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VIVENCIA. Filas de impaciencia bajo el inclemente sol cucuteño

El sol del mediodía acompaña a los conductores de carros, motos y camiones de Cúcuta. Son la 12:35 de la tarde y las horas de descanso de los cucuteños se convierten en una nueva y tediosa tarea, echar gasolina. El servicio en las pocas estaciones, en los últimos meses, se ha convertido en dolor de cabeza por las largas filas para abastecerse de combustible.

Esta nueva rutina lleva a los propietarios de vehículos a dedicar entre una y tres horas del día a llenar los tanques. Al recorrer los distintos puntos de venta se observa en cada el letrero que anuncia el precio por galón, $ 5376. Cifra que alarma a los ciudadanos acostumbrados a comprarles a los pimpineros en las calles a bajo costo. Además, no había limitaciones para adquirir los litros que necesitara de acuerdo con el tipo de automotor. En las bombas hay un tope impuesto por las autoridades civiles locales y controlados por agentes de la policía.

En la estación de la avenida Los Libertadores la  fila toma forma de ele. Treinta automóviles y camionetas, sin contar las motocicletas, esperan bajo los rayos cenitales del mediodía. El calor, el desespero y las gotas de sudor que bajan por el rostro de los conductores, acompañan a los pacientes usuarios. Mientras, la fila avanza pocos metros cada 10 minutos. Para no soportar la tortura a la que están expuestos, hombres y mujeres prefieren bajarse de los autos, esperar, conversar y pasar un momento grato.

Los motociclistas, en cambio, debido al sol ardiente deciden dejar solas las máquinas mientras descansan bajo la fresca sombra de los árboles. Compran helados o bolsas de agua a los vendedores ambulantes, que han visto en la crisis una oportunidad para ganarse el pan de cada día. “Una pa´la sed”, ofrecen la provocativa y casi congelada bebida, como si los potenciales clientes necesitaran más el líquido que ellos, que desde tempranas horas han recibido los rayos del sol.

El tiempo corre a la velocidad de los autos, lento. Se acerca el momento de llegar a los surtidores. Sólo dos de los tres puestos de trabajo están disponibles y con dos empleados para atender la larga fila de carros y motos. Los precios aparecen elevados, comparándolos con la costumbre de pasar la frontera para aprovechar el cambio de la moneda y comprar el combustible  en la bomba internacional de Ureña.

A pocos metros de la estación se mantiene un puesto de pimpineros desolado. La esperanza del vendedor es que alguien con pereza o con afán  decida pagar un poco más por la gasolina con tal de ahorrar tiempo. La diferencia es de  $ 5376 a $ 8500 por galón. Al hacer cuentas, desaparecen las ganas de ganarse unos minutos.

Esa es la panorámica que se ve en los puestos de venta de combustible. La imagen no cambia en ninguna estación de Cúcuta, Villa del Rosario y Los Patios. Calor, caras largas, ‘agüita pa´ la sed’ y extensas filas de ciudadanos que deben acostumbrarse a los nuevos estándares que ocasionó el cierre de frontera.

NICOLT CUÉLLAR

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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