decirles adi\u00f3s, responden con sonrisas, madrazos, pitidos o gru\u00f1idos.<\/p>\n<p>Est\u00e1n aqu\u00ed, a la orilla del r\u00edo, sin entender la letra del bambuco \u2018<a href=\"http:\/\/maonav.wordpress.com\/2006\/05\/02\/brisas-de-pamplonita\/\">Brisas del Pamplonita<\/a>\u2019, compuesto por\u00a0 Roberto Irwin y al que El\u00edas M. Soto le puso la m\u00fasica. \u2018Ay, ay, ay, si las ondas del r\u00edo, remediaran las penas del coraz\u00f3n\u2019, y de la gente que lo habita, porque no tiene para d\u00f3nde ir, y de los que tienen a d\u00f3nde ir, pero que no tienen coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2018El Doctor\u2019 y \u2018\u00c1lvaro\u2019 no tienen mayor preocupaci\u00f3n. Cuando lo decidan, saldr\u00e1n a la \u2018civilizaci\u00f3n\u2019 para confundirse con la gente y as\u00ed nadie se percatar\u00e1 de que forman parte de esa poblaci\u00f3n confinada al olvido. Tienen\u00a0 imagen y nombre, pocos les huyen, muchos los aceptan. All\u00e1, sobre el pavimento, parecen humanos. Ac\u00e1, semidesnudos, son la realidad de lo que viven. Lo bueno es que permanecen escondidos entre los matorrales y pocos los observan. Al ser descubiertos, buscan ocultarse, pero es tarde. Tambi\u00e9n los averg\u00fcenza este estado de estrechez.<\/p>\n<p>Mar\u00eda (no es el nombre verdadero) salta de la avenida a la arena. Tiene la agilidad propia de su edad. No pasa de 14 a\u00f1os. Viste pantal\u00f3n corto, franela sucia y zapatos tenis. Se acerca con lo poco que le queda de inocencia para indagar por nada. Habla del pasado reci\u00e9n trascurrido. Las palabras brotan con ingenuidad, a pesar del recorrido por la vida. Si tuviera mejor ropa, es la conclusi\u00f3n, despertar\u00eda admiraci\u00f3n entre los j\u00f3venes, porque es agraciada.<\/p>\n<p>\u201cMe vol\u00e9 de la c\u00e1rcel\u201d. La referencia es la carta de presentaci\u00f3n y no la utiliza para intimidar, sino para iniciar una conversaci\u00f3n que se acaba cuando ella lo decide. No tiene mucho por contar o prefiere no contar lo mucho que sabe. Los ojos parecen apagados por el efecto que han hecho las drogas. Es de Pamplona (municipio de Norte de Santander) y desde all\u00e1 se vino porque no aguant\u00f3 la disciplina casera. Prefiri\u00f3 vivir en la calle, en medio de tantas incomodidades y peligros, que obedecer unas normas m\u00ednimas.<\/p>\n<p>Deambula, viste la ropa que le regalan, duerme en las alcantarillas que arrojan inmundicia al r\u00edo, tiene como compa\u00f1eros a otros seres similares en desgracia. Ah\u00ed, entre los tubos de concreto, se ve tirado a un hombre que no da la cara, quiz\u00e1s es el que aprovecha la inocencia de esta mujercita tallada con el cincel de la deshonra.<\/p>\n<p>A un lado, otra joven, de aspecto desarrapado, mira recelosa. Es la \u2018fiera\u2019 que cuida a los cr\u00edos para no permitir que otro ser viviente ataque, o por lo menos se acerque. El cabello le cubre el rostro y as\u00ed queda en el anonimato, como ha estado por siempre.<\/p>\n<p>Las palabras no se escuchan, como ninguno de estos habitantes a la orilla del Pamplonita, desde la Avenida del R\u00edo hasta el puente San Rafael, ha o\u00eddo hablar de programas oficiales que los rehabiliten, que los saquen de esta miserable vida en la que llevan a\u00f1os, unos m\u00e1s que otros, pero a\u00f1os al fin y al cabo. Quiz\u00e1s, no los han escuchado, porque se convierten en promesas que no les resuelven esa situaci\u00f3n marcada por la carencia de todo.<\/p>\n<p>El recorrido llega al final. El sol comienza a caer, a manera de se\u00f1al de que Fredy, \u2018El Cole\u2019, El Gato\u2019, Alejandra, \u2018El Cale\u00f1o\u2019, \u2018El Doctor\u2019, \u00c1lvaro, la ni\u00f1a de no m\u00e1s de 14 a\u00f1os y todos los dem\u00e1s, deben regresar al refugio para pasar otra noche, ni siquiera a dormir y menos a so\u00f1ar, porque al otro d\u00eda tendr\u00e1n que abrir los ojos y mirar hacia el infinito en busca de nada. Todo, pareciera, est\u00e1 perdido para esta comunidad desamparada que huye de la realidad y est\u00e1 \u201caqu\u00ed, escondi\u00e9ndonos de la sociedad\u201d<\/p>\n<p>(La vida ha terminado con esa escasa inocencia que Mar\u00eda pod\u00eda exhibir. Est\u00e1 embarazada. Qui\u00e9n sabe qui\u00e9n ser\u00e1 el padre de esa nueva criatura engendrada en medio de ese mundo de abandono y soledad. En el sem\u00e1foro m\u00e1s cercano al cambuche, frente a lo que antes sirvi\u00f3 como sede del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) camina por entre los veh\u00edculos en busca de una moneda. Ese metal que le largan desde las ventanillas le servir\u00e1 para prolongar la agon\u00eda de la vida. Seguro, no tendr\u00e1n como destino el hijo que est\u00e1 por venir, as\u00ed lo utilice desde este momento para despertar l\u00e1stima).<\/p>\n<p><strong>RAFAEL ANTONIO PAB\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"mailto:rafaelpabon58@hotmail.com\">rafaelpabon58@hotmail.com<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>PARTE \u2013 8. \u00a0TESTIMONIO, Manzano dej\u00f3 la calle y encontr\u00f3 El Camino<\/strong><\/p>\n<p><strong>Foto: <a href=\"http:\/\/www.contraluzcucuta.co\">www.contraluzcucuta.co<\/a><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandra y \u2018El Cale\u00f1o\u2019 tienen visita. 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