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Rolando Serrano murió el 13 de junio. Tenía 84 años. / Foto: ARCHIVO

NECROLOGÍA. Rolando Serrano, el mundialista que no quiere desaparecer

Nota publicada el 6 de julio de 2012.

CÚCUTA.- El silencio se siente en la pequeña y confortable casa. Ahí está   Rolando Serrano, con mirada serena y tranquila. Aguarda sentado en la silla favorita para atender a las visitas. ‘El    mundialista’ es generoso y muestra lo que la vida le ha regalado, representado en momentos de gloria y ahora  de nostalgia.

Este hombre le  aportó mucho al  país futbolístico y está  en el  olvido. Nació  en  Pamplona, en 1938, donde vivió poco tiempo. Ocho años después, la familia decidió viajar a Cúcuta. En la capital de Norte de Santander pasó por muchos colegios hasta que se amañó en el Sagrado Corazón, plantel donde despertó su pasión por el fútbol.

En el  patio del colegio vivió una de esas anécdotas de difícil olvido. Ocurrió a la hora del descanso. Uno de los hermanos coordinadores se paseaba por las canchas, Rolando tenía la oportunidad de marcar un golazo, pero corrió con la mala suerte de pegarle al religioso  y le dañó parte de la sotana. “Llamaron a mi mamá y esa fue mi primera paliza por  hacer  lo que me gustaba”.

La madre de Rolando siempre quiso que sobresaliera como buen estudiante, entrara a la universidad y destacara como profesional. Su padre, en cambio,  siempre lo apoyó en lo que quiso y vio que desde pequeño  llevaba en las venas la pasión por el fútbol.

En 1954, cursaba quinto de bachillerato y decidió retirarse del colegio para    dedicarse el resto de la vida al deporte. Un año más tarde, al cumplir los 16 años, viajó a Bogotá para jugar en Santa Fe. No todo  en la vida le resultó fácil, el equipo lo rechazó por joven. Abrumado por lo sucedido decidió continuar los estudios en Tibú, al lado de un hermano. En el municipio petrolero  no cambiaron las  expectativas y se devolvió para Cúcuta.

En 1957 comienza a vivir el sueño que deseaba materializar. El  Cúcuta Deportivo lo recibió como suplente. En ese tiempo estar en la banca era una humillación. No perdió las esperanzas ni las ganas de salir adelante.  Un día  la suerte le sonrió a expensas de la lesión de un titular. Le dieron la oportunidad de mostrar quién era en el campo de juego.

En ese momento la vida giró 180 grados. Desde entonces pasó cuatro gloriosos   años en el conjunto motilón. En 1961, América de Cali compró el pase. “Gracias a esa venta el Cúcuta logró consolidarse económicamente como equipo”.

A Serrano se le abrieron  las puertas y lo convocaron para la selección Colombia que disputaría el Mundial de Chile – 1962. El orgullo del pamplonés está en haber lucido la tricolor nacional y haber empatado con Rusia  a 4 goles. De ese momento han trascurrido 50 años.

En 1963, participó en el Sudamericano en Bolivia y no le fue bien. De regreso a Colombia cerró el ciclo en el América  y pasó a Unión Magdalena  (1964 – 1965), después a Millonarios (1966 – 1967) y enfrentó al Santos de Brasil  (2-1) del rey Pelé. Las lágrimas se asoman al revivir la salida del estadio en hombros y aplaudido por los espectadores.

Tenía 29 años y varios técnicos le aseguraron  que  había terminado la carrera como jugador,  por la edad. El desaparecido Galaxia de Maracaibo (Venezuela) lo acogió, pero la temporada no resultó buena. Regreso al país. Unión Magdalena lo contrató como técnico  (1984 – 1985). Hernán  ‘Cuca’ Aceros lo llamó para que lo ayudara a dirigir el Cúcuta Deportivo. En  1990, dio por terminada la carrera futbolística.

Amante de las películas mexicanas, le dijo a la mamá  que algún día escucharía  mariachis en la tierra que los vio nacer.  En uno de los viajes se le presentó la oportunidad de conocer a México, estar en la   plaza Garibaldi, escuchar rancheras y beber cerveza. No se le midió al tequila.

Los  ojos vuelven a nublarse caprichosamente. Se siente olvidado aunque no quiere  dar lástima,  pero sí desearía tener una pensión y que le den el reconocimiento que merece. Solo en una ocasión, en Pamplona,  recibió un pergamino. Ha pasado tanto tanto tiempo que no recuerda quién se lo  entregó.

Rolando sabe que la pasión por el fútbol y el amor por la camiseta pasaron de moda. Hoy, estar en un equipo  es negocio. Los jóvenes en las escuelas solo desean jugar en los grandes clubes. No es hincha de otro equipo más que del  Cúcuta Deportivo, once que  lo vio nacer, crecer y culminar su carrera.

En la actualidad está dedicado  al comercio de joyas  y de relojes. Su  padre y sus hermanos fallecieron hace rato. Solo queda una  hermana mayor, Carmen Julia. Vive con la esposa Myriam, los seis hijos  tomaron rumbos diferentes y se ven en épocas especiales o en vacaciones, cuando  le llevan los  nietos para que se entretenga.

DANIELA ALEJANDRA MORENO

dalejandra_-85@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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