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Si no hay un cambio y una actitud nueva y positiva de todos, la suerte local, regional y fronteriza seguirá en las mismas. / Foto: ARCHIVO

NOTAS AL MARGEN. ¿Seguiremos en las mismas por culpa y riesgo de nosotros?

1.- Un examen juicioso, directo  y comprometido sobre la realidad local, regional y fronteriza, incuestionable, conlleva reconocer que hay en el ambiente una actitud indiferente, pasiva y de poca esencia constructiva, que no permite que se active y proyecte la necesidad de una trasformación y cambio, como siempre se anota en los círculos que se reúnen para enfocar lo que nos ocurre y  los vacíos que definen y determinan estos momentos de semiparálisis y preocupación en casi todos los órdenes de lo público y lo privado de esta jurisdicción de tantos perfiles y valoraciones que han descuidado sus perspectivas y el reto de su propio y gran  desarrollo.

2.- Formulamos estas apreciaciones, porque hay ausencias de liderazgo y de trabajo mancomunado y en equipo, como tantas veces lo han solicitado quienes se atreven a pensar y publicar sus apreciaciones. Sí, hace falta romper la pasividad y la gestión ‘rosquista’  que no va sino hasta el registro de los que participen con ella, para asegurar los logros que se alcancen, porque lo colectivo, comunitario y general poco importa, dado que los frutos no son para el bienestar de todos, sino de unos pocos.

Una larga y amarga historia pone de presente con todo lo ocurrido con la Carretera del Alto del Escorial, el proyecto Cínera de SenénBotello, el Aeropuerto Internacional de Cúcuta, el Parque Industrial, la Ley que ordenaba el traslado de los restos mortales de Francisco de Paula Santander al Complejo histórico de la Villa del Rosario (Ley 22 de 1971), la Ley 43 de 1973 (Cúcuta 75), con que el Estado se vinculaba a la reconstrucción de Cúcuta con la construcción del Centro Cívico y se otorgaban aportes para la Zona Franca, la Academia de Historia y otras opciones impulsoras del  desarrollo de la urbe.

3.- Lo que queda es otra realidad, como la ida y el hueco de Bavaria, el retiro de Coca Cola, el acabose de muchas empresas e industrias que buscaron otras latitudes, más el Central Azucarero, sin que existiera la asistencia y compañía como sucedió con el ferrocarril, la Plaza de Ferias, el Centro de Convenciones, el irrumpir del Movimiento de Unidad Nortesantandereano (MUAN), la Corporación de Acción Nortesantanderana y Fronteriza (Canyfron) y un sinfín de propósitos que se plantearon y expusieron con valor y vehemencia, pero que no se respaldaron por quienes tenían el mando del poder gubernamental y político.

Últimamente, las solicitudes planteadas para la creación del Ministerio de Fronteras y la Contraloría de Fronteras para promover una mayor atención encuentra las mismas dificultades, olvidos y tropiezos que generó la posibilidad del Banco Colombo-Venezolano, con apoyo del BID, que solo exigía la formulación  y el compromiso del pedido por los dos Estados. Todo esto, sin aludir a la situación a la que llegó la Zona Franca de Cúcuta, que hoy es promovida desde el Quindío, sin convocar  fuerzas regionales para estimular su cometido y posibilidades, en una actitud demostrativa de la poca creencia en nuestra gente. La desunión y la actitud ‘rosquista’  y solo innovadora  en continuar solitarios es la conducta que ha predominado, como se advierte diariamente, porque el comercio que fue, es y continuará por mucho tiempo, siendo líder en lo económico, gire hacia las posturas que se formularon en los tiempos extraordinarios de dirigentes que hicieron historia.

Sí, si no hay un cambio y una actitud nueva y positiva de todos, la suerte local, regional y fronteriza seguirá en las mismas. Si no hay un cambio de conductas y una selección bien escogida –y sin resabios- entre quienes aspiren a las riendas del poder y la representatividad local, regional y fronteriza, la suerte de esta esquina de la República, estará más que condicionada y limitada. Nos falta cohesión, asociatividad y labor concertada y en equipo para superar las fallas del ahora y la poca aceptación de lo que significa y representa la unión y la gestión en equipo, como la cumplen y desarrollan los antioqueños- en especial- y el despertar de otras zonas y regiones, que valoran y comprenden la importancia y la trascendencia de la coparticipación y de la presencia del apoyo educativo, universitario, tecnológico y profesional de nuestra representación generacional.

Además, que los medios periodísticos escritos, radiales y televisivos, comprendan que la mayor promoción es la trasformación de Colombia y en especial de las fronteras, que constituyen el 53 % de la faja territorial, pero que son las áreas y zonas más marginales y abandonadas de Colombia, que no se analizan y atienden, como lo ameritan la ubicación geoestratégica y las ventajas comparativas de productos y posibilidades en las inmediaciones para proyecciones nacionales e internacionales, con la generación de empleos y las innovaciones y avances tecnológicos.

JOSÉ NEIRA REY

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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Un comentario

  1. Andrés Salgado Lindarte

    Excelente reflexión, no sé qué pasa con nuestra región, no la sentimos, no la amamos, no enamoramos a los demás para que la respeten, admiren, ojalá esa forma de pensar, actuar se refleje pronto en desarrollo, el trabajo en equipo de nuestros representantes tiene que cambiar para bien, si no terminaremos mal o mejor dicho peor.

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