{"id":22209,"date":"2014-08-05T21:58:05","date_gmt":"2014-08-06T02:58:05","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=22209"},"modified":"2014-08-07T16:12:04","modified_gmt":"2014-08-07T21:12:04","slug":"cronica-los-desaparecidos-tambien-son-colombia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=22209","title":{"rendered":"CR\u00d3NICA. \u201cLos desaparecidos tambi\u00e9n son Colombia\u201d"},"content":{"rendered":"<p><strong>C\u00daCUTA.-<\/strong> En Carmen Cecilia y Mar\u00eda Teresa el clima ardiente de C\u00facuta a\u00fan no ha hecho mella. El cuerpo resiste la larga caminata hasta el Palacio de Justicia de C\u00facuta, por la avenida Gran Colombia. La cabeza erguida las hace ver como mujeres valerosas que har\u00e1n hasta lo imposible para que el cansancio no las venza.<\/p>\n<p>Cargan un estandarte, como Jes\u00fas llev\u00f3 la cruz al calvario, con la fotograf\u00eda de los hijos que la guerra les arrebat\u00f3 en momentos distintos. Las dos sufren a su manera la soledad que dejaron los muchachos al partir para nunca m\u00e1s volver a casa.<\/p>\n<p>\u201cEstoy buscando a mi \u00fanico hijo desaparecido\u201d, dijo Carmen Cecilia y de inmediato apareci\u00f3 en el rostro la melancol\u00eda que arrastra desde el 9 de abril del 2010. Desapareci\u00f3 en El Escobal, se llama Sergio Abril Torres, tiene 26 a\u00f1os. Ese d\u00eda sali\u00f3 a trabajar, como mototaxista entre El Escobal y Ure\u00f1a. \u201cDesde ese d\u00eda lo ando buscando\u201d, dijo de nuevo con la amargura que solo las madres sienten cuando un hijo desaparece.<\/p>\n<p>\u201cHace 12 a\u00f1os, se desaparecieron mis dos hijos\u201d, la frase sali\u00f3 de los labios de Mar\u00eda Teresa. Los ojos han perdido el brillo por el dolor que el tiempo se ha encargado de acumular. Jenny Roc\u00edo y Marcos Gregorio eran estudiantes, pero al ver la pobreza y el deterioro de la salud de la madre se fueron a trabajar. En El Catatumbo cumpl\u00edan con el oficio de raspar hojas de coca.<\/p>\n<p>Las dos mujeres forman parte del grupo que tienen v\u00edctimas de desplazamiento forzado en Norte de Santander. Las cifras hablan de 3000 hombres y mujeres que han corrido esa suerte en el departamento. Para reclamar por la verdad, los primeros martes de cada mes llegar\u00e1n al Palacio de Justicia para gritar, hasta quedar sin voz, \u201cvivos se los llevaron vivos los queremos\u201d.<\/p>\n<p>Carmen Cecilia guarda fresca la imagen del unig\u00e9nito. \u201cEra alegre, pac\u00edfico, solidario. Si alguien le ped\u00eda un favor porque no ten\u00eda con qu\u00e9 comer lo atend\u00eda\u201d. Al recordar al hijo reflexiona y las palabras las arrastra el viento. \u201cNo veo cu\u00e1l sea el hecho para que en este pa\u00eds desaparezcan j\u00f3venes y ni\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p>Viv\u00eda con el \u00fanico hijo, all\u00e1 en El Escobal, cerca de la l\u00ednea que divide el territorio y lo reparte entre Colombia y Venezuela. Ahora, se ha tenido que llenar de fortaleza y valor para darles consuelo a aquellos que buscan cualquiera de sus hombros para llorar. Ella no quiere llorarles a los dem\u00e1s. \u201cMe he sostenido como un roble para salir adelante\u201d.<\/p>\n<p>A la espalda se escuchan los reclamos de sus colegas de suplicio. M\u00e1s mujeres que hombres est\u00e1n ah\u00ed parados, al pie de las escaleras que llevan a las oficinas judiciales, para decirles a los jueces que \u201clos desaparecidos tambi\u00e9n son Colombia\u201d. Guardan la esperanza que en cada cub\u00edculo de ladrillo retumben esas palabras y estremezcan a los encargados de no permitir que sus casos queden en la impunidad.<\/p>\n<p>Carmen Cecilia tiene una convicci\u00f3n firme, \u201cno descansar\u00e9 (en la b\u00fasqueda), porque as\u00ed como se lo llevaron vivo, quiero \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 que llegue vivo\u201d. Y volvi\u00f3 a recordar el instante de la partida. Sergio sali\u00f3 alegre, se fue a trabajar feliz y as\u00ed lo espera. \u201cMientras no lo vea regresar as\u00ed, no puedo pensar lo contrario\u201d.<\/p>\n<p>Y elev\u00f3 la mirada al cielo, en busca de la respuesta que no le ha dado el Estado por medio de fiscales y jueces. Baj\u00f3 los ojos y les implor\u00f3 a los seres humanos que \u201ctrabajen m\u00e1s por las v\u00edctimas de desaparici\u00f3n forzada. Vemos mucha pasividad, no hemos visto eficiencia. Vemos todo muy quieto para nosotras las v\u00edctimas\u201d. Y no se guard\u00f3 la m\u00e1xima expresi\u00f3n de la ira que siente y la solt\u00f3 sin titubear. \u201cEllos (los empleados) solo esperan que llegue el 30 de cada mes para que les paguen y nuestro problema no es problema de ellos\u201d.<\/p>\n<p>Carmen Cecilia regres\u00f3 al grupo para unirse a las arengas. Encabeza a los inconformes y grita con todo el aire de sus pulmones, \u201cqueremos justicia, queremos justicia\u201d. Los dem\u00e1s la siguen y los gritos aumentan en cantidad y en intensidad.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Teresa, hace 12 a\u00f1os, se encarg\u00f3 de la crianza de los dos nietos, hijos de Jenny Roc\u00edo. No ha tenido ayuda del Gobierno, ni de Bienestar Familiar, ni de ninguna entidad oficial. \u201cNo quiero morirme sin saber la raz\u00f3n por qu\u00e9 desaparecieron\u201d.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a las horas del parto, \u201ctuve dolor para parirlos\u201d; rememor\u00f3 el esfuerzo que hizo, sola, para sacarlos adelante, para que estudiaran en el \u00a0colegio Fe y Alegr\u00eda (Atalaya), \u201cse \u00a0los llevaron j\u00f3venes, no los dejaron vivir\u201d. Y pidi\u00f3, encarecidamente, a la Fiscal\u00eda que mueva los procesos que les corresponden.<\/p>\n<p>A pesar de lo mucho que ha sufrido como madre y de las largas esperas que le ha dado al tiempo es consciente de que \u201cest\u00e1n muertos en fosas comunes. La rabia es porque ni siquiera eso han sido capaces de decirles \u201cpara buscar aunque sea los huesos para no tener la zozobra, d\u00eda a d\u00eda, de esperar a aquellos hijos que nunca volver\u00e1n\u201d.<\/p>\n<p>La familia la compon\u00edan los cuatro hijos y ella, madre soltera, a quien le qued\u00f3 la responsabilidad de cuidarlos. Jenny y Marco se fueron para El Catatumbo porque hab\u00eda mucha pobreza en la casa, la salud de la mam\u00e1 no daba m\u00e1s. \u201cSe fueron en busca de dinero, de plata para levantar el hogar, eran los dos mayores\u201d de la casa.<\/p>\n<p>El sentimiento de madre aflora. Los excusa y limpia la imagen. \u201cNo iban con maldad, porque eran j\u00f3venes\u201d, y recalca sobre los motivos que tuvieron para salir del hogar, \u00a0\u201cse fueron porque vieron el sufrimiento m\u00edo\u201d.<\/p>\n<p>De cada uno preserva el mejor de los recuerdos. Jenny, madre responsable, que ten\u00eda que sacar adelante los dos hijos. \u201cElla iba a trabajar y me quedaba con los nietos o los llevaba a una guarder\u00eda\u201d. Marcos, din\u00e1mico, trabajador, responsable, porque ese fue \u201cel ejemplo que le dio su santa madrecita, que soy yo\u201d.<\/p>\n<p>La protesta termin\u00f3. Guardan los carteles con cuidado, porque dentro de un mes tendr\u00e1n que cumplir una nueva cita con la incertidumbre. Seguro, volver\u00e1n a vociferar \u201cqueremos verdad, queremos verdad, queremos verdad\u201d. Quiz\u00e1s el eco de esos gritos permanezca 30 d\u00edas en el Palacio de Justicia y ayude a solucionar este problema que los atormenta.<\/p>\n<p><strong>RAFAEL ANTONIO PAB\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"mailto:rafaelpabon58@hotmail.com\">rafaelpabon58@hotmail.com<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Foto: MARCO S\u00daA<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00daCUTA.- En Carmen Cecilia y Mar\u00eda Teresa el clima ardiente de C\u00facuta a\u00fan no ha hecho mella. El cuerpo resiste la larga caminata hasta el Palacio de Justicia de C\u00facuta, por la avenida Gran Colombia. 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