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‘El Burro’ no se explica cómo amigos “más sanos” están bajo tierra.

PERFIL. Luis ‘El Burro’: una vida llena de historias y risas

CÚCUTA.- “Tengo buena voz y canto bien, lo que pasa es que se me oye mal”, dijo Luis Ramón Ramírez Pabón, el hombre que canta en las calles de Santa Lucía. El humor y la risa lo acompañan mientras pasea en bicicleta por el barrio donde vive hace 45 años.

Son las 3:00 de la tarde. ‘El Burro’, como es conocido desde la niñez, llega en bicicleta. Siempre lleva el radio de baterías para escuchar boleros y carranga, su música favorita. El inclemente sol de la tarde cucuteña parece no inquietarle. Pantalones cortos, camisa manga larga y el característico sombrero componen la vestimenta. “Hoy vengo como Carlos Vives”, dijo mientras toma un sorbo de café.

Los brazos quemados por el sol reflejan los duros momentos vividos. Del cabello quedan solo recuerdos y a nadie deja ver su cabeza sin sombrero o gorra, con la que esconde la calvicie. Las pupilas se dilatan al recordar amistades que no están y las lágrimas brotan al hablar de los hijos.

Es el menor de seis hermanos, por eso es el encargado de cuidar la vejez de su padre, quien ahora tiene 89 años. Su rutina comienza a las 4:00 de la mañana, prepara el desayuno y sale en busca de alguien con quién conversar.

Está próximo a cumplir 62 años y asegura tener más energías que cuando tuvo 20 y prestaba servicio militar. “Ahora que estoy viejo me dan más ganas de bailar que cuando tenía esposa”. Ríe y corteja a cualquier mujer que pasa por el lugar.

Sobre el apodo ‘El Burro’, recordó el día que fue ‘bautizado’ por su padre. “Fue una competencia en el colegio. Corrí para ganarme unos colores y mi papá me dijo delante de todos que corría como un burro y así me quedé. Luego, en mi adolescencia, le hacía honor a mi apodo”, comentó mientras suelta una de sus particulares carcajadas.

Tiene cuatro hijos y se ve como un buen padre, a pesar de vivir solo con uno. “Cuando tenía 22 años nació mi primer hijo, prestaba servicio y me escapé para verlo nacer. Me equivoqué de clínica y no pude verlo”. La fuga ese día pudo costarle la vida, porque cerca a sus pies pasaron 20 disparos del centinela de turno.

La nostalgia asoma al hablar del pasado militar, pues la carrera acabó más pronto de lo esperado, en 1977. “Fui un soldado que vivía mejor que un oficial. Me la pasaba más afuera que adentro del batallón”. Debido a la indisciplina y a las continuas fugas nunca pudo ser sargento y terminó expulsado del batallón, en Cúcuta.

Está orgulloso de los cuatro hijos, especialmente de Oscar, el mayor, porque lo ayudó en momentos difíciles de la vida. Hoy, está renovado, asiste a misa cada dos días, razón por la cual se siente en paz y en armonía con Dios.

No existe un día en el que Luis no cuente un chiste o una anécdota de su vida. Hacer reír es la mejor medicina que tiene para luchar contra la diabetes que padece hace 10 años. “No voy al médico, porque me enfermo”. Pidió otra taza de café, ahora con más azúcar que la anterior.

No es bachiller, aunque la falta del título no le impidió especializarse en soldadura en el Sena. Trabajó en diferentes empresas de la región, entre las que destacan Cerámica Italia y Centrales Eléctricas de Norte de Santander. Hoy, se dedica a la construcción y en los ratos libres a componer versos, la mayoría dedicados a las mujeres.

Se considera un eterno enamorado y cuenta la hazaña de vivir en dos hogares al tiempo sin ser descubierto. “No me enorgullece, pero siempre supe actuar. Me gradué de actuación con mis dos esposas, en 1992, cuando me descubrieron”. Desde entonces vive con su padre y su hermano mayor.

En el costado derecho resalta la cicatriz que le dejó el primer accidente en bicicleta, a los 27 años. “Ese día maté a un guerrillero, me atropelló y se murió. También, me caí del puente San Luis al río, me di contra una buseta y me atropelló una moto por andar borracho, por eso no tomo”. Esas vivencias hacen parte de las viejas andanzas.

Quiere hacer parte de la Iglesia Cristiana al sentir que es momento de dejar atrás las costumbres y cambiar radicalmente la vida. ‘El Burro’ no se explica cómo amigos “más sanos”  están bajo tierra, mientras pasan más calendarios.

El tiempo apremia y Luis debe salir a buscar alimentos para su padre. Antes de irse pide otra taza de café, la última de la tarde. Enciende el radio y se monta en la bicicleta. Mientras pedalea canta la canción favorita, “Mátame con tus ojos traicionera…”.

JORGE IVÁN GUTIÉRREZ

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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