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Marcos Aldana Delgado (q.e.p.d.) Foto: Especial para www.contraluzcuucta.co

HOMENAJE PÓSTUMO. Marcos Aldana, promotor de la Renovación Carismática en Cúcuta

CÚCUTA.- Corrían los primeros años de la segunda mitad de la década de los 70 del siglo 20. El barrio Belén todavía era un pueblecito, donde las familias se conocían a la perfección. La mayoría había llegado de los municipios del Occidente de Norte de Santander y de la otrora provincia de Ocaña. Reinaba un ambiente de respeto y en medio de las carencias materiales se paseaba oronda la felicidad.

Los pequeños tenían dos escuelas, la de varones y la de niñas. Al salir de clase correteaban por las calles aún destapadas y disfrutaban de las actividades, hoy llamadas lúdicas. Se los veía alegres en grupos. Al terminar la primaria tenían dos opciones, buscar trabajo o procurar un cupo en los colegios oficiales de la ciudad.

Los jóvenes afortunados acudían a los colegios Inem y Municipal. Los demás trabajaban y, algunos, estudiaban de noche. Se divertían en los campos deportivos, jugaban fútbol y basquetbol. Otros, soñaban con ir a la universidad. Pocos lo lograban.

Los adultos, repartidos entre padres y madres, hacían esfuerzos porque sus hijos estuvieran bien. Les daban lo que tenían al alcance y con eso les bastaba. No había lujos ni ostentaciones. Lo necesario estaba ahí y era suficiente. No eran viejos, sino mayores de edad. La devoción estaba volcada a Nuestra Señora de Belén y le construyeron el templo.

A esa comunidad, un día de cualquier mes, llegó un hombre de mediana estatura, quizás de 30 años, locuaz, de voz ronca. Convenció al párroco Pedro Alejandrino Botello para que le permitiera animar el preludio de la eucaristía dominical. Y con guitarra en mano dispuso a la feligresía para que entonara los cánticos al ritmo y con el entusiasmo que proponía.

Comenzaron a escucharse palmas y a verse bailes en la iglesia. Pocos permanecieron sentados, se levantaron de las bancas y aplaudían con ánimo. La parsimonia vivida en los oficios religiosos quedaba atrás y ahora había jolgorio.

Así nació en Cúcuta la Renovación Carismática. El barrio Belén se convertía en el pilar fundamental para el despegue de esta manera festiva de vivir la eucaristía. El responsable era Marcos Aldana Delgado, con la anuencia del padre Botello.

Los muchachos del barrio, animados por la música y el ambiente, se unieron al hombre que había llegado de Bucaramanga con un testimonio de vida que despertó interés. Había pasado por el seminario y sabía de liturgia, tenía como meta ser sacerdote y buscó respaldo en la Diócesis, poseía don de gestes y lo hacía valer a cada momento.

En Belén consiguió seguidores y los hizo sus apóstoles para llevar la Palabra de Dios a otras esferas. Unió a los potentados del Centro con la periferia, venció barreras sociales y los sentó a la misma mesa sin distingos de clases. Las Señoras y los pelados se abrazaban sin prejuicios.

Impuso las jornadas largas de oración, hizo creer en los dones del Espíritu Santo y se hablaba en lenguas, se tenía discernimiento y se poseía el don de la predicación. Había testimonio de vida cristiana. Hasta que otro día, así como llegó, emprendió el viaje de regreso al futuro que lo aguardaba en cualquier lugar de Colombia o del mundo.

De pronto, apareció en Nayarit (México). Allá, cumplió el sueño de ser sacerdote y se dio a querer de la comunidad que lo acogió como guía espiritual. Lució los hábitos que en su tierra no pudo, predicó con el estilo de siempre y llevó el mensaje divino a quienes quisieron escucharlo.

El 12 de octubre de 2022, llegó la triste noticia proveniente de la tierra de los manitos y el tequila. La vida de este hombre, amado por muchos e incomprendido por otros, se apagó. El entusiasmo con el que vivió se marchitó y murió. ¿Cuántas almas rescató? Muchas, principalmente la suya, que en un momento del paso por el planeta estuvo descarrilada.

En el barrio Belén una sombra sutil lo hace recordar y en las conversaciones de los jóvenes de aquella época se evoca su paso por la comunidad y se recuerdan las enseñanzas que dejó. La semilla, quizás, no germinó como hubiera querido, pero algo de su legado permanece en la mente de quienes lo tuvieron a su lado y a quienes Marco Aldana quiso con amor de pastor.

RAFAEL ANTONIOPABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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