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Acciones de guerra entre bandas disminuyen, pero no así sus intensiones

Luego de la más reciente oleada de violencia en Cúcuta y el Área Metropolitana, de la que resultaron al menos 16 muertos, en menos de tres semanas, la tensión  se ha cernido sobre lo que se anunciaba como inminente y desatado choque entre grupos armados ilegales por el control de la zona de frontera entre Norte de Santander y Venezuela y las fuentes ilícitas de financiación.

Para sorpresa de muchos, lo que en su momento alertó a los medios de comunicación y puso en jaque muchas de las medidas de las autoridades judiciales encargadas de contrarrestar el accionar de los grupos, pasó en pocos días a ser una noticia más en la larga fila de sorpresas que cada día les depara a los colombianos.

La situación amerita una lectura menos triunfalista a la de asegurar que la posterior (y desde luego tardía) reacción de las autoridades judiciales, materializada en una seguidilla de operativos de los que, en pocos días, 19 integrantes de bandas criminales fueron detenidos, ha logrado neutralizar a tales grupos. Tampoco cabe de ningún modo en este momento presagiar una tregua entre los bandos.

En su lugar, es conveniente hilar los hechos que conforman  el inmenso manto de inseguridad que se vive en  Cúcuta y Villa del Rosario. El primero,  es el rumor que en los corrillos de la ciudad ha terminado por ganar fuerza: la llegada a la zona de un nuevo grupo ilegal responsable del aniquilamiento de los integrantes del posicionado ‘Los Rastrojos’. La prueba estaría no sólo en los crímenes perpetrados  en la zona de frontera sino, además, en la manifiesta amenaza mediante mensajes  en muros de distintos sectores de Cúcuta.

Al menos cuatro puntos de la ciudad dejan ver en este momento grafitis alusivos al grupo Autodefensas Gaitanistas de Córdoba Unidas (AGCU), del que  se tenía noticia sólo en la provincia de Ocaña y mediante panfletos.

Barrio Aniversario de Cúcuta

Pese a que esta nueva incursión hace parte de la baraja de hipótesis que manejan las autoridades judiciales, no menos cierto es que de a poco se reconoce a los ‘gaitanistas’ como especie de mampara de la banda ‘Los Urabeños’, la cual sería la conductora de la estrategia de posicionamiento territorial que ocurre en Norte de Santander con el fin de hacerse con el  control de la economía ilícita de la zona, entre cuyas fuentes se cuentan el narcotráfico, la extorsión, el contrabando y las cuotas de seguridad, todas  sustentadas en homicidios, amenazas y en un clima de inseguridad sostenido que hace  a Cúcuta y al Área Metropolitana cargar el rótulo de ‘cultura mafiosa’, usado ahora  por visitantes y analistas.

Barrio el Llano, Cúcuta

El mapa sobre el conflicto en la región se despeja  y pone  en evidencia la confrontación entre los  mayores bandos derivados del paramilitarismo, con presencia en gran parte del país, ‘Los Rastrojos’ y ‘Los Urabeños’.

Y como en una espiral de violencia, de la que en Colombia se sabe mucho, algunos de los combatientes han comenzado a poner sus intereses al servicio del mejor postor, por lo que fuentes no oficiales aseguran que uno de los  cabecillas de ‘Los Rastrojos’ en el área urbana de Cúcuta,  que opera con el alias de ‘Camisa’, se ha mudado a ‘Los Urabeños’, encomendándosele ante todo el asesinato de los antiguos aliados, lo que al parecer ha cumplido en cinco oportunidades.

La más reciente  ocurrió el  13 de julio, cuando en la zona comercial de la capital nortesantandereana fueron baleados  integrantes de ‘Los Rastrojos’, entre los que estaba Miguel Mariano Mejía Oviedo, alias ‘Mao’. Durante la asistencia médica  brindada a uno de los heridos, en el hecho, le  hallaron en el estómago un dedil con 15 gramos de cocaína.

En vista de todo, resulta llamativo el reciente anuncio de monseñor Julio César Vidal Ortiz,  asignado a la Diócesis de Cúcuta, acerca de la intensión que tendrían algunas bandas criminales, entre las que mencionó a ‘Los Urabeños’, ‘Los Rastrojos’ y ‘Los Paisas’, de entregarse a la justicia. Hasta el momento, los hechos sucedidos en Norte de Santander desmienten al prelado, por lo que la ciudadanía espera, con todo derecho, la eficacia de las autoridades judiciales, en especial de la Policía, como una de las principales formas de apaciguar la violencia que, si bien a pasos lentos, camina firme por estos días en el departamento. 

DARÍO MONSALVE

dario-monsalve@hotmail.com

FUNDACIÓN PROGRESAR

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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