A huge collection of 3400+ free website templates JAR theme com WP themes and more at the biggest community-driven free web design site
Inicio / Articulistas / OPINIÓN. En la frontera el puente está quebrado
El puente está quebrado, pero la trocha está abierta para aumentar la ilegalidad de quienes quieren llegar a la legalidad de un salón de clase o un centro de salud. / Foto: RCN Radio

OPINIÓN. En la frontera el puente está quebrado

“El puente está quebrado, con qué lo curaremos, con cáscaras de huevo…”. En la frontera colombo-venezolana los niños no pueden cantar esa canción para remediar lo que la ilegalidad de las trochas les permite, llegar a las aulas de clase o a los centros de salud.

3262 niños venezolanos que cruzaban a diario los puentes internacionales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander se quedaron sin clase, aún cuando el calendario académico apenas comienza.

No asisten a las aulas por una razón, “el puente está quebrado”. La orden del presidente Nicolás Maduro, de no permitir el paso peatonal como lo hacían desde el 2016, los dejó con los cuadernos vacíos, con la tinta del lapicero sin utilizar y los uniformes impecables, al otro lado de la frontera, debido a que reciben clases en las instituciones educativas de Cúcuta y el área metropolitana.

Si el puente está quebrado y no hay cáscaras de huevo para curarlo y el rey no ha de pasar ¿qué harán los niños residentes en los municipios Pedro María Ureña y San Antonio del Táchira para llegar a los colegios de Villa del Rosario o Cúcuta?

Una salida siempre han tenido los habitantes de frontera, la misma salida debajo del puente quebrado, las trochas. Sí, esas mismas que se utilizan desde décadas atrás para el paso del contrabando, las mismas rutas de las que se han apoderado bandas criminales de ambos lados de la frontera, donde no hay Dios ni ley de la legalidad.

Las trochas donde han encontrado centenares de asesinados por la disputa del monte que genera ganancias para la criminalidad se convirtieron en el camino para los niños que buscan llegar a clases, para mujeres y ancianos que pretenden llegar a los centros de salud de Cúcuta para continuar con los tratamientos médicos (diálisis o quimioterapia).

Todos se pronuncian detrás del escritorio, alzan la voz con una hoja en la mano intentando mostrar cifras, pero nadie asoma la nariz más allá del río seco que deslumbran los matorrales de las trochas. Nadie acompaña a los niños a hacer la travesía que tiene entrada, pero no saben si tiene salida ante la presencia de encapuchados y armados, dueños de un pedazo de las trochas.

Los funcionarios se manifiestan en comunicados se acomodan el saco para salir bien en la televisión, pero no ensucian los zapatos de cuero para conocer los problemas debajo del puente quebrado.

Es el colmo que los directivas de los colegios tengan que elaborar constancias estudiantiles para entregarlas a los padres de familia que acompañan a los hijos en la travesía por las trochas, para demostrarles a las bandas criminales que los niños son estudiantes en las instituciones de Villa del Rosario o Cúcuta.

¿Para qué llevar a un niño a un salón de clase, si desde la trocha se le está enseñando a legitimar la ilegalidad? ¿Para qué arriesgar a un niño a que llegue al colegio, si se le está permitiendo normalizar ver a un delincuente con un arma en la mano?

Es decir, el puente está quebrado, pero la trocha está abierta para aumentar la ilegalidad de quienes quieren llegar a la legalidad de un salón de clase o un centro de salud.

Si el niño llega cansado, con los zapatos sucios al salón de clase debido a la larga y peligrosa travesía por la trocha ¿cómo harán los enfermos?

A un paciente con cáncer le prohíben exponerse al sol; le prohíben exponerse a un ambiente en el que haya aglomeración de personas; no se le permite rodearse de olores fuertes; tampoco pueden estar en jornadas que les implique largas caminatas.

En las trochas los pacientes con diabetes, VIH, cáncer y otras enfermedades crónicas deben exponerse a todo el escenario que les impide una sana recuperación. Esos pacientes que se socorren en los hospitales de Cúcuta y el área metropolitana deben hacer largas caminatas rodeados de monte, olores fuertes por aguas negras y polvo.

Hacen fila uno detrás de otro, como cuando les autorizan la cita médica, pero en la trocha la hacen para esperar el turno y brincar la piedra para no caer en la cañería, hasta terminar sudados por los minutos de exposición al sol. Todo esto para llegar a la sesión de diálisis o quimioterapia y regresar a la trocha que lo llevará de regreso a la casa.

Es que el puente está quebrado y no hay cáscaras de huevo para curarlo. No importa que los niños y los enfermos sacudan las trochas con sus frágiles pasos, afanados por escapar de algún enfrentamiento entre bandas criminales, nadie los escucha, todos parecen sordos ante el clamor de los habitantes de frontera.

Al parecer, los funcionarios dejan la sordera y la miopía cuando las trochas despiertan con los muertos, que parecen hablar más que los vivos. Es decir ¿tiene que suceder una tragedia, peor que la que caminan niños y enfermos para que se tomen medidas que beneficien a los habitantes de la frontera?

ANGÉLICA ROJAS

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

Podría Interesarle

CRISIS EN VENEZUELA. La cara de la desgracia venezolana

CARACAS — La conversación había sido anunciada para las 17:00 de aquel jueves 7 de …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *