{"id":22681,"date":"2014-10-04T16:48:41","date_gmt":"2014-10-04T21:48:41","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=22681"},"modified":"2014-10-06T19:13:01","modified_gmt":"2014-10-07T00:13:01","slug":"habitantes-del-rio-1-aqui-escondiendonos-de-la-sociedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=22681","title":{"rendered":"HABITANTES DEL R\u00cdO (1). \u201cAqu\u00ed, escondi\u00e9ndonos de la sociedad\u201d"},"content":{"rendered":"<p><strong>C\u00daCUTA.-<\/strong> \u201cAqu\u00ed, escondi\u00e9ndonos de la sociedad\u201d, dijo \u2018El Cole\u2019 mientras sosten\u00eda un cigarrillo en la mano derecha. Al principio no quer\u00eda dejarse ver, no por verg\u00fcenza ni por temor a represalias, solo lo hac\u00eda porque jugaba a las escondidas con la realidad que no le pertenece.<\/p>\n<p>Est\u00e1 metido dentro de algo as\u00ed como un \u2018igl\u00fa\u2019 rupestre de verano. No es un rancho, ni nada que se le parezca. No tiene paredes, techo, ventanas ni puertas. No tiene estructura de rancho. Es lo que se ha dado en llamar \u2018cambuche\u2019 y que la Real Academia rechaza como palabra que pueda utilizarse para darle nombre. Los chilenos tienen una acepci\u00f3n parecida, la llaman \u2018cambucho\u2019, y significa\u00a0 \u201cHabitaci\u00f3n muy peque\u00f1a\u201d. Pero esto tampoco es una habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Saca la cabeza por entre los trapos que sirven de puerta. Se anima y comienza a asomarse como un ov\u00edparo cuando quiere dejar el cascar\u00f3n que lo ha mantenido durante la formaci\u00f3n. La calvicie pronunciada, el pecho desnudo y la dentadura blanca contrastan. No parece un hombre normal hecho para vivir en estas condiciones. Otro chup\u00f3n al cigarrillo y la primera muestra de humor negro, antisocial, despreciativo por lo que hay m\u00e1s all\u00e1 de esos pl\u00e1sticos que lo protegen del sol ardiente cucute\u00f1o. \u201cVivo en mi casa, ac\u00e1 vengo a pescar\u201d.<\/p>\n<p>Emilio es un hombre de estatura escasa. No est\u00e1 mal vestido para la ocasi\u00f3n, lleva gafas, bluy\u00edn y camisa. Habla tranquilo y responde a las preguntas con serenidad. \u201cNo sirvo para vivir entre tanta gente\u201d. Por eso lleva largos a\u00f1os metido en el monte, alejado de lo que \u2018El Cole\u2019 llama con iron\u00eda \u201csociedad\u201d. Estuvo un tiempo en las calles de C\u00facuta rebusc\u00e1ndose el pan diario y de all\u00ed pas\u00f3 a la soledad que ahora lo acompa\u00f1a en este otro \u2018cambuche\u2019.<\/p>\n<p>Tiene af\u00e1n por dejar este mundo en el que se ha metido por su condici\u00f3n econ\u00f3mica miserable. Es reciclador de profesi\u00f3n y de vez en cuando consumidor de drogas. De pertenencias no puede hablar, porque no las tiene. Si acaso unos pl\u00e1sticos que consigui\u00f3 en alguna salida a la ciudad y que se han convertido en el bien preciado. Las nuevas construcciones usan \u2018draivol\u2019 para las paredes, aqu\u00ed cualquier material sirve para simularlas.<\/p>\n<p>Fredy estaba dormido y lo despert\u00f3 la llegada de los intrusos a su mundo. Tiene los ojos azules, es flaco hasta m\u00e1s no decir, a la mano derecha le faltan los dedos anular y coraz\u00f3n, la mirada es triste y el cuerpo d\u00e9bil. A pesar de esa imagen refleja deseos de continuar con vida y se queja porque \u2018El Muelas\u2019, j\u00edbaro de profesi\u00f3n, le prendi\u00f3 fuego al monte seco y acab\u00f3 con el rancho. Act\u00fao en venganza porque no lo dejaron vender la droga en ese lugar, escondido de la polic\u00eda y metido entre la maleza para que los consumidores no sintieran la mirada escrutadora de los transe\u00fantes por la Avenida del R\u00edo.<\/p>\n<p>Sobre unos ladrillos que alg\u00fan d\u00eda recogi\u00f3 de una construcci\u00f3n cercana tiene acomodados, en perfecto orden, los juguetes de los hijos que no se ven en el lugar. Un transformer rojo y un carrito esperan por ese ni\u00f1o que\u00a0 no ha de llegar para divertirse juntos. Cerca, el bal\u00f3n blanco peque\u00f1o aguarda por el pie que lo despierte de ese letargo en el que est\u00e1 sumido y lo haga valer como objeto.<\/p>\n<p>En los brazos, la piernas, el resto del cuerpo siente que lleva las \u201csecuelas de la vida\u201d en forma de cicatrices que no van a curar a pesar de estar cerradas y sanas. Ah\u00ed, ha pasado las \u00faltimas horas de su existencia que cuenta por d\u00e9cadas. Lleva 20 a\u00f1os metido entre ese matorral del que no quiere salir. La bicicleta, recostada sobre un tronco que hace de columna para sostener los pl\u00e1sticos, lo acompa\u00f1a en los pocos recorridos por las calles pavimentadas de la ciudad. Por ahora permanecer\u00e1 detenida, como tiene detenida la vida este hombre, al que por el color de los ojos apodan \u2018El Gato\u2019.<\/p>\n<p>Farid no pasa de 55 a\u00f1os, pero demuestra 80. Est\u00e1 enfermo y maloliente. As\u00ed como perdi\u00f3 las ganas por volver a ver a su hermana perdi\u00f3 la dentadura. En medio del dolor causado por las caries decidi\u00f3 arrancarse, uno a uno, dientes y muelas. La cara la cubre con una barba de meses sin cortar, los labios se pegan al querer hablar y las palabras salen con dificultad. Est\u00e1 acabado, tiene apariencia de tuberculoso.<\/p>\n<p>El ranchejo est\u00e1 dividido en dos \u2018habitaciones\u2019. Una para el hijo, que no est\u00e1, y otra para Farid. En esa especie de \u2018dormitorios\u2019, la cama es un colch\u00f3n viejo, deteriorado, roto, recogido en alguna andanza en busca de material reciclable. La cocina no parece serlo y a las dos jarras que cuelgan de un tronco no les cabe una gota m\u00e1s de tizne.<\/p>\n<p>La apariencia es lastimera. Son cuatro hombres que han perdido la vida mientras viven en este ambiente inhumano. El papa Juan Pablo II en una ocasi\u00f3n acab\u00f3 con el misterio de la existencia del infierno. Dijo que no existe y muchos lanzaron cohetes en se\u00f1al de alegr\u00eda, porque, seguro, no ir\u00edan a parar all\u00e1. Si estos seres humanos hubieran escuchado con atenci\u00f3n las palabras del ahora santo las habr\u00edan refutado, porque el infierno es justo donde viven.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, entre la maleza, a un costado de la Avenida del R\u00edo, cerca al Pamplonita, permanecer\u00e1n \u2018El Cole\u2019, Emilio, Fredy y Farid escondi\u00e9ndose de la sociedad, no por verg\u00fcenza, sino porque a la sociedad es a la que le da verg\u00fcenza reconocer que estos hombres existen y que no los tiene tabulados, ni registrados, ni inscritos como ciudadanos en las extensas listas oficiales.<\/p>\n<p>(Farid (foto) muri\u00f3 a los pocos d\u00edas en el hospital Erasmo Meoz. No aguant\u00f3 m\u00e1s el sufrimiento y el alma decidi\u00f3 separarse del cuerpo mortal que le correspondi\u00f3 en suerte.\u00a0 Hoy, hace parte del recuerdo y de esta historia sacada de la vida real).<\/p>\n<p><strong>PARTE \u2013 2. C\u00facuta, dos d\u00e9cadas sin vida<\/strong><\/p>\n<p><strong>RAFAEL ANTONIO PAB\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"mailto:rafaelpabon58@hotmail.com\">rafaelpabon58@hotmail.com<\/a><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00daCUTA.- \u201cAqu\u00ed, escondi\u00e9ndonos de la sociedad\u201d, dijo \u2018El Cole\u2019 mientras sosten\u00eda un cigarrillo en la mano derecha. Al principio no quer\u00eda dejarse ver, no por verg\u00fcenza ni por temor a represalias, solo lo hac\u00eda porque jugaba a las escondidas con la realidad que no le pertenece. 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