{"id":16692,"date":"2013-03-13T06:55:51","date_gmt":"2013-03-13T11:55:51","guid":{"rendered":"http:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=16692"},"modified":"2013-03-13T06:55:51","modified_gmt":"2013-03-13T11:55:51","slug":"el-eustorgio-colmenares-que-conoci","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contraluzcucuta.co\/?p=16692","title":{"rendered":"El Eustorgio Colmenares que conoc\u00ed"},"content":{"rendered":"<p><b>C\u00daCUTA.-<\/b> Ha pasado mucho tiempo desde aquel momento que tuve el primer contacto con el director de La Opini\u00f3n, Eustorgio Colmenares, para entregarle la hoja de vida y aspirar a formar parte del grupo de redactores del peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>En la Universidad de la Sabana aprend\u00ed el arte de escribir. A lo largo de cuatro a\u00f1os los profesores se esmeraron en que terminara la preparaci\u00f3n acad\u00e9mica con buenos conocimientos. Las notas no importaban, interesaba el c\u00famulo de datos almacenados en el cerebro para responder como profesional.<\/p>\n<p>A la despedida de compa\u00f1eros y docentes solo ten\u00eda una frase que se convirti\u00f3 en deseo. Llegar\u00eda a C\u00facuta para trabajar en La Opini\u00f3n o en Caracol. No pod\u00eda salirme de esas empresas. As\u00ed lo ten\u00eda entendido y era la ilusi\u00f3n del reci\u00e9n egresado de una carrera en la que el t\u00edtulo universitario no hac\u00eda falta, porque los exponentes del oficio hab\u00edan escalado posiciones merced a la experiencia.<\/p>\n<p>Ese anhelo no se cumpli\u00f3. En la cadena radial oficiaban como periodistas Ismael Contreras y Arbenis Petit L\u00f3pez, dirigidos por Carlos P\u00e9rez \u00c1ngel. Imposible que un imberbe les ganara el puesto a esos veteranos del micr\u00f3fono. En el peri\u00f3dico laboraban Gustavo Salazar, Nah\u00fan S\u00e1nchez y un joven llegado de Medell\u00edn. Era enero de 1985. La hoja de vida qued\u00f3 en las gavetas del escritorio de Juanita, la secretaria.<\/p>\n<p>Radio Tasajero fue el refugio. La falta de paga me llev\u00f3, en abril, a aceptar la oferta de trabajo de Fredy Parada para que formara parte del equipo de S\u00faper Noticias, en Radio 900. La coordinaci\u00f3n period\u00edstica estaba a cargo de Jorge Ele\u00e1zar Su\u00e1rez. Participar en ese espacio radial fue una buena experiencia por el ambiente, los compa\u00f1eros, el conocimiento adquirido y el desempe\u00f1o profesional. Tampoco hubo paga.<\/p>\n<p>Hasta que lleg\u00f3 el dato esperado. Comenzaba agosto. Nah\u00fan supo del retiro de su compa\u00f1ero de redacci\u00f3n en el peri\u00f3dico y pas\u00f3 la voz. Otra hoja de vida y una nueva ilusi\u00f3n. Volver a subir las escaleras de madera con el sobre en la mano aceler\u00f3 el ritmo cardiaco y despert\u00f3 una sensaci\u00f3n rara. Los minutos trascurrieron mientras permanec\u00eda sentado en un sof\u00e1 de cuero en la sala de espera del despacho del director de La Opini\u00f3n.<\/p>\n<p>El se\u00f1or se ve\u00eda serio. De edad. Llevaba un cigarrillo blanco en la mano. Bien vestido y con corbata. Se par\u00f3 en la puerta, mir\u00f3 y volvi\u00f3 a su escritorio. No dijo nada. La mente arm\u00f3 su cuento y cre\u00f3 im\u00e1genes et\u00e9reas. A esa hora se tiene comez\u00f3n en el cuerpo. La voz femenina orden\u00f3 seguir a la oficina. En el escritorio de madera hab\u00eda muchos papeles y un cenicero. Atr\u00e1s, estaba la m\u00e1quina de escribir, parecida a la utilizada en la universidad para hacer las tareas de redacci\u00f3n. Esas teclas escribieron muchas notas para el peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>El hombre que estaba sentado en la silla de cuero ten\u00eda un halo indescifrable. Se ve\u00eda bonach\u00f3n. Ten\u00eda cara amable y palabras sencillas. Parec\u00eda un cucute\u00f1o bien educado. Se recost\u00f3 y lo primero que pregunt\u00f3 fue por la preparaci\u00f3n acad\u00e9mica. Eso dio confianza. En la casa del barrio Bel\u00e9n y en la universidad aprend\u00ed a respetar a los mayores y a responderles con educaci\u00f3n. La respuesta sali\u00f3 espont\u00e1nea.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfDisponibilidad para empezar a trabajar?<\/p>\n<p>Esa pregunta era la que esperaba con ansiedad. De entre las piernas sali\u00f3 el sobre de manila con la hoja de vida y pas\u00f3 r\u00e1pido por encima del escritorio. Al otro lado una mano segura lo tom\u00f3, lo abri\u00f3 y sac\u00f3 el documento.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Inmediata, Doctor.<\/p>\n<p>La respuesta demor\u00f3 fracciones de segundos y estuvo acompa\u00f1ada por una sonrisa nerviosa. Acababa\u00a0 de dar un s\u00ed comparado con el s\u00ed que se da en la iglesia en el momento del matrimonio. Acababa de asumir una responsabilidad enorme. Acababa de comprometerme a hacer parte del cuerpo de redactores de La Opini\u00f3n. Y ah\u00ed estaba, sentado, tranquilo, recostado, ese hombre que me hab\u00eda dado la oportunidad de ser\u00a0 periodista en el peri\u00f3dico. Y tendr\u00eda una paga.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os trascurrieron en medio de esas ense\u00f1anzas que no requieren el grito, el rega\u00f1o o el castigo. Una palabra, una frase, una expresi\u00f3n bastaban para entender la situaci\u00f3n. La aclaraci\u00f3n de una noticia mal presentada solo ten\u00eda una orden.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El que envenen\u00f3 la perra, que la entierre.<\/p>\n<p>Las explicaciones sobraban. No hab\u00eda m\u00e1s que acatar la sentencia y presentar al d\u00eda siguiente la rectificaci\u00f3n noticiosa. Eso lo entendieron a la perfecci\u00f3n Carmen Cecilia Villamizar, Carlos Forero, Pedro Rodr\u00edguez, Isbelia Gamboa, Mario L\u00f3pez, Patricia Giraldo, Celmira Figueroa, Pedro J\u00e1uregui y Sixta Hern\u00e1ndez, que pasaron por la redacci\u00f3n del peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>A este hombre de dichos y aplicaci\u00f3n sencilla de la vida no le gustaban las notas largas, extendidas y que coparan la p\u00e1gina completa. La variedad noticiosa era su preferencia. Por eso, en los recorridos vespertinos por redacci\u00f3n le llamaba la atenci\u00f3n c\u00f3mo de las m\u00e1quinas de escribir descolgaban las tiras de papel con el contenido informativo.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ala, mijo \u00bfse muri\u00f3 el papa?<\/p>\n<p>La pregunta no buscaba una respuesta noticiosa. Era la mejor manera de llamar la atenci\u00f3n acerca de la extensi\u00f3n de la nota. La respuesta del redactor daba para la tercera de las m\u00e1ximas, que tambi\u00e9n iba repleta de ense\u00f1anza as\u00ed fuera corta.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mire, m\u00e9tame los dedos a la boca.<\/p>\n<p>Entre chanzas y juegos de palabras trascurr\u00eda la vida en La Opini\u00f3n. Los redactores se esforzaban por hacer bien el trabajo. No hab\u00eda computadores, ni sat\u00e9lite, los tel\u00e9fonos eran fijos y los comunicados de prensa llegaban escritos en papel.<\/p>\n<p>El 12 de marzo de 1993, el doctor Eustorgio Colmenares termin\u00f3, a la hora acostumbrada (5:00 de la tarde) la nota editorial para el d\u00eda siguiente. Era viernes. Sali\u00f3 a la puerta principal del peri\u00f3dico y se sent\u00f3 donde por mucho tiempo lo hac\u00eda para fumarse otro cigarrillo y ver pasar la gente. Lo saludaban y respond\u00eda con esa sonrisa sincera que no lo desamparaba. Se cruz\u00f3 de piernas y esper\u00f3 el momento indicado para partir a casa.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Esther lo busc\u00f3, se agarraron de la mano, como siempre los vimos partir de la empresa, y caminaron hacia el estacionamiento. No ten\u00edan prisa. Los pasos, los \u00faltimos que dio en La Opini\u00f3n, fueron normales, seguros y acompasados por los a\u00f1os.<\/p>\n<p>El trabajo continu\u00f3 hasta que la violencia lo interrumpi\u00f3. La primera noticia la llev\u00f3 un motorista. No la supo dar. Inform\u00f3 sobre la muerte de un hombre en El Malec\u00f3n. La segunda lleg\u00f3 con mayor precisi\u00f3n. Sin medir consecuencias el portador de la mala nueva grit\u00f3 desde la calle:<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mataron a Eustorgio.<\/p>\n<p>De ah\u00ed en adelante cundi\u00f3 el caos. Los periodistas enloquecieron. Corrieron hasta la cl\u00ednica San Jos\u00e9 para comprobar que era falsa alarma. Pero se encontraron con la verdad de frente. En el segundo piso del centro de salud\u00a0estaba el doctor Jos\u00e9 Eustorgio, at\u00f3nito, sin creer lo ocurrido. El cruce de miradas angustiosas bast\u00f3 para corroborar el hecho. El abrazo se extendi\u00f3 por muchos segundos, d\u00edas, meses y a\u00f1os. Todav\u00eda se siente.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQuiere verlo?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 S\u00ed se\u00f1or.<\/p>\n<p>Sobre la camilla estaba tendido el hombre bueno que 91 meses atr\u00e1s me\u00a0 hab\u00eda permitido entrar a La Opini\u00f3n como redactor y que luego me design\u00f3 Jefe de redacci\u00f3n, a pesar de la oposici\u00f3n que le montaron desde la calle. Ten\u00eda el dorso descubierto y la sonrisa bonachona apagada. Las balas asesinas le callaron la boca y m\u00e1s nunca escuchar\u00eda refranes con sabor a rega\u00f1o y a ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Varios hombres vestidos de negro se bajaron de una camioneta y le dispararon.<\/p>\n<p>El relato lo hizo do\u00f1a Esther, quien estaba sentada a su lado, en el sardinel de la casa, como lo hac\u00edan todas las noches despu\u00e9s de comer y a la mejor manera cucute\u00f1a. Esos fantasmas salidos de la nada dieron uno de los golpes m\u00e1s duros a la sociedad cucute\u00f1a en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas. Tanto se sinti\u00f3 en Colombia la muerte de Eustorgio Colmenares Baptista que la Fiscal\u00eda, 20 a\u00f1os despu\u00e9s, acaba de declarar ese asesinato como crimen de lesa humanidad.<\/p>\n<p>As\u00ed fue la vida de ese ser humano que un d\u00eda conoc\u00ed en su despacho y al que otro d\u00eda acompa\u00f1\u00e9 hasta la \u00faltima morada en la tierra. R.I.P.<\/p>\n<p><b>RAFAEL ANTONIO PAB\u00d3N<\/b><\/p>\n<p><a href=\"mailto:rafaelpabon58@hotmail.com\">rafaelpabon58@hotmail.com<\/a><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00daCUTA.- Ha pasado mucho tiempo desde aquel momento que tuve el primer contacto con el director de La Opini\u00f3n, Eustorgio Colmenares, para entregarle la hoja de vida y aspirar a formar parte del grupo de redactores del peri\u00f3dico. En la Universidad de la Sabana aprend\u00ed el arte de escribir. 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