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TESTIMONIO. Carlos Cristancho, enseñanzas de vida

Esta historia la conocí por la gestión de la doctora Diana López, de la Liga Contra el Cáncer, de Cúcuta. siempre tuvo la voluntad de ayudar y colaborar con la documentación necesaria para la investigación. Luego de haber llamado a un sinnúmero de hombres que cumplían con el perfil, apareció Carlos Cristancho.

Desde la primera llamada mostró interés por participar. Se notaba entusiasta y directo. La cita se cumplió en la casa del barrio Zulima. A simple vista se ve que es dado al diálogo y buen amigo, que no se deja intimidar.

Carlos Alfredo Cristancho Villamizar nació en Ragonvalia (Norte de Santander), el 25 de septiembre de 1950. Hijo de Carmen Cecilia Villamizar y Faustino Cristancho, es el cuarto de 11 hermanos. Los últimos años de bachillerato los cursó en la capital del país.

De joven se inició como educador en la institución Santa Cruz de Gibraltar, en Toledo. Pasó por las Escuelas del Sombrerito, Santa Bárbara y de Niñas, en Ragonvalia. De ahí pasó a Cúcuta, continuó la labor en el barrio Motilones hasta llegar al CASD, para finalizar el quehacer en la escuela técnica Guiamaral (2015). Completó 42 años al servicio de la comunidad.

En esos años de docencia conoció a Ana Ivelia Vargas Dávila y contrajeron matrimonio. De la unión nacieron cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres. Desde aquel entonces han sido inseparables.

En septiembre del 2015, asistió a cita médica por consulta general y en los exámenes de control detectaron que el antígeno prostático era superior a 2,5. La situación puso en alerta a los galenos. Carlos contó con apoyo de la esposa y los hijos, suficiente para afrontar el proceso.

  • No quise contarle a nadie. Siempre he sido discreto y para mí lo más importante era que mi familia supiera, nadie más – afirmó con serenidad y firmeza.

Jamás tuvo temor. Tomarse el diagnóstico con entereza fue el éxito que no le permitió deprimirse ni derrumbarse.

  • Uno lleva este asunto de acuerdo con las medidas y las capacidades que tenga.

Una vez iniciados los protocolos, la ruta de tratamiento que ayudaría a Carlos Cristancho, sería la radioterapia. Treintaiocho sesiones, de lunes a viernes, descansaba los fines de semana y festivos. En octubre comenzó el camino. A diferencias de la quimioterapia o la cirugía, la radioterapia es sencilla.

El paciente entra desnudo a un cuarto y se acuesta sobre la camilla, sin mover un dedo. La máquina se encarga de introducirlo en el acelerador lineal, instrumento que al final envía el rayo de luz a la parte del cuerpo que se va a trabajar. En menos de cinco minutos está libre y de regreso a casa.

A partir de octubre del 2015, Carlos tenía una cita diaria en la sala de radioterapia y estudios que valoraban cómo disminuía el antígeno prostático. Aseguró que, en comparación con la quimio, las radioterapias no generan nauseas, ni mareos, ni síntomas que desmotiven al paciente.

En febrero del 2016, terminaron las radioterapias con la supervisión del urólogo y el oncólogo. De aquella experiencia quedó con malestar en los riñones, dado que el personal de enfermería no tomó las precauciones correspondientes y en cada encuentro con el acelerador lineal registraba daños en los riñones.

Después de esa etapa, continúa con controles en oncología y urología cada semestre, además de los controles con nefrología para cuidar los riñones.

Carlos Cristancho afirmó que los seres humanos cuando envejecen deben ser más religiosos, católicos y creyentes en la búsqueda de Dios.

  • Hay que ser fuertes y tener fuerza de voluntad. Vi otros pacientes que pierden la capacidad de comer, vivir, caminar. La mejor ayuda es la disciplina. Sin pena hay que pedirles a familiares y amigos que oren. Así uno alcanza la recuperación pronta y constante – sostuvo entre risa y en son de llamado de atención para quien lo escuche.

Espera que los profesionales de la salud ofrezcan el mejor trato y cuidado a cada paciente en medio del tratamiento oncológico. La humildad y la nobleza son valores que aprecia en el servicio que reciben.

Invitó a pacientes y familiares a que exijan la protección de los órganos, porque los rayos actúan como el flash de la cámara fotográfica que deterioran otros órganos, y prevención para que estos casos no se repitan.

DIEGO MONSALVE

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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