{"id":20374,"date":"2013-12-25T21:02:41","date_gmt":"2013-12-26T02:02:41","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=20374"},"modified":"2013-12-28T17:18:36","modified_gmt":"2013-12-28T22:18:36","slug":"navidad-momento-ideal-para-hacer-tamales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=20374","title":{"rendered":"Navidad, momento ideal para hacer tamales"},"content":{"rendered":"<p><b style=\"line-height: 1.5em;\">C\u00daCUTA.-<\/b><span style=\"line-height: 1.5em;\"> A lo largo del a\u00f1o, muchas familias cucute\u00f1as preparan el momento ideal para hacer tamales sin \u00e1nimo de lucro. La cuarta semana de diciembre es ideal para dar rienda suelta a esa actividad. La tradici\u00f3n se impone y lo bueno es comer, en la cena del 24, estos envueltos salidos de la olla humeante.<\/span><\/p>\n<p>Cada hogar los prepara a su mejor manera. Los hay con sabor llanero, combinados de pollo y cerdo, con aceitunas y uvas pasas, de arroz y guiso con garbanzos, de ma\u00edz amarillo o de harina. Las hojas son vitales y se escogen los mejores bojotes para que rindan.<\/p>\n<p>El fog\u00f3n cumple papel fundamental. La le\u00f1a se compra por atados o se busca en el solar de enfrente. Los tizones son gruesos para que duren o delgados para que la candela avive. Al comienzo hay que soplar fuerte; luego, el fuego consume los palos y la olla hierve.<\/p>\n<p>Esta tradici\u00f3n de miles de cucute\u00f1os se cumple con puntualidad religiosa en una familia del barrio Bel\u00e9n. Los once hermanos Mantilla Cuadros aprendieron la lecci\u00f3n muchos a\u00f1os atr\u00e1s y la aplican con sagrada exactitud en la ma\u00f1ana del d\u00eda que nace el Ni\u00f1o Dios.<\/p>\n<p>A la cita no falta ninguno. Si alguien anuncia que no llegar\u00e1, mejor pensar en aplazar la actividad que en cumplirla sin ese brazo fundamental para el desarrollo de la tarea. Por eso quienes viven lejos de C\u00facuta abandonan en su ciudad las labores cotidianas para llegar a tiempo y asumir el papel asignado a\u00f1os atr\u00e1s y que no variar\u00e1.<\/p>\n<p>Unos piden vacaciones, otros se las toman de hecho para estar con esposas e hijos en el patio trasero de la casa materna a la hora se\u00f1alada y con la ropa indicada para cumplir el oficio. La jornada no puede tener un hueco en la cadena humana. Se notar\u00eda y ser\u00eda motivo de nostalgia.<\/p>\n<p>Al principio, en los a\u00f1os remotos, los m\u00e1s de 10 kilos de ma\u00edz se coc\u00edan en fogones improvisados y se mol\u00edan en molinos manuales. La cocina se industrializ\u00f3 y de la m\u00e1quina aquella de manivela y tolva peque\u00f1a se pas\u00f3 al motor el\u00e9ctrico que ahorra energ\u00edas y agiliza el proceso. La madrugada era buena para empezar la tarea. Ahora, hay tiempo para unas horitas m\u00e1s de sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Comienza el trabajo. No hay necesidad de repetir qu\u00e9 debe hacer cada uno ni con qui\u00e9n debe acompa\u00f1arse. Los once, m\u00e1s una que otra voluntaria, toman posici\u00f3n. La masa est\u00e1 lista. Hay que darle punto para que no quede con grumos, suelte y se deje moldear. El guiso est\u00e1 preparado. Lleva carne de cerdo, buen ali\u00f1o y los componentes elementales de un tamal cucute\u00f1o.<\/p>\n<p>En el extremo sur, Jes\u00fas y la comadre Olga se encargan de hacer bolas de masa que depositan en un recipiente. Las manos untadas de grasa permiten el manejo seguro. Tienen el tanteo dado por la experiencia para que el tama\u00f1o del tamal sea el ideal. Mi muy chico ni muy grande, sino suficiente para servir dos al desayuno.<\/p>\n<p>Sigue el llenado de la masa. In\u00e9s y Vanessa hacen el hueco en la bola de ma\u00edz y con \u2018sapiencia suma\u2019 toman el guiso del perol, lo ponen adentro y cierran. Este producto va a la mesa principal donde contin\u00faa el proceso.<\/p>\n<p>El ambiente familiar es agradable. De un tema trascendente pasan a uno ligero y sin dificultad. No interesan las opiniones, valen los comentarios. Bien pueden hablar del papa Francisco como personaje del a\u00f1o, como de la muerte del cantante Diomedes D\u00edaz, o de las ocurrencias del alcalde Donamaris Ram\u00edrez, o de lo sucedido a la vecina.<\/p>\n<p>En ese ir y venir de frases, palabras y decires aparecen los cuentos de siempre. Solo basta con que alguien recuerde lo ocurrido en el \u00faltimo viaje familiar para que todos hagan comentarios que suenan chistosos y permiten las risotadas. Esos chistes los han o\u00eddos y contado en las \u00faltimas cinco reuniones y todav\u00eda los disfrutan a carcajadas.<\/p>\n<p>La mesa central est\u00e1 copada por Myriam, encargada de escoger las hojas, previamente sancochadas, separar los pedazos que servir\u00e1n para envolver los tamales y tirar al piso los trozos rotos. Pareciera que es quien menos esfuerzo hace, pero la justificaci\u00f3n est\u00e1 en que debe tenerse ojo para la selecci\u00f3n y ella es la experta.<\/p>\n<p>Cecilia y Rosalba toman las hojas y enrollan las bolas de masa con guiso. Son las encargadas de darles la forma cil\u00edndrica a los tamales. Dos, tres, cuatro vueltas, doblan las puntas y las entregan. La agilidad ganada con el tiempo les permite ir al ritmo del paso anterior.<\/p>\n<p>Luis y su esposa Trina tienen lista la cabuya. Toman el atado y lo amarran. La cantidad es suficiente para no permitir que el calor las desate y que al otro d\u00eda no haya dificultad para soltarlo y servir el delicioso alimento.<\/p>\n<p>De la l\u00ednea trasera llega otro gracejo. Vuelven a escucharse las carcajadas propias de este grupo caracterizado por la hermandad. No hay distracci\u00f3n, solo es un momento para la diversi\u00f3n. Los recuerdos asoman a la mente de los Mantilla y repiten las vivencias con la misma gracia de la primera vez, hace unos 10 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Miguel y Mongu\u00ed no est\u00e1n en la mesa central. Trabajan juntos en un costado. Tambi\u00e9n est\u00e1n encargados de envolver y amarrar. La pareja est\u00e1 sincronizada. No despabilan para no quedarse en el cumplimiento de la tarea asignada.<\/p>\n<p>Los tamales est\u00e1n listos. El resultado de esas largas horas de dedicaci\u00f3n son 400 \u2018cil\u00edndricos mantecosos\u2019 que Silverio, con cuidado extremo, ordena en dos ollas gigantes, cubiertas con los pedazos de hojas que no sirven para la envoltura. La labor ha terminado. Hay regocijo. Otro a\u00f1o que se cumpli\u00f3 con la tarea. El fog\u00f3n industrial y a gas se encargar\u00e1 del resto. No hay le\u00f1a para atizar, ni fuego para soplar.<\/p>\n<p>El remate de la tradici\u00f3n dice que el sitio de trabajo hay que dejarlo limpio. Entonces, comienza el desorden. Entre todos se lanzan agua y se emparaman, porque as\u00ed lo han hecho en los \u00faltimos 40 a\u00f1os. Risas, juegos, chistes, recuerdos. La \u2018tamaliada\u2019 de los Mantilla ha terminado. Ma\u00f1ana, en el comedor de los once hogares, aparecer\u00e1n los tamales que hace mucho tiempo les ense\u00f1aron a preparar do\u00f1a Carmen y don Silverio.<\/p>\n<p><b>RAFAEL ANTONIO PAB\u00d3N<\/b><\/p>\n<p><a href=\"mailto:rafaelpabon58@hotmail.com\"><b>rafaelpabon58@hotmail.com<\/b><\/a><b><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00daCUTA.- A lo largo del a\u00f1o, muchas familias cucute\u00f1as preparan el momento ideal para hacer tamales sin \u00e1nimo de lucro. La cuarta semana de diciembre es ideal para dar rienda suelta a esa actividad. 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