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Una vaca altamente productora de leche, debe bombear 20.000 litros de sangre al día dentro de su cuerpo, requiriendo un gasto extraordinario de energía. / Foto: agronegocios.co

VISIÓN. Ganadería: crianza y matanza de animales para la alimentación.

El 5 de junio, conmemoramos el Día Mundial del Ambiente con el tema de la biodiversidad y Colombia como país anfitrión, y no deja de ser contradictorio que Colombia (115.000 hectáreas en 2019) junto a Brasil y El Congo, los países más megadiversos del planeta, fueron los que más destruyeron sus bosques.

Se nos ha dicho que el Cambio Climático se debe a la quema de combustibles fósiles, siendo una verdad a medias, cuando el mayor problema es la ganadería. ¿Desde cuándo se empezó a ocultar esta realidad? ¿Por qué las autoridades ambientales y académicos no se pronuncian? ¿O, mejor dicho, por qué desvían la atención del problema más determinante?

La ganadería es responsable del 51% de los gases de efecto invernadero (CO2, metano, óxidos nitrosos) superando con creces a todo el sector transporte (carros, camiones, aviones, barcos, trenes, etc), ocupa el 45% de las tierras del mundo, consume el 30% del agua dulce disponible y consume más de la mitad de los alimentos producidos en el mundo. Adicionalmente, por medio de los óxidos nitrosos está inhabilitando las aguas y zonas en los mares. Así mismo, en muchos lugares del mundo, la ganadería ha significado la desaparición de la vida silvestre.

Los pastizales y las praderas de hoy fueron los bosques de ayer. La eliminación de bosques y selvas elimina los hábitats terrestres, flora, fauna, producción de oxígeno y rompe los ciclos del agua, carbono y nutrientes; es decir, acaba la biodiversidad. Con las quemas se emite CO2 y se mata a los microorganismos del suelo. El sistema ganadero, implica el uso de antibióticos durante la crianza de animales, los cuales terminan en nuestros cuerpos.

Al ritmo actual de deforestación, se espera que en 2030 desaparezca la selva amazónica, mientras que institutos de investigación, pronostican que en 2048 no habrá peces en los mares.

Una vaca altamente productora de leche, debe bombear 20.000 litros de sangre al día dentro de su cuerpo, requiriendo un gasto extraordinario de energía. Este techo biológico productivo que debe alcanzar el animal (para satisfacer las ganancias), hace que su ciclo de vida se reduzca de 20 años a 5 años. El confinamiento hace parte de su crianza, el encerramiento pone en contacto el estiércol con sus pezuñas a diario, siendo su vida cruel, así se tiene muerte temprana por bajar su rendimiento y en ocasiones, el ser macho lo condena a muerte.

La industria lechera asegura que la leche es un alimento saludable; sin embargo, desde hace mucho tiempo, se sabe que los países en los que más se consume leche, son los que presentan más fracturas de huesos en su población y el consumo está asociado al cáncer de próstata (hay fuertes evidencias) y otros tipos de cáncer (mama y ovario) asociados con las hormonas.

La leche es un fluido hormonal, está llena de hormonas sexuales y hormonas esteroides sexuales naturales como el estrógeno y la progesterona. Cualquier proteína animal eleva los niveles del factor de crecimiento insulínico tipo1 IGF-1, hormona que promueve el crecimiento y metástasis del cáncer.

La principal proteína en los productos lácteos, la caseína, principalmente en el queso, se degrada en la digestión humana para crear la casomorfina, (similar a la morfina) que va al cerebro y se adhiere al mismo receptor de la heroína en el cerebro, creando una especie de adicción. La leche de vaca tiene 10 veces más caseína que la humana, de ahí que pueda ser adictiva. La casomorfina puede tener un papel en el síndrome de muerte súbita en el infante y en el autismo.

La OMS clasificó la carne procesada (salchicha, jamón, tocino, charcutería) como cancerígeno del grupo 1 en los que también se incluyen los cigarrillos, el asbesto y el plutonio, y clasificó a las carnes rojas como cancerígeno grupo 2.

Según el doctor Neal Barnard, el azúcar no causa la diabetes, sino que es causada por una dieta basada en carne de animales que hace que aumente la grasa en la sangre. Las células musculares del cuerpo humano acumulan pequeñas partículas de grasa que causan resistencia a la insulina. Entonces, cuando se ingiere un alimento que trae azúcar, esta no puede llegar a las células por la barrera de grasa que hay en las células. Luego, el azúcar se dirige al torrente sanguíneo y ahí tiene el azúcar en la sangre, esa es la diabetes.

Al comer productos cárnicos y lácteos, al cuerpo humano ingresan las dioxinas, las cuales anteriormente habían escalado eficientemente en las vacas. Los hombres se deshacen lentamente de las dioxinas, mientras que las mujeres lo hacen cuando tienen bebés. Las dioxinas son los químicos más tóxicos hechos por el hombre y la ciencia reconoce que causan endometriosis (enfermedad ginecológica), problemas de disrupción endócrina (interfieren con hormonas), provocan cáncer y afectan el sistema inmunitario. Las lesiones leves de las dioxinas son lesiones cutáneas (acné clórico y manchas). Hoy, todos tenemos una cierta concentración de dioxinas, la carga corporal. Fetos y lactantes son grupos vulnerables a las dioxinas. La dioxina más letal es la TCDD.

¿Acaso no crees que por nuestras propias vidas y por nuestra propia salud, no merece que intentemos un cambio en el régimen de dieta occidental basado en productos cárnicos y lácteos y qué hay del Cambio Climático? Sabes que hoy en nuestra sangre tenemos residuos de plaguicidas y plásticos y quien sabe que otras cosas más. El micro-relleno sanitario que habita en nuestros cuerpos nos enferma y mata bajo el amparo de los intereses de las grandes industrias lecheras, del sector de alimentos y de las multinacionales de los agroquímicos. El ciclo de los peligrosos venenos agroquímicos aún permanece oculto.

CARLOS HUMBERTO CASTELLANOS

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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