{"id":22748,"date":"2014-10-11T12:04:15","date_gmt":"2014-10-11T17:04:15","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=22748"},"modified":"2014-10-13T17:57:01","modified_gmt":"2014-10-13T22:57:01","slug":"22748","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=22748","title":{"rendered":"HABITANTES DEL R\u00cdO (3). Los nuevos \u2018pancheros\u2019 son de playa seca"},"content":{"rendered":"<p>Es otro d\u00eda. El sol abraza. Es un poco m\u00e1s del mediod\u00eda. El recorrido comienza cerca del lugar donde termin\u00f3 la primera parada. El patinadero, por la hora, est\u00e1 solo. Los trabajadores de la construcci\u00f3n que en poco se convertir\u00e1 en moderna cl\u00ednica no tienen problemas con el calor. Al otro lado, dos hombres le sacan los \u00faltimos peces al r\u00edo Pamplonita, los arreglan y los llevan en un recipiente, quiz\u00e1s, para venderlos en el mercado; quiz\u00e1s, para consumirlos en casa.<\/p>\n<p>La corriente del r\u00edo baja lenta. A\u00f1os atr\u00e1s abundaba y la costumbre de los cucute\u00f1os era pescar panches. Una parte de la poblaci\u00f3n, residente en el barrio San Luis, se gan\u00f3 el remoquete de \u2018los pancheros\u2019, justo por ese oficio. La tarea se cumpl\u00eda a mano limpia y piedra por piedra, hasta despegar los panches. Esta era una manera de sobrevivir. Ahora, la contaminaci\u00f3n, la escasa fuerza del agua y el poco cuidado por parte de las autoridades ambientales no permiten que haya estos peces. Hasta el apodo desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>En este punto termina el recorrido de El Malec\u00f3n, aunque la avenida Los Libertadores contin\u00faa hacia el aeropuerto Camilo Daza. Socialmente, es un lugar signado como estratos 4 y 5. De la v\u00eda pavimentada hac\u00eda all\u00e1 hay una ciudad que se mueve al ritmo de la cotidianidad. Las familias tienen la comodidad que da el trabajo, gozan de las prebendas que ofrece el bienestar, disfrutan con las ganancias ocasionales y aprovechan las oportunidades para vivir como lo han planeado. Son vecinos de los agentes que cuidan el CAI de la Polic\u00eda, de los estudiantes de la Universidad Francisco de Paula Santander, de los comensales en los restaurantes, de los bebedores en los bailaderos, de los asistentes los viernes a las veladas culturales en el Puente de Guadua y de quienes transitan a velocidad por la avenida.<\/p>\n<p>De la barda que separa a esa ciudad con el r\u00edo, hacia adentro, hay otro mundo. Es el mundo de hombres que decidieron entregarse en cuerpo y alma al consumo de las drogas. Es el mundo de unos seres que no parecen humanos. Es el mundo de mujeres que prefirieron la soledad en compa\u00f1\u00eda de sus semejantes tan miserables como ellas. Es el mundo que en el \u2018exterior\u2019 se desconoce, porque para quienes no pertenezcan a este mundo est\u00e1 prohibido asomarse, y m\u00e1s si van con el simple objetivo de fisgonear para salir a contar. Es el mundo que reina debajo del puente <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Jorge_Gait%C3%A1n_Dur%C3%A1n\">\u2018Jorge Gait\u00e1n Dur\u00e1n\u2019<\/a>.<\/p>\n<p>\u2018El Soldado\u2019 y otros est\u00e1n sentados o acurrucados en el piso. Una tapa pl\u00e1stica de gaseosa, un pedazo de bol\u00edgrafo y un trozo de papel aluminio sirven para armar la pipa artesanal con la que continuar\u00e1n el consumo de bazuco. El hombre de mayor edad mueve las manos con nerviosismo. Hay intrusos en el lugar y sin saber con qu\u00e9 intenci\u00f3n. No habla, contin\u00faa la labor de preparar la dosis, hasta que termina. Sin decir palabra alguna pide prestado el encendedor, lo acerca a la boquilla, se lleva la pipa a la boca, aspira y comienza otro viaje hacia ese sitio imaginario donde el estupefaciente lo trasporta.<\/p>\n<p>La mujer delgada, morena, joven entre los dem\u00e1s miembros del grupo, no levanta la cabeza. Viste de negro, para hacer juego con ese presente que vive. Tampoco habla, como se\u00f1al de conformismo con lo que vive, solo musita algunas palabras con quien tiene al lado. Quiz\u00e1s conversan acerca de la inesperada visita que interrumpi\u00f3 ese sagrado momento de elevarse con ayuda del bazuco, o quiz\u00e1s reflexionan sobre lo que podr\u00eda ser una aparici\u00f3n imitable. Est\u00e1 inquieta, no se halla, los movimientos delatan ansiedad, tal vez quiera que la dejen sola o que la rescaten.<\/p>\n<p>Arriba, escondido entre los espacios que ofrece la estructura de cemento, se asoma otro habitante. El personaje enigm\u00e1tico no se deja ver. Consume agua y vuelve a la clandestinidad. As\u00ed, puede haber otros seres metidos en las cavidades que los dise\u00f1adores dejaron como protecci\u00f3n del puente y que con el tiempo se convirtieron en \u2018habitaciones\u2019 para quienes en la vida real no tienen un techo seguro.<\/p>\n<p>Francy es la veterana del grupo. Pasa de los 60 a\u00f1os, o al menos eso es lo que aparenta. Reparte bendiciones a diestra y siniestra, est\u00e1 cuerda en medio de esta locura que comparte. No se sabe de qui\u00e9n es mujer, pero cumple con las funciones de una mujer normal en una casa normal. Es la m\u00e1s habladora, no teme expresarse y lo hace con el vocabulario aprendido en este ambiente. El vestido que lleva, seguro, alg\u00fan d\u00eda perteneci\u00f3 a una \u2018dama\u2019 de las que viven afuera y que no sabe d\u00f3nde anda aquella prenda que regal\u00f3.<\/p>\n<p>En una silla peque\u00f1a, de madera, est\u00e1 Diego. Permanece agazapado. Est\u00e1 ido. Mueve la cabeza en busca de orientaci\u00f3n. Los ojos no tienen el objetivo fijo. Los brazos no responden a las \u00f3rdenes cerebrales para ponerse el saco y taparse el abdomen flaco, marcado con una herida fresca. Pareciera ser el jefe, pero en esas condiciones cualquiera puede sublev\u00e1rsele a una orden. Su mundo no es de este mundo.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed no hay pertenencias. Hay basura, desechos, cartones, piedras, hambre, miseria. El rancho no tiene forma de casa. Una columna del puente sirve como pared principal. Lo dem\u00e1s, es tan fr\u00e1gil como la vida de estos seres que se apartaron de la \u2018sociedad\u2019 para crear un universo, hacerlo propio y soportarlo en medio de la total carencia material. \u2018Vida de perros\u2019 podr\u00eda decirse; pero, seguro, hay perros que viven en mejores condiciones.<\/p>\n<p><strong>PARTE \u2013 4. Parte oficial, programas no cumplidos<\/strong><\/p>\n<p><strong>RAFAEL ANTONIO PAB\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><strong>rafaelpabon58@hotmail.com<\/strong><\/p>\n<p><strong>Foto: www.contraluzcucuta.co<\/strong><\/p>\n<p>https:\/\/contraluzcucuta.co\/articulos\/habitantes-del-rio-1-aqui-escondiendonos-de-la-sociedad\/<\/p>\n<p>https:\/\/contraluzcucuta.co\/articulos\/habitantes-del-rio-1-cucuta-dos-decadas-sin-vida\/<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es otro d\u00eda. El sol abraza. Es un poco m\u00e1s del mediod\u00eda. El recorrido comienza cerca del lugar donde termin\u00f3 la primera parada. El patinadero, por la hora, est\u00e1 solo. Los trabajadores de la construcci\u00f3n que en poco se convertir\u00e1 en moderna cl\u00ednica no tienen problemas con el calor. 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