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VÍCTIMAS DEL CONFLICTO. José del Carmen, de seminarista a perseguido

CÚCUTA.- José del Carmen Sierra vivía tranquilo en Bucarasica (Norte de Santander), como cualquier parroquiano, hasta que los grupos al margen de la ley lo amenazaron para que dejara su tierrita y la tienda que tenía a la orilla de la carretera. A partir de entonces es otro colombiano errante en busca de seguridad.

La primera idea que le llegó a la cabeza fue emigrar a Cúcuta para huirle a la muerte anunciada por los actores del conflicto armado que soporta el país hace un montón de décadas. Después, pasó a Villa del Rosario y ahí, entre angustias y penurias, comparte el hogar con la esposa y los hijos.

Poco a poco se ha amañado en el proceso de rehabilitación, al que nunca debió someterse, porque en el municipio natal no hacía daño a nadie. Para soportar el calvario, ahora comparte el dolor de ser víctima de desplazamiento forzado con otros seres llegados a la ciudad desde otros lugares, en procura de lo que no saben hacer.

Les habla del restablecimiento de los derechos, la oferta institucional, la articulación con instituciones, la formación complementaria, la vinculación a las unidades oficiales que ofrecen ayudas, la reparación administrativa y la reparación integral a las víctimas.

–         Tuve que abandonar mi finca y el negocio, en la vía Cúcuta-Ocaña. Debido a la valoración fui incluido en el registro de víctimas.

Estar en ese listado, que en el departamento es largo, no es un orgullo. Es solo la muestra de la intolerancia de quienes creen que con la amenaza y la persecución se hacen fuertes ante el resto de la población que, temerosa, obedece.

Sierra, a pesar de su condición de víctima, no tiene apariencia de perseguido. Es un hombre apacible, de hablar despacioso, con palabras medidas y una melodía en la voz. Esta imagen lo refleja como el exseminarista que es, el licenciado en filosofía y el conocedor de teología.

Cumplió con el recorrido espiritual y la formación en valores en el seminario mayor. Estuvo en Perú, en cumplimiento de la misión pastoral, y regresó para seguir en las aulas. A falta de un año para la ordenación cambió de vocación y se retiró. Prefirió ser un buen cristiano antes que un mal sacerdote.

–         La parte espiritual es un componente fundamental. Apoyar a las víctimas desde este aspecto es indispensable.

Muchas víctimas están destrozadas mental y sicológicamente por el trauma que viven, y carecen de fortaleza espiritual. Estos elementos juntos hacen difícil solventar las situaciones que afrontan por lo que requieren ayuda sicosocial para la rehabilitación.

En ese sentido José del Carmen se ha convertido en acompañante ideal para que sobrelleven la amargura que provoca el sentirse alejados de la mano del Gobierno. Ha complementado los conocimientos adquiridos en el seminario con estudios de sicología y trabajo social.

En medio de la lucha por no desaparecer como ciudadano y de las dificultades que ofrece la condición de ser víctima del conflicto ha mantenido vigente el gusto por la preparación académica. En el Sena recibió el título tecnológico en formulación de proyectos, un área desconocida para muchos hombres y mujeres que viven en su condición.

–         Muchas víctimas no sabemos cómo presentar un proyecto y desconocemos cómo es la articulación interinstitucional, y qué papel desempeña cada entidad.

Este es el nuevo mundo en el que nada José del Carmen. Pero que no lo aleja del temor ocasionado por quienes lo expulsaron de la parcela y lo obligaron a cambiar de modo de vida. Muchas veces, la necesidad económica acosa, lo preocupa no tener cómo subsistir, cómo mantener el hogar.

A pesar de los conocimientos y de la preparación académica, no tiene empleo constante. En el momento no trabaja, el perfil le ha dado oportunidades laborales escasas como docente, por contratos cortos, máximo tres meses, y luego a afanarse otra vez porque no hay los ingresos requeridos para la manutención familiar.

Otro problema es la estigmatización. A la hora de buscar empleo y sacar a relucir la condición de víctima del conflicto aparece el freno, la mala cara y la negación a la oportunidad.

–         Muchas veces uno oculta que es víctima para evitar que le nieguen el trabajo. Después, acepta que es víctima. Lo importante es no quedaros en ese concepto de víctima y mostrar mendicidad.

En las motivaciones a sus similares les habla de aprovechar los espacios que les dan para tener un enfoque trasformador de la vida, para comenzar a dejar esa condición de víctima. Sierra es consciente de que las instituciones los han ayudado a restituirse y a rehabilitarse.

El proceso, también lo cree y lo confiesa, depende del querer de las víctimas de salir de ese mundo. El discurso está basado desde la experiencia para hacerlo creíble entre aquellos que lo dejaron todo a las carreras y en la ciudad solo tienen recuerdos que no les sirven sino para agrandar la amargura.

En la zona donde vivía José del Carmen eran cotidianos los enfrentamientos entre los grupos al margen de la ley. El ser o aparentar ser neutral es un riesgo. Allá, en la finca, cultivaba café; el negocio era un paradero de venta de comida para taxistas, camioneros, buseteros y particulares.

Cuando lo espantaron no le dieron tiempo de sacar ninguna pertenencia. La carga fue lo más ligera posible. En la casa quedaron muebles, tanques, surtido. De eso hace seis años. En la ciudad, poco a poco se ha acomodado a otra manera de vivir, buscándole el lado amable y viéndole el ángulo positivo.

El proyecto de vida que había elaborado luego del retiro del seminario también se truncó. La nostalgia, que lo acompaña en algunas horas del día, alcanza a desequilibrarlo emocionalmente. Lo que queda es armar otro proyecto de vida.

–         No nos podemos quedar en el camino, estancados, solo a la espera de la caridad. Hay unos derechos que el Estado nos debe garantizar. Pero tampoco podemos quedarnos echados. Hay que mirar horizontes para ver cómo salir de este destino y tener una vida digna.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

 

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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