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Solo espera que vengan a recogerla las camillas celestiales y se siente preparada para la muerte, sobre todo, satisfecha pues gracias a Dios y a la prudencia llegó a ser lo que lo que fue.

PERFIL. Anita Morantes, la secretaria presidencial de oro  

El 18 de mayo de 1875, a las 11:15 de la mañana, ocurrió el trágico terremoto en Cúcuta. El desastre natural obliga a los sobrevivientes a desplazarse a pueblos aledaños de la provincia de Pamplona. Mateo Morantes, oriundo de Venezuela, residía en la ciudad, y se vio obligado a irse para Bochalema. Allí, se convirtió en el consejero. En 1888, plantó el majestuoso samán, símbolo de la comunidad.

Se casó con Victoria Novoa y de la unión nació Rafael, único heredero, quien tras casarse con Josefa Maldonado, trae al mundo a Ana, el 30 de enero de 1934. La niñez y la crianza trascurrieron en el pueblo, donde recibió la educación. En La Presentación de Niñas aprendió a leer y toda la formación.  Obtuvo el título como técnica en grado comercial.

“Yo cuido el samán, no porque lo haya plantado mi abuelo, sino porque amo a Bochalema”.

A los 8 años, empezó la pasión por el baloncesto. Las fuertes piernas lo demuestran. Inició influenciada por David, su hermano que hacía aros artesanales para jugar y entrenar. Conocida como Anita por el carisma y la amabilidad hacia los demás, trabajó con Virgilio Barco en la fundación que llevaba su nombre y la enseño a ser secretaria. Trece años después se reencuentran en la Alcaldía de Bogotá.

En 1953, conformó el equipo de baloncesto de Norte de Santander y jugó el primer nacional disputado en Cúcuta. No obtuvieron el título, pero demostró el talento para el deporte. Los ojos cansados por los años tienen una mirada óptima por la cirugía de cataratas a la que fue sometida. Anita cuenta sus glorias en el mundo deportivo acompañada por  el trinar de los pajaritos que aguardan la noche para descansar.

Fue corredora de atletismo en 100 y 200 metros planos, clasificó para competir en el exterior, pero en la empresa que laboraba no le concedieron permiso para viajar. Destacó más en baloncesto que en atletismo. Con el equipo de veteranas ganó medalla de plata en Toronto (Canadá), en 1985. El expresidente Belisario Betancur la condecoró con ‘La Pirámide al Mérito Deportivo’.

Anita y otra colombiana fueron seleccionadas como refuerzo para el quinteto de veteranas de Estonia. El esfuerzo de las cafeteras se reflejó en el título que ganó  Estonia, en los cuartos juegos mundiales de veteranos, en 1989. “Me perdí 50 años de mi municipio. Solo venía en las semanas santas, estaba en las procesiones y me iba de nuevo”.

La llegada al despacho de la presidencia fue algo inesperado, porque no simpatizaba con cargos políticos. “No son duraderos y el pago era poco”. Con ayuda de amigos llegó la oficina de relaciones públicas de la Presidencia. Las virtudes y la prudencia, heredada de Josefa Maldonado, le permitieron trabajar con tres presidentes de la república.

Fue secretaria de Julio César Turbay Ayala (1978 – 1982). Luego, de Belisario Antonio Betancur Cuartas (1982 – 1986) y  del cucuteño Virgilio Barco Vargas, con quien trabajo 3 años. Se retiró para unirse a la Organización de las Naciones Unidas, en la que trabajó en el proyecto ‘Pobreza en América Latina’. Permaneció 4 años.

Cada experiencia vivida como secretaria de los mandatarios la relata con alegría. Al momento de hablar del viejo amigo José Rozo Contreras desaparece la emoción del rostro, decae la potencia de la voz y las aves dejan de trinar como si sintieran el dolor de la mujer que los alimenta cada mañana.

En los años mozos, era amiga cercana del  creador de la música de los himnos varios municipios colombianos y quien hiciera arreglos a la música del himno patrio, para que sonara como marcha. “José Rozo Contreras fue un orgullo bochalemero. En Bogotá, los domingos, había conciertos y José Rozo exponía su talento. Una anécdota linda de recordar, fue cuando estaba en Alemania, en el teatro de bellas artes  leí en la programación que decía: para esta semana, abre la sinfónica de Berlín con La Danza Victoria, del autor colombiano José Rozo Contreras. Yo iba en una excursión y les decía a todos ¡lo conozco, es de mi pueblo!”.

Cuando pequeña, en la iglesia del municipio, Contreras le daba clases a Anita y le decía que tenía buen oído y voz, aunque nunca quiso ser cantante. De adultos, y con varios años encima, los dos le pedían a la Virgen de la Cueva Santa (patrona de  Bochalema) regresar al pueblito viejo y morir en paz, en la tierra que los vio nacer. A punto de volver,  José Rozo se agravó y murió en Bogotá. “Fue una gran pérdida para el país”.

Los ánimos se renuevan con las anécdotas vividas en Buenos Aires (Argentina), donde se desempeñó como secretaria de Víctor G. Ricardo, embajador de Colombia. “Gracias a Dios no se me pegó nada de los argentinos”, refiriéndose a que son altivos y orgullosos. Trabajó 4 años. “Conformar el cuerpo diplomático en el exterior es lindo, pues se representa una buena imagen de Colombia”.

Volvió a Bogotá para seguir en Naciones Unidas y en el proceso de paz con el expresidente Andrés Pastrana.  Trabajó un año en la veeduría del Distrito Capital para recibir la pensión y regresar al pueblo. “Trabajé en el despacho del Presidente, pero no recibía el sueldo del presidente; trabajé en Naciones Unidas, pero  no recibía el sueldo del secretario de las Naciones Unidas; trabajé en la embajada de Colombia en Buenos Aires, pero no recibía el sueldo del embajador. Recibí el sueldo normal, como el de cualquier secretaria”.

La disciplina es una de sus mayores características y se evidencia en que, hace pocos años, el comité deportivo de Norte de Santander la convocó para una actividad con niños; el objetivo era demostrarles a los padres que no deben quitarles el deporte a los niños. Anita empezó desde los 8 años con el deporte y nunca faltó al trabajo.

Hoy, con 82 años y la insuficiencia venosa que la aqueja,  la inolvidable Anita Morantes  cumplió el sueño de vivir en Bochalema, en la casa que la vio correr en la infancia con los pies descalzos. Volvió después de una activa y trabajosa vida que Dios le permitió llevar. Solo espera que vengan a recogerla las camillas celestiales y se siente preparada para la muerte, sobre todo, satisfecha  pues gracias a Dios y a la prudencia llegó a ser lo que lo que fue.

DAVID CARRERO

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: Especial para www.contraluzcuucta.co

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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