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“No he tenido la posibilidad de que ningún hombre me dé un beso en los labios y me acaricie las cicatrices, porque son banales”. / Foto: CREACIONES COPAL

TESTIMONIO. Lorena Meritano: No soy vanidosa, soy coqueta

CÚCUTA.- De niña quería ser bailarina y no jugó con la muñeca famosa, deseaba ser actriz y en casa veían poca televisión. Los juguetes materiales los cambió por el amor de papá Enrique Ítalo, de mamá Adela María Luz y de los hermanos Javier y Renato. A pesar de las limitaciones vivió feliz en la infancia. “Fui una nena feliz”.

La figura de Lorena Meritano Gelfenben, vestida de blanco, resalta en medio de la penumbra del teatro. La voz suena cálida y desde el primer momento conecta con el público. Saluda amable, sonríe, abraza, reparte besos, posa para la foto y alienta a quienes la escuchan. La argentina nació el 30 de septiembre de 1970, en Concordia, provincia de Entre Ríos, en la frontera con Uruguay.

Habla despacio para trasmitir afecto. Los ojos verdes se iluminan con cada recuerdo y la expresión facial cambia con el tono de la voz. Se la ve radiante. En esta ocasión no actúa, como en ‘Pasión de Gavilanes’ o ‘EcoModa’; ni recita el libreto de ‘Casa de reinas’ o ‘Corazón apasionado’. Solo envía mensajes de solidaridad, de tranquilidad, de amor, porque  “el amor es la red de contención que cualquier ser humano puede tener”.

En casa los padres la dejaron ser lo que deseaba. A los 4 años, mostraba inclinaciones artísticas, bailaba sobre las mesas y saltaba. Para aprovechar esas energías la enviaron a la academia de danzas, la matricularon en declamación, teatro y cerámicas. “Me dejaron ser yo”. Sin olvidar la importancia  de la escuela para la formación humanística y académica.

“Desde chiquita necesitaba expresarme”. Eso lo entendieron los padres y la apoyaron. En vacaciones no estaban contemplados viajes a la nieve ni a la playa, ni al lugar gringo de los muñequitos. Pasaba los días de descanso en el hogar y se entretenía con dos muñecas, una se la regaló la abuela Celia.

Los fines de semana los aprovechaba para ir al río Los Pájaros, que separa a Argentina de Uruguay. En compañía del padre pescaban. Momentos que hoy califica como invaluables y que valen más que cualquier objeto material. Aprendió a pescar y ahora, cuando se siente triste o sola, esas imágenes la sostienen y la alejan de los miedos.

Aunque las historias familiares la entristecen no se amilana y continúa con el relato. Subida en el escenario mantiene la atención del público, que la sigue con interés y sin escarmiento. Es una mujer que habla con la sinceridad que le da la experiencia vivida y que desea dar a conocer para que se tome como ejemplo.

Las penurias económicas por las que los Meritano Gelfenben pasaron no se notaban. Enrique era comerciante y Adela María, maestra. “Trabajaban codo a codo y eran mucho más que dos”. Para los tres hermanos eran figuras enormes. El papá, de carácter fuerte, los castigaba con la correa, con el pie, con lo que encontraba y con lo que podía.

Lorena se formó con genio contestatario y rebelde, comportamiento por el que se ganó varias penitencias que hoy agradece. Uno de esos castigos era hacer la siesta, de 1:00 a 4:00 de la tarde. Se levantó sin tener lo que otros tenían, pantalón de marca ni zapatillas a la moda. Sin embargo, a pesar de esas limitantes materiales, no sabe lo que es el resentimiento, la envidia ni el rencor.

El auditorio permanece en silencio, hasta cuando Lorena pide el micrófono para interactuar, porque a eso vino, a charlar, no a ofrecer una conferencia magistral. Los hombres se animan y piden la palabra, cuentan historias paralelas a la vida de Meritano, dan a conocer casos personales y se ganan los aplausos.

En la juventud soñó con ser artista. En la mañana iba a la escuela pública, en la tarde estudió lo más que pudo. Al terminar la preparatoria, no sabía qué hacer. Modeló dos años y huyó despavorida de ese mundo. Viajó a México con 600 dólares en la cartera, sin lugar definido para llegar a dormir. Manos amigas la ayudaron a pasar los primeros días entre los aztecas.

Llevaba el álbum lleno de fotos y recorrió las agencias de modelos en busca de trabajo. La contrataron como promotora turística y conoció buena parte del país centroamericano. Hasta que apareció el momento de hacer castin en Televisa. “Me fue bien y me becaron. Me recibieron para estudiar sin que pague”. Se preparó en teatro, actuación, técnicas vocales. Las puertas se abrieron en el teatro, el cine y la televisión.

Arriba, en la tarima que han pisado actores, cantantes, presidentes, ministros, gobernantes y gente normal, la figura de Marcela se alarga. Vuelve a sonreír. Mueve la cabellera que recuperó hace dos años. Domina a los espectadores, no por el parlamento, sino por el testimonio. La gracia para comunicar es otra de sus virtudes.

En 1994, hizo el papel de Esther en la novela Prisionera de amor. Siguieron las presentaciones y el éxito asomó a la ventana de su vida. La revista (1996),  Televisión Española; Maravillas diez y pico  (1995), Tele 5; Tric-Trac (1996), TV Azteca; Rivales por accidente (1997),   TV Azteca; Escándalo (1997 – 1998), Iguana Producciones – Frecuencia Latina; La mujer de mi vida (1998), Venevisión – Univision; Muñeca brava (1998 – 1999),  Telefe;  Ecomoda (2001 – 2002) Canal RCN; La lectora            (2002 – 2003), Canal RCN.

En la pantalla gigante aparecen fotos de algunas de las novelas en las que actuó. “La carrera me ha dado muchas alegrías, algunas tristezas, muchos amigos, compañeros. Aprendí mucho”.  ‘La mujer de mi vida’ le dio los premios Mara de Oro (1999), mejor actriz coprotagónica;  Ace (1999), rostro del año; Gran Águila de Oro (1999), mejor actriz coprotagónica; Latin Ace Award (2000), mejor coprotagonización femenina; Mara De Oro (2000), mejor actriz coprotagónica; Estrella De Venezuela (2000), mejor actriz coprotagónica.

Abrió un paréntesis en la charla. El tono de voz cambió y se tornó serio. Recordó a la Venezuela que la vio actuar en Venevisión y Radio Caracas, y pidió rezar por ese pueblo que afronta dificultades, que lo ayuden como se pueda. Recordó las producciones La mujer de mi vida y Corazón apasionado. “Oremos por ellos”.

Otras obras en las que actuó son El auténtico Rodrigo Leal  (2003- 2004), Teleset – Caracol TV; Pasión de gavilanes (2003 – 2004), R.T.I. – Telemundo – Caracol TV; La isla de los famosos (2005), Canal RCN; Historias de sexo de gente común         (2005), Telefe; Merlina, mujer divina (2006), Canal RCN; Mujeres asesinas – Mariela, envenenadora    (2007), Canal RCN;           Tiempo final (2007), Canal RCN; Amas de casa desesperadas (2007 – 2008), Canal RCN; Mujeres asesinas (2007), Canal RCN; Mujeres de nadie (2008), El Trece; Mujeres asesinas (2010),  Televisa; Chepe Fortuna        (2011), Canal RCN; Corazón apasionado (2012),  Venevisión – Univision; Casa de reinas (2012), Canal RCN; El día de la suerte (2013 – 2014), Canal RCN, y La bella y las bestias            (2018), Univisión.

“La vida me ha dado la oportunidad de interpretar personajes que no tienen nada que ver conmigo”. Por tener “mariposas en la panza y hormigas en el culo” ha vivido situaciones adversas, como exiliarse voluntariamente en España. Le gusta andar, aprender, conocer y se deja llevar por la curiosidad. Vivió en México, Perú y Colombia.

Baja del escenario para interactuar con hombres y mujeres. Pregunta, conversa, recoge información. No discute, asume el papel de narradora de una historia, la suya. Camina por los pasillos con seguridad. Es sincera en las apreciaciones y se entrega a los espectadores.

Quizás la primera tragedia que afrontó fue la pérdida del hijo a los tres meses de embarazo. “Perdí mi bebé. Fue duro, muy duro”. Luego, sobrevinieron las calamidades hereditarias.  La madre, sobreviviente de dos tipos de cáncer. El padre falleció a causa de cáncer de pulmón. A la abuela Celia la recuerda con una cicatriz por la cirugía en un seno. El cáncer se llevó, también, “al papá de mi mamá, a la mamá de mi mamá, a la mamá de mi papá”.

Hace cuatro años llegó a su vida ‘el maestro’ que no hubiera querido conocer, pero del que ha aprendido a sobrevivir, el cáncer de mama.  La actriz argentina estuvo en Cúcuta invitada por la fundación Pañoletas de Colores, que ayuda a mujeres que padecen este mal o están en la etapa de recuperación. El grupo es liderado por Mónica Mujica.

Justo cuando comenzó el proceso para cumplir el gran anhelo de ser mamá encontró el mayor tropiezo. Los primeros exámenes normales, tranquilidad, corría marzo del 2014. Todos los chequeos dieron cuenta de que estaba perfecta y apta para cumplir ese sueño de mujer. “Ser mamá es una ilusión”. En abril, detectó en el seno derecho una bolita anormal que despertó inquietud. En el año que murió Enrique Meritano pasó por una situación similar y el ginecólogo ordenó punzar para eliminar el riesgo.

No muestra resentimiento al hablar del médico que la subestimó, solo hace énfasis en algunas palabras para que quede claro el mensaje. En el público hay médicos de varias especialidades.  “En 15 días había gastado mis ahorros, porque para esto hay que actuar rápido”.

El tiempo avanza y los asistentes no dan muestras de cansancio. El aforo del teatro está completo en el 90 por ciento. Lo recaudado se invertirá en atención a las integrantes de Pañoletas de Colores. Pronto, seguro, se vincularán hombres. Las interrupciones ocurren para celebrar un apunte punzante de Lorena contra el sistema de salud, la atención en los consultorios o la salida en bata a la recepción, desnuda.

La primera mamografía dio la alerta. Se ordenó la biopsia por el contorno. No sabía que estaba enferma, buscaba director para la siguiente obra de teatro, preparaba la fertilización in vitro, estaba en camino de formar un hogar, construía el sueño de habas. “De repente me enfrenté con otra realidad. No estaba preparada para eso”.

La biopsia arrojó cáncer. La segunda explicó el tipo de cáncer. En dos semanas, en Bogotá, se sometió a múltiples exámenes que costaron mucho dinero. A pesar de los gastos, denunció que la biopsia quedó mal hecha. Regresó a Buenos Aires. Los planes quirúrgicos cambiaron por la aparición de una segunda bolita en el seno.  El esfuerzo médico estaba centrado en conservarle la mama. “Cuando desperté de la cirugía, lo único que decía era ¡tengo mi teta! ¡Tengo mi teta! Y lloraba”.

Ese viernes, apenas se sometía a la primera cirugía. En cuatro años ha pasado por el quirófano otras siete veces. La alegría postoperatoria duró pocos días. Otro examen dictaminó que ahora sí había que sacarle la mama y los ganglios. Y le preguntó al ‘maestro’ “¿para qué a mí? No ¿por qué a mí?”. La primera respuesta es: para cambiar los hábitos alimenticios. Nada de lácteos, nada de carnes, cero sal, cero azúcar, cero harinas. Aprendió a adobar la comida de mil maneras.

“Este proceso no es una guerra”. Se necesita mucha energía para afrontarlo. “Esto es una carrera de resistencia, no de velocidad”. No es vanidosa, prefiere autodefinirse como coqueta. Una foto la muestra sin senos, a cambio están las cicatrices de las operaciones. “Vivo orgullosa de mis cicatrices”. Tampoco tiene ovarios ni trompas.

Mientras pasó por esta etapa de la vida no apareció en televisión ni ocupó páginas de las revistas especializadas. La separación de la pareja sentimental le dio duro. Quedó sola. Se sometió a 16 quimioterapias. Heredó el gen  BRCA mutado del abuelo ruso judío. Hubiera preferido haberle heredado el banco. Un día se cayó, se quebró el brazo izquierdo y le pusieron siete placas. “No he tenido la posibilidad de que ningún hombre me dé un beso en los labios y me acaricie las cicatrices, porque son banales”.

Esta experiencia le ha servido a Lorena Meritano para conocer el valor del perdón y darle vuelta a la página. Ha vuelto al trabajo, grabó una serie en México, tiene ganas de vivir, no es fanática. Tiene a ‘Fidel’ como mascota y “cuánto más conozco a la gente, más quiero a mi perro”. Hoy estuvo en Cúcuta, mañana tal vez esté en una estrellita o en Argentina. “Me muero por ver a ‘Fidel’ para que me dé lengüetazos en la cara”, porque no sabe de cicatrices.

“Les voy a pedir que cuando tengan tiempo recen por mí, porque lo voy a necesitar”. En junio tiene chequeos oncológicos, todavía no ha recibido el alta médico. “Otra vez tengo bolas en la teta”.

Los sueños de la niña que nació en Concordia se cumplieron. Los anhelos de la mujer que creció en un mundo para el que se preparó se truncaron. Las ilusiones  de la actriz que pasó por la televisión se desvanecieron. Pero las ganas de vivir las mantiene intactas, porque sabe que superará esta y las demás pruebas que le ponga el ‘maestro’ que, un día y sin permiso, invadió su cuerpo esbelto.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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Un comentario

  1. Muchas gracias por la publicación, a tus ordenes. Bendiciones. Lorena Meritano

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