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“Se va o se muere”

CÚCUTA.- “Se va o se muere”. Fue la orden que escuchó Carlos Julio Gutiérrez Sánchez un día de 1998 cuando varios hombres llegaron a la casa y le dieron el mandato perentorio. No tuvo otra opción que partir del campo acompañado por la esposa y dos hijos de pocos años. Atrás quedó abandonada la ilusión de tener una mejor vida.

Este hombre, de hablar campesino, tímido y recatado para contar su historia, forma parte de las víctimas que ha dejado el conflicto armado en Norte de Santander y que hoy buscan ayuda de ese estado mezquino y olvidadizo para con quienes debieron huir de pueblos y veredas para salvaguardar la vida.

Vivía feliz con lo poco que poseía. En la parte rural de Sardinata  tenía una bodeguita, criaba ganado y cultivaba yuca, plátano y cacao. “Producía bastante en la región. Tenía un carro y también me lo quitaron. Salí con la mera ropa”.

Ahora, vive en Pedregales, en la vereda Chane. Lleva 8 años allí en calidad de arrimado. La violencia lo despojó de los bienes materiales y le arrebató las esperanzas de ver crecer a los muchachos en un ambiente sano, sin rencores, sin angustias y con escasos recursos, pero obtenidos con el sudor de la frente.

En el destierro nacieron otros dos hijos. El cuadro familiar lo componen dos varones y dos hembras, y la esposa. Los pelados estudian primaria y secundaria. “Hemos estado abandonados. No nos han dado para vivienda, no nos han dado proyectos productivos, no nos han dado créditos con bajos intereses. No hemos tenido la mejor solución”.

Esas palabras las repitió en la reciente marcha de las víctimas por las calles de Cúcuta para mostrarle a la sociedad que el conflicto ha causado daños irreparables a miles de familias humildes que hoy claman porque los escuchen en los estrados oficiales.

En Chane comparten la miseria con otras 11 familias y están mal económicamente. No ven la posibilidad de asomar a un hijo a la universidad. La ropa que visten la consiguen de ayudas humanitarias esporádicas que llegan al caserío.

Para subsistir “luchamos con unos animalitos que tenemos al aumento”. Cuidan varias reses y con el producido de la leche consiguen para cubrir escasamente las necesidades primarias. Empezaron vendiendo el litro de leche a $ 750 y ahora se lo pagan a $ 600.

La condición campesina no les ha impedido analizar la situación del país ni los ha puesto de espaldas a la realidad que los afecta.  Carlos Julio habla con palabras que son del dominio de expertos. “Estamos pidiéndole al Estado que por favor que ponga los ojos en nosotros, que nos de proyectos productivos y vivienda y que nos manden técnicos para nos enseñen a ser agricultores y competir con los productos que vienen de otros países”.

En el cartel que exhibieron en la marcha del 30 de agosto por las vías cucuteñas, escribieron las exigencias al presidente Juan Manuel Santos y con buena caligrafía pidieron asesoría para enfrentar el TLC, porque “legalmente ahora, en el 2014, llegarán los lácteos de la Unión Europea y la leche va a quedar a $ 400 o $ 300 y nosotros vamos a ser más pobres de lo que somos”.

La sinceridad aflora para reconocer que la única entidad que los ha acompañado es el Sena. En una ocasión, funcionarios del Incoder llegaron a la vereda a preguntarles cuántos huevos producían al día, cuántos litros de leche sacaban y cuántos animales tenían. “Les dije, por qué si estamos en Colombia nos preguntan como si estuviéramos en Cuba. Un funcionario se enojó porque le dije por qué nos están averiguando desde un huevo para adelante. No nos dijeron más y se fueron”.

Carlos Julio siente que no tiene ayuda de ninguna delas entidades conformadas para apoyarlos en este trance que afrontan por ser víctimas del conflicto armado. La Ley 1448 no lo ha tocado. “Ni nos presentan alternativas de nada”.

La marcha terminó en una calle cucuteña. Carlos Julio y los compañeros de vereda, al igual que las demás víctimas, recogieron el cartel, lo doblaron y lo cargaron de vuelta a casa. En otra ocasión habrá otra caminata y de nuevo lo desempolvarán para reclamar por los derechos arrebatados por la violencia desde 1998.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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